Lo que no se nombra no existe, pero ¿qué pasa con lo que se renombra?

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Ilustración sobre el concepto de nombrar y renombrar en la comunicación política - Columna de La Terrible en Revista Hekatombe

En comunicación existe la teoría del encuadre o framing, que en términos generales, consiste en valerse del lenguaje para tener el dominio de la conversación pública, funciona muy bien en publicidad, pero también en política.

En la comunicación política, para que esa vuelta funcione, debe estar asociada a imágenes que evoquen familiaridad y debe valerse la repetición, muy a lo Joseph Goebbels. Para el lingüista estadounidense George Lakoff, la derecha es muy hábil en el uso de los encuadres, como señala en su libro ‘No pienses en un elefante’ (2004), en el que analiza la campaña de John Kerry y George Bush.

Por ejemplo, es común que en medios de comunicación corporativos y políticos de derecha no se refieran a protestas sino a vandalismo y bloqueos; cooperación norteamericana y no intervencionismo o imperialismo; o conflicto arabe-israelí y no genocidio palestino.

Aunque esto es el pan de cada día, el fascismo ha ido un poquito más lejos, porque deja de nombrar y además, renombra. No es encuadre sino distorsión. Recientemente han pasado de agache dos medidas que tomó Donald Trump y otra del congreso de Estados Unidos, sin contar las decisiones de Espriella en Colombia en este primer mes de gobierno.

Antes de la colonización el Golfo de México era denominado por los mayas como Chactemal que significa «el lugar rojo»; los nahuas como Chalchiuhtlicueyecatl, relacionado con la diosa del agua Chalchiuhtlicue, aunque no le decían así a todo el golfo; desde 1550 el Golfo de México fue llamado así por los españoles, porque los conquistadores cambian los nombres para adueñarse del sentido de los lugares. En enero de 2025, Google cambió el nombre de sus mapas por orden del presidente Trump, ya no es Golfo de México sino  “Golfo de América”.

En enero de ese año sucedió lo mismo con el monte Denali, la montaña más alta de Alaska, denominada así en honor a las comunidades nativo americanas, sin embargo, para el presidente de EEUU. pesa más el apellido de un ladrón de oro que más tarde sería presidente,que el nombre en lengua propia, ahora en google maps sale como monte McKinley.

La historia también la está reescribiendo, insistiendo en que  la victoria de la II Guerra mundial fue gracias a Estados Unidos, dejando de lado a Reino Unido y a la Unión Soviética en la derrota del fascismo -esta narrativa ya venía de antes pero Trump la ha reforzado explícitamente desde el discurso como jefe de Estado-. 

En Colombia no estamos lejos, de todas las cosas absurdas que han pasado en el primer mes de gobierno, nos encontramos que María Carolina Restrepo, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, anunció que se se dejará de hablar de niñas con ‘a’, contribuyendo al ocultamiento de las realidades de las niñas y el desconocimiento de sus derechos.

El 5 de septiembre, La Silla Vacía dio a conocer que en la Agencia Nacional de Tierras, se recomendaba no usar términos como ‘reforma agraria’ y ‘campesinos’, que es mejor referirse a estos como ‘productores rurales’. En RTVC denunciaron que en un consejo de redacción le fue solicitado a las periodistas indígenas que se “vistieran de civil”.

Los sectores de centro que se dicen defensores de la Constitución apoyaron al actual presidente de Colombia, porque no habría constituyente, sin embargo, estamos acudiendo al desconocimiento de la misma mediante actos administrativos y recomendaciones estratégicas que al aplicarlas en el día a día, van a lograr encuadres poderosos.

Google eliminó el mapa de Palestina en 2016, en el caso del Golfo de México y del Lago Ontario, los nombres históricos aparecen entre paréntesis, en Wikipedia lo señalan con un ‘o’, legitimando la medida.

Tenemos entonces que la actitud de este fascismo de algoritmo, que encabeza Trump y que en Colombia sigue  Espriella, hay dos dimensiones de sustitución de nombres para generar unos encuadres específicos: Trump lo hace en un nivel geopolítico y de revisión histórica, y lo hace porque tiene la capacidad en tanto hegemon y potencia imperialista, así esté en caída. Por otra parte, en la segunda dimensión tenemos la sustitución de nombres en un nivel político-administrativo en el ordenamiento estatal. Una práctica que posiblemente continuará. 

¿Qué encuadra? Es la pregunta: aún no lo sabemos con certeza pero es evidente la relación entre términos, reconocimiento de sujetos políticos y exigibilidad de derechos. Hablar de niñas, hablar de campesinado, ha costado, ha sido producto de luchas no sólo recientes sino históricas, sustituir los nombres apunta a desmontar derechos bajo la idea “aquí mando yo”, “yo”, en tanto “patria milagro”, “soy el único con la capacidad de decidir quien existo y no para la ley, por tanto, para asumir la ciudadanía”. Es que el poder no son solo las acciones presupuestales o normativas, es también como nombramos el mundo. 

Estamos acudiendo a una suerte de bombardeo con la combinación de todas las formas de violencia, exhibición de cuerpos, espectacularización de la muerte, violencia lingüística, simbólica, que no nos da tiempo para reflexionar ni digerir lo que está pasando y que, ante el agotamiento y la incapacidad de terminar de procesar, la sociedad va a terminar aceptando.

El fascismo lo está logrando, lo que no se nombra no existe, y lo que se renombra se acepta después de algunos trinos bastante enérgicos y video selfies sin mayor contenido.

Posdata: mientras en Estados Unidos se fortalecen las posturas socialistas, en Colombia la oposición no da pie con bola y me pregunto, ¿en este momento cómo va la desobediencia civil? ¿Además de alimentar las noticias de farándula, qué más está planteando el expresidente Petro después de anunciar que estaría en la juega?