Pablo Iglesias Turrión: el militante

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No queremos ser estrellas, queremos ser militantes y nuestro partido es la tuerka.
Pablo Iglesias Turrión, monólogo en el programa la Tuerka, junio de 2011.

Llevo muchos años postergando la tarea autoimpuesta de escribir alguna vez sobre el político español, Pablo Iglesias Turrión, pese a que he seguido de cerca y desde hace tiempo su interesante trayectoria política y la de su partido —al punto que con un algún amigo nos confesamos una vez que sus discursos, editoriales y programas eran compañía obligada mientras hacíamos oficio y preparábamos la comida y, con algún otro llegamos a conversar, antes del 2018, que Colombia necesitaba un PODEMOS criollo para que las transformaciones democráticas que la sociedad necesita fueran posibles—, siempre que alguna coyuntura ponía al personaje otra vez en el ojo del huracán, me contenía llevado por una morbosa expectación para ver cuál era su siguiente jugada, ¿a dónde más podía llevarlo su voluntad de poder?

Al punto que con un algún amigo nos confesamos una vez que sus discursos, editoriales y programas eran compañía obligada mientras hacíamos oficio y preparábamos la comida y, con algún otro llegamos a conversar, antes del 2018, que Colombia necesitaba un PODEMOS criollo para que las transformaciones democráticas que la sociedad necesita fueran posibles

En menos de 10 años, Iglesias pasó de ser profesor universitario, analista y presentador de televisión a ser protagonista de la vida política española, parapetado sobre las brasas ardiendo del 15M y la protesta de los indignados, fundó en compañía de académicas y activistas el partido político PODEMOS que alcanzó a ser la tercera fuerza política más votada en ese país, fue electo diputado por el parlamento europeo en 2014, candidato a la presidencia del gobierno en 2015, 2016 y 2019, su acción y la de sus compañeros resultó clave en la moción de censura que sacó a Mariano Rajoy y al Partido Popular de la presidencia del gobierno asediado por varios escándalos de corrupción.

Sus avances políticos, como era previsible, lo pusieron a tiro de los ataques del poder, que mata con balas cuando le toca, pero también sabe desgastar lentamente al adversario, en una lucha en la que tiene de su lado ingentes medios y recursos para movilizar. Contra Iglesias y su colectividad se puso en marcha una guerra mediática y jurídica sin cuartel de la que apenas estamos viendo la punta del iceberg, en la que sus hijos pequeños, su pareja (Ministra de Igualdad y dirigente de PODEMOS, Irene Montero) y sus padres fueron considerados blancos legítimos y como tal expuestos a distintas modalidades de acoso, difamaciones mediáticas y persecuciones que difícilmente se habrían tolerado con tanta pasividad e impunidad si se tratara de un dirigente político de la derecha española. Pese a todo esto, Iglesias y sus compañeros y compañeras lograron que, a base de firmeza militante, su espacio político entrara finalmente al consejo de ministros del gobierno de España en 2019, convirtiéndose así en partido de gobierno en compañía del PSOE.

Dejando la sangre en la arena, Pablo Iglesias se volvió vicepresidente segundo del gobierno de España, dando lugar así al primer gobierno de coalición que existe en ese país después de 80 años de una vida política turbulenta

Dejando la sangre en la arena, Pablo Iglesias se volvió vicepresidente segundo del gobierno de España, dando lugar así al primer gobierno de coalición que existe en ese país después de 80 años de una vida política turbulenta que ha basculado entre los impulsos de democratización del pueblo y los rezagos de una dictadura fascista cuyo líder murió de viejo en una cama, no sin antes dejar todo atado y bien atado para la transición política que se expresó jurídicamente en la constitución de 1978.

El pacto entre el PSOE y el espacio político que lideraba Iglesias (UNIDAS PODEMOS, en el que además de PODEMOS se cuentan organizaciones de ámbito regional y el Partido Comunista de España) sirvió también para romper el pacto de exclusión política que lastraba, desde los tiempos de la guerra fría, a las fuerzas situadas a la izquierda de los viejos partidos socialdemócratas europeos y que hizo que formaciones políticas que contaban con amplio respaldo popular nunca pudieran traducir sus votos en gobierno  por el solo hecho de ser de izquierdas o comunistas, como le pasó al Partido Comunista de Italia PCI o a los propios comunistas españoles en tiempos de la transición. Un periodista español lo dejó claro en una tertulia mientras se debatía sobre la nueva coalición de gobierno: “Yo prefiero a un gobernante corrupto que a un comunista”. El fantasma de la Pasionaria todavía los asusta.

