¿Por qué Abelardo es un fascista?
Abelardo de la Espriella condensa muchos de los elementos asociados al fascismo: un discurso simple pero entonado enérgicamente; un chivo expiatorio al que se le atribuye, de manera casi irracional, todos los males sociales ; la invocación de valores ultraconservadores en los que se integra, de forma conveniente y simplificada, la religión y el patriotismo; la exaltación de la familia tradicional más allá de los cambios históricos o de que en países como Colombia exista un número importante de familias a cargo de madres cabeza de hogar.
Pero vayamos un poco más allá para revisar las características del fascismo histórico y las de este fascismo contemporáneo que llamaremos «fascismo de TikTok». Entre los teóricos que han estudiado sobre el tema, existe un debate sobre qué fue el fascismo y si esta es una categoría que podamos usar en la actualidad. El fascismo nació en Italia a principios del siglo XX, distintas mentes tuvieron que ver para la construcción de un discurso al que no le interesaba la coherencia sino los fines que perseguía.
El fascismo de principios del siglo XX
En 1909 aparece el manifiesto futurista, del escritor Filippo Tommaso Marinetti, en el que decía abiertamente «—Abandonemos la sabiduría (…) como ganga inútil y perjudicial!» para luego enumerar 11 puntos en los que afirmaba cosas como «Queremos glorificar la guerra—única higiene del mundo—el militarismo, el patriotismo (…) las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer (…) Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas y utilitarias». Por los mismos años, un político que ingresó a la vida pública por vía del Partido Socialista, empieza a tomar distancia de la postura a favor de la clase obrera y de la correspondiente crítica a la explotación de las patronales, para acercarse a los nacionalistas de derecha: era Benito Mussolini. Pronto, estas ideas se conjugan en un mismo discurso.
Hay un ambiente de huelgas generales para conseguir una jornada de 8 horas y mejores condiciones laborales. La respuesta de Mussolini y de su organización es la creación de escuadras paramilitares para atacar a los obreros organizados. Los grandes industriales, la alta jerarquía de la iglesia católica y la aristocracia ven con buenos ojos al nuevo movimiento fascista. En 1922, luego de la «gran marcha sobre Roma», el Partido Nacional Fascista, con Benito a la cabeza, se hace con el poder.
En Alemania, pero también en Italia, el malestar de derrota tras la Primera Guerra Mundial alimenta un ambiente de revancha. La gran crisis capitalista de 1929 golpea a las economías ya débiles tras la guerra. Los sindicatos y los partidos socialistas y comunistas son fuertes, es la época de los llamados «partidos de masas». La posibilidad de una revolución social es real siguiendo el ejemplo de la Revolución Rusa de 1917, y los viejos sectores aristócratas y la burguesía industrial buscan alternativas y encuentran una en un movimiento demagogo que hace uso de parte de la terminología socialista para legitimarse pese a ser anti-socialista en la práctica: es el movimiento de lasCamisas Pardas de Hitler que ganará las elecciones con el Partido Nazi en 1933. Ese es el contexto de la época.
La revisión de la historia, como lo pone de manifiesto el historiador Eric Hobsbawm en su libro «Historia del Siglo XX», es clara al evidenciar dos aspectos clave: primero, el fascismo no es una forma de hacer política en general, es decir, un líder de izquierda o uno liberal no pueden ser fascistas, esto es una imprecisión teórica, el fascismo, por el contrario, está ligado a la extrema derecha, es su expresión más violenta. Segundo, el fascismo es patrocinado por los sectores más poderosos de sus respectivas sociedades.
Es un freno de mano al que recurren cuando sienten que los sectores populares se fortalecen y parecen alcanzar mejores condiciones de existencia. El economista belga Ernst Mandel recuerda en su texto «El fascismo» como con los archivos de los juicios de Nuremberg, se evidenció que «la industria pesada se interesaba mucho más en la toma del poder por Hitler y en el rearme que la industria ligera, que la ‘arianización’ del capital judío no jugó ningún papel importante en la economía alemana, que el trust (monopolio) I.G. Farben tuvo un papel particularmente agresivo e importante en una serie de decisiones económicas y financieras del régimen hitleriano, etc».
Estos fascismos, que tuvieron sus propias particularidades en cada país, canalizaron el descontento de sectores medios de la sociedad y conformaron movimientos masivos capturados por las respuestas simples y contradictorias que elaboraron para explicar el malestar social. Se mostraron como anti establecimiento, eran «los revolucionarios de la contrarrevolución», parafraseando a Hobsbawm, pero como se señaló, su postura anti-establecimiento era demagógica y tenía el fin de convencer a los incautos.
Se caracterizaron por elaborar y difundir mentiras que eran aceptadas pasivamente, ya que las mentiras sintonizaban con los prejuicios sobre los que basaban sus discursos de odio, prejuicios contra homosexuales, gitanos, judíos, extranjeros, liberales o comunistas.
