La vacuna contra la Covid-19 como un bien común

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Las vacunas deben ser un bien común de la humanidad. Ni herramientas geopolíticas, ni negocios del gran capital | Parte II

 Nota del editor: para leer la segunda parte no es indispensable leer la primera, pero si es recomendable a fin de tener un panorama mucho más completo de la exposición del autor sobre el tema.

Las vacunas deben ser un bien común de la humanidad. Parte I

La expansión global de la vacunación y la antivacunación

En el siglo XIX, en el marco de la ampliación de la ecología-mundo capitalista —un periodo caracterizado por la expansión colonialista, la urbanización, la industrialización y las guerras—, las potencias coloniales conformaron sistemas de investigación para prevenir las enfermedades derivadas de la intensificación del tráfico global de gérmenes que diezmaban tropas coloniales y afectaban la vida de los pobres urbanos y su rentabilidad laboral, con pandemias como el cólera, la peste, la rabia, la sífilis, generadas por virus y bacterias.

El sello distintivo de la medicina del siglo XIX fue la teoría microbiana de la enfermedad. El descubrimiento de que las enfermedades infecciosas eran causadas por microbios proporcionó mejores elementos para entender las causas y las posibles curas. Además, los sistemas médicos incorporaron nuevos instrumentos: microscopios, jeringas, agujas hipodérmicas que reemplazaron las plumas y los intestinos de animales, lo que además posibilitó en Europa y Estados Unidos el inicio de la fabricación masiva de vacunas y antitoxinas, con la promesa de que la modernización capitalista pondría a la humanidad a salvo de las enfermedades letales. Sin duda hubo mejoras en la calidad de vida de la población, se alargó la esperanza de vida en todos los países, pese a que persiste aún una desigual distribución mundial del bienestar, ya que en la ecología-mundo capitalista los sistemas de salud se configuraron acorde a la estructura de clases sociales, al género y a la ideología de la raza, lo que determinó calidades diferenciadas de atención en salud.

Entre 1881 y 1885, el biólogo francés Louis Pasteur desarrolló vacunas exitosas contra el ántrax y la rabia, exponiendo a los patógenos al oxígeno y al calor y debilitándolos, pero sin matarlos. Mientras que las vacunas contra el cólera, la tos ferina, la influenza se orientaron a matar los patógenos, mediante el uso de formalina, una versión diluida del formaldehído.

En el periodo de entreguerras del siglo XX el médico británico Alexander Fleming descubrió la penicilina que resultó fundamental para detener las infecciones de numerosos heridos durante la Segunda Guerra Mundial y las guerras neocoloniales de la segunda mitad del siglo XX.

Pese a la existencia de los negacionistas y anti vacuna, el desarrollo del conocimiento médico ha hecho avances notables para la vida de los pueblos.

Las campañas de vacunación también han tenido detractores. Son diferentes razones las que llevan a personas a oponerse e incluso a insurreccionarse contra las vacunas. Un primer grupo de opositores han sido sectores radicales de las iglesias que consideran que es anticristiano introducir en el cuerpo humano sustancias de origen animal como las vacunas. Otro grupo que rechaza las vacunas está conformado por personas que consideran que las vacunas destruyen el sistema inmunológico y algunas pueden producir otras enfermedades, por ejemplo, el autismo a partir de la vacuna contra el sarampión. En sus escritos Voltaire se burlaba de los ingleses que vacunaban a sus niños, infectándolos para prevenir una enfermedad incierta. Un tercer grupo rechaza, no tanto las vacunas sino los métodos represivos de vacunación que están acompañados por el prejuicio burgués y colonial de que los pobres son bárbaros irracionales opuestos al progreso, por lo que el “desarrollo” debe estar acompañado de violencia. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la “Revolta da Vacina” en Río de Janeiro, Brasil, en 1904. Ese año la municipalidad, liderada por una política higienista, quiso aplicar una campaña de vacunación contra la viruela y la fiebre amarilla en la que la policía y el personal médico invadieron los barrios populares y forzaron a la población a vacunarse, lo que llevó a un violento levantamiento popular y a la suspensión temporal de la campaña de vacunación.

