Tres años después del 28 Abril… cuatro reflexiones para la memoria

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Por: Damian Rodríguez Vera

Se han cumplido tres años de aquellas jornadas de movilización del 28 de abril del 2021. Movilización multitudinaria que se convirtió en un hito en la historia de Colombia y que todavía suscita debates e inquietudes desde los espectros del campo político de la nación. Las siguientes líneas ponen en la mesa algunas reflexiones amparadas también en la idea de su vigencia y su conexión con el presente….

El 28A se configuró como la movilización más grande tanto por su dimensión como por su prolongación. Desde una perspectiva netamente cuantitativa, podríamos aseverar que, en cuanto a su dimensión, las cifras más cercanas apuntan a un aproximado de 860 municipios a lo largo y ancho del país donde se realizaron acciones colectivas, es decir, 78% de los municipios participaron durante las jornadas del gran levantamiento popular del 2021. Por otro lado, algunas actividades perduraron durante un tiempo significativo, incluso en el mes de septiembre, es decir cinco meses después aún había “vestigios” de la movilización en algunas ciudades del país. De modo que el 28A puede ser comprendido como uno de los hitos más importantes, no solo en la historia reciente de Colombia, sino, sobre todo, en la historia republicana de la nación. 

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Con una agenda reivindicatoria diversa, debido a la pluralidad de demandas que se concentraba en los ejercicios asamblearios —que a su vez es fiel reflejo de una pluralidad de actores que participaron en la movilización—, esta multiplicidad es un síntoma de la crisis crónica que estaba viviendo el país. Si bien el epíteto de “estallido social” se queda corta para explicar la naturaleza de la movilización, siendo entre otras cosas una noción periodística importada de los calificativos de las protestas de Chile, el rebosamiento de la copa que se vivió con la reforma tributaria, es por lo menos suficiente para señalar el malestar que cada vez se profundizaba entre el coctel del modelo neoliberal y la crisis institucional. 

Para colocar un ejemplo, el adagio simplista de los medios de comunicación que replicaban sin cesar que la pandemia afectaba a todos por igual, desenmascaró los agudos niveles de inequidad, el ensanchamiento de las desigualdades entre los sectores más adinerados y las clases populares. Una brecha que desvergonzadamente el gobierno de Iván Duque no procuró subsanar sino, por el contrario, ensanchar, al arrojarle salvavidas al sector financiero. 

Por otro lado, la degradación de las instituciones puso en tela de juicio la probidad de los funcionarios públicos, en especial atención contra la fuerza pública que se convirtieron en los verdugos contra la movilización popular, comprometidos en torturas y muertes de jóvenes que salieron a protestar en las calles como sucedió en Cali, Bogotá, Pasto o Pereira. 

Por consiguiente, el levantamiento popular representó también un cisma en la historia del país, por cuanto fue un viraje en los valores culturales de la nación y aunque sigue siendo objeto de polémica, es innegable señalar que el 28 de abril es un factor explicativo del éxito en los comicios presidenciales de Gustavo Petro. En otras palabras, el torrente de la movilización se cristalizó en la posibilidad de construir una propuesta de nueva sociedad colombiana, haciendo contrapeso al modelo hegemónico de la sociedad conservadora y reaccionaria de este país. 

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No obstante, una de las preguntas que debe invitarnos a reflexionar con mesura es concerniente a la memoria del levantamiento popular, es decir, ¿qué ha quedado después del 28A? Una inquietud que por lo menos no puede ser respondida desde una sola mirada y tampoco desde una sola cara de la moneda, es decir, ni desde el ciego optimismo ni tampoco de un fatalismo desesperanzador. 

Varios monumentos se erigieron durante las jornadas de protestas, parques que fueron bautizados por la furia popular y en otros casos, las calles y avenidas fueron renombradas como referencias de la lucha y resistencia ciudadana. Algunos sitios también dejaron su huella como el panteón de sueños acribillados por las balas de quiénes quisieron callar las movilizaciones. Tres años después, algunos lugares de memoria languidecen con el tiempo y, sin embargo, sectores organizados y no organizados aún procuran por que la memoria colectiva no muera ante la indiferencia. 

Por otro lado, en el concierto político debe leerse con cautela los resultados electorales en las elecciones regionales del 2023 que le atinaron un fuerte golpe al movimiento progresista, popular y democrático, pues fueron los partidos tradicionales quienes terminaron asumiendo dichos cargos representativos. Y aunque el comportamiento electoral tiene su propia lógica, donde la maquinaria juega un papel decisivo al igual que otros factores, vale la pena preguntarse ¿dónde quedaron los frutos de la rebeldía?, el ejercicio de la autocrítica es valioso en estos momentos. 

La derecha reaccionaria ha alzado sus armas mediáticas para apagar la memoria de la movilización. Como un juego de espejos, emula repertorios de acción colectiva de los sectores democráticos y populares tratando de borrar el pasado reciente e instalar nuevamente los valores tradicionales. Algunos medios han llevado tertulianos que se han atrevido a señalar las movilizaciones del 21 de abril como las más importantes del país, y replican consignas destilándolas de su valor revolucionario. 

El 28 de abril —como se dijo un par de líneas atrás— ha erigido monumentos a la rebeldía y en otros casos ha derrocado los bustos y estatuas que hacían odas al fascismo y al pasado oprobioso de la esclavitud. Las armas de la crítica deben ser lo suficientemente fuertes para derrumbar los anquilosados valores de la derecha reaccionaria y las paquidérmicas recetas neoliberales que han golpeado nuestro país. Por ello, el 28 de abril debe ser conmemorado con la lozanía que merece, pero también con la suficiente sensatez para aprender de su experiencia y sobre todo, para que la memoria colectiva de la furia popular nunca se apague. 

Por: Damian Rodríguez Vera; Sociólogo; Magíster en Ciencia Política; Docente universitario e Investigador de conflicto armado. En X lo encuentran como @damian_rv