También realizaban «operaciones de falsa bandera» para culpar a sus enemigos y legitimarse socialmente. Un ejemplo fue el incendio del Reichstag, del parlamento alemán el 27 de febrero de 1933. El partido Nazi responsabilizó a los comunistas pero investigaciones realizadas años después evidenciaron que el joven comunista Marinus van der Lubbe no había sido el culpable sino, precisamente, miembros del nazismo. Con esta operación tuvieron el respaldo institucional para declarar estado de emergencia y avanzar hacia la configuración de la dictadura nazi.
El fascismo de TikTok
La principal razón por la que se dice que en la actualidad no se debería hablar de fascismo es porque no existen movimientos de masas que los sustenten. Lo primero es que el fascismo histórico se constituyó en el tiempo de los «partidos de masas», de grandes partidos que respondían a su vez a una estructura social organizada en torno a grandes industrias en las ciudades principales, esto en un contexto europeo. Hoy no hay «partidos de masas», vivimos en un mundo globalizado por el modelo neoliberal, en el que las grandes industrias fueron sacadas de las ciudades hacia periferias locales o globales.
Sin grandes empresas o industrias, la mayoría de trabajadores quedaron desempleados, en la informalidad o en el sector servicios. Además, la estabilidad laboral fue atacada, hoy priman los contratos cortos sin posibilidad de asociación, lo que afecta la posibilidad de agruparse en grandes sindicatos. Es un mundo diferente al de los años 20s y 30s.
Los fascismos respondieron a la crisis del capitalismo liberal que se desarrolló en el siglo XIX y fueron un freno de mano del capitalismo monopolista que se valió de la idea de «Estado total» para fortalecerse en especial con la industria pesada y armamentista. El guerrerismo del fascismo se alineó perfectamente con ese tipo de industria y los ánimos revanchistas que dieron pie a la segunda guerra mundial.
El fascismo contemporáneo responde de nuevo a los intereses del poder económico que ya no tiene interés en ese modelo de «Estado total», sino en un autoritarismo ligado a las privatizaciones masivas, al aumento de la inestabilidad laboral — tener en cuenta la ley por la esclavitud laboral que impulsó el gobierno de Milei en Argentina— , y al énfasis sobre la extracción petrolera o minera por parte de grandes empresas privadas por encima del desarrollo de la industria en países como los nuestros.
Es decir, las claves para entender el fascismo no tendrían que estar basadas mecánicamente en la forma en la que se organizó hace casi 100 años sino en los intereses a los que respondió y los dispositivos ideológicos de los que se valió para posicionarse y llegar al poder.
También es importante señalar que el surgimiento de este fascismo de TikTok, por lo menos para el caso colombiano, se configura en un instrumento para frenar la politización social en torno a ideas de cambio y democratización de la política y de la economía, teniendo en cuenta que la democratización en la economía implica el desarrollo de políticas de redistribución social de la riqueza como el acceso a tierra o el aumento del salario mínimo, que se pusieron en marcha en el gobierno Petro.
Ideológicamente, se sustenta en los resortes prejuiciosos alimentados por la matriz mediática: como que el conflicto armado se agudizó por culpa de la paz total (dejando de lado factores estructurales sobre la dinámica del conflicto como la dificultad histórica para que el Estado ocupe el grueso del territorio nacional con oferta de derechos, o el papel activo de Duque por «hacer trizas el acuerdo de paz»);y en general los temores conservadores que no aceptan la inclusión y la diversidad.
El fascismo exprime el prejuicio y lo nutre de mentiras que confirman los sesgos de los discursos de odio en un ciclo de irracionalidad, mientras se blinda de algunos elementos que le dan legitimidad: en los años 20s y 30s, eran elementos del discurso socialista y en la actualidad son elementos del discurso democrático e institucional que son enunciados pese a, en el fondo, estar en contra de estos.
En el núcleo, el fascismo es un discurso «de los fuertes», que aboga por la jerarquización de la sociedad, es antidemocrático, de odio y excluyente ya que desprecia lo diferente. El fascismo se muestra a sí mismo en su totalidad una vez cuenta con acceso al poder, como lo evidenció el camino recorrido en Italia o Alemania hace 100 años.
Tres claves del fascismo de TikTok
Teniendo en cuenta lo anterior destacamos las siguientes claves que permiten entender en términos generales el fascismo de Abelardo de la Espriella.
1.
Estética y teatralidad. Abelardo intercala sus discursos con jingles o canciones publicitarias. Hace gestos de aire militar cuando dice «firmes por la patria» que siguen los gestos de Mussolini, Hitler o Franco. Habla desde un vidrio blindado, como el ultraderechista José Antonio Kast en Chile, para alimentar un perfomance guerrerista que busca aumentar la percepción de inseguridad. La fórmula es: a mayor inseguridad más guerra, más mano dura, más allá de los derechos humanos.