Y es que, aunque PODEMOS ciertamente ha cambiado con el paso de los años y nunca ha representado una posición comunista o revolucionaria, tiene en su ADN dos cualidades propias de esa tradición política centenaria en España, la voluntad de poder, esa idea leninista que entiende que salvo el poder todo es ilusión, y la capacidad de no transar cuando no toca.

Un periodista español lo dejó claro en una tertulia mientras se debatía sobre la nueva coalición de gobierno: “Yo prefiero a un gobernante corrupto que a un comunista”. El fantasma de la Pasionaria todavía los asusta.

Iglesias, hijo de comunistas, militante de las juventudes comunistas en su adolescencia y estudioso del marxismo, aplicó varias de estas lecciones imprescindibles en su paso por la política institucional en ese país, incluyendo una, a mi juicio fundamental: que el militante tiene que ver dónde es más útil siempre, esto implica saber llegar y saber irse, por ello se retiró —para sorpresa de todos— de la política institucional en mayo del 2021.

Consciente de que su figura ya no sumaba como antes, decidió primero renunciar a la vicepresidencia del gobierno y prestar un último servicio a su partido presentándose como candidato a la presidencia de la comunidad de Madrid en la que PODEMOS parecía iba a perder la representación, sin embargo, se salvó de la extinción pero el resultado no terminó de ser bueno, él se hizo a un lado con un discurso corto en el que terminó diciendo “Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui”, se retiró de la escena pública durante varios meses en un giro zapatista y se cortó la coleta con la que había desafiado los cánones estéticos de la política española.

Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui”, se retiró de la escena pública durante varios meses en un giro zapatista y se cortó la coleta con la que había desafiado los cánones estéticos de la política española.

Unidas Podemos, que desde el 2019 encabeza una vicepresidencia y 4 ministerios en el seno del gobierno español, ha ido dejando a su paso por el ejecutivo una interesante herencia progresista y de ensanchamiento de las reservas democráticas que incluye una nueva generación de derechos feministas; la protección del ingreso y los derechos de los trabajadores a través de una reforma laboral fundada en el diálogo social; la creación de un ingreso mínimo vital que se puso en marcha durante la pandemia para atender a las familias más necesitadas; la ampliación del gasto social en contraposición al paradigma de la austeridad y, más importante aún, el remozamiento de las izquierdas españolas que después de Anguita iban en franco declive.

Desde el gobierno y las calles han ido tejiendo una alianza estratégica con sectores nacionalistas vascos y catalanes que pueden ser la nueva forma que adquiera un bloque histórico de cambio en España. Nada de esto se puede entender cabalmente sin el sentido militante de Pablo Iglesias.

Si la espada se vuelve, y yo creo que se ha vuelto contra la revolución, una vez más será necesaria la guerra de guerrillas: de nuevo a Yenan. Iglesias está de vuelta a Yenan y desde aquí acompañamos con ilusión su larga marcha.   

Reapareció hace unos meses con varios proyectos comunicativos en su nuevo escenario de batalla e intervención política, el cultural, también lanzó un libro en primera persona que me acabo de terminar “Verdades a la cara: recuerdos de los años salvajes” cuya lectura me dio el empujón para atreverme a escribir estas líneas y del que concluyo que Iglesias es un personaje que viene de donde viene por mucho que haya necesitado disimularlo sin lograrlo del todo, la propia portada del libro lo recuerda, y de donde él viene uno todo se lo toma con ese espíritu militante de hacer lo que toca cuando toca, de pensar por uno mismo para ver donde se es útil, y de nunca dejar de combatir, sea uno vicepresidente del gobierno o director de un podcast.

Alguna vez me leyeron un fragmento de un poema que escribió Mao a Chiang Ching meses antes de su muerte: Si la espada se vuelve, y yo creo que se ha vuelto contra la revolución, una vez más será necesaria la guerra de guerrillas: de nuevo a Yenan. Iglesias está de vuelta a Yenan y desde aquí acompañamos con ilusión su larga marcha.   

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