
El viernes se descubrió la estatua que rinde homenaje a Rock al Parque; se trata de La Rockera de Rafael Melo. En la inauguración, el alcalde Carlos Galán señaló: “Hoy Bogotá tiene una mujer de bronce para recordarnos que aquí también se hizo historia a punta de guitarra, de canciones, de rebeldía y de libertad”.
Cuando vi la estatua empecé a tararear Cosita Seria de los Aterciopelados. La primera vez que pillé el video de esa canción tenía 8 o 9 años. Dos amigas acosadas por un tipo se valen de la brujería para hacer justicia por mano propia; es pura poesía, un sueño. El coro me marcó. Con ocho o nueve años decidí que no tendría pelos en la lengua y superaría el qué dirán. También me dejó en la cabeza otras cosas con las que he/hemos fantaseado.
La estatua no tiene boca. Es una mujer, es una rockera sin boca. ¿El artista no escuchó Cosita Seria?. Mentiras, por ese lado no va la discusión, porque tal vez para cierta clase de hombres es una canción sin mucho significado. Mejor, la pregunta debería ser: ¿en qué cantantes capitalinas se inspiró para esa obra?, porque todas tienen boca y de lo que carecen es de pelos en la lengua.
Después de una tanda de reuniones, unas justificadas y otras innecesarias, me puse los audífonos para seguir trabajando. “No me mires de esa forma, que no es la primera vez que me sale por los ojos el alma tal como es…”, ¡aaah me encanta! Soy una fan enamorada, no pasa un día en que no escuche a las 1280 Almas.
Mientras la susurraba frente al computador, pensé en las Guerrilla Girls. De pronto fue por los disfraces del día de las brujas, no sé. Fue un colectivo anónimo de mujeres artistas que, usando máscaras de gorila, incursionó en 1985 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, para protestar por la mínima representación de las mujeres en una colección. Ellas ponían sobre la mesa la discriminación hacia las mujeres y problematizaban los roles de género; lo hacían desde el cartelismo y también por medio de la intervención directa a ciertas obras de arte, incluso llegaron a calificarlas como vándalas.
Me pregunto ¿hasta qué punto insistir en temas como los roles de género, los sistemas de opresión, cuajó en la gente? y ¿será muy arriesgado sospechar que el avance del fascismo ha envalentonado y ha eliminado la vergüenza en todo lado, incluyendo el arte? Tal vez hasta el año pasado alguien habría problematizado la falta de la boca en la estatua, solo para evitar reflexiones como esta.
El rock en Colombia es denuncia e ironía. Es lo opuesto a Melodía Stereo con su música para ejecutivos, música instrumental para ambientar las oficinas. Dice Santiago Trujillo, el tipo chévere del gabinete de Carlos Galán, el que le mete cheverosidad a la precarización de la cultura, que esa estatua representa desde las granizadas hasta la organización de la gente para evitar el cierre del festival durante la alcaldía de Peñalosa. ¿Cómo?, ¿dónde?, ¿sin boca?
Practico la libromancia, que es un método de adivinación que consiste en agarrar un libro, abrirlo y leer un fragmento para buscar inspiración o una pista sobre el futuro o el presente. Es una práctica recurrente en el rock, algo que hacían los Red Hot Chili Peppers. De hecho, System of a Down también recurrió a ella para Chop Suey!, cuando sacó de la Biblia el pedacito que dice «Father, into your hands I commend my spirit. Father, into your hands. Why have you forsaken me? In your eyes forsaken me, in your thoughts forsaken me, in your heart forsaken me…». (Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Padre, en tus manos. ¿Por qué me has abandonado?…).
El caso es que, además de la libromancia, práctico algo que denomino la musimancia, y es buscar respuestas en mis playlist aleatorias. Y eso pasó cuando quedaron las 1280 Almas y sonó justo esa canción, no Los Planetas o Pueblo Alimaña.
Las Guerrilla Girls decían: «Podríamos ser cualquiera; estamos en todas partes» mientras, apelaban a la acción directa sobre el arte entre los 80s y 90s. Sin ser un grupo musical, las Guerrilla Girls eran rock en acción, no eran solo libertad en abstracto sino que expresaban prácticas liberadoras. Como las letras de muchas canciones de rock, como las formas para llegar a esas letras, como las actitudes, como lo que se dice. Por eso es tan paradójico que el monumento al rock sea un monumento silenciado simbólicamente.
Juan Carlos Rojas, el bajista de las Almas, dice que el rock es subversión y denuncia, seamos subversivos y resistamos a este síntoma de época. «Y es el signo de este tiempo que me la ha vuelto a encender…».
“Es la belleza de la destrucción. Esta pulsión de revolución. Es la belleza de la destrucción. Sangre Rebelde… Sangre Rebelde”: 1280 Almas