Por un feminismo más allá de la cultura de consumo

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Soy feminista. Hace años lo soy. Ingresé a este maravilloso mundo cuando empecé a asociar las violencias a las que estamos expuestas, y el lugar secundario al que somos obligadas a ocupar en un sistema más grande, un sistema que normaliza el hecho de asumir nuestro cuerpo y nuestra la existencia como algo desechable o útil, únicamente, para la sexualización en función de la mirada masculina, y los trabajos del hogar y el cuidado en las distintas dimensiones de la vida.

Antes de continuar, debo resaltar algo: soy feminista y soy de izquierda radical, creo que ambas perspectivas deben hacer parte de la misma posición orientada a la desobediencia, la rebeldía y el cambio social.

Como feminista, empecé a indagar más en la materia, y en esa busqueda con gafas violetas, me encontré con que, por fortuna, no solo había libros teoricos sino también películas, canciones y medios de comunicación con esa orientación política. Antes de continuar, debo resaltar algo: soy feminista y soy de izquierda radical, creo que ambas perspectivas deben hacer parte de la misma posición orientada a la desobediencia, la rebeldía y el cambio social. Es así que mi feminismo entró en diálogo con mi anticapitalismo, no lo anuló como, me parece, a veces tiende a suceder.

Sobre la farándula

Cuando empecé a seguir medios de comunicación feministas, sentí algo paradójico: que con algunos de ellos, no estaba adquiriendo nuevas herramientas de análisis sino que estaba quedando muy bien informada de la farándula actual.

Gracias a esa cuidadosa curaduría de noticias, sé que podría compartir mi vida con Chris Evans, quien se quiere dedicar a ‘pegarlo’, escuchar música y hacer cosas en cerámica.

Creo que es importante aclarar que veo farándula, me interesa y esta no es una reflexión contra la farándula, ni contra el reggaeton. Sigo a gente de este mundo, pero no de cualquier época, lo mío es informarme sobre artistas que salieron en Friends, OC, Gossip Girl, Las chicas Gilmore, Sex and the City, Breaking Bad, o Juego de Tronos. Gracias a esa cuidadosa curaduría de noticias, sé que podría compartir mi vida con Chris Evans, quien se quiere dedicar a ‘pegarlo’, escuchar música y hacer cosas en cerámica.

El caso es que soy consciente del tipo de farándula que me interesa, de saber cómo se viste Katie Holmes, todo lo que salga de Mark Ruffalo, o de las publicaciones de los actores que me gustan. Pero de un tiempo para acá, me entero de la vida de personas que ni siquiera sé por qué son famosas, sé qué pasa con celebridades del reggaeton, lo curioso es que no lo escucho, ni me gusta, entonces ¿por qué sé sobre Rosalia, Rauw, Feid, Karol G o Bad Gyal?, si no sé cómo se llama a esposa de Chris Evans, ¿por qué sé sobre las relaciones de las estrellas de reggaeton?

Se deja de lado la interseccionalidad, pero también, lo que no nos toca directamente, como luchas y propuestas de otros pueblos, o las formas de opresión generadas por el imperialismo, el colonialismo, el racismo, etc. El feminismo parece desligado así de las causas de las y los oprimidos.

Confieso que cuando estoy prenda me muevo con ‘Bichota’, me sé a medias ‘Yo quiero bailar’ de Ivy Queen, puedo identificar las que sacó Don Omar a principios del 2000, he cantado en el karaoke ‘Felina’ de Héctor & Tito, y confundo a JBalvin y a Maluma. En resumen, mi conocimiento de dicho género es casi nulo. Sin embargo, puedo hablar en automático sobre despecho y perreo.

Después de hacer un ejercicio consciente de navegación por redes sociales, me dí cuenta que la mayor parte de esta información proviene de algunos medios de comunicación feministas, y retomando a Arjona, el problema no es que hablen de farándula, o de una farándula que no me gusta, sino que mi preocupación radica en que hagan de las estrellas del reggaeton —o de otros géneros hiper comerciales— casi que exclusivamente íconos del feminismo, en un ejemplo del deber ser de las mujeres, como si se tratase de que todas seamos ‘bichotas’ o ‘motomamis’, y no solo eso, con esta forma de entender el feminismo, parece que la reivindicación termina por ser meramente identitaria y estética. Se deja de lado la interseccionalidad, pero también, lo que no nos toca directamente, como luchas y propuestas de otros pueblos, o las formas de opresión generadas por el imperialismo, el colonialismo, el racismo, etc. El feminismo parece desligado así de las causas de las y los oprimidos.

¿Qué estará pasando?

Parece que algunos de los medios feministas, los que se centran en los likes, nos quieren vender una especie de sororidad y feminismo despolitizados: si a Karol G le va bien, a todas las mujeres de Colombia también; si Shakira tiene una estatua, hay que celebrar; que Bad Gyal diga que quiere bailar sola es digno de una ovación. Es como si los feminismos fueran una dimensión más dentro del universo consumista, un consumismo con enfoque de género, centrado, por ejemplo, en los “caminos empoderantes” de “tramitar las tusas” y reivindicar el cuerpo.

