Por: Héctor Miguel López Castrillón
No han sido pocos los artefactos y los medios culturales empleados por la humanidad para expresar su estrecha relación con la locura. “Loco” llaman al ex arquero colombiano René Higuita y al antiguo alcalde de Bogotá, Antanas Mockus. La izquierda, por ejemplo, ve en María Fernanda Cabal una demente capaz de lanzar cualquier disparate, mientras que la derecha piensa que el gobierno nacional está en manos de un sátrapa desatinado: el ministro tiktokero que aparece en reels con peluches de Hello Kitty.
Los colombianos flotamos en alta mar en una estructura de madera semejante a la que representó El Bosco en su retablo de 1504: La nave de los locos. Allí, un conjunto de figuras humanizadas se desplaza en una barca sin destino aparente, representando, cada una de ellas, las anomalías morales que trasnochaban a Foucault: la monja, el fraile, el ladrón, el bufón. ¡Herejes, pecadores, lujuriosos, ambiciosos y rateros! En la parte superior de la escena se observa el mástil de la balsa, acompañado de un rostro ilegible cuya identidad está por resolverse. Algunos dicen que es un demonio, otros, una lechuza; el hecho es que sus ojos observan la degradación moral de los navegantes, que interactúan entre sí en movimiento browniano.
Cuando abro mi cuenta de TikTok recuerdo aquella pintura de El Bosco, pero, en vez de un demonio en el mástil, veo el rostro sonriente de Westcol, el streamer y creador de contenido más importante del país. Este veinteañero paisa, poseedor de una fortuna exorbitante, emergió en un momento de cambio cultural y crisis sociopolítica que le permitió consolidar un tono, un imaginario y una legitimidad entre los millones de jóvenes y adolescentes que se sienten conectados con él. A pesar de las cancelaciones provenientes de diferentes sectores, Westcol logra sostenerse y esquivar el maremágnum de críticas que le hacen. Su figura es una grieta abierta que canaliza ideas y lenguajes coherentes con la reacción conservadora que tiene en apuros al establishment izquierdista.
La desconexión generacional en Colombia se agudizó con las redes sociales. Mientras los treintones y cuarentones se siguen riendo de las sátiras de Santiago Moure y Martín de Francisco, dos arquetipos anticuados de crítica sociopolítica que ni siquiera producen cringe entre los menores, Westcol y los navegantes de esta barca —Chanty, Mr. Stiven, Cris V, por mencionar algunos— dieron rienda suelta a su locura: el hundimiento definitivo de la vigilancia moral. De manera efectiva, oxidaron el paradigma de lo “políticamente correcto” a través de opiniones homofóbicas, xenófobas, sexistas, racistas y clasistas. Inclusive, circulan en redes teorías creadas por Westcol como la denominada Teoría de Milica, la cual dice que, después de una relación sexual sin condón, la mujer comienza a hablar y expresarse igual que el hombre que eyaculó dentro de ella.[1] Lo paradójico de este ejemplo es que la propia influencer argentina regresó a Buenos Aires (después de una corta estadía en Medellín) hablando más paisa que Rigoberto Urán, lo que provocó burlas y cuestionamientos entre sus connacionales.[2]
Me impresiona la efectividad de los mensajes y opiniones de Westcol, reproducidas en perfiles y plataformas donde le habla directamente a niños, jóvenes y adolescentes. Su imagen de empresario hetero, estampa fehaciente del ser masculino, honesto en su parecer y seguro de sí, capaz de confrontar y salirle al ruedo a quien sea, le funciona hace mucho tiempo para ofrecerle recomendaciones a su enorme comunidad, sobre métodos para conseguir dinero, establecer relaciones sentimentales y entender las señales comunicativas de las mujeres: “El que demuestra mucho el amor pierde, pa”, “Mujer que tolere infidelidades sí sirve pa’ esposa”, “Man que coma travesti es gay”.
