Reivindicar la utopía: vivir sabroso

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Desde ese momento me pregunté por qué teníamos que cargar una culpa que en realidad no teníamos.

Me acuerdo cuando por primera vez viví en una misa lo que se pretende sea la sensación de culpa. Tendría unos 8 años y fui obligada por el colegio a asistir a la iglesia. No entendía por qué de la nada el cura, mientras tomaba vino, regañaba a los adultos, mientras estos con los ojos cerrados, casi susurrando, decían: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, y se pegaban en el pecho con el puño cerrado. Por supuesto, hice lo mismo después de que una señora mayor me mirara mal. Desde ese momento me pregunté por qué teníamos que cargar una culpa que en realidad no teníamos.

La idea del trabajo permanente vino acompañada de historias vacías, sobre hombres que se volvían millonarios por dejar de lado el ocio, el descanso y darlo todo por su empresa.

Poco tiempo después, en la televisión se hablaba de “trabajar, trabajar y trabajar». En el país, además del discurso de culpa normalizado, se sumaba el del mito del sacrificio para salir adelante. Estas ideas serían fundamentales para legitimar el despojo de los derechos laborales a las personas adultas, y serían el telón de fondo que prepararía a la nueva generación en la precarización laboral, los contratos por prestación de servicios y las consultorías absurdas. La idea del trabajo permanente vino acompañada de historias vacías, sobre hombres que se volvían millonarios por dejar de lado el ocio, el descanso y darlo todo por su empresa. Por ejemplo, ahí tenemos a Will Smith en una película de la época, que “buscando la felicidad” deja de tomar agua para no ir al baño y ser así más eficiente mientras regala su fuerza de trabajo.

Fue precisamente en ese tiempo que se empezó a configurar en Colombia una especie de personas, conformada principalmente por hombres, a la que llamaremos tiburones, que recogen todos esos valores —los de la autoexplotación y el sacrificio—, para convertirse en algo así como Steve Jobs. Repiten que el pobre es pobre porque quiere, al considerar que la pobreza se debe a una falta de iniciativa antes que a un efecto estructural de la dinámica capitalista.

Mientras tanto, en los medios corporativos era priorizado el “Vive Colombia, viaja por ella”, sobre la militarización del país, el fortalecimiento del paramilitarismo y la eliminación de comunidades enteras por oponerse al gobierno o exigir el respeto a sus derechos. 

Para quienes crecimos durante el uribismo; la incertidumbre, el miedo, la permanente sensación de fracaso, el hecho de sentirnos insuficientes y de sacrificarnos más para lograr unos mínimos y querer ser tiburones, es lo normal. 

A esos 20 años de hegemonía uribista que fue sinónimo de terror, precarización, despojo de derechos y empobrecimiento, tenemos que sumarle el lugar de los medios corporativos en la normalización del miedo y la ausencia de garantías para una vida digna; también hay que tener en cuenta que crecimos con el sacrificio como mecanismo para redimir una culpa inculcada cotidianamente.

Para quienes crecimos durante el uribismo; la incertidumbre, el miedo, la permanente sensación de fracaso, el hecho de sentirnos insuficientes y de sacrificarnos más para lograr unos mínimos y querer ser tiburones, es lo normal. 

cuanto más utópica es la reivindicación, más está basada en una crítica sustancial, y más nos obliga a pensar con imaginación  sobre las maneras diferentes de organizarlo: Kathi Weeks

La profesora Kathi Weeks, autora del libro El Problema del Trabajo, habla de la importancia de reivindicar la utopía, de soñar con lo imposible, porque “cuanto más utópica es la reivindicación, más está basada en una crítica sustancial, y más nos obliga a pensar con imaginación  sobre las maneras diferentes de organizarlo. El revindicar tiene mucho de arte”. Para reivindicar la utopía es necesario problematizar lo que consideramos normal, así eso signifique perder certezas.

Dicen que se teme lo que se desconoce, supongo que por eso tantas personas sienten ese miedo profundo a vivir sabroso, como lo dije antes, no conocemos otra forma de vivir la vida. Las élites y los medios corporativos están vendiendo el vivir sabroso como sinónimo de vagancia, flojera y derroche, cuando en realidad se trata de viabilizar una reivindicación utópica.

Asumamos el reto de vivir sin miedo y con garantía de derechos ¡Vamos a vivir sabroso!

1 Comentario

  1. Corto pero sabroso, muy bien explicado y descrito estos 20 años que vivimos, en especial para los que estamos en los 30’s y vimos de niños, como el país salto de un valle de porquería que fueron los 90’s, al abismo de un suave fascismo uribista

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