“Este es nuestro hemisferio”: el imperio de USA y la batalla afectiva

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Intentar escribir sobre esto está pesado. Sea lo que sea que digas te clasificarán en uno de los dos polos en los que dicotómicamente se ha planteado el debate durante estos días: estás haciendo “venezuelasplaining” porque no vives en ese país y deberías callarte, o estás defendiendo a Maduro si criticas la invasión imperial de Trump porque el país vecino hace tiempo que no era soberano. Pero bueno, aquí estamos lanzándonos al vacío de la opinión pública donde cada vez es más difícil tener conversaciones que no terminen en un “petrista perra hp”. El bajísimo nos proteja. (Por si las dudas, soy más bien una gata).

En estas pocas líneas quisiera centrarme en un elemento clave para el análisis político. Lo ha sido desde siempre, pero hoy que tenemos acceso a tantísima información lo vemos con mayor contundencia: los afectos son el corazón de la forma en la que se va configurando el poder político. Son muchas las tesas que han conceptualizado los afectos, pero aquí voy solo a mencionar a la filósofa colombiana Laura Quintana, quien va a articular esta categoría con otra que ella nombra como lógica inmunitaria en su texto “Rabia: afectos, violencia, inmunidad” publicado en 2021.

La lógica inmunitaria es aquella que “asume el espacio social como un organismo, cuya integridad se ve amenazada por “algo extraño” que lo contagia y contamina, al alterar y poner en riesgo su “identidad”, “salud”, “seguridad”. Se trata de una comprensión militarizada del sistema inmunológico, proyectada al espacio social, desde la cual aquel se comprende como un sistema de defensa y eliminación de cualquier extraño que ataque la integridad del cuerpo (individual o social)” (p. 18).  A las actitudes estigmatizantes que aparecen en la vida cotidiana, Quintana las nombra como afectos inmunitarios, que da cuenta del otro fijado como riesgo.

“Estudiar es pa´ los pirobos que estudian”, afirmaba una filósofa dosmilera en el famoso tratado videográfico titulado “Las ñeras de la loma”, así que intentaré dar cuenta de lo citado con ejemplos de lo que nos está pasando con este gringo color pollo del Ara. Los afectos inmunitarios que quedan como resultado de esta lógica, hacen que todo ser distinto a mí lo vea y lea como una amenaza, ya sea para mi forma “correcta” de ver el mundo, para mi familia, para mi país o para la sociedad que tenemos. El otro ser que es tan distinto me resulta como un bicho raro, y por eso preferiría que lo exterminaran, para no tenerme que topar con él. (Espero que a Quintana no le de un ataque por mi forma de explicarlo. TQM).

¿Pero qué tiene que ver todo esto con la USA? Resulta que la forma en la que se consolidan los imperios no tiene que ver únicamente con acciones de colonialismo, donde a través de acciones militares y violentas invaden un territorio para anexarlo a su ordenamiento político-administrativo. También, como ya mucha pipol decolonial lo ha detallado, se requiere de un proceso de transformación de nuestras mentes, deseos, opiniones, emociones y proyectos de vida, para que además de que nos invadan la tierrita, demos las gracias por ello y le digamos a quien opina distinto que es un bobo hp y que queda mejor con una bolsa en la cabeza. Para eso son fundamentales los afectos.

El 7 de enero la DW en español publicó un video en Instagram de los bailes de Maduro y Trump que tenía el siguiente pie de foto: “Trump se burla de los bailes de Maduro y dice que lo intentaba «imitar».
El presidente de EE.UU., Donald Trump, se burló de los bailes de Nicolás Maduro y afirmó que intentaba imitarlo, al tiempo que lo calificó de hombre violento y lo acusó de haber matado y torturado personas. Según The New York Times, esas apariciones públicas habrían irritado a asesores de Trump y contribuido a la decisión de autorizar la operación que llevó a su captura”.

Hágame esa pues. Esas tú no las tienes. En un canal internacional logra tener protagonismo mediático que dos figuras presidenciales bailen peor que un papá Noel del Dollar City, y se le da relevancia a que la irritación provocada por tal desastre sea uno de los motivos que llevaron al imperio gringo a invadir Venezuela y capturar a Maduro. ¿Khe está pasanda? Pues que esto parece banal y gracioso, pero en el fondo, activa nuestros afectos y nuestra lógica inmunitaria.  Hace que veamos a Maduro como un imbécil que habla de la multiplicación de los penes y no de los panes, que habla pésimo inglés y baila ridículamente, y a un Trump que además de poderoso es gracioso porque baila en sus alocuciones mientras sostiene el micrófono con una mano, mientras con la otra firma invasiones militares y oculta los archivos que prueban su pedofilia. Y todos los días nos avientan capsulitas similares.

La lógica inmunitaria, a la cual contribuye la prensa, las redes sociales, los discursos de los partidos y sus figuras más visibles, los pronunciamientos institucionales, entre otras arquitecturas del poder, nos arrinconan para que tomemos una u otra postura. Y ojo, postura hay que tomar, porque nada más cómodo que decir que yo de estas vueltas no opino porque no están pasando en el patio de mi casa (sí claro ajá cómo no), pero los afectos que se imponen te dicen que estás del lado de la gente de bien o del lado de la izquierda mamerta que “todo lo arruina”, y no hay ningún matiz posible. Soy de tu mismo pensar, o soy una estúpida de sobaco peludo que me vería mejor con un tiro en la sien (debo asumir que sí tengo el sobaco peludo). Y mientras nos aniquilamos en redes sociales, la invasión imperial sigue su curso y nos quedamos en el rincón llorando en el celular mientras las calles y campos son reventadas a bombazos o militarizadas por los ojiazules con mejillas color mortadela.

¿Cómo construir otros afectos posibles en medio de esta batalla inmunitaria? ¿a quiénes leo o escucho todos los días para analizar lo que está pasando? ¿cuáles son las voces protagónicas en medio de estos momentos tan dolorosos? Creo que nos toca detenernos un toque, desconectar el celular por momentos, escucharnos entre vecinas de unos u otros países con quienes tenemos en común más de lo que nos hacen creer con sus bailes de mierda. Al final quienes asumen las consecuencias más crudas de todo lo que acontece no son únicamente quienes ocupan los palacios presidenciales, y obvio que esta batalla afectiva se está profundizando en estos tiempos electorales en Colombia.

Mientras nos deseamos la muerte y creemos que quien está del otro lado del debate tiene la misma masa cerebral de la barbie, perdemos la posibilidad de disputarnos los afectos que hoy hacen que votemos por quien va a permitir que nos destruyan y arrasen con todas las formas de vida que nos acompañan. Creemos que la disputa es únicamente racional, y la cosa es evidentemente bastante emocional. A mucha gente no le importan tanto los datos, porque le emociona más que un candidato saque una motosierra en un estadio, cante ópera en navidad o lleve gratis a un comediante de Sábados Felices a amenizar su campaña. 

El 1 de mayo de 1981 Margaret Thatcher dijo en una entrevista: “La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. Esta frase muestra que el objetivo de configurar nuestros afectos ha estado presente en el plan de estos personajes desde hace rato, haciéndonos “inmunes” a todo aquello que no comulgue con su estatus quo.

Entonces, ¿A quién le pertenecen tus afectos? ¿son también de aquellos que hoy se nombran como dueños de este hemisferio? ¿todavía creen que hablar de emociones y afectos es una banalidad?