Contemplar y actuar

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Las piernas me duelen a diario. No hago trabajo netamente físico; no soy cotero, jornalero, obrero ni nada por el estilo. Simplemente, soy profesor de francés. Paso seis horas diarias de lunes a viernes, y otras cuatro y media los sábados, enseñando un idioma en el que no soy experto, pero que por alguna razón aprendí en la universidad. Estudié Licenciatura en Español y Literatura, siendo esta última mi verdadera vocación.

tampoco aporto nada a que el mundo que me rodea sea al menos un poco mejor. Solo significa ganar lo suficiente para vivir y darme algún gusto de vez en cuando.

Desde que obtuve mi diploma, no he tenido ningún trabajo en lo que se supone que hace un graduado de mi carrera. Fue el segundo idioma —lo que menos me gustaba en el plan de estudio— lo que me supuso una entrada de dinero. Ahora llevo casi un año y medio en esto, y siento que estoy condenado a hacerlo hasta que me jubile. Sin embargo, cada vez me convenzo más de que necesito dejarlo. No encuentro una verdadera realización en eso; tampoco aporto nada a que el mundo que me rodea sea al menos un poco mejor. Solo significa ganar lo suficiente para vivir y darme algún gusto de vez en cuando.

la actividad se convierte en un mecanicismo en el cual el sujeto no actúa por sí mismo, sino que se deja dirigir como un engranaje en una maquinaria.

El filósofo Byung-Chul Han contrapone la «vida activa» y la «vida contemplativa». Para él, la primera, a pesar de ser defendida por filósofos marxistas, no es más que una interiorización de las dinámicas capitalistas del trabajo, en las que se nos exige ser productivos para aceptarnos como miembros del colectivo humano. Por lo tanto, la actividad se convierte en un mecanicismo en el cual el sujeto no actúa por sí mismo, sino que se deja dirigir como un engranaje en una maquinaria. La «vida activa» es, en realidad, una «vida pasiva».

Mientras tanto, el tiempo de ocio lo dedicamos a las redes sociales o a cualquier fuente de placer momentáneo. Mientras no estamos inmersos en la tarea que nos corresponde, nos dopamos para no tener que pensar en el significado —o la ausencia de este— de nuestra vida. Así, gastamos los años de mayor energía en una existencia carente de sentido, en la que ni siquiera nos identificamos con nosotros mismos. Y al final, el burnout nos lanza a la depresión, la ansiedad y la dependencia de sustancias que nos cieguen ante la miseria de nuestra realidad. Todo para morir renegando del tiempo perdido.

Me cuesta dedicar unas horas a leer, escribir, ver una película que me guste o simplemente escuchar lo que considero buena música.

Por mi parte, cuando no estoy en el trabajo, paso mucho tiempo en el celular. No consumo cannabis y el alcohol lo pruebo una que otra vez —ya solo soporto el vino y la cerveza—. Sin embargo, las drogas que no se fuman ni se beben, las que entran por la vista y el oído, hacen más efecto en mí. Me cuesta dedicar unas horas a leer, escribir, ver una película que me guste o simplemente escuchar lo que considero buena música. Al fin y al cabo, la distracción me aleja de la última salida: la contemplación.

ser consciente del momento en el que me encuentro y mirar a mi alrededor, pero observándolo realmente, no de la forma mecánica de todos los días.

Han la plantea como una alternativa. Mientras la «vida activa» es en realidad una forma de pasividad, la «vida contemplativa» requiere una voluntad activa por parte de la persona. Debo ser capaz de detenerme, ser consciente del momento en el que me encuentro y mirar a mi alrededor, pero observándolo realmente, no de la forma mecánica de todos los días. Es ahí, en esos momentos de reflexión o meditación, donde nace el arte, donde se conciben las verdaderas ideas. En el correr bajo la lluvia, el mirar las estrellas, el conmoverse con la letra de una canción o con la vista de la naturaleza; ahí es donde el humano se convierte en lo que es.

Sin embargo, en mis condiciones, solo consigo robar unos minutos de vez en cuando para ser yo. Somos vidas desperdiciadas, si esto es lo que se llama vida.

Por Emerita. Licenciado en Español y Literatura de la UIS. Rapero, poeta, cuentista y, en general, escritor aficionado. Ha publicado en medios como la revista digital Alter Vox Media, participó en Quemarlo todo. Antología contra la dictadura (Editorial Sátiro, 2021) y cuenta con la publicación digital del poemario Donde las aves construyen sus tumbas (Editorial Hoja en Blanco, 2023), obras bajo su nombre real. Tiene más de una docena de canciones publicadas en YouTube. Por lo demás, es un habitante anónimo de la urbe, sin más pretensión que decir lo que siente y ser escuchado por quien quiera hacerlo.

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