Por: Ciro Alfonso
“No vivas para ser por temor la presa
de otros sueños”
Elkin Ramírez
El filósofo Peter Sloterdijk (Sloterdijk, 2003), en su obra magna Esferas, habla de la llamada etapa sirena. Antes de nacer, el feto humano está en una placenta que lo nutre y lo regocija. Es el primer “otro”, el primer acompañante en una vida que nunca será individual. El canto de la sirena, la voz de la madre, así como los latidos de su corazón, son la música con la que el humano por nacer forma una alianza sonora, una comunión relacional que antecede la vida relacional que supone la existencia humana. Uno y otro profundamente imbricados. El sufrimiento de uno implica el sufrimiento de todos. Si al menos uno no es libre, ninguno es libre.
Esa libertad comunal, como presupuesto de la libertad individual, es la base del republicanismo (Castro-Gómez, 2019), en el mejor sentido del término. Maquiavelo, Spinoza, Rousseau, e incluso el joven Marx, coinciden en que no hay libertad sin igualdad: si uno es más poderoso que otro, siempre podrá dominarlo, y así quitarle su libertad. Una libertad que no admite estar bajo un dominio autoritario, una libertad que supone que nadie es libre cuando los compañeros, la compañía, sufre una desvergonzada pobreza material. No es que mi libertad acaba donde empieza la libertad del otro, sino que justo empieza con la libertad del otro. No hay libertad cuando somos presa de otros sueños, como lo decía el gran Elkin Ramírez; de los sueños de los dueños de los medios de producción, de los sueños del uno porciento mas rico del planeta, de los sueños del patriarcado, de los sueños de la supremacía blanca.
El gobierno que deja el poder este 7 de agosto, como el canto de la sirena que daba sosiego, buscó liberar, aunque sea un poco, a los oprimidos históricos. Reducción de la pobreza, de la desigualdad, entrega de tierras a campesinos, reconocimientos de derechos a las madres comunitarias, mejores condiciones laborales a los trabajadores, defensa férrea de la vida palestina. Porque la libertad de todos no solo es nacional, sino internacional. Una libertad republicana que nos acercaba, aunque sea tímidamente, al sueño de una comunión relacional. El proyecto debía profundizarse, por supuesto, pero lamentablemente volvió la pesadilla de siempre. Una vez más seremos presa de los sueños de la élite patriarcal: volverá una política de estado que favorece a los ricos, que intimida y amanece las conquistas de las mujeres y las personas LGBTI, que ve la naturaleza como un recurso más para transar, que apoya a estados genocidas. Todo se puede mercantilizar, todo debe obedecer a las lógicas del mercado.
A no ser que no. A no ser que defendamos esta concepción radical de libertad, a no ser que no nos resignemos, sin más, a perder las conquistas logradas, a perder la noción de libertad relacional que nos hace verdaderamente humanos. Así como el canto de la sirena, de la madre, nos recordaba que siempre somos con otros, el canto de Elkin Ramírez nos recuerda que “se vive una vez para ser eternamente libres”. Muere libre.
Referencias
Castro-Gómez, Santiago (2019) “Republicanismo transmoderno”, en El tonto y los canallas. Notas para un republicanismo transmoderno, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana.
Sloterdijk, P. (2003). “Esferas I: Burbujas. Microsferología”, (I. Reguera, Trad.). Ediciones Siruela.
Por: Ciro Alfonso




