Nos vendieron la idea de que los medios de comunicación son y deben ser neutrales, lo que funciona muy bien en el papel o en un discurso motivador, pero en la vida real, como siempre, las cosas son más complejas.
No solo porque quienes hacen parte de los medios de comunicación tienen sesgos, sentimientos, intereses y una trayectoria vital, sino porque cada medio tiene una línea editorial clara, una línea que pesa a la hora de cubrir un hecho, escribir la noticia, revisar y publicarla. Incluso pesa en la decisión sobre las fuentes que deben ser consultadas y el orden en el que serán usadas. Es tan crucial que deja una marca en lo que para Rodolfo Walsh es lo más importante en el ejercicio periodístico: la decisión sobre qué escuchar.
Precisamente hace un año escribí una reflexión sobre el tema: ‘Así es mucho del periodismo actual’, en la que hablo de la endogamia, la pereza, el camino fácil y la falta de cualificación que caracteriza a mucho del periodismo colombiano, a lo que hoy sumo una expresión de mi abuela: “no les corre sangre por la cara”. Esa característica, parece, debe ser un requisito para trabajar en medios. Seguramente, tienen una paleta que mide la ruborización y permite calcular el nivel de descaro del aspirante.
En el periodo de elecciones es cuando la prensa explota con mayor fuerza ese “talento” y según el medio la paleta es más clarita o más carmesí. Es que no les corre sangre en la cara para posar de neutrales mientras evidencian sus líneas editoriales con tal transparencia. Debo decir que me parece muy interesante el caso de la Revista Semana, que es claramente de derechas y alimenta con gula la campaña de Vicky Dávila, en cambio otros medios aplican la siguiente fórmula:
Sin embargo, La Silla Vacía va un poquito más allá, porque no le basta con desprestigiar al candidato que se opone a Sergio Fajardo, sino que persigue y señala a los votantes (es en momentos como este que me arrepiento por la falta de imaginación para representar fórmulas, le fallé a Baldor):
Me imagino que tienen un cuadrito en la sala de redacción que clasifica a los medios como ultra petristas, y no petristas, porque en La Silla Vacía el mundo es remaniqueo. En la columna de petristas aparecen los medios alternativos, contrahegemónicos y otros independientes, por supuesto, una clasificación atravesada por la clase social, porque entre gomelos no se pisan las mangueras.
Además, La Silla Vacía tiene un fetiche con los señalamientos, por ejemplo, contra movimientos sociales, defensores de derechos humanos y medios alternativos de comunicación. Pero eso sí, que nadie los señale porque eso es un ataque contra la prensa y así como Yugi-Oh invoca al Mago Oscuro, ellos invocan a la FLIP.
Por ejemplo, el año pasado, agarraron una investigación de la revista Raya sobre el actual gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón y en lugar de dar más elementos de análisis o robustecerla, lo que hicieron fue deslegitimarla y treparla en la narrativa de información petrista. Para el 2026 se pusieron más ajisosos y atacaron a tres medios de comunicación para señalar a su rival electoral Iván Cepeda. Como en los mejores tiempos del uribismo todo tiene que ver con las FARC, es que parece que eran tan poderosas, que tenían un medio anarquista como aliado, un medio con más de 30 años de historia y otro que se ha enfrentado a todo tipo de ataques por contar la realidad del campo colombiano, lo que demuestra que cada vez la fórmula se complejiza más.
Sería más honesto que los medios digan abiertamente a qué candidato apoyan, así como pasa en la Revista Hekatombe, que cree en la información sincera y por eso desde el principio aclara quién y por qué es su candidato presidencial, no como lo hacen otros medios de forma solapada.
Recordando a mi profesora de matemáticas, Beatriz Caballero, de quien no tengo gratos recuerdos, y apelando al título de esta reflexión, ya dedujimos a quién le va La Silla Vacía y su estrategia de campaña fajardista; Semana es abierta con sus intereses políticos; entonces, por favor resuelvan las fórmulas y digan los otros medios corporativos e independientes a quiénes apoyan por debajo de cuerda.
Posdata 1: debo decir que me sorprendió el apoyo de Rodrigo Lara a Abelardo de la Espriella. Obviamente, no esperaba que se uniera a Iván Cepeda, pero tampoco que se fuera con un candidato que, parece, es mucho menos inteligente que él.
Posdata 2: Rodrigo, qué barato eres, ¿fue por un par de tenis?
Posdata 3: Iván Cepeda gana en primera vuelta.
