La Ministra que le planta cara al poder extractivista

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Desde muy pronto la Ministra de los tenis mostró su actitud rebelde ante las buenas formas y costumbres institucionales, así como su postura profana frente a la sagrada creencia en el crecimiento económico infinito en un planeta de bienes finitos.

Su asignación misma en la cartera de Minas y Energía es un desafío al discurso tecnocrático y una plantada de cara al poder extractivista.

Una filósofa que a los pocos días de posesionada puso al país a pensar, leer y debatir sobre los límites del crecimiento, con su célebre enunciación de la noción de «decrecimiento».

Porque se trata de una doctora en geografía política que se hizo conocida en la academia por investigar los conflictos ambientales, estando del lado de los sectores oprimidos y subalternizados y no en la orilla privilegiada de las grandes empresas extractivistas que llegaban con la venia servil del Estado.

Una filósofa que a los pocos días de posesionada puso al país a pensar, leer y debatir sobre los límites del crecimiento, con su célebre enunciación de la noción de «decrecimiento».

Se ha cuestionado su forma de comunicar, al no usar las palabras adecuadas o no plantear los debates en los lugares pertinentes. Más allá de estas críticas —que probablemente ya revisará, como profesora que es—, es evidente que la verdadera razón de los ataques reside en el hecho de ser una persona que llegó al gobierno para incomodar al poder real desde una instancia de representación del poder.

¿Y cuál es ese poder real? El de las grandes empresas minero-energéticas que ven afectado su objetivo de depredar sin ningún tipo de límite democrático; el de los políticos y organizaciones que defienden los intereses de estas empresas porque son las que los financian; y el de los grandes medios que reciben ingresos de estas compañías.

Esta iniciativa afectaría, por lo tanto, la tendencia monopolista de las grandes empresas privadas que buscan tener el control completo sobre el recurso energético y privatizarlo, para que la economía gire en torno suyo y no de los usuarios.

Criticar la concepción de crecimiento económico que es hegemónica en la actualidad significa cuestionar a los dueños de la economía capitalista, y su visión inmediatista en la que el cuidado ambiental no es más que un obstáculo a sus formas de acumulación y ganancia.

Y es que la crítica tiene una traducción programática concreta. La transición energética tiene entre sus medidas la democratización de la generación y la gestión de energía, lo que supondría la posibilidad de que otros actores, como las comunidades o las organizaciones populares, intervengan en este proceso. Esta iniciativa afectaría, por lo tanto, la tendencia monopolista de las grandes empresas privadas que buscan tener el control completo sobre el recurso energético y privatizarlo, para que la economía gire en torno suyo y no de los usuarios.

Esto es clave porque, además, entre lo que ha dicho la ministra en sus discursos está que el recurso energético sea un bien común antes que un servicio privatizado, y que el sector esté en torno a las y los usuarios y no a las grandes empresas.

cambiar el modelo en el que el país tiene que inclinarse ante las grandes multinacionales minero-energéticas, para, por el contrario, levantar la cabeza ante el poder extractivo internacional, al defender su propia generación de energía y producción.

Recordemos que la aceleración de la transición energética significa acelerar el proceso para que la economía colombiana no dependa del extractivismo sino de energías renovables como la solar o la eólica. En términos políticos, hablar de transición exige hablar de autosuficiencia y soberanía energética nacional y regional, es decir, de cambiar el modelo en el que el país tiene que inclinarse ante las grandes multinacionales minero-energéticas, para, por el contrario, levantar la cabeza ante el poder extractivo internacional, al defender su propia generación de energía y producción.

En suma, no son pocos los motivos políticos de peso que existen para buscar torpedear la gestión de la Ministra Irene Vélez-Torres, y para procurar afectarla emocionalmente por medio del bullying mediático porque, por si fuera poco, se trata de una mujer ambientalista de izquierda que se para en firme en un campo de derechas, masculinizado, tecnocrático y depredador del ambiente y los territorios.

1 Comentario

  1. Solo agregaría a la frase final: Una mujer que tiene amplio conocimiento en diversas disciplinas transversales. (paréntesis: ¿sabrá la oposición que son disciplinas transversales?)

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