El 7 de agosto es un día triste

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Decidí que el día más triste del año es el 7 de agosto. Ya no será el tercer lunes de enero.

En una reunión del trabajo salió el tema de Abelardo, y caí en cuenta que no sé por qué ponerme triste primero, no es posible jerarquizar este sentimiento. Hay una tristeza grande porque se va Petro, otra porque faltó poco para ganar, otra por los derechos que se relativizan; y otras, en plural, por el desborde de violencia que se avecina, o porque vamos a perder lo que creímos haber conseguido.

Con una tusa se extraña a la persona y esos detallitos que marcan la relación; pero esto es más fuerte, es más como saudade. Dice Clarice Lispector que «la saudade es un poco como el hambre: solo se quita cuando se come la presencia», es anhelo por algo que ya pasó y, para nuestro caso, que no se va a repetir en lo inmediato.

Pero el sentimiento no se queda ahí. Joaquín Sabina dice que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, entonces, todo se convierte en una mezcolanza, porque es la saudade por el gobierno del cambio y la nostalgia de saber que no ganó el proyecto de la vida, ¿cómo lidiar con eso? es una doble presión en el pecho, la sensación de derrota, de ¿Y ahora qué vamos a hacer?, ¿cómo y cuándo vamos a salir de esto?

¡Esto parece una pesadilla! Es como un sueño de fiebre lleno de delirios: un palacete neoclásico en Barranquilla, la promesa del fracking, la pérdida de las zonas agroalimentarias, del etiquetado frontal de advertencia, llegan el trabajo por horas, la educación religiosa… y esto ni siquiera ha empezado. 

El propósito de la patria milagro es pisotear la imaginación política, es insistir que así lo intentemos, no hay alternativa. Pero lo cierto es que Colombia la ha pasado tan mal que la derrota no es una opción y funcionamos con la dinámica del rebusque, tan es así que la diferencia de votos con el presidente electo, fue mínima, a pesar de la plata, de Estados Unidos, del empresariado, el algoritmo y del fascismo.

«La noche es oscura y llena de terrores», advertía Melisandre en Juego de Tronos, y así el panorama pinte una g0norrea, el oscurantismo y el antiintelectualismo estén a la orden del día, siempre debemos recordar que los caminantes blancos no son invencibles. Seguramente, querrán aprovechar nuestro desánimo para dividirnos, pero ya lo decía mi Mark Fisher: “La reconstrucción de la conciencia de clase es en efecto una tarea formidable, que no puede ser lograda a través de soluciones existentes; pero, a pesar de lo que nos dice nuestra depresión colectiva, puede ser puesta en marcha. Inventar nuevas formas de involucramiento político, revivir las instituciones que se han vuelto decadentes, convertir la desafección privatizada en ira politizada: todo esto puede hacerse, y una vez que ocurra, ¿quién sabe qué es posible? ”.

Aunque el 7 de agosto es el día más triste del año, que sea también el momento de recordar que nos necesitamos radicales, conscientes de la mezcolanza de emociones, rebeldes, estudiosas, movilizadas y resistentes, así que, ¡Personas tristes de Colombia, uníos!