Esbozo. Lo público del arte: hacia el corpus

¿Qué es el arte? La respuesta no es tan sencilla, más cuando estamos involucrados con él. Tampoco cuando no sabemos mucho de su práctica. Saber que es el arte no puede abordarse por la especulación del concepto, por el trasegar de su entendimiento. La filosofía se barrunta en tratar de decir que son las cosas. En este caso como no es filosofía, porque solo es otro espacio de opinión, más complejo que el de la calle, pero al fin el mismo, prestar atención a lo que de allí realmente importa. Por tal motivo, lo que se buscará será la posibilidad de comprensión de ello socialmente.

En lo social no solo está el hecho sino el individuo. Estamos frente a una propuesta Franckfurtiana, por ser insolente a la tradición y ser peyorativo, dado que no se alcanza dicho nivel, a menos que quien haga la lectura de esto pueda discriminarlo. Si no es así, entonces nos encontramos ante un ejercicio de la escuela por la investigación social. En nombre de Adorno, Horkheimer y Benjamin, pues son con los cuales la afinidad se ensancha para tener tesis completas y concretas bajo el mismo materialismo histórico. De este se dará una postura del asunto de lo que es público y privado. Posiblemente como se manifiesta con un aspecto que evoca a la sustancia con la cual el arte en una manera se consolida. Las palabras, la pintura, el gesto y el sonido.

Para pensar en el arte, más allá de la filosofía y la sociología, es necesario aventurarse en su posibilidad, en su concepción, en su intento esclarecedor practico. Partamos de entender al geniecillo que concatena ideas, bajo la soledad, posiblemente. Este geniecillo, a diferencia del genio, será el que provoque la sensación que nos acerque a la comprensión de eso que por su técnica y un algo más, nos hace emitir juicios. Dicha aventura del pensamiento se tramita con un corpus y un desconocido. Se intensifica en la búsqueda de lo que las letras provoquen, pero sin saber quién las lea y así quede un enunciado como respuesta.Arte david pérez garcía revista hekatombe Borges

Al entender que el corpus da, no por la cantidad de referencias y respuestas sobre él, se tratará de anclar un pensamiento concreto, como diría Marx. Por tal motivo, el arte está al servicio del ideal y la idea, pero no por la verdad de los mismos. Llamar servicio a la posibilidad de la existencia del arte es considerar que el arte se alimenta del ideal y lo representará, es decir, lo asemejará; la idea la adecuará para buscar coincidencia.

El algoritmo: si hay arte no hay artista y si hay artista hay obra, deja un referente; lo que prima en el campo simbólico que pasa por una materialización, moldeada con lo sensible se llama obra.

La obra no puede ser distinguida como cualquier objeto, el objeto material es lo solo una parte de acercamiento a la obra. La obra contiene sensibilidades que están dadas a una acumulación de información del público o de criterios. No es menester entender los contextos sino la obra. Los criterios se volatilizan por la presencia de la obra. Así lo ha demostrado la literatura. Una obra que durante largo tiempo puede ser criticada y menos preciada, se encontraba en el riesgo de ser puesta en una vitrina del capitalismo. Pero también una obra desconocida por un renombre del artista lo estará. Toda obra que por la acumulación simbólica de lo social se preste como ella, está en venta. No hay obra que no esté a la venta en el capitalismo. Lo cual demuestra que el arte sigue siendo un espectro de una elite ilustrada y con una mercancía que es mercancía acumulada.

El ideal del arte contiene entonces el contenido puro y la idea del arte a la forma pura, en efectiva unión que se adecuará e intuirá por el trabajo de la concepción, como intuición e inteligencia en la forma estética y a la vez, como unión efectiva junto con el saber hacer propio. Referido así, el ejercicio práctico incluye en la forma y contenido representados al tiempo de realidad de la obra empírica, distinguiendo una clausura de lo representado gracias a un saber hacer en tanto la producción. Producción más no creación. Producción que sin técnica o maestro en ella no puede contener obra. Producción que pensando que la técnica es la obra, solo deja claro que es un objeto de utilidad, llamado utensilio. El uso de la obra no existe, si existiera seria por el contexto, por sujetos donde la información literal de la obra de la pieza sensible no se ve como tal, sino como figura de la cotidianidad. No imaginamos tomar un poema de lord Byron, Petrarca o Brecht, para limpiar una pared, pero puede haber un público que lo haga y a ello le llama performance, y además le ve utilidad. La utilidad evapora el sentido de la obra, el sentido como sentir.

Y en el momento de la recepción social existen dos niveles entonces por ahora: en el primero, la obra empírica será para la recepción social un objeto de percepción sensible con utilidad o sin ella, pues difiere en lo individual e ideológico, que esta desprovisto de cultura contextual o abastecido; para el segundo, el proceso de la crítica disolverá la obra empírica con criterios referenciales que le permitan llegar a una clasificación de la forma y el contenido para poder comprender, si es un prototipo como acción cognitiva bajo su propia forma simbólica, y este abastecimiento encubre miradas que pretenden dejar índicos de contemplación. Cuantas obras fueron desechadas y no conocemos, cuantos autores son anónimos y sus obras eternas. Cuanto esperar para abastecernos de una cultura que sea realmente inteligible y no conferida por posiciones.

Con todo, iniciamos el corpus para entender la reacción humana por un material sensible. Se ha construido un corpus que se remitirá como fantasía, pues así fue creado y las respuestas de la manera más próxima a la fantasía. Cada letra literal que sea fantasiosa solo es ello, fantasía. Cada texto puede provocar esperanzas o decepciones. Las respuestas no son ni buenas ni malas, solo son respuestas dadas. No se pretende que este corpus que inicia sea un criterio de juicios, sino, una información con la cual esclarecer de esta manera lo que respecta a esa fantasmada a manera de Freud, que permita entender al Otro como universal.

Publicado: 8 de junio de 2019.

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Por: David Pérez García. Lic. Diseño tecnológico. Magister en Educación. Universidad Pedagógica Nacional.

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