La espada de Bolívar: del 17 de enero de 1974 al 7 de agosto de 2022

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Eran las cinco de la tarde del jueves 17 de enero. Un tipo con ruana entró a la Quinta de Bolívar, a los pies del cerro de Monserrate. Iba con otras personas que tuvieron que forcejear con el vigilante del lugar. Caía la tarde y el tiempo apremiaba. 

El tipo de ruana llevaba una varilla con la que trató de abrir una urna. Intentó e intentó hasta  que, finalmente, la tuvo que romper. De la urna sacó con cuidado una espada: la espada de Bolívar. Álvaro Fayad guardó la espada del libertador debajo de su ruana. 

Se subieron al carro e intentaron arrancar, no sin antes activar los parabrisas, el agua para limpiar las ventanas, y el pito. Cuando finalmente lograron arrancar, se desplazaron todo el trayecto, hasta el norte de Bogotá, sin luces reflectivas, cargando las únicas armas de la organización, y la espada del libertador.

Jaime Bateman y otros militantes del M-19 les esperaban en Usaquén, en el otro extremo de Bogotá, pero el grupo de Fayad seguía en el centro. Quienes estaban en la Quinta terminaron la acción y se dirigieron rápido y con nervios hacia un Renault 6. Se subieron al carro y trataron de arrancar, no sin antes activar los parabrisas, el agua para limpiar las ventanas, y el pito. Cuando lograron arrancar, se desplazaron todo el trayecto, hasta el norte de Bogotá, sin luces reflectivas, cargando las únicas armas de la organización, y la espada del libertador.

Por fin, a las 7 de la noche, llegó a Usaquén Álvaro Fayad y su equipo. Como en una carrera de relevos, le pasaron las armas a Bateman, Iván Marino Ospina y las demás personas que integraban ese segundo comando. En un carro se desplazaron al Concejo de Bogotá —que no estaba en sesión—. Se lo tomaron, escribieron M-19 en las paredes, y dejaron un pronunciamiento breve que señalaba:

 “El Concejo del Común decide: congelamiento de arriendos… Aumento de salarios”. 

Tal vez la proclama que dejaron en la Quinta de Bolívar fue más diciente:

“BOLÍVAR, TU ESPADA VUELVE A LA LUCHA

‘No envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi pueblo no esté totalmente asegurada’

Discurso pronunciado el 2 de enero de 1814

Simón Bolívar

Y la libertad no esta asegurada. No existe. De México a la Tierra del Fuego, el obrero, el campesino, el trabajador, el estudiante, la mujer del pueblo, el indio…

Nosotros los latinoamericanos vivimos el hambre. Nos debatimos en la miseria. Nos desangramos en la injusticia. Sentimos nuestra cultura castrada, deformada, vendida.

Es que las cadenas españolas rotas por Bolívar, hoy son reemplazadas por el dólar gringo.

Y es que en el solio de Bolívar, cada cuatro años se han turnado los representantes de las oligarquías asesinas del pueblo colombiano.

Y es que esos explotadores, hablan de una patria soberana mientras la entregan al amo extranjero. Hablan de una patria justa mientras la riqueza de unos pocos privilegiados se amasa en la angustia de los trabajadores. Del campesino sin tierra. Del niño con hambre y sin escuela. Del desempleado y su miseria. De la mujer sometida. Del indio acosado como fiera. Del inconforme encarcelado. Del estudiante amordazado.

Por eso la lucha de Bolívar continúa, Bolívar no ha muerto.

Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos, a las manos del pueblo en armas. Y apunta ahora contra los explotadores del pueblo. Contra los amos nacionales y extranjeros. Contra ellos, los que la encerraron en museos, enmoheciéndola. Los que deformaron la idea del Libertador. Los que nos llamarán subversivos, apátridas, aventureros, bandoleros. Y es que para ellos este reencuentro de Bolívar con su pueblo es un ultraje, un crimen. Y es que para ellos su espada libertadora en nuestras manos es un peligro…

Pero Bolívar no está con ellos – los opresores – sino con los oprimidos. Por eso su espada pasa a nuestras manos. A las manos del pueblo en armas. Y unida a las luchas de nuestros pueblos no descansará hasta lograr la segunda independencia, esta vez total y definitiva…

MOVIMIENTO 19 DE ABRIL

Enero 17 de 1974”.

Era 1974, habían pasado ya cuatro años luego del fraude electoral contra la ANAPO. El 13 de enero, este grupo de personas había lanzado una campaña de expectativa por medio de los siguientes avisos publicados en periódicos de circulación nacional: “decaimiento… falta de memoria ? espere M-19”, “falta de energía… inactividad? espere M-19”, “parásitos… gusanos? espere M-19”, “ya llega M-19”.

El 7 de agosto de 2022, 48 años después, Gustavo Petro, un antiguo militante del M-19 que se volvió presidente, dio su primera orden como mandatario de la nación: que la guardia presidencial trasladara al lugar de su posesión la espada de Bolívar. 

"Esta espada representa demasiado para nosotros, para nosotras, y quiero que nunca más esté enterrada, quiero que nunca más esté retenida, que solo se envaine —como dijo su propietario, el libertador— cuando haya justicia en este país. Que sea del pueblo: es la espada del pueblo y por eso la queríamos aquí en este momento y en este lugar". 

Dijo Gustavo Petro el día de su posesión, a 203 años de la fecha en la que se sellaría la independencia de Colombia. 

Historia basada en el relato de Álvaro Fayad sobre la recuperación de la espada de Bolívar, en el libro Siembra Vientos y Recogerás Tempestades de Patricia Lara.

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