Cuando nos ahoga la impotencia, escribimos. Cuando la realidad avasalla sin tregua, escribimos. Cuando la inclemencia del sinsentido, desborda cada espectro existencial, escribimos. Así damos inicio a este nuevo año, donde las bombas de la mal llamada libertad, arremeten contra la soberanía de los países. Con esta apertura, su humilde servidor, luego de una temporada de descanso, se dispone a iniciar con sus textos, esperando que algún ser humano desocupado sobre la tierra, se acerque a ellos y los disfrute. Con el concepto de libertad, referido con antelación quisiera iniciar la escritura en este 2026. ¿Es la idea de libertad una trampa del capitalismo? ¿Estamos frente a un bien de cambio en donde el “libertado” acarrea los costes de tal adjetivo? El convulso principio de año, con la incursión del grotesco dirigente gringo a territorio venezolano, expone una vez más, la crisis dialéctica de nuestra contemporaneidad. A saber, la palabra libertad y su simbología, deliberadamente son hurtadas por tiranos para legitimar intenciones expansionistas. La estrategia de la manumisión para la manipulación, no es más que una transacción material con fines económicos. Y lo que es peor, dicha eventualidad dialéctica del materialismo más puro, reafirma posturas innobles de personajes estúpidos que aplauden el colonialismo gringo como una forma legítima de liberación. Es como si hubiésemos perdido la aureola, aquella representación de la más tierna inocencia, tal y como referencia Byun Chul-Han a Baudelaire en su obra La Crisis de la Narración, quien dice: “Hace un momento, cuando atravesaba a toda prisa el bulevar, saltando sobre el barro a través de ese caos en movimiento donde la muerte llega al galope desde todas partes a la vez, al hacer un gesto brusco se me resbaló la aureola de la cabeza y cayó al barro del asfalto” (Han 73).
A este concepto de libertad que desea imponerse a fuerza de estallidos e invasión, podríamos esbozar dos posturas contrarias, fácilmente visibles e interpretables en tal situación, a saber:
Libertad como tutelazgo fatídico ejercido por grandes potencias:
La figura del “cipayo”, es y ha sido un eje estructural nefasto en nuestras latitudes. No hace mucho vimos como la excelsa Nobel de paz, María Corina Machado, sin ninguna vergüenza y en una ceremonia más cercana a aquella sumisión que todo territorio conquistado debe asumir frente a su tirano, entrega el reconocimiento recibido en Estocolmo, como muestra de un servilismo miserable al presidente gringo Donald Trump. El despotismo fascista que presenciamos actualmente, es la legitimación clara de las intenciones neoliberales de expansión y explotación de recursos naturales. Ya el grotesco rey naranja lanzó afirmaciones claras, indicando que el petróleo venezolano es ahora un recurso gringo. Lo reclama como pataleta infantil de niño en supermercado y bajo la coyuntura de la oleada de archivos Epstein desclasificados, en donde su rostro y nombre figuran por doquier. Aquí la farsa de la libertad, trasluce la mentalidad fatídica de una gran parte de ciudadanos, no solo venezolanos, sino latinoamericanos. Para no ir muy lejos, en nuestro país también tuvimos conatos claros de traición a la Patria por algunos de nuestros nobles congresistas. A saber, los analfabetos de J.P. Hernández, Lina Garrido y obvio, la Dr. Mafe Cabal. Como estableciera Erich Fromm en su obra El Miedo a la Libertad, “en la lucha por la libertad, durante la época moderna, toda la atención se dirigió a combatir las viejas formas de autoridad y de limitación, era natural que se pensara que cuanto más se eliminaran estos lazos tradicionales, tanto más se ganaría en libertad (…) Si bien el hombre se ha liberado de los antiguos enemigos de la libertad, han surgido otros de distinta naturaleza” (Fromm 122).
En este caso Fromm nos da a entender que la representación simbólica de libertad, es una abstracción de las luchas primigenias contra tiranías y estructuras castrantes. Lo que viene a asimilarse hoy como recurso de lenguaje ultraconservador y fascista. A saber, toda idea de libertad vale la pena, siempre y cuando aquellos que la van a saborear, sin darse cuenta, terminan siendo integrados a una pequeña parcela neoliberal. Libre mercado, libre prensa, libre opinión, libertario, son por citar algunos de los conceptos lanzados por la derecha y que no representan otra cosa más que un convidado de piedra.
Libertad en el desarrollo autónomo de naciones, tildado de izquierdismo y tiranía:
Ahora bien, ¿Qué sucede cuando una nación soberana decide establecer sus principios de libertad, alejada de las grandes potencias, en busca de su autonomía cultural y económica? Cuando dicha eventualidad surge en naciones pobres y dependientes, el lenguaje de poder se acomoda de manera conveniente. Acuñan dicho fenómeno a las izquierdas recalcitrantes, donde si bien, algunos casos dictatoriales se han hecho presentes, no hay duda que la desigualdad económica y el abuso neoliberal han impulsado aquellas situaciones. Como enunciaba Fromm, los enemigos de la libertad, surgen de diferente naturaleza. Si bien el infortunio de las causas revolucionarias es cambiar un tirano por otro, en algunos casos, no cabe duda que la indignación popular pesa en dichos propósitos. En este orden de ideas, la representación lingüística de tiranía es desvirtuada, por cuanto es el pueblo quien debe decidir los hilos de su destino y estructuración. Citando nuevamente a Fromm: “Nos sentimos orgullosos de no estar sujetos a ninguna autoridad externa, de ser libres de expresar nuestros pensamientos y emociones, y damos por supuesto que esta libertad garantiza –casi de manera automática- nuestra individualidad. El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios” (Fromm 248).
La balanza de la mal llamada libertad, se inclina a la derecha. La validez de su lucha solo es reconocida, en aquellos escenarios donde las grandes potencias deben incursionar a legislarla ¿No debería ser tarea de su pueblo? ¿No deben los organismos internacionales interferir cuando la violación de derechos humanos sea sistemática, independiente el espectro ideológico que la cause? En un sistema mundial ideal, quizá todo funcionaría bajo dichos parámetros. En un régimen que no estuviera arrodillado a los designios colonizadores y extraccionistas de los imperios moralmente decadentes. Este juego macabro sádico/masoquista, ha trazado las relaciones mundiales. Concluyendo con Fromm, “el sometimiento de los otros, el ejercicio de una forma tan ilimitada y absoluta de poder que reduce a los sometidos al papel de meros instrumentos, “maleable arcilla en las manos del alfarero” (…) explotarles, robarles, sacarles las entrañas” (Fromm 158).
Referencias
Fromm, Erich (2012). El Miedo a la Libertad. Editorial Paidós, Bogotá
Han, Byung-Chul (2023). La Crisis de la Narración. Editorial Herder, Barcelona