El «país milagro» de Abelardo recuerda el discurso del «Nacionalcatolicismo» construido por el dictador fascista Francisco Franco, que justificaba el autoritarismo y la exclusión en nombre de principios religiosos manipulados. También sigue la línea de Trump con eventos religiosos como el Rededicate 250, una multitudinaria jornada de oración y espectáculo en pro del actual presidente de los Estados Unidos, así como la base de un nacionalismo cristiano criollo.
Su performance de masculinidad que apunta a la aprobación de otros hombres, usando los elementos que los “machos” buscan en otros “machos” (macho entendido como el ideal de masculinidad en el machismo). Su performance de masculinidad violenta cuando posa como torero con sus pantalones apretados mientras lanza la pelvis hacia el frente; su imitación de saludo militar y los ademanes que pretenden demostrar fuerza, mientras es absolutamente cuidadoso de su apariencia al marcar la vara con el lujo explícito, haciendo de sí mismo una marca aspiracional en la que otros hombres se vean reflejados o pretendan aspirar a ese lugar de ostentación. Algo similar a lo que hacen Donald Trump, Bukele y con poco éxito Milei.
2.
Construcción del enemigo común y el «nosotros»: la izquierda a la que llama a «destripar» así como Hitler y Mussolini hacían de sus enemigos a los socialistas y «bolcheviques», siendo socialistas incluso los sectores liberales y toda postura que se le opusiera.
El «nosotros» está construido desde la idea de lo que él denomina los ‘nunca’, es decir, personas que no han contratado con el Estado y no han tenido relación con los partidos políticos tradicionales. Sin embargo, es posible ver que esta construcción se encuentra muy alejada de la realidad si tenemos en cuenta sólo dos ejemplos: el respaldo del grupo económico Gilinsky, el apoyo de Uribe y su estructura, o su relación con Alex Saab.
Recordemos que se ha mostrado abiertamente defensor del proyecto paramilitar —y admirador de Mancuso—, un proyecto fascista que ha buscado la eliminación de toda la izquierda, de la diversidad sexual, y en general de toda diferencia y sectores que le resultaran incómodos, mientras hacía de las masacres y el desplazamiento forzado los mecanismos para aumentar la concentración de la tierra en manos de grandes propietarios rurales.
3.
Sobre sus adherentes: trata de una base que políticamente se alimenta a sí misma de fake news, así como del temor a la diferencia, el racismo, la homofobia, el machismo, el miedo y en algunos casos, una supuesta apatía por la política, un derrotismo económico injustificado y la necesidad de un ‘llegar a ser’ exitoso, rico, mujeriego, viril y homoaprobado. Es una suerte de uroboro político que acepta lo que se le es dado en el culto o en los grupos de WhatsApp de campaña, sin hacerse preguntas, sino con una obediencia ciega que le lleva a repetir discursos de odio que, incluso, afectan a su familia y a sí mismos.
Promueve una adherencia violenta que no duda en atacar a sus adversarios: ejemplos son el abelardista que amenazó con atacar con un machete a jóvenes en campaña por Cepeda. Un abelardista que sacó un arma de fuego en el Parkway, o una abelardista que atacó por el cuello a un joven en el oriente colombiano. O sin ir muy lejos, las vallas publicitarias en las que aplasta a Iván Cepeda o la amenaza de destripar a la izquierda. Se trata de un reciclaje del componente más violento del Uribismo.
El fascismo de tik tok como fenómeno aspiracional
La exhibición de la riqueza, se alimenta del deseo de riqueza masculinizado en una trama de narco valores en los que el medidor del valor de una persona se funda en la ostentación y la desigualdad y no en la equidad y la dignidad humana. Para el fascismo de TikTok, la mentalidad que justifica la acumulación capitalista desmedida por vías legales o ilegales es un eje básico de expansión. Por eso no importan las evidencias de corrupción o ilegalidad sino el lugar ocupado por el líder y su parafernalia. Es el síntoma del actual estado del capitalismo.
El filósofo Slavov Žižek, en su libro «En el claroscuro aparecen los monstruos», comentaba sobre las obscenidades y mentiras de Trump: para sus electores, las mentiras eran evidencia de su espontaneidad al hablar, y su espontaneidad evidencia de su sinceridad. La verdad no importa, importa la «autenticidad». Por eso, el abelardista quiere ser como Abelardo y el trumpista quiere ser como Trump, con todo y su doble moral.
El fascismo de TikTok es el freno de mano de los neoliberales en la crisis del neoliberalismo. Es el fascismo en el tiempo de la postverdad y la espectacularización de la política. El fascismo de Tik Tok es un peligro real, y requiere de la unidad de los sectores progresistas, de izquierdas y democráticos para enfrentarlo. Buscamos una victoria de la vida y la democracia, no solo una victoria electoral más.