Este énfasis me parece preocupante, porque reproduce la lógica machista de que nuestras vidas, las vidas de las mujeres, se reducen a estar emparejadas, despechadas y de levante, todo mediado por un fuerte componente de superación personal representado en el “empoderamiento”.

Este énfasis me parece preocupante, porque reproduce la lógica machista de que nuestras vidas, las vidas de las mujeres, se reducen a estar emparejadas, despechadas y de levante, todo mediado por un fuerte componente de superación personal representado en el “empoderamiento”. Por supuesto, estos son temas de interés, tienen un vínculo directo con la cotidianidad, pero dedicar una cantidad significativa de publicaciones a estos temas, es contribuir a la reproducción de un sentido común restringido. Que pase eso en un medio corporativo no sorprende, pero se supone que un medio que es feminista debería entrar a problematizar, y dar un paso hacia lo estructural.

Estamos ante una ecuación preocupante con el que me atrevo a llamar como “feminismo de likes”: consumismo + feminismo = empoderamiento, pero ¿empoderamiento de qué?, ¿frente al despecho?, ¿para facturar, es decir, para producir en el marco del capitalismo? Decía Tithi Bhattacharya en una entrevista en 2018: el «‘empoderamiento’ evita la pregunta de quién es la que se empodera y para qué fines, esas son las preguntas que el neoliberalismo silencia. Entonces, el feminismo se volvió algo cercano a la idea de ‘empoderamiento’ de las mujeres, lo que, en términos reales, se transformó en la idea de éxito de un sector muy pequeño de las mujeres de todo el mundo: éxito como políticas, éxito como mujeres de negocios, éxito como CEO, etc. Cuando las mujeres escalan estas posiciones y tienen éxito, eso es considerado un éxito para el feminismo”.

El patriarcado no tiene solo una existencia material, se reproduce ideológicamente, y la forma de consumir e interpretar, por ejemplo, las noticias de farándula, puede impactar en la forma en la que se reproduce ideológicamente el patriarcado en nuestro sentido común

Con Antonio Gramsci, estoy convencida de la importancia de la disputa de sentido común. El patriarcado no tiene solo una existencia material, se reproduce ideológicamente, y la forma de consumir e interpretar, por ejemplo, las noticias de farándula, puede impactar en la forma en la que se reproduce ideológicamente el patriarcado en nuestro sentido común, pero, ¿esa es la única forma de disputar el sentido desde el terreno feminista?, y más aún, ¿acaso desde el feminismo no nos debemos interesar por la forma en la que se reproduce el capitalismo en nuestro sentido común?

Parece como si el machismo estuviera desligado de la cultura de consumo que promueve el capitalismo contemporáneo, y como si de lo que se tratara fuese de impugnar sólo ciertas manifestaciones del machismo y no algo mucho más sistémico. Siento que el punto está más en los likes y el alcance de los contenidos que en la disputa de sentido. Aclaro: no es que la adherencia al feminismo y el gusto por estos géneros y sus figuras sea excluyente, la cuestión radica en los efectos que puede traer el hecho de ocupar toda la parrilla informativa en esos contenidos asociados a la farándula y los valores del consumismo, desde análisis superficiales.

No creo que la disputa de sentido consista en adaptarse a la lógica de consumo de la farándula para, desde ahí, incluir una que otra palabra feminista. Considero que el feminismo debe ir más allá, poniendo sobre la mesa todas las formas de opresión a las que estamos sometidas, siendo una fundamental la de clase. En este punto, vale la pena recordar que, en “Mujeres Negras: dar forma a la teoría feminista”, bell hooks cita a Rita Mae Brown sobre la importancia de comprender el peso de la clase social en nuestras vidas:

la cuestión radica en los efectos que puede traer el hecho de ocupar toda la parrilla informativa en esos contenidos asociados a la farándula y los valores del consumismo, desde análisis superficiales.

“La clase es mucho más que la definición de Marx sobre las relaciones respecto de los medios de producción. La clase incluye tu comportamiento, tus presupuestos básicos acerca de la vida. Tu experiencia —determinada por tu clase— valida esos presupuestos, cómo te han enseñado a comportarte, qué se espera de ti y de los demás, tu concepción del futuro, cómo comprendes tus problemas y cómo los resuelves, cómo te sientes, piensas, actúas. Son estos patrones de comportamiento los que las mujeres de clase media se resisten a reconocer aunque quieran perfectamente aceptar la idea de clase en términos marxistas, un truco que les impide enfrentarse de verdad con el comportamiento de clase y cambiar en ellas mismas ese comportamiento. Son estos patrones los que deben ser reconocidos, comprendidos y cambiados”.

Esta es una invitación a pensarnos qué feminismo se está promoviendo, qué feminismo estamos “consumiendo”, qué feminismo es el que necesitamos y cuáles deben ser nuestras referentes, el alcance de ellas y qué necesitamos para nuestras vidas más allá de la farándula, el levante, las relaciones de pareja y la tusa. Son temas relevantes en el día a día, sin lugar a dudas, pero hay un mundo entero que va más allá. Que esa visión restringida del feminismo no nos lleve a perder de vista lo que sucede en otras latitudes, lo que sucede con el capitalismo, el racismo o el colonialismo.

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