No hay demócratas a la derecha

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“Votemos y contemos hasta que el resultado me guste”, esta parece ser la fórmula que durante estos días la derecha uribista ha intentado posicionar con la anuencia de un sector no despreciable de los medios de comunicación dominantes. 

el reconteo en sí mismo es lo que menos les interesa a Uribe y su séquito de fascistas de traje y corbata

Pero como demuestra la retractación de último minuto del registrador de bolsillo del gobierno, el reconteo en sí mismo es lo que menos les interesa a Uribe y su séquito de fascistas de traje y corbata, lo que realmente pretende ese sector político es instalar una narrativa de fraude electoral por parte de la izquierda, que les permita apoyar o justificar en el futuro otras acciones más radicales, de mantenerse la tendencia ascendente de la candidatura presidencial del pacto histórico. La derecha colombiana lleva en sus genes una actitud opuesta a la democracia. Por definición: ni sabe, ni está dispuesta a perder. 

Desde los tiempos en que Laureano Gómez apelaba a la “acción intrépida” para apabullar a sus enemigos políticos y señalaba en sus furibundos discursos que mientras gobernaran los liberales había que “hacer invivible la República”, se ha configurado en Colombia una derecha que alaba las virtudes de la democracia liberal solo cuando estas no pueden hacerse efectivas. 

Desde los tiempos en que Laureano Gómez apelaba a la “acción intrépida” para apabullar a sus enemigos políticos y señalaba en sus furibundos discursos que mientras gobernaran los liberales había que “hacer invivible la República”

Es por este motivo que el pluralismo político, la existencia de candidaturas disidentes y las garantías a la oposición política, más que realidades, son piezas retóricas que solo salen a relucir cuando se trata de criticar a determinados gobiernos con los que reñimos más por geopolítica que por principios (si la preocupación por la democracia fuera en serio, el gobierno colombiano hubiese roto relaciones hace rato con la brutal dictadura Saudí, por ejemplo), o cuando en las elecciones y en la vida política nacional ninguna candidatura, liderazgo, partido o expresión de la movilización social tiene fuerza suficiente para poner en entredicho total o parcialmente la hegemonía del modelo económico, político y social en los que se sustentan los privilegios de las élites. 

lo de “la democracia mas antigua del continente” es un cuento que nos han echado para que ignoremos que el rey va desnudo y de paso reforzar la legitimidad de una democracia inconclusa

En contraste, cuando las fuerzas históricamente marginadas de la política nacional logran acumular una correlación de fuerzas favorables para enfrentar y ganar a quienes mandan, se activan de inmediato un conjunto de dispositivos mediáticos, institucionales y militares que defienden la posición de las derechas y que aplastan las posibilidades de cambio emergentes. 

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El asesinato de Gaitán en 1948, las dudosas elecciones del 19 de abril de 1970, los asesinatos masivos a los candidatos y militantes de izquierdas en la década de los 80, la política represiva y macartista de los 8 años del gobierno uribista, la sangría desatada por el gobierno de Duque contra lideres sociales y manifestantes,  son solo algunos ejemplos que permiten afirmar que lo de “la democracia mas antigua del continente” es un cuento que nos han echado para que ignoremos que el rey va desnudo y de paso reforzar la legitimidad de una democracia inconclusa, que necesita transformaciones profundas, pero que cuenta al lado derecho del espectro político con un dique de contención poderoso, conservador, reaccionario y violento que está dispuesto a todo para no dejar pasar a la centralidad de la vida nacional otras ideas, políticas, intereses y puntos de vista que no sean los suyos, pues tristemente a la derecha no hay demócratas. 

El doloroso resultado de ese comportamiento sistemático de las derechas ha sido la desinstitucionalización, los estados de sitio y la guerra

El doloroso resultado de ese comportamiento sistemático de las derechas ha sido la desinstitucionalización, los estados de sitio y la guerra, pero, aunque esta última ha sido una respuesta surgida del rechazo y la legítima desconfianza de un sector de la población, no es menos cierto que ha permitido a los sectores dominantes reforzar su posición y articular un discurso de miedo, anticomunista y de restricciones a las libertades democráticas más elementales. La guerra ha resultado para las élites un muy eficaz medio para derechizarlo todo.  

Vivimos en el umbral de un proceso histórico que está logrando hermanar la inconformidad, la resistencia callejera y las urnas, un asunto que, como muchas cosas que han pasado últimamente, resulta inédito en nuestro suelo. 

Es importante prepararse para una fase decisiva de este parto histórico de otra Colombia posible y necesaria

Pero no hay que ser ingenuos ni ingenuas, en los días por venir arreciarán los ataques por todos los flancos contra el proyecto de cambio que se abre paso en las calles y veredas de nuestro país, vestido de todos los colores y al ritmo de todas nuestras músicas. Es importante prepararse para una fase decisiva de este parto histórico de otra Colombia posible y necesaria, sin duda la movilización popular, la organización desde abajo y por supuesto la fuerza electoral son ingredientes fundamentales para cumplir escrupulosamente esta utopía común.  

Ayudemos a reencantar el mundo y estimulemos la capacidad colectiva de imaginar una democracia plebeya, que construya un país en el que como dijo Francia Márquez, simple y llanamente sea sabroso vivir.

Ante la desinformación que agencia el ecosistema mediático de la derecha, la explicación paciente y argumentada; ante las amenazas continuas de fraude opongamos la vigilancia popular; frente a los discursos del miedo demostremos nuestra capacidad para generar esperanza, ante el discurso fácil de: “todos los extremos son iguales”, ayudemos a reencantar el mundo y estimulemos la capacidad colectiva de imaginar una democracia plebeya, que construya un país en el que como dijo Francia Márquez, simple y llanamente sea sabroso vivir.

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