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Individualismo en el movimiento estudiantil

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Superar la nueva individualidad individualista que individualiza el movimiento estudiantil

Por: Simona Marcos

Hace poco me leí Desde los zulos (2023) de la filósofa y escritora mexicana Dahlia de la Cerda. Es como autoficción, ensayo, crónica y tripas, muchas tripas. En su momento, ese texto me mandó a recordar mis tiempos en el movimiento estudiantil, cuando intenté asistir a reuniones feministas y otras cosas.

En ese texto Dahlia dice muchas verdades, pero entre todas, esta me quedó dando vueltas: “Apelar a la horizontalidad y al consenso se usa la mayoría de las veces cuando quieres sabotear un proceso organizativo”. Leer esa frase fue como viajar en el tiempo, tuve un montón de flashbacks. Mi vida pasó frente a mí. Me acordé de todas las veces que lo insinuaron en organizaciones, en las asambleas, que lo leí en comunicados. En todos los casos, esa demanda de horizontalidad y consenso logró dilatar y hasta tumbar procesos, tal vez sin querer… queriendo.

En un grupo de WhatsApp compartieron recientemente un comunicado, a propósito de una protesta en una universidad. Fue inevitable, le empecé a hacer seguimiento, tengo una debilidad por los panfletos y los pliegos de peticiones. De entrada, me pareció interesante que el movimiento estudiantil retomara experiencias de movilización de hace casi 20 años. Y pues, obviamente, me puse como una señora que romantiza.

Sin embargo, esta última experiencia fue más un golpe de realidad para mí, no sé si también para lxs estudiantes. Dahlia apareció entonces como una voz en off en mis recuerdos de juventud y de no tan juventud.

Las exigencias en una jornada de protesta dan cuenta del nivel de preparación de la organización, del horizonte político, del conocimiento de lo administrativo, de qué tan articulado o no está con otras organizaciones más allá de la cantidad de logos embutidos en un comunicado. No debería ser así, pero hay una relación directamente proporcional entre el alcance y magnitud de la exigencia y el nivel de formación de quienes la formulan. Las exigencias puntuales y la lógica de transición y proceso evidencian táctica, estrategia, preparación; las exigencias excesivamente maximalistas y sin caminos claros de realización evidencian lo contrario.

Hace unos años el movimiento estudiantil no estaba aislado de las organizaciones sociales o políticas, a veces era parte de, cercano, orbitaba, pero había algún nivel de conexión. Eso era importante, porque todo ese acumulado de experiencias se transmitía en las escuelas de cuadros, en las reuniones programáticas, incluso en las cervezas del fin de la jornada. Anécdotas, recomendaciones de películas y libros, cómo identificar tiras (policías infiltrados), experiencias fallidas, también se hacía memoria para recordar a alguna compañera o algún compañero desaparecido. Todo eso hace parte de la formación en el movimiento estudiantil, o hacía parte. Habían muchos errores pero también un tejido colectivo y pedagógico que envolvía el ambiente estudiantil.

Ahora, parece que el movimiento estudiantil es silvestre. Está solito mirando qué hace y qué se inventa, pero además, sin disciplina e influenciado por la intuición, como Shakira. No parece ser un conjunto de colectividades y organizaciones, parece no haber tejido, sino que parece ser una suma de individualidades sin prácticas de reproducción del conocimiento militante.

El neoliberalismo es una cosa muy tenaz, porque se metió en absolutamente todas las esferas de la vida. Desde la forma en la que conocemos gente, cómo nos relacionamos con los demás e incluso, la forma en la que se organiza el movimiento estudiantil. La figura de individualidades que se juntan o se suman a, es sintomática. Individualidades individualistas que quieren individualizar lo colectivo.

Las izquierdas de antaño no supieron tramitar la individualidad ni los deseos, en cambio, el neoliberalismo lo pilló, se lo apropió y ahora lo capitaliza a tal nivel que tenemos individualidades que se juntan, porque nada ni nadie les representa solamente se representan a sí mismas. No solamente en el mundo estudiantil, de hecho pasa en todos los multiversos.

Es importante revisar, identificar qué funcionaba y qué no, también asumir que son otros tiempos, que no podemos vivir de nostalgias, que debemos asumir los cambios en los espacios, en los movimientos, pero también ser autocríticas, autocríticos con las formas o con ciertas características de las formas actuales de hacer las cosas.

Hay futuro, es cuestión de evaluar las embarradas, de no hacer lecturas maniqueas de la situación, de estudiar. Hay que abrir espacios de diálogo intergeneracionales, no creerse los dueños de la verdad, no ser jóvenes tiranos, no buscar justificar lo injustificable, como el consumo problemático de alcohol o drogas. Echemos mano de las buenas prácticas de antaño, como las escuelas de formación política, invitar a profes para discutir temas de coyuntura, de historia, comprender categorías. Es cuestión de estudiar, de activar la imaginación política.

La pelea que viene es dura y grande, y en los distintos sectores nos necesitamos fuertes, con mucha cualificación y organización.

Por: Simona Marcos

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