Lo que le molesta al centro

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Quiero entender al centro: qué pasa por sus mentecitas, cómo reflexiona. Para eso decidí buscar artículos de opinión en los que ellxs mismxs se expliquen y algunas de sus reacciones a los anuncios de Ivan Cepeda, el presidente Gustavo Petro y las declaraciones de Espriella y Restrepo. 

Empecé por leer a Yolanda Ruíz, quien se dice de extremo centro, pero que en realidad me parece extremadamente confundida y más desde que la escuché decir en el Festival Gabo de 2023, con ese vozarrón que se manda, que es necesario sentarse a hablar con las personas que diseñaron el algoritmo para que sea menos binario, ¿en serio cree que los poderes económicos e informativos hicieron esa vaina así, inocentemente? El caso es que en un artículo de marzo en El Espectador, en el que plantea: “Si hablamos del centro como definición política e ideológica, hablamos de una postura demócrata liberal que en algunos puntos coincide con la izquierda y en otros con la derecha”. Luego dice que le gusta la derecha, pero también la izquierda y así en todo el texto.

Luego me leí a otro centrista que es un poquito más arriesgado, Rodrigo Uprinmy, que en una columna señala que el centro no es la mitad de la derecha y la izquierda, sino que es un tema de forma: “el centro no tiene que ver con los propósitos o fines de la política, sino con los medios o las maneras de hacer política, por lo cual se sitúa en el eje entre moderados y extremistas. El centro es para mí una reivindicación de la moderación y un rechazo de los absolutismos y extremismos en política”.

Finalmente hice de tripas corazón para leer un artículo de Andrés Caro en La Silla Vacía (parece que es un columnista habitual), que distingue un centro bueno y otro malo. Él es del primer tipo, por supuesto. Señala que tienen temperamento, creen en cosas y que cuentan con ‘virtudes centristas’: “la paciencia (o la consciencia de que las transformaciones, para ser reales, toman tiempo), la confianza en el método y la técnica, y la capacidad de ceder y de llegar a acuerdos transitorios basados en la persuasión y en el pragmatismo. (…)  El centrismo cree en la Constitución, tiene una visión amplia sobre los derechos fundamentales, siente lealtad por las instituciones democráticas y por el Estado de Derecho”. Luego imita el ejercicio de Yolanda Ruíz, pero con más comparaciones.

Me atrevo a decir que el centro no sabe qué es el centro, es todo y nada. Lo cierto es que solamente busca incomodar un poquito y nada más. Bebe de los triunfos progresistas de las izquierdas mientras reniega de ellas con las élites de la derecha. Se dice técnico y objetivo, como si lo técnico no fuera político y como si lo objetivo difuminara los problemas estructurales. Son como el ñoño mala gente del salón, ese que delata y se asusta. 

Creen que están por encima del bien y del mal, pero disfrutan sentirse víctimas e incomprendidos. Se creen intelectuales y fans de las estadísticas como si estuvieran libres de carga política. Su principal preocupación es que alguien se salga de los modos que históricamente ha construido la derecha. ¿Cómo confiar en gente así?

Dicho esto, en los últimos días han pasado varias cosas que dan pistas para comprender al centro, y si alguien que se dice de centro me lee, espero que esta reflexión le ayude a entender su ser y le aseguro que no es tan complejo como se lo imagina.

  • Abelardo dice que va a destripar a la izquierda; el centro no lo problematiza sino que le parece una curiosidad.
  • Iván Cepeda, jefe de la oposición, anuncia la desobediencia civil porque el gobierno de Espriella es ilegítimo porque detrás de él hay injerencia extranjera, parece que es un agente de Estados Unidos, tiene vínculos con la mafia y una doble nacionalidad que le demanda adorar a Trump, pero al centro no le molesta que se afecte la soberanía, le molesta las formas y que se hable de resistencia.
  • Al centro le molesta que Petro quisiera hacer una constituyente, pero no es grave que Espriella quiera desconocer la Constitución.
  • El centro quiere que Iván Cepeda haga autocrítica pública por perder las elecciones, pero no incentiva la autocrítica de sus no-líderes (creen que no tienen jefes políticos, sino ‘profes’ que hablan y actúan racionalmente jajajaja) por caracterizar inadecuadamente a los contendores.
  • Les pareció absolutamente gravísimo que Gustavo Petro intentara gobernar con otros, pero no que Fajardo y Pedraza se aliaran con el cristianismo antiderechos para resolver temas electorales.
  • Las críticas del centro al gobierno de Petro tienen un componente de clase altísimo, se creen ricos cuando son una clase media medianamente acomodada. Creen que por hablar como si tuvieran lk mágicamente hará que tengan lk… así no funciona el mundo…
  • Es gravísimo que Petro viaje al Vaticano con quien, dicen, es su novia, pero absolutamente entendible que Espriella en entrevistas justifique las violencias contra las mujeres.
  • El centro se cree racional, pero es rencoroso y mezquino. Recordemos que Angélica Lozano apoyó las absurdas propuestas de Rodolfo Hernández en las elecciones de 2022, que Sergio Fajardo prefiere no tomar postura y que Humberto de la Calle prefirió votar en blanco que cuidar la institucionalidad para la paz. 
  • También cabe decir que está bien visto el salto del centro a la derecha como Miranda, Juvinao, Jota P… básicamente un sector importante de la Alianza Verde. Eso no es para nada motivo de escándalo.

El puro centro se dice institucionalista y técnico, pero no tiene problema en aceptar o en asumir pasivamente un extremo que pasa por encima de la institucionalidad o que la utiliza y que no tiene una concepción técnica sobre temas como la seguridad o la educación laica sino posturas puramente ideológicas. El centro no es institucionalista, es un defensor del fetiche institucional, de la forma, de la apariencia y de lo que representa. Su preocupación radica en lo claro que se vea el reflejo de las cosas, no en la base o el objeto reflejado. Es un defensor de la forma política, no del contenido político. 

El centro no está por fuera de la derecha, es como su lavadero de cara, lo que ayuda a matizar la justificación del darwinismo social y los valores conservadores tradicionales.