Pese a la existencia de los negacionistas y anti vacuna, el desarrollo del conocimiento médico ha hecho avances notables para la vida de los pueblos. En la década de 1980 se erradicó la viruela en el mundo. Y se han desarrollado cerca de 40 vacunas contra 25 enfermedades. La poliomielitis se ha reducido en un 99%. La vacuna antitetánica, administrada para evitar el tétanos materno y neonatal e introducida en 103 países a finales de 2012, ha protegido frente a la enfermedad a cerca de un 81% de los recién nacidos. Entre los años 2000 y 2012, la vacunación del sarampión ha evitado 13,8 millones de muertes. El 85% de los tumores de cuello uterino provocados por el virus del papiloma humano (VPH) empieza a ser erradicado. Vivir en un mundo gobernado por el capitalismo que acelera la crisis ambiental y social hace de las vacunas un derecho para el disfrute de la vida.  Claro está, las vacunas son un complemento y deberían ser el último recurso, ya que la prioridad fundamental es el cuidado holístico del bienestar individual y colectivo, y un sistema de salubridad público accesible a todas las personas, dedicado a la prevención y a la investigación.

la ecología-mundo capitalista caracterizada por la destrucción de ecosistemas, la deforestación, la contaminación, el extractivismo y la agricultura y ganadería comercial, genera rápida mutación de virus y bacterias

Hoy sabemos que, si bien las vacunas son un avance científico, su generalización no es recomendable. Ciertas vacunas son contraproducentes si la persona padece determinadas afecciones, tiene cierta edad y su historia clínica tiene alarmas médicas que deben respetarse.  De ahí la importancia del derecho al acceso libre a la información médica. Justamente, el secretismo científico que los monopolios farmacéuticos generan alrededor de la salud y las vacunas favorece el escepticismo y las posturas antivacunación, soportadas en todo tipo de teorías de conspiración. La actual pandemia ha vuelto a renovar los grupos antivacunación que utilizan activamente las redes de información para difundir información, muchas veces errónea que siembra confusión.

Por otra parte, la ecología-mundo capitalista caracterizada por la destrucción de ecosistemas, la deforestación, la contaminación, el extractivismo y la agricultura y ganadería comercial, genera rápida mutación de virus y bacterias, lo que ha obligado recientemente a acuñar el término de enfermedades emergentes y remergentes, en su mayoría de origen zoonótico, es decir mutaciones microbianas de animales a humanos, algunas de estas son:

Enfermedades emergentes:

Por virus:
Infección por VIH/SIDA.
Fiebre hemorrágica de ébola.
Hepatitis C, Delta, E, GB.
Influenza A (H5N1) virus.
Neumonía por morbillivirus.
Síndrome pulmonar por hantavirus.
Enfermedad diarreica aguda por Rotavi-rus.
Fiebres hemorrágicas por arenavirus (fiebre hemorrágica argentina, venezolana, boliviana).
Eritema infeccioso.

Por bacterias:
Ehrlichiosis.
Enfermedad diarreica aguda por Campi-lobacter yeyuni y Escherichia coli 0157 H7.
Legionelosis.
Gastritis por Helicobacter pylori.
Síndrome de shock tóxico por estafilococo áureo.

Por protozoos:
Cryptosporidiasis.

Por espiroquetas:
Enfermedad de Lyne.
Enfermedades reemergentes (retorno de enfermedades que ya habían sido erradicadas)

Por virus:
Dengue.
Enfermedad rábica.
Fiebre amarilla.

Por bacterias:
Cólera.
Difteria.
Fascitis necrotizante.
Leptospirosis.
Peste.
Tuberculosis.

Por parásitos:
Paludismo. (Carmen Luisa Suárez Larreinaga y Denis Berdasquera Corcho, 2000).

Muchas de estas enfermedades están presentes en el sur global y se reproducen por las condiciones de pobreza y la debilidad de los sistemas de saneamiento y salubridad pública, mientras en el norte global se concentra el capital farmacéutico y las capacidades científicas y tecnológicas para la producción de vacunas.

Capital monopolista farmacéutico y basura farmacéutica en la ecología-mundo capitalista

En el siglo XX el capital monopolista estatal y privado promovieron la formación del «complejo médico-industrial», que trajo el control financiero de los sistemas de salud por parte de grandes monopolios internacionales que simultáneamente controlan la industria química y la producción de agroquímicos. Los principales monopolios farmacéuticos son, en Estados Unidos: Johnson y Johnson, Pfizer, Merck, Eli Lilly y Bristol-Myers Squibb. Pfizer se fusionó en 2002 con Pharmacia. En Europa en 1999 se fusionaron la sueca Astra AB y la británica Zeneca para dar paso a AstraZeneca; Además están Novartis en Suiza, Aventis de la Bayer alemana y Francia, Sanofi de Francia, GlaxoSmithKline, de Inglaterra.

Estas fusiones implican que los monopolios se orientan por los nichos de mercado más rentables. Por ejemplo, AstraZeneca se concentró en oncología, metabolismo cardiovascular y enfermedades respiratorias, inflamatorias y autoinmunes, y dejó de lado el programa de enfermedades infecciosas. En lugar de promover la investigación y la innovación médicas, los monopolios farmacéuticos utilizan su influencia financiera para acumular patentes sobre medicamentos desarrollados con dinero público y producir medicamentos acordes a la ideología capitalista y patriarcal: potenciadores sexuales y “rejuvenecedores”.

