Durante su exilio en Dinamarca, en 1935, Bertolt Brecht se preguntó por una ausencia inquietante: ¿cómo era posible que en Svendborg, el lugar que lo acogía, no existiera memoria alguna de los mineros que habían levantado, con su trabajo y su vida, aquel pueblo próspero y aristocrático? De esa grieta en la historia nació Preguntas de un obrero que lee, una reflexión profundamente dialéctica sobre la disputa por la memoria, sobre quién narra la historia y a quién se le arrebata su lugar en ella.
Hoy retomo ese gesto incómodo de preguntar. Lo hago cada vez que, en medio del ruido de las campañas, emerge ese discurso que insiste en reescribir el pasado para legitimarse en el presente. Pregunto, entonces, no solo por lo que se dice, sino por lo que se oculta; no solo por quienes hablan, sino, sobre todo, por quienes han sido silenciados y pregunto como acto de resistencia para no repetir el miedo.
Aquí están las preguntas del Pueblo que no olvida
¿Con qué moral se erigen jueces
quienes gobernaron entre sombras,
para señalar hoy el gobierno de Gustavo Petro?
Si cuestionar es un acto de moral,
¿dónde estaba esa moral cuando el país vivía en el horror?
¿Dónde estaba la indignación?
¿Quiénes construyeron la historia oficial
que hoy pretenden defender como verdad?
¿No fue acaso tejida entre pactos
de élites liberales y conservadoras
que se turnaron el país como herencia?
¿Quién diseñó este sistema de salud
que hoy llaman “crisis”?
¿No es acaso un monstruo creado
por quienes ahora fingen escándalo?
¿Quién alimentó el paramilitarismo
mientras hablaba de democracia?
¿Quién permitió que la guerra
se volviera negocio y estrategia?
¿Dónde están los 6.402 jóvenes
convertidos en cifras bajo el horror
de los llamados “falsos positivos”?
¿Quién responde por sus nombres,
por sus madres, por su ausencia?
¿Quién recuerda a la Unión Patriótica exterminada,
no por el olvido, sino por la violencia sistemática?
¿Quién legalizó las Convivir
que abrieron la puerta al terror?
¿Quién se benefició de la parapolítica
mientras el país se desangraba?
¿Quién ordenó callar la historia
de la Masacre de las Bananeras?
¿Quién silenció la lucha de Quintín Lame?
¿Quién permitió el asesinato de Jaime Garzón?
¿Qué tipo de justicia prometía la
Ley de Justicia y Paz
mientras garantizaba impunidad?
¿por qué tantas víctimas siguen esperando verdad completa?
¿Justicia para quién, exactamente?
¿Qué significó ver a Salvatore Mancuso
hablar en nombre de la verdad
en escenarios del poder?
Si Salvatore Mancuso habló “la verdad”,
¿por qué esa verdad incómoda tanto cuando señala
responsabilidades más altas?
¿A quién protege el silencio?
¿Quién responde por la Masacre del Salado
y del Aro?
Si estas acciones fueron solo episodios aislados,
¿por qué se repiten los mismos patrones, los mismos nombres,
los mismos intereses?
¿Quién cuenta a los jóvenes,
a los líderes, a los estudiantes
que nunca volvieron?
Y entonces,
¿con qué autoridad moral se construyen discursos,
campañas y verdades a medias?
¿Quién se atreve a señalar
sin primero responder por la historia que carga? ¿Quién responderá por el olvido?




