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No dejes que los bastardos te aplasten

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 «Nolite te bastardes carborundorum» que en latín falso traduce «No dejes que los bastardos te aplasten», lo que en colombiano podría ser «No dejes que las g0norr34s te destripen».

Con esa frase arranca «El cuento de la criada”, una serie de 2017, basada en la novela homónima de Margareth Atwood (1985). En términos generales, se trata de una sociedad que fundamenta el totalitarismo desde una versión convenientemente manipulada de la biblia; oprime y esclaviza a las mujeres; mantiene una dictadura masculina y se perpetúa con un sistema educativo que garantiza que las niñas respondan a los cuidados del hogar y atiendan las necesidades de los hombres, mientras las y los recién nacidos les son arrebatados a sus madres y entregados a familias poderosas.

La excusa fue el descenso de la natalidad y la urgencia de poner orden, de esta forma, por medio de ataques armados de Los Cruzados, los fundamentalistas cristianos llegan al poder y fundan la república de Gilead en lo que antes era Estados Unidos. Un grupo significativo de mujeres fueron convertidas en esclavas sexuales, otras en esclavas, otras enviadas a campos radiactivos para ser castigadas. Las esposas de la élite, aunque eran cómplices, tampoco contaban con derechos y vienen siendo lo que se conoce como tradwife.

No hubo organización real para frenar el avance de Los Cruzados y en Gilead muuuuuuy lentamente las mujeres se organizaron para resistir y comunicarse con el exterior. Una resistencia que llegó luego de muchos capítulos de relleno; una crisis de liderazgo innecesaria, la redención de Rory Gilmore (sale la misma actriz de esa serie) y una banda sonora genial en las primeras temporadas.

El ataque directo a las instituciones y a la democracia que ADLE denomina como “patria milagro”, tiene mucho de Gilead. No se ha posesionado y ya ha hecho anuncios aterradores, como restablecer relaciones diplomáticas con el Estado genocid4 de Israel, llevar a su dios a las escuelas, pese al carácter laico de la Constitución; señalar que las mujeres deben “ocupar el lugar que les corresponde”; la militarización de la sociedad, entre otros que dan cuenta del fascismo de TikTok que promete este gobierno.

Así como en Gilead la justificación del ascenso fundamentalista fue la natalidad y el peligro de la infertilidad, hoy en Colombia, el único peligro era para las derechas, para la desigualdad y para los señores de la guerra. La “solución” fue elegir a un hombre que se refugia en una masculinidad tóxica porque, según parece, tiene muchas inseguridades; es hábil para la trampa, pero ignorante; un vicepresidente que quebró una universidad y dejó al borde del colapso al país cuando trabajó para Duque; y a una primera dama cuyo mérito para sus electores es ser bonita.

En el momento en el que escribo este texto, solamente ha sido nombrado Rodrigo Lara como ministro del Interior, quien hará parte del gobierno de los ‘nunca’, que significa los que SIEMPRE han gobernado. Este primer anuncio es estratégico porque es el lavado de cara de un gobierno rodeado por mafias, ya que cuenta con el apoyo de una víctima de las mafias, que, además, tiene complejo de Batman (sin tanta plata, sin habilidades, sin mandíbula hermosa, sin músculos, sin Alfred, pero con un batimóvil). 

Parece que otro de los nombramientos es el de Viviane Morales como ministra de Educación, otra de los ‘nunca’ que ha trabajado desde SIEMPRE con los gobiernos de derechas del país. Una fundamentalista cristiana, similar a la Tía Lydia, cuya principal tarea es sacar a Fecode de las escuelas y a meter a dios, pero no a cualquiera, al dios del cristianismo protestante fundamentalista, al de la CIA (la respuesta de Estados Unidos a la teología de la liberación entre los católicos, fue este cristianismo hecho a la imagen y semejanza del destino manifiesto), al que odia, señala, al cómplice del fascismo, al que se acomoda a las necesidades de la crueldad y la corrupción en todas sus formas. Pretenden que en adelante, los niños y niñas sean instruidos para desconocer la Constitución de 1991, para defender lo antidemocrático y la agenda antiderechos, para borrar la ciencia del horizonte y para ser funcionales a la derecha radicalizada que se arrodilla al capital y al imperialismo.

En el Cuento de la criada cada saludo iba acompañado de la frase “en su mirada”, cómo mecanismo de vigilancia y para recordar que las personas estaban siendo observadas; en Colombia, se va a popularizar el saludo militar y “firmes por la patria” para medir el nivel de “firmeza” y compromiso de este gobierno, para determinar el ‘quién conmigo y quién contra mí’.

En 1985 cuando Margareth Atwood lanzó la novela, en lugar de inventar una suerte de presente postapocalíptico, sistematizó lo que ya existía: el robo de niños, el patriarcado, el fundamentalismo religioso, el totalitarismo, el antiintelectualismo y la estupidez; llevó a que la ficción especulativa, en realidad fuera de terror y horror y sobre el tipo de sociedad al que pareciera nos dirigimos. Esta obra maravillosa nos dejó un montón de alertas, pero también puso sobre la mesa que ser pasivos y esperar a que las cosas no sean tan graves no es una opción. 

El país cambió, sabe de dignidad y derechos, no siente vergüenza por decirse de izquierda o progresista, así que no creo que sea romántico pensar que somos casi 13 millones de personas que sabemos lo que tenemos que hacer, cada quien desde donde está, con ejercicios auto-organizativos, cayendo a parches que ya existen, desde el lugar de trabajo o de estudio. No es posible trasladar la vida de June Osborne a Colombia, porque aquí, a diferencia de Estados Unidos, no esperamos un salvador mesiánico que nos proteja. En Colombia el pueblo protege al pueblo, el pueblo se organiza solito, cada día se politiza más, ama la vida, cree en la democracia, en el fortalecimiento democrático de las instituciones, se ha enfrentado a la muerte y a la desdicha, se ríe de los poderosos y no necesita que nadie le diga «Nolite te bastardes carborundorum».

1985 fue un año muy importante, porque fue cuando una película tuvo uno de los mejores nombres en la historia del cine (es la verdad y no lo pienso discutir con nadie), y hoy vale la pena recordarlo y llevarlo a la práctica, en cada acción, cada reunión, cada vez que estudiamos: ‘Retroceder nunca, rendirse jamás’. 

Y como dijo Mao Tse Tung: “Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver otra vez a la lucha, y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo”.

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