En la ecología-mundo capitalista la concentración y centralización del capital farmacéutico en unos pocos monopolios que controlan el mercado es la tónica. Pero, el monopolio es descomposición, y tare un nuevo y cada vez complicado problema: la basura farmacéutica en la producción, consumo y eliminación de fármacos, que representa una seria amenaza para los ecosistemas y la salud humana. Cada vez que animales humanos y no humanos consumimos un medicamento, entre el 30 y el 90% de la dosis administrada se excreta generalmente como sustancia activa en la orina y las heces. Otra parte importante de los medicamentos se desecha en fregaderos e inodoros y acaba en el medio ambiente. Se han detectado residuos farmacéuticos en aguas superficiales, efluentes de aguas residuales, aguas subterráneas, agua potable, estiércol, suelo y otras matrices ambientales a nivel mundial. Los fármacos más encontrados en el agua son los calmantes del dolor y los antibióticos diclofenaco, Ibuprofeno, Carbamazepina, sulfametoxadol, naproxeno (Gwynne Lyons, 2014).

En la ecología-mundo capitalista la concentración y centralización del capital farmacéutico en unos pocos monopolios que controlan el mercado es la tónica.

Existe evidencia científica de que incluso concentraciones bajas de productos farmacéuticos en el medio ambiente tienen efectos nocivos en la vida animal y vegetal, con efectos que incluyen: insuficiencia renal en aves, deterioro de la reproducción en peces o inhibición del crecimiento de ciertas especies acuáticas. Para los humanos se estudia si la contaminación del agua y el suelo con basura farmacéutica afecta la producción de alimentos y el agua potable y sus posibles efectos en la creación de resistencia a los antimicrobianos o antivirales en la flora intestinal humana haciendo que los antibióticos y antivirales sean cada vez menos eficaces.

Con la privatización de los sistemas de salud en el mundo los monopolios farmacéuticos controlan el tipo de medicina que se ofrece a los pacientes, encareciendo y estratificando el acceso a medicamentos y recibiendo gruesas sumas de dinero de los contribuyentes de los sistemas de salud y de los gobiernos que financian los planes de Investigación y Desarrollo de estos monopolios, orientados a nichos de ganancia y no a atender las tendencias mundiales de salud. Esto explica que si bien en las últimas dos décadas se presentaron una serie de epidemias que se han cobrado miles de vidas (Sars-CoV-1, Mers, Zika, Ébola, etc.), hasta antes de 2019 solo se produjo la vacuna para el ébola, debido a que los monopolios farmacéuticos vieron estas epidemias como mercados reducidos de baja rentabilidad, de hecho, las dos vacunas contra el ébola fueron producidas por el Instituyo Gamaleya de Rusia. Para el capitalismo producir vacunas que curen enfermedades con dos o tres dosis no resulta rentable, el negocio es producir medicamentos para que los pacientes controlen la enfermedad durante largos periodos de tiempo.

Los monopolios farmacéuticos y la vacuna contra el virus Sars-CoV-2

La producción de vacunas para los coronavirus emergentes en las últimas dos décadas creó un importante campo de investigación de vacunas, pero esto no se tradujo en la creación de vacunas para inmunizar a la población, debido a los altos costos de su producción y a que los monopolios farmacéuticos temieron incursionar en un campo inestable que no tenía un mercado asegurado. Desde 2000, los gobiernos imperialistas han invertido miles de millones en la investigación del coronavirus, pero nunca se produjo una vacuna contra SARS o el MERS porque monopolios como Pfizer, Merck, GlaxoSmithKline [GSK] y Sanofi, no vieron suficientes ganancias potenciales en la lucha contra los coronavirus. Daniel Boffey, periodista de The Guardian (2020) señala que en 2017 los monopolios se opusieron a un programa de investigación en vacunas contra porque no les resultaba suficientemente atractivo

La pandemia de la Covid-19 se expandió aceleradamente y los precarios sistemas de salud pública, la inicial reticencia de los monopolios a investigar tempranamente una vacuna y la pobreza que trajo las cuarentenas capitalistas que exponen a los pueblos a la infección para salvar al capital, han generado más de un millón de muertes y cerca de 100 millones de personas infectadas por el coronavirus.

Solo cuando los monopolios vieron una oportunidad de negocio, con recursos públicos mundiales dispuestos a financiar la producción y compra de la vacuna y un gigantesco mercado de usuarios, que decidieron participar activamente en la producción de miles de millones de vacunas, y, a la vez lavar su imagen de capitalistas desalmados, como han sido expuestos por periodistas y películas.

