Bakunin enamorado: la carta de amor de uno de los más importantes teóricos de la anarquía.

Corría el año 1845, el joven Mijaíl Bakunin, ruso de nacimiento pero internacionalista de corazón, había salido de su país y emprendido una serie de viajes por la Europa decimonónica en la que ya se agitaba el movimiento obrero contra las absurdas condiciones de trabajo del -todavía reciente- avance industrializador.

Mijaíl ya tenía un profundo acervo intelectual alimentado por el liberalismo roussoniano y kantiano, el nacionalismo eslavo y el republicanismo polaco, que se conjugaban a su pensamiento no solo anti-monárquico sino poco a poco también anti-estatal/burgués, que en suma al socialismo proudhoniano iba dando lugar a su concepción política anarquista.

Corría el año 1845 y el joven Bakunin estaba enamorado, tal como lo deja ver en la carta dirigida a su hermano Pavel. Una bella carta que asoma ya la noción de amor anti-autoritario que privilegie la libertad antes que la dependencia.

Reproducimos a continuación la carta de amor del joven anarquista Bakunin, escrita un 29 de marzo de 1845:
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29 de marzo de 1845, París

Amo, Pavel, amo apasionadamente; no sé si puedo ser amado como me gustaría serlo, pero no desespero; sé al menos que tiene mucha simpatía por mí; debo y quiero merecer el amor de la que me ama, amándola religiosamente, es decir activamente; ella está sometida a la esclavitud más terrible e infamante; y yo debo liberarla luchando contra sus opresores y encendiendo en su corazón el sentido de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebelión y la independencia, recordándole a ella misma sus sentimientos acerca de su fuerza y sus derechos.

Amor es querer la libertad, la independencia total del otro, es este el primer acto de amor verdadero; es la emancipación completa del objeto al que se ama; verdaderamente no se puede amar más que a un ser perfectamente libre, independiente no solamente de todos los demás sino incluso y sobre todo de aquel de quien es amado y a quien se ama. Esta es mi profesión de fe política, social y religiosa, éste es el sentido íntimo no sólo de mis acciones y mis tendencias políticas, sino hasta donde puedo de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en el que estos dos tipos de acciones podrían ir por separado está ya muy lejos; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones de esta palabra, o no la quiere.

Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano, pues el hombre solamente se distingue de la cosa por la libertad; y si el amor también implicara la dependencia sería lo más peligroso y lo más infamante del mundo, porque reaviva entonces una fuente inagotable de esclavitud y embrutecimiento para la humanidad. Todo lo que emancipe a los hombres, todo lo que al hacerlos entrar en sí mismos suscita en ellos el principio de su vida propia, de una actividad original y verdaderamente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, todo esto es verdad; todo lo demás es falso, liberticida, absurdo.

Emancipar al hombre es la única influencia legítima y bienhechora. ¡Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos, no son más que engaños! La verdad no es una teoría sino un hecho, la vida misma, es la comunidad de los hombres libres e independientes: es la unidad del amor que surge de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad.

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