Colombia, capitalismo del desastre y cinismo del espectáculo

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Ilustración de opinión sobre el capitalismo del desastre y la crisis en Colombia.

Por: Sergio Ramírez Agudelo

Las condiciones actuales de la crisis civilizatoria en las que los individuos navegan sin horizonte claro, y en la cual el caos parece convertirse en una forma organizativa con tintes apocalípticos, son el signo del presente. El sismo de 10 de agosto y los efectos del fenómeno del niño en Colombia revelan la solidaridad individual y colectiva latente en cada uno de nosotros, para asumir las catástrofes, pero también hace evidente la incapacidad institucional de dar una respuesta en donde la dignidad humana sea el eje central. La crisis civilizatoria en el plano institucional es el colapso de los ideales de la modernidad. El gobierno actual no es nada más que su síntoma, que se caracteriza por el desmantelamiento del Estado y la instalación de un capitalismo del desastre.

El sismo que afecto casi la mitad del territorio colombiano funciona como un acelerador de lo que ya estaba en la hoja de ruta del nuevo gobierno. Como lo plantea Naomi Klein en su teoría del shock social, las catástrofes naturales o económicas, son funcionales a los cambios sociales que buscan instalar modelos autoritarios, porque le permiten hacer cambios institucionales y políticos sin que la población presente una resistencia clara, dado que la sociedad se encuentra aturdida por la calamidad y concentrada en la solidaridad. Estos cambios buscan reformas estructurales que tienen como finalidad una mayor concentración del poder en pocas manos y el aumento de la intensidad en la explotación de los trabajadores y los recursos naturales en beneficio del capital.

Mientras la ciudadanía responde a la catástrofe desde las redes del cuidado y el tejido comunitario, el gobierno elimina las barreras institucionales y sociales que están en contra de su proyecto de país. Al tiempo que medio país reconstruye sus hogares, el senador Enrique Gómez Martínez (líder político de la ultraderecha) radica un acto legislativo para desfinanciar la JEP. Con la llegada del fenómeno del niño y sus posibles consecuencias sobre la red eléctrica del territorio nacional, el exministro Mauricio Cárdenas plantea la venta de ISA para responder a las obligaciones de la deuda externa y la falsa crisis fiscal. 

Al tiempo que en las universidades públicas se levantan voces críticas a estas propuestas, el actual presidente amenaza a las universidades con ser intervenidas militarmente. Cuando es necesaria la reconstrucción y la preparación para una probable sequía, en el congreso se tramita un aumento del presupuesto nacional, por medio de una ampliación histórica de la deuda, que además no responde a las necesidades de la sociedad producto de las catástrofes sucedidas o por venir.  Así, al mismo tiempo que la sociedad se encuentra aturdida y solidarizada, el gobierno busca por todos los frentes moldear las instituciones del Estado en beneficio de una agenda que pone en crisis a las instituciones y no responde a las catástrofes.

Lo anterior plantea un escenario difícil de franquear por parte de los individuos críticos y las colectividades revolucionarias, que va más allá del aturdimiento y la necesaria solidaridad. Esta dificultad es el cinismo del espectáculo con el que Abelardo y su combo operan, que es algo común en las ultraderechas globales. El cinismo del espectáculo es la reducción de la política y el orden institucional del Estado a una imagen mercantil, al showman, en donde se hace gala de una estética de la crueldad, en la cual, ideales como: la dignidad, la igualdad, la libertad, etc. Son vistos como innecesarios. 

Cuando las ultraderechas globales han hecho de los ideales modernos cascaras vacías para guiar los proyectos individuales y colectivos de la sociedad, han logrado también que sea más difícil criticar sus ideas, debido a que no hay un punto de apoyo que haga evidente su barbarie. El racismo, el clasismo y sexismo no solo se hacen virales y socialmente aceptables, también se presentan como algo incuestionable, porque ideas como la dignidad, la igualdad y la libertad son vistas como imágenes vacías.  

El cinismo del espectáculo invierte a través de la imagen el contenido de las ideas y su legitimidad social. Por ejemplo, los cuestionamientos hechos a la exvicepresidenta Francia Marquez sobre el uso de un helicóptero estatal para sus desplazamientos, cuestionamientos de corte racista, clasista y sexista, que luego los medios de comunicación no realizaron al presidente Abelardo, cuando gasta en un mes lo que un obrero no consigue en una vida. 

Esta acusación presentada por la izquierda como certeza de que la ultraderecha es una organización política racista, clasista y machista, termina realmente por ser una acusación irrelevante, debido a que, para ellos —los defensores del cristianismo sionista— tanto el racismo, el clasismo como el sexismo son formas adecuadas de organizar la sociedad.

El shock social y el cinismo del espectáculo aparecen como escenarios que incapacitan la praxis crítica. El shock social aturde y distrae tanto a la reflexión como a la acción, dado que la solución de lo inmediato nos aleja del plano político e institucional que está en disputa. Por su parte, el cinismo del espectáculo evidencia el colapso civilizatorio de los ideales anteriormente aceptados como fundamentos del orden político e institucional, lo que dificulta el cuestionamiento crítico del proyecto sionista cristiano, porque no hay una base ético-cultural para contrastarlo.

El enemigo ya no se oculta, y eso se convierte en un problema para la crítica. El cinismo del espectáculo es el clasista sin máscara, el racista sin velo o el sexista hecho trending topic, convertidos en ideales de vida. Entonces es imprescindible que los individuos y colectivos críticos, salgan del aturdimiento, la inmediatez y el dominio del espectáculo.  

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Sergio Ramírez Agudelo soy profesor universitario, asesor político y militante del Pacto Histórico. Que busca poner la filosofía crítica y las epistemologías de la emancipación al servicio de la liberación de los pueblos oprimidos, con el fin de proponer diagnósticos que nos permitan reorientar la acción.

 Mi perfil de Instagram es @laollapolitica