La hipocresía de la tecnocracia

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Cuando era muy chiquita veía Thundercats, una serie animada sobre unos felinos humanoides extraterrestres que tienen que huir de Thundera antes de que explote, para luego vivir en el Tercer Planeta. Allí serán liderados por un adolescente en el cuerpo de un adulto llamado León-O, que se encarga de proteger a sus amigos, a los nuevos vecinos y a la Espada del Augurio del malvado Munra y de los mutantes. Para hacerlo, León-O toma la espada, se pone el mango frente a los ojos y dice con firmeza: “¡Espada del augurio! ¡Muéstrame más allá de lo evidente!”.

El poder de la Espada del Augurio siempre me gustó y por eso busqué una espada que me ayudara a ver más allá de lo evidente, solo que por motivos de requisas y seguridad no me decidí por un arma cortopunzante, sino más bien, por un mix entre las ciencias sociales y la universidad de la vida

Últimamente he tenido pegada esa frase, tanto así que leyendo sobre lo que pasa en el país, creo que a los tecnócratas les faltó ver Thundercats, o si lo vieron, admiraban a los secuaces de Munra y celebraban el derroche de conservadurismo del antagonista: “Antiguos espíritus del mal ¡Transformen este cuerpo decadente en Munra, el inmortal!”. 

El poder de la Espada del Augurio siempre me gustó y por eso busqué una espada que me ayudara a ver más allá de lo evidente, solo que por motivos de requisas y seguridad no me decidí por un arma cortopunzante, sino más bien, por un mix entre las ciencias sociales y la universidad de la vida, que me sirve, por ejemplo, para saber que vivir en Bosa no es una aventura y que ganarse 700 lks mensuales no hace a alguien de clase media.

Por estos días dos representantes de la “tecnocracia” han dado de qué hablar, por una parte, Daniel Oviedo, economista y tecnócrata que, además es candidato a la alcaldía de Bogotá; y por otro, la representante de la Alianza Verde Catherine Juvinao. 

Bosa, la aventura

Daniel Oviedo se “aventuró” a vivir en la localidad de Bosa, después de que un influencer lo retara mientras recogía firmas frente a la Universidad Javeriana. Parece que para el candidato a la alcaldía, la pobreza es un estado mental y es resultado de la falta de esfuerzo, por eso asume como un juego vivir en Bosa y ve a sus nuevos vecinos como instrumentos para catapultar su candidatura. En fin, los tecnócratas creen que la política no tiene que ver con nada, ni con la pobreza, ni con la periferia, ni con el privilegio, sienten que son poseedores de una ética incorruptible, traman de rigurosos, y prácticamente levitan con términos como “inmersión urbanística”.

En fin, los tecnócratas creen que la política no tiene que ver con nada, ni con la pobreza, ni con la periferia, ni con el privilegio, sienten que son poseedores de una ética incorruptible, traman de rigurosos, y prácticamente levitan con términos como “inmersión urbanística”.

Se presentan como personas “expertas” en diferentes temas, por ejemplo, Enrique Peñalosa lo es en cuestiones urbanísticas y movilidad; Daniel Oviedo sabe echar números; Juanita Goebertus es una nerd; o Diego Laserna quien usa gafas, matonea y la verdad no sé en qué sea experto pero se las cree. Estas personas tienen algo en común, reniegan de la política aunque vivan de ella y son muy muy cercanas a las derechas, mientras disfrazan la verdad con frases como “ni de derecha, ni de izquierda” inserte aquí alguna bobada. 

Los tecnócratas se caracterizan por vender la idea de que los problemas de la ciudad no tienen nada que ver con decisiones relacionadas con la política, como si diera igual que la línea elevada del metro esté en el centro o sur de Bogotá, mientras que la subterránea esté en los barrios de la ‘gente de bien’, y camuflan esta construcción desigual del espacio con números, términos técnicos y planos, dando a entender que no existe ninguna relación con la forma en la que ven la desigualdad y la manera en la que habitan el territorio.