Su habilidad para crear enemistades reales y ficticias le permite configurar escenarios de lucha constante por defender aquello que ha edificado a pulso. Sus haters no solamente provienen de la fama, como Feid, Gina Calderón o el irreverente cantante de trap Pirlo, sino también de colectivos feministas, políticos y civiles que le han exigido, en diversas oportunidades, retractarse públicamente por sus comentarios (sin éxito alguno). Su autopercepción como caballero cruzado en contra de la vigilancia moral y el correctivismo de quienes, según él, desean verlo arruinado, es la gasolina que alimenta su enorme maquinaria cultural.
Hemos tardado mucho en dirigir nuestra mirada hacia este tipo de personalidades que marcan el rumbo cultural del país y establecen pautas de comportamiento en la actualidad. Observen a sus sobrinos adolescentes porque seguramente alguno de ellos encaje en el arquetipo Westcol: gorra tipo USA, camiseta oversize sin estampados, jean ancho, tenis deportivos, reloj grande, cadenita en el cuello, corte de cabello moderado y barba pulida. Probablemente, también encuentren que les gustan más los energizantes que el café —especialmente si estos tienen el rostro de Blessd en el envase—, ver los partidos de micro en barrio Antioquia y jugar FIFA con amigos, mientras emplean la palabra “gay” para señalar cualquier infortunio.
El izquierdismo y los sectores alternativos se quedaron anclados en un mundo que existía hace quince años, incluidas las ciencias políticas, humanas y sociales, que con dificultades ofrecen elementos para comprender estos fenómenos. Darles la espalda a los navegantes de esta balsa al garete, les permitió coger ventaja y tener una influencia cultural enorme en las generaciones que vienen.
Me parece importante, por ejemplo, ver el resumen de la última transmisión de Westcol con su exnovia, la polémica influencer Aida Victoria Merlano. Quizás nos sirva para entender que lo novedoso ahora no es la responsabilidad afectiva, los besos de tres, la deconstrucción, las orientaciones de género, la ética del cuidado, el poliamor, ni nada de esos asuntos que los tíos Millennials presumen como logros, sino todo lo contrario: regresar a los valores que cimentaron el ordenamiento social, al parecer menoscabados por la ideología woke, pero haciendo uso de nuevas herramientas de vigilancia como la ubicación de WhatsApp o los aplicativos que permiten ingresar al teléfono de la pareja en tiempo real.
Ignorar esta realidad sin flexibilizar algunos principios ideológicos nos seguirá alejando de su comprensión, especialmente si se trabaja con niños y adolescentes. Mientras el ángulo de acercamiento para hacerle frente a esta arremetida conservadora sea la vigilancia moral y el correctivismo, la balsa seguirá al mando de Kiko, la Rata, el Blandito, la Cabra, Cris Bareta, La Liendra, Kris R, Mr. Estiven y Milica.
Nota: mientras cientos de analistas políticos reflexionaban sobre la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Blessd y Wetscol publicaron un video en YouTube dando su opinión. En tan solo 18 horas alcanzaron 30.318 visualizaciones[3].
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Héctor Miguel López Castrillón. Candidato a Doctor en Estudios Políticos (Universidad Externado de Colombia), Maestro en Estudios Históricos (Universidad Autónoma de Querétaro) e Historiador (Universidad de Caldas). Profesor e investigador universitario en las áreas de estudios policiales, historia cultural, intelectual y de las derechas.
[1]Canal West Contenido, La Teoría de Westcol, YouTube Short, 08 de septiembre de 2025, https://www.youtube.com/shorts/8JDby8MGpq.
[2]MDA Noticias, La reacción de Milica ante gestos de Coscu por su acento colombiano, YouTube Short, 15 de noviembre de 2025, https://youtube.com/shorts/fiiXDxBd5j0?si=Tz3d3HwtEmumEeSM.
[3]Canal WestCol, Westcol y Blessd dicen que a Nicolás Maduro lo vendieron, 5 de enero de 2026, https://youtu.be/w6oEAD7v1bA?si=Xjf2Z3v52negN3i3
