La culpa es de los profes… reflexiones sobre los resultados de PISA

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Hay 4 momentos en el año en los que se levantan oleadas de preocupación entre la opinión pública por el rumbo de la educación, dos están fijos: cuando anuncian el aumento salarial de los profesores y cuando se publican los resultados de las pruebas PISA; los otros dos se producen coyunturalmente cuando hay paro de profesores o cuando en algún lugar de Colombia algún profesor manda a sus estudiantes a consultar información sobre los falsos positivos, la masacre de las bananeras o cualquier otra cosa que a la derecha política y mediática le resulte estridente o «adoctrinadora».

Lamento decir que los llamados urgentes, las preocupaciones profundas y las alertas encendidas en las últimas horas por cuenta de los resultados de PISA no servirán para abrir la necesaria e  inaplazable reflexión sobre los rumbos del sistema educativo que está haciendo agua desde hace décadas en casi todos los países que fueron medidos, sino que serán usados como una máquina de demolición contra la ya muy deteriorada imagen de la educación pública, se busca de esta manera ambientar su privatización y entrega a algunas comunidades religiosas y a algunos gremios de colegios privados que apoyaron fervorosamente en campaña a De La Espriella para que se les hiciera el milagro. Esta hipótesis según la cual privatizar es la solución mágica a todos los problemas del sistema educativo pasa por alto adrede que de los malos resultados no se salvan tampoco los venerados colegios privados o en concesión.

El propósito con esta indignación selectiva es también lapidar al profesorado del sector oficial al que se presume injustamente culpable exclusivo de la crisis del sistema, la alternativa que ofrecen estos paladines de la calidad educativa de temporada es nivelar laboralmente por lo bajo a todos los docentes con las deplorables y precarias condiciones que ofrece el sector privado y que la mayoría padecen o hemos padecido por pura y física necesidad ¿De verdad la  solución de una crisis en la educación pasa por desmejorar las condiciones laborales del profesorado como una retaliación por los malos resultados? ¿Si son óptimas las condiciones de las instituciones privadas porque la mayoría de sus profesores buscan desesperadamente una salida cada vez que se convoca un concurso docente del sector oficial?

Por último, esta operación mediática y política de preocupación impostada no estaría completa sin atacar al sindicato de los profesores FECODE: primero, porque a mucha gente en las derechas colombianas les arde que en Colombia a pesar de los exterminios terribles que vivieron los trabajadores organizados en décadas pasadas queden todavía sindicatos poderosos y por eso quieren destriparlos por la razón o por la fuerza como bien han prometido, pero también porque creen equivocadamente que el hecho de que  un sector importante de la junta de FECODE apoyará la campaña y el gobierno de Petro convierte a todos los profesores afiliados a ese sindicato en marxistas; esto es simplemente falso, desde el punto de vista ideológico y político el magisterio público es un gremio cada vez más despolitizado y conservador. Para que sirva de ejemplo, la semana pasada participé en una asamblea municipal del sindicato al que pertenezco en Santander, el SES filial de FECODE; más de mil maestros nos dimos cita para recibir diferentes informes gremiales. Entre los actos protocolarios estaba incluido el himno obrero de la Internacional, asociado a la tradición socialista y revolucionaria de los siglos XIX y XX; solo 4 gatos levantamos el puño y cantamos a pulmón herido el himno proletario. El segundo punto era una liturgia que se comió 30 minutos de la reunión y al que la base profesoral respondió con total devoción. Tomé una foto y estuve a punto de trinarle a la entonces ministra Morales que allí la batalla cultural ya estaba ganada. Claro que estoy generalizando, pero cualquiera que se haya sentado a charlar de política en una sala de profesores de algún colegio público del país sabrá que esa caricatura de un gremio lleno de comunistas adoctrinadores es pura paja. Ojalá. 

Es claro que una sociedad en crisis solo puede tener una escuela en crisis; es hora de empezar a discutir seriamente el futuro de la educación y las posibilidades de la calidad, lejos de la falacia AD-FECODE que según la derecha mediática y política alcanza para explicarlo todo. ¿Cómo no va a estar en crisis un sistema educativo de jóvenes que pasan la mayor parte de su tiempo pegados de pantallas chateando y jugando y por eso ni duermen bien ni hacen tareas? ¿Qué carajos le va a importar a un muchacho que se la pasó toda la noche jugando free fire o minecraft lo que yo pueda decir de la guerra civil española a las 06 de la mañana? ¿Cómo no van a apremiarnos los resultados si el esfuerzo y el rigor académico, que son ingredientes fundamentales de cualquier aprendizaje, ha sido reemplazado por la cultura de la promoción automática y casi garantizada desde hace décadas o por la idea estúpida que ya todo está en internet? ¿Qué hacemos con la delegación permanente y absoluta que profesores y estudiantes hacemos de labores fundamentales como escritura, lectura y operaciones matemáticas básicas en la IA? ¿Qué entusiasmo tiene un muchacho por aprender si la mayoría de sus referentes se la pasan diciendo que estudiar no sirve para nada porque no da plata? ¿Qué hacemos con papás y mamás ausentes que llegan enojados a las instituciones porque el muchacho tiene malas notas pero no acompañan nunca el proceso, casi siempre porque sobrevivir nos cuesta cada vez porciones más grandes de nuestra vida? ¿Qué hacemos si el profesor que pide rigor en la escuela es un cansón al que empapelan o ponen bajo sospecha algunos directivos y autoridades educativas que no les importa si se aprende o no, sino mantener bajos los índices de repitencia? ¿Qué hacemos si la semana pasada en un grado noveno les dije a los muchachos que buscaran en el índice del libro y la mitad no sabía que era eso? ¿Cómo carajos resolvemos las brechas educativas y culturales tan bravas que hay en muchos lugares de Colombia, donde la única cara que le conocen al Estado es la de un maestro que va en chalupa, moto o burro en medio de la nada misma a dar clase con las uñas? La cosa va mucho más allá de la operación de linchamiento mediático y político que en nombre de la preocupación por la calidad educativa nos van a vender por todos lados estos días. 

Claro, en todo este berenjenal a los profesores también nos toca la autocrítica. Yo, por ejemplo, cada cierto tiempo me desanimo de remar y frustrarme, intento ser cínico, pero hasta ahora por suerte conservo conmigo un poco de fe en el oficio y en las muchas excepciones que he visto frente a esta realidad tremenda que vivimos en las aulas y que aquí he intentado describir someramente.

Ante el colapso de todas las estructuras de cuidado de la niñez y la juventud que esta sociedad ha propiciado, las escuelas y colegios somos cada vez menos lugares de aprendizaje y somos más guarderías grandes y espacios de contención, y así las cosas la calidad de la educación es un horizonte que nos queda lejos. Ninguna crítica seria a la educación puede separar la escuela de la sociedad que la sustenta, y esta sociedad, por muchos motivos y en muchos órdenes, está en una profunda crisis no hace cuatro años ni ocho, pero frescos pueden seguirle echando la culpa a los profesores.