Paz con justicia ambiental en Ciudad Bolívar

No cabe duda que vivimos un momento histórico en Colombia, se establecen diálogos de paz con la guerrilla comunista más vieja del continente, las FARC EP, y se crean acuerdos que renacen la posibilidad de un nuevo país, acuerdos que deben traer consigo la transformación democrática. Al menos eso esperamos los habitantes del sur de Bogotá que durante años nos ha sido negada la posibilidad de la paz, por el contrario la violencia y la marginación han sido una constante en la localidad de Ciudad Bolívar, donde sus habitantes desean una paz con justicia social y ambiental.

Esa paz tan anhelada por todos y todas debe traer consigo espacios democráticos que permitan la confrontación política sin necesidad de mediar con las armas; en esa paz esperamos dar la lucha y el debate en torno al ordenamiento territorial, la dignificación de nuestros territorios y el buen vivir para nuestras comunidades, que durante décadas han sido excluidas y estigmatizadas por un Estado incapaz de resolver los graves problemas sociales y ambientales que afrontan los territorios.

Solo hace falta dar una vuelta por la localidad para ver su marginalización y la injusticia ambiental a la que ha sido sometida. Ciudad Bolívar afronta graves problemas ambientales que han desencadenado una lucha por el ordenamiento del territorio y la soberanía ambiental. Hagamos un breve repaso por algunos de estos problemas.

Desde hace décadas Ciudad Bolívar se ha convertido en el punto de llegada de los expulsados del campo por la guerra de las armas y la guerra económica, a esto debemos la gran diversidad étnica que hay en el territorio, estas comunidades se fueron acentuando en la parte montañosa del sur de Bogotá. La creciente demanda de materiales de construcción, consecuencia de la expansión urbana, dio paso a la explotación minera en la localidad. Holcim, CEMEX y San Antonio explotan desde hace ya más de tres décadas la zona baja de la localidad, más exactamente los barrios México y Lucero Bajo; allí las multinacionales han dejado una huella ecológica macabra, dos cráteres enormes de los cuales han extraído materiales de construcción para abastecer la demanda de materias primas por parte de la ciudad, acelerando así la destrucción del rio Tunjuelo el más importante de este territorio.
El rio Tunjuelo ha sido desviado en dos ocasiones para el beneficio de las multinacionales mineras, afectando su cauce natural su biodiversidad y su papel vital en la regulación del agua en época de sequía e invierno, reduciéndolo a un caño recto receptor de desechos industriales; esto ha ocasionado inundaciones en los barrios que se ubican en su rivera.
En la parte alta de la localidad, donde nacen importantes quebradas afluentes del rio como la quebrada Limas o La Trompetica, también se practica la minería a cielo abierto; la extracción de arena y piedras para la construcción han acabado literalmente las montañas afectando barrios como Potosí, Grupos, Arbolizadora Alta, Tesoro, Paraíso, Arabia que ven secar sus quebradas, en otrora utilizadas como centros de socialización y recreación. Estas comunidades son expuestas al material particulado generado por la actividad minera, causando enfermedades respiratorias especialmente a niños y adultos de la tercera edad.

Este rio afronta otras amenazas además de la minería. Las curtiembres del cuero ubicadas en la parte baja sobre la cuenca del Tunjuelo, en el sector de San Benito, La Playa y Meissen arrojan sus desechos industriales al rio sin ningún tratamiento previo ni un plan de manejo ambiental. Allí el problema es evidente pues el olor es soportado por los habitantes del sector que son de estratos uno y dos y por quienes a diario transitan por este punto, paso obligatorio para gran parte de los habitantes de la localidad.
La zona alta de la localidad que hace parte de la cuenca del rio Tunjuelo tiene su propia pesadilla: el relleno sanitario Doña Juana, que capta la mal llamada “basura” de toda la ciudad. En el año de 1997 el relleno tuvo un derrumbe que perjudico a miles de habitantes del territorio que siguen esperando la justicia en este caso.

Afortunadamente estos problemas no han contado con la pasividad de quienes lo padecen, en la parte alta de la localidad en el barrio Potosí la comunidad se organiza en contra de la minería en la mesa ambiental no le saque la piedra a la montaña que logró con la movilización el cierre parcial de un polígono de explotación, que amenazaba con acabar el Palo del Ahorcado, un referente cultural de Ciudad Bolívar.

Alrededor del Tunjuelo se ha conformado un espacio de unidad de las distintas plataformas populares y ambientales que hacen trabajo en la cuenca del rio, en una iniciativa llamada foro socio ambiental de la media luna sur. Este espacio viene acompañando la movilización por el cierre del relleno sanitario Doña Juana y el aprovechamiento de los residuos sólidos, la limpieza y conservación de las quebradas que llegan al rio Tunjuelo y el fin de la minería en la sabana.

Propuestas interesantes de organización, educación y movilización que nacen desde los sectores populares y pretenden el re-ordenamiento de la ciudad basado en la justicia y la soberanía ambiental, contando siempre con la participación activa de la comunidad para la toma de decisiones.

Creemos que es de esta forma, desde la movilización y la confrontación política, que se asumen las banderas de la paz, la paz como la posibilidad de hacer política con otras formas, la paz posibilidad de debate político y la paz como una de las vías para llegar a la transformación radical de la realidad y conquistar así la Nueva Colombia.

Elkin Barrera
Tejido de acción y lucha popular pal`barrio

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