Desempleada

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Desesperada es una canción noventera que suena de vez en cuando, especialmente en las flotas, parece que es sintonizada por conductores que seguramente son bien románticos. Esa canción no es buena pero sí es pegajosa, es de esas que se cantan en automático, tan así que un día de la nada canté el único pedazo que me sé, le cambié un par de cositas y la convertí en un himno temporal.

Pero tengo que seguir
Queda mucha vida por vivir en mi oh oh oh
Y de pronto llegará
Un trabajo que no se marchará jamás
Seré feliz con él
Y en su jornada no me perderé
Y no estaré
De sem ple a da

Estoy en una zona gris. No tengo trabajo, pero tengo un “emprendimiento” que paga algunos recibos de servicios públicos y me mantiene ocupada para no angustiarme tanto. Estoy desempleada, aunque para el Estado soy una persona “ocupada”, lo que me lleva a estar en el marco de la siguiente definición: “Trabajadores sin remuneración que trabajaron en la semana de referencia por lo menos 1 hora”. En realidad, sería reocupada, porque le dedico más de una hora a lo que hago.

Acepté que me llegaran alertas y todo lo que pedían para que al algoritmo le quedara más fácil enviarme ofertas.

Estoy desempleada pero reocupada con una forma de precarización que se generaliza entre millenials, el emprendimiento con su respectiva cuenta en redes sociales, impulsado con los likes de las amistades y los elogios de la familia.

Me inscribí en todas las páginas que existen para buscar trabajo, tengo el perfil actualizado, foto reciente y tales. Acepté que me llegaran alertas y todo lo que pedían para que al algoritmo le quedara más fácil enviarme ofertas. Al principio revisaba los correos con las sugerencias laborales con algo de esperanza, ahora solo lo hago cuando estoy muy aburrida. Esas alertas me roban sonrisas y me hacen sentir que soy capaz de lo que sea. Me han sugerido ser médica general, a pesar de haber estudiado humanidades; mulera, aunque me da miedo montar en cicla; y si bien tengo que usar el traductor de Google para traducir algunos memes, me han invitado a enviar mi perfil a convocatorias para ser profe de inglés.

son una trampa para llenar el muro de frases motivacionales, como vibrar alto o en positivo o algo así para que el universo conspire y caiga la guayaba

En todas las redes sociales sigo cuentas que, supuestamente, publican ofertas laborales, pero en realidad son una trampa para llenar el muro de frases motivacionales, como vibrar alto o en positivo o algo así para que el universo conspire y caiga la guayaba. En una de esas cuentas dictan talleres para conseguir trabajo, uno de esos era sobre el “yo como producto”. En honor a la verdad, estuve tentada a entrar para escuchar qué tan culpable soy por estar desempleada, por no saber venderme, pero me ganó una mezcla de pereza e indignación.

No solo el producto de mi trabajo deja de ser una expresión de mi creatividad y esfuerzo, sino que yo misma quedo convertida en una mercancía.

“Yo como producto”, es como dejar de pertenecerme a mí misma y hacer todo lo que esté a mi alcance para pertenecerle a alguien más, algo horrible en términos económicos y románticos. No solo el producto de mi trabajo deja de ser una expresión de mi creatividad y esfuerzo, sino que yo misma quedo convertida en una mercancía.

Esto me mandó a leer a Carlitos Marx, porque la vida siempre me arroja a sus brazos, él me recibe con calidez, me abraza y me ayuda con las claridades. Mientras estaba en este arrunche de comprensión de la existencia, apareció la enajenación.

Palabras más, palabras menos, es cuando el producto del trabajo de la persona se vuelve extraño a esta, es decir, es cuando se siente que lo que se hizo es completamente ajeno a una, así lo explica en sus Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844 [El trabajo enajenado]:

“La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil”.

Sin embargo, esa cuenta de ofertas laborales se pasó de descarada, pues Marx habla del producto resultado del trabajo, la cuenta habla de una persona como producto, es una especie de enajenación a la n potencia, enajenación olímpica, mejor dicho, un nivel regonorrea de enajenación.

