No nos matemos: esa es la reconciliación

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no significa que nos tengamos que volcar a las calles a abrazar policías, subir esas selfies a las redes sociales, ni mucho menos que debamos establecer relaciones sexo-afectivas con uribistas. 

He leído algunos comentarios que dicen que Gustavo Petro se está regalando al uribismo por sus mensajes de diálogo, así que esta reflexión tiene dos propósitos, el primero es dar un parte de tranquilidad y el segundo es profundizar en esto de la reconciliación.

Pueden respirar con tranquilidad, que en el país se empiece a hablar de reconciliación, de dialogar con rivales y de un acuerdo sobre lo fundamental, no significa que nos tengamos que volcar a las calles a abrazar policías, subir esas selfies a las redes sociales, ni mucho menos que debamos establecer relaciones sexo-afectivas con uribistas. 

Dicho esto y ya con calma, les propongo esta revisión rápida, grosera y pandita de algunos elementos para entender muy por encima este tema. Como siempre, insisto que este no es un artículo académico, sino que es una reflexión, un artículo de opinión. 

También decía que a los enemigos del tipo pirata se les debe acabar, mientras que a los partisanos se les debe escuchar y reconocer como oponentes válidos.

Para arrancar, vale la pena retomar al teórico del nazismo, al jurista Carl Schmitt. Él decía que hay dos tipos de enemigos, los primeros son los piratas, personas o agrupaciones de personas que buscan la simple y llana destrucción. El otro tipo es el de los partisanos que son personas que se oponen al orden establecido y para ello plantean unas reivindicaciones claras. También decía que a los enemigos del tipo pirata se les debe acabar, mientras que a los partisanos se les debe escuchar y reconocer como oponentes válidos.

Muchos años después, el filósofo Giorgio Agamben recuperó una categoría usada por los romanos, se trata del Homo Sacer. El homo sacer representa un enemigo para la comunidad, no es hombre, pero tampoco es completamente una bestia, es un hombre lobo. Como no es un hombre y representa una amenaza, es válido acabarlo.

en Colombia llegó primero el anticomunismo antes que el mismo comunismo, siendo la iglesia, las élites y la fuerza pública las llamadas a exterminarlo.

Dice el historiador inglés Malcolm Deas que en Colombia llegó primero el anticomunismo antes que el mismo comunismo, siendo la iglesia, las élites y la fuerza pública las llamadas a exterminarlo. Así se configuró un enemigo común en cualquiera que criticara el orden establecido, sin que necesariamente fuera comunista. Esta lógica marcó todo el siglo xx.

Durante la hegemonía uribista el enemigo común no solo fue la insurgencia, también los  liderazgos sociales, las comunidades empobrecidas, el estudiantado, etc. Se podría decir que este enemigo común se entendía, siguiendo las categorías de Schmitt y Agamben, como piratas y homo sacer. No era necesaria una interlocución con ellos y era válido su exterminio, basta ver, por ejemplo, la mano de Iván Ríos, quien fuera integrante de las Farc, o los 6.402 jóvenes presentados como falsos positivos, en ambos casos, más allá de las diferencias, sus cuerpos fueron despojados de humanidad y se presentaron como trofeos.

Se podría decir que este enemigo común se entendía, siguiendo las categorías de Schmitt y Agamben, como piratas y homo sacer. No era necesaria una interlocución con ellos y era válido su exterminio

La invitación de Gustavo Petro es a entender al enemigo como partisano, e incluso va un poquito más allá, porque no busca la eliminación espontánea del conflicto y una especie de consenso universal, sino que entiende a sus opositores como interlocutores válidos, a quienes es necesario escuchar, eso representa un cambio enorme con la forma en la que las élites lo han hecho a lo largo de la vida republicana.

eso representa un cambio enorme con la forma en la que las élites lo han hecho a lo largo de la vida republicana.

La filósofa y politóloga belga, Chantal Mouffe señala que la teoría política liberal asume que la finalización del conflicto se logra con la construcción de un consenso universal, eso de entrada suena muy bien, pero resulta que el consenso es la negación del conflicto a lo maldita sea, como si bastase con la invocación del fin de la polarización o con cerrar los ojos para que se pudiera acabar. Porque la política no es solo una práctica racional e individualista, llevada a cabo por seres más parecidos a robots que a la humanidad, como a veces creen los liberales, la política también son pasiones y colectividades, es el conflicto por la realización de proyectos de sociedad diferentes.

El conflicto en una sociedad democrática no debe ser eliminado, todo lo contrario, debe ser reconocido y legitimado, la cuestión es que en Colombia lo hemos reducido a la violencia armada.

El conflicto en una sociedad democrática no debe ser eliminado, todo lo contrario, debe ser reconocido y legitimado, la cuestión es que en Colombia lo hemos reducido a la violencia armada. ¿Qué implica reconocer el conflicto? Simple: entender como interlocutor válido al adversario quien se tiende a ver como un enemigo al que hay que suprimir del mapa. Dice Chantal Mouffe:

”lo importante es que el conflicto no adopte la forma de un “antagonismo” (una lucha entre enemigos) sino la forma de un “agonismo” (una lucha entre adversarios)”.

La invitación del presidente Gustavo Petro es acabar con esa lógica de exterminio del otro; reconocer la pluralidad y diversidad del país; llegar a acuerdos básicos para garantizar vida y dignidad, lo que es muy diferente a consensos vacíos, traiciones y cosas de esas en las que tanto insisten opinadoras y opinadores de los medios corporativos de comunicación.

No siendo más, estemos en la juega para no copear de visajes y analizar realidades.

*No me corrijan la palabra “copear”, al hacerlo están copeando de visajes.

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