La velocidad en la producción de la vacuna no se debió a la brillantez de los monopolios. Una combinación de fondos públicos y estudios previos de universidades sobre los coronavirus hicieron posible esto. Según Stephen Buranyi en el diario New York Times (2020). Pfizer que se precia de decir que rechaza el dinero público para mantener la independencia, se asoció con la alemana BioNTech, una empresa que recibió más de 440 millones de dólares en fondos del gobierno federal alemán. Moderna, creada por profesores universitarios estadounidenses y una financiera de riesgo en 2010, ha recibido alrededor de 2.5 mil millones en investigación federal y financiamiento para suministros como parte del programa Operation Warp Speed ​​del gobierno. También la alianza de la Universidad de Oxford y AstraZeneca se base en fondos públicos.

La velocidad en la producción de la vacuna no se debió a la brillantez de los monopolios. Una combinación de fondos públicos y estudios previos de universidades sobre los coronavirus hicieron posible esto.

Las vacunas creadas por los monopolios farmacéuticos se rigen por las leyes de la economía capitalista, derechos de propiedad y patentes, estas últimas les otorgan derechos exclusivos para fabricar y vender sus medicamentos durante 20 años, impidiendo el suministro de versiones genéricas más baratas.

La vacuna rusa Sputnik V, creada por el Instituto Gamaleya, una empresa estatal rusa, ha podido ingresar al mercado occidental debido a la alianza buscada por Putin con la inglesa AstraZeneca. Y los chinos, la empresa, de economía mixta, Sinopharm produjo la vacuna CoronaVac que está siendo comprada por numerosos países del sur global.

En la distribución global de vacunas está imperando la ley del mercado. Las personas potencialmente vacunables deben recibir varias dosis para reforzar las defensas, así que esto impulsó el acaparamiento global de los mercados de futuros. Las potencias del norte global que representan solo el 14% de la población mundial, han comprado hasta el 53% de las vacunas más prometedoras hasta ahora, todas las dosis de Moderna y el 96% de Pfizer / BioNTech. Pese a las promesas de que la vacuna será universal este 2021 solo el 18% de la población mundial tendrá acceso a la vacuna, según lo denuncia People’s Vaccine Alliance (Oxfam, 2020). La UE, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Japón, Suiza, Australia, Hong Kong, Macao, Nueva Zelanda, Israel y Kuwait han adquirido el 53% de estas dosis potenciales, y Canadá ha comprado lo suficiente para vacunar cinco veces a su población.

Los monopolios han fijado valores diferenciales de las vacunas. La más cara es la de Moderna, que anuncia efectividad del 95%, con un costo de 25 dólares por unidad. La de Johnson & Johnson por valor de 20 dólares. Pfizer-BioNTech, con menor efectividad tendrá un costo de 19 dólares. La de AstraZeneca-Oxford saldrá a 2,8 dólares (Cristian Acosta, 2021). La Sputnik V, con una efectividad del 95% tiene un costo de 10 dólares y la china Sinovac, 22 dólares.

La idea de la vacuna contra la Covid-19 como un bien común no es sinónimo de abogar por la universalización de las dosis para todas las personas. Hasta la fecha, algunas personas de las miles de vacunadas han fallecido, esto implica la exigencia del derecho a la mejor información posible por parte de cada gobierno y de las mismas empresas sobre los casos en que no debería aplicarse a determinadas personas.

Referencias

Cristian Acosta, 2021. El panorama global de las dosis y los precios de las vacunas contra el virus covid-19. La República, https://www.larepublica.co/globoeconomia/un-vistazo-al-panorama-global-de-las-dosis-y-los-precios-de-vacunas-contra-el-covid-19-3108081

Daniel Boffey, 2020. Exclusive: big pharma rejected EU plan to fast track vaccines in 2017. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2020/may/25/exclusive-big-pharma-rejected-eu-plan-to-fast-track-vaccines-in-2017

Stephen Buranyi, 2020. Big Pharma Is Fooling Us. Heroic work went into the development of the coronavirus vaccines. But that doesn’t mean this industry deserves your affection. https://www.nytimes.com/2020/12/17/opinion/covid-vaccine-big-pharma.html

Gwynne Lyons, 2014. PHARMACEUTICALS IN THE ENVIRONMENT: A GROWING THREAT TO OUR TAP WATER AND WILDLIFE. https://www.chemtrust.org/wp-content/uploads/CHEM-Trust-Pharma-Dec14.pdf

Oxfam, 2020. Activistas de todo el mundo advierten que 9 de cada 10 personas en los países pobres no tendrán acceso a la vacuna contra la Covid-19 el próximo año. https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/activistas-de-todo-el-mundo-advierten-que-9-de-cada-10-personas-en-los-paises-pobres

Carmen Luisa Suárez Larreinaga y Denis Berdasquera Corcho, 2000. Enfermedades emergentes y reemergentes: factores causales y vigilancia. Revista Cubana de Medicina General Integral, v. 16, No. 6, http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252000000600011

Próximamente, tercera y última parte: La vacuna en la Colombia del subpresidente.

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