Siendo muy sincera ya tengo suficiente con el hecho de estar desempleada, despojada de ingreso, como para volverme un producto y despojarme de mí misma, la existencia no me da para eso. Aprovecho para abrazar a las personas que están cayendo en esta dinámica, aunque no sé si el abrazo es para ustedes o para quien les posee.

Esto me mandó a leer a Carlitos Marx, porque la vida siempre me arroja a sus brazos

Sé que es difícil conseguir trabajo, pero resistamos a convertirnos en ese “Yo como producto”, así las convocatorias desanimen y nos pongan entre la espada y la pared, en esa situación de darse una auto puñalada por presentarse a trabajos que arrebatan el espíritu.

En medio de esta angustia por conseguir un trabajo no tan chupasangre identifiqué algunos tipos de convocatorias.

  • Mal trabajo peor pagado: se trata de convocatorias publicadas por entidades prestigiosas en su campo, y que supuestamente defienden derechos, pero parece que a la hora de contratar olvidan todo. En los términos de referencia acostumbran a escribir cosas como: se busca equipo interdisciplinario de mínimo cinco personas, que trabaje por tres meses en el diagnóstico, diseño e implementación de cartillas sobre un tema muy importante, y diseñe, además, una estrategia de comunicaciones, por un pago total de 15 millones de pesos. Se verá como positivo que cuatro tengan doctorado.
  • Do you speak English?:son las empresas que piden algo así como profesionales colombianos pero con la nacionalidad de un país de habla inglesa. Sus convocatorias son en inglés:Colombian company without contact with English-speaking countries is looking for a professional in the humanities, with extensive experience working with communities without opportunities, to design and teach workshops on entrepreneurship. Native English level, salary $2.000.000, contract for two months.

Traducción: Empresa colombiana sin contacto con los países de habla inglesa busca profesional en humanidades, con amplia experiencia de trabajo con comunidades sin oportunidades, para diseñar y dictar talleres sobre emprendimiento. Nivel de inglés nativo, sueldo $2.000.000 contrato por dos meses.

  • Nunca es suficiente para mí: son aquellas que piden que se envíe además de la hoja de vida, todos los soportes organizados en un archivo pdf y además una carta de intención. Entiendo las dos primeras, aunque me molesta la segunda, pero que pidan una carta de intención es muy ofensivo, ¿No les parece suficiente intención el hecho de pasar la hoja de vida y organizar todos los soportes en un pdf? ¿Cómo miden la intención? Parece que además de tener pregrado, posgrado, hablar inglés nivel nativo, es necesario por lo menos un tallercito de escrituras creativas, porque se necesita bastante creatividad como para decir algo diferente a “Holi, necesito trabajar. Saludos”.
  • Publicamos la convocatoria, pero ya tenemos a la persona: los perfiles parecen copiados de la hoja de vida de la persona que será contratada, piden una experiencia tan pero tan específica, que ni vale la pena aplicar.

A pesar de todo he pasado las hojas de vida; los soportes organizados en orden alfabético, del más reciente al más antiguo, del más antiguo al más reciente, del más corto al más largo y así; también las cartas de intención, y nada. Digo hojas de vida en plural, porque a veces siento que no consigo trabajo por mi culpa, porque la hoja de vida tiene mucho diseño, tiene poco diseño, esta muy rosada, gris, blanca o azul, entonces la tengo en diferentes colores para enviarla según la convocatoria.

Cuando termino de cambiarle el diseño a la hoja de vida, Marx de nuevo me abraza y me recuerda que no consigo trabajo porque el desempleo es un engranaje fundamental del capitalismo y por eso hago parte del ejército industrial de reserva, es decir, soy esa sujeta que usan los patrones para amenazar a las y los trabajadores que tienen salarios malos, con la frase: “hay muchas personas sin trabajo, mejor cuide su puesto”.

Si saben de algo les encargo, tengo pregrado, dos posgrados, sé bordar, tejer, hago muñecos y escribo cosas.

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