Dismorfia de clase

En una línea muy similar de esas interpretaciones acomodadas de la realidad, la representante Catherine Juvinao dijo en Twitter el 24 de junio: “Cerca del 30% de la población en Colombia es clase media, con ingresos desde $700.000 hasta $3.700.000 al mes. Es la verdadera clase trabajadora, que paga impuestos y sostiene parte importante de la economía. ¿Por qué el presidente les califica de arribistas? Injusto y peligroso”.

El trino es una respuesta al presidente por decir que fue la “clase media alta arribista” la que salió a protestar el pasado 20 de junio. La representante acudió a un dato del DANE para decir que Gustavo Petro nos estaba insultando. La verdad, es que no se necesita ser economista para saber que ganar 700 lks mensuales no hace a alguien de clase media, tampoco que ganarse 3 palos 700 sea sinónimo de clase media alta. Que el DANE lo diga no lo convierte en una verdad absoluta e irrefutable.

Ahora, decir que la clase media es la verdadera clase trabajadora es una afirmación compleja. Para no ir muy lejos, muchas de las mujeres que se dedican a trabajar en el hogar seguramente ganan menos de 700 lks mensuales, las personas que se dedican a las ventas informales en las calles, quienes sobreviven con emprendimientos que apenas dan para pagar algunos servicios, también juegan un papel importante en la economía. Como dice la representante, es injusto y peligroso que lance esas afirmaciones tan descuidadas que se podrían pasar por alto si ella siguiera siendo activista o influencer.

Como dice la representante, es injusto y peligroso que lance esas afirmaciones tan descuidadas que se podrían pasar por alto si ella siguiera siendo activista o influencer.

Entonces, leyendo el trino de Catherine Juvinao y viendo más allá de lo evidente, resulta que cuando hay gobiernos como a los que estamos acostumbradas en Colombia, la clase media alta de verdad, la que tiene capital económico, simbólico, social y cultural, se asusta porque nota que eso que les hace diferentes de los sectores empobrecidos, y les acerca a los ricos se empieza a desvanecer. Dice Álvaro García Linera, siguiendo a Thomas Piketty

“Por eso cuando el ‘proceso de cambio’ introduce otros mecanismos colectivos de intermediación eficiente hacia el Estado, las certezas seculares del mundo de la clase media tradicional se conmocionan y escandalizan. La alcurnia, la blanquitud y la logia, incluidas su retórica y su estética, son expulsadas por el vínculo sindical y colectivo. Las grandes decisiones de inversión, las medidas públicas importantes y las leyes relevantes ya no se resuelven en el tennis club con gente de sweaters blancos, sino en atestadas sedes sindicales frente a manojos de hojas de coca”.

Algunas personas de clase media y clase media alta —las de verdad no las del DANE—, creen que por defender a los ricos, por obra y gracia del espíritu santo, se van a despertar un día y de la nada tendrán el mismo capital económico, simbólico, social, cultural y serán tranquilamente aceptados por esa clase a la que añoran pertenecer. A esas personas se les conoce coloquialmente como “arribistas”, sin embargo, considero que el término que mejor les describe es “dismorfia de clase”, es decir, una imagen distorsionada de la clase a la que pertenecen.

Para terminar, no es la primera vez que Juvinao tiene este tipo de salidas, por ejemplo, durante el estallido social, insistió hasta el cansancio que estábamos ad portas de una guerra civil y ponía en el mismo nivel a la fuerza pública y a los manifestantes; en otra oportunidad comparó a las personas que han fallecido por causa del conflicto armado, con las de accidentes de tránsito, diría mi abuela, “¿qué tiene que ver el caldo con las tajadas?”

Posdata: no confundamos el arribismo con la movilidad social. El arribismo es la identificación con una clase que no es la propia y el rechazo cultural de la clase a la que se pertenece; mientras que la movilidad social es la aspiración por la mejora de las condiciones económicas. 

Posdata 2: procuremos tener siempre a la mano una Espada del Augurio para meterle mente a la vida, no copiar de visajes y no votar por tecnócratas hipócritas y desconectados de las mayorías.

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