Patria, honor, lealtad y Dios como falso positivo

A finales del mes pasado, el país entero se conmocionó con una noticia: una niña indígena fue abusada sexualmente por siete soldados del Ejército Nacional. Ante la divulgación de la noticia y la presión mediática, la extrema derecha colombiana optó por calificar de “manzanas podridas” a cada uno de los responsables de este tipo de atrocidades que a diario ocurren en nuestro país, y que cuentan como principales victimarios a miembros activos de la fuerza pública. Bajo el discurso de las manzanas podridas se busca negar un problema estructural que existe desde hace décadas en las Fuerzas Militares.

“Patria, honor, lealtad, Dios en todas nuestras actuaciones” es la principal consigna con las que las Fuerzas Militares se presentan ante la opinión pública. Lo cierto es que, la Patria la pisotearon, luego que el llanto de una niña indígena abusada por siete militares, fuera uno con la tierra; el honor lo sepultaron en fosas comunes junto a jóvenes civiles inocentes que asesinaron para obtener medallas y descansos de fin de semana; la lealtad, es la única que permanece intacta, pues se mantienen fehacientemente leales a un narcoestado que promulga los antivalores del abuso, el terror y la corrupción. Y Dios… bueno, a Dios lo asesinaron, hace décadas que lo mataron, ahora llevan su cadáver como amuleto que acompaña todas sus actuaciones, estoy seguro de que lo mataron, porque si estuviera vivo, presente en cada una de sus actuaciones, como ellos dicen, quizás sería el primero en oponerse, sería el primero en brindarle una segunda oportunidad a la niña indígena, a las niñas y mujeres abusadas por militares, y a los jóvenes convertidos en falsos positivos durante años.

Tal vez estas palabras sean un tanto disruptivas, incomodas para muchos, inaceptables para otros, pero no logran ser tan indignantes como los hechos ocurridos el pasado lunes 22 de junio en el pueblo Embera-chamí del departamento de Risaralda, en donde ocho soldados secuestraron a una niña de 12 años, para posteriormente, siete de ellos abusar de ella.

Ahora el panorama es obscuro, la justicia se aleja, más aún a sabiendas de que la Fiscalía interpreta de manera negligente los hechos, sugiriendo que existió consentimiento por parte de la niña, aunque la propia víctima diga lo contrario… aunque la hayan encontrado en la ladera de un rio, llorando, pasmada, con símbolos de maltrato físico, sexual y psicológico.

En paralelo, el panorama al interior del Ejército es preocupante, a la fecha, existen alrededor de 118 investigaciones por casos de abuso sexual por parte de efectivos de las Fuerzas Militares, de los cuales, cerca de 73 se encuentran activos en sus funciones, adicional a las investigaciones que se adelantan a causa de las denuncias por violaciones a Derechos Humanos que han realizado las comunidades a lo largo del territorio nacional, entre las que se encuentran asesinatos a líderes sociales, ataques a la población civil y colaboración con grupos paramilitares para la ejecución de masacres, desplazamientos y reclutamiento forzado a menores de edad.

Entonces, ¿es posible pensar que realmente se trata de casos aislados y de manzanas podridas?

No, estamos en presencia de una institución que ha perdido los valores, los reemplazaron por un fusil y un uniforme manchado con sangre civil. Como sociedad esperaríamos que a quienes les hemos concedido el monopolio de la fuerza, se sometan al imperio de la ley, salvaguarden nuestra constitución y se opongan a las injusticias. Sin embargo, al interior de la institución reina la ley del silencio, y quien demuestre un ápice de rectitud y respeto por la Constitución que juró defender, es perseguido, censurado y retirado de su cargo.

Ejemplo de ello es la destitución que ordenó el General Zapateiro al Sargento Juan Carlos Díaz quien se atrevió a denunciar los delitos sexuales cometidos por los siete soldados bajo su mando contra la niña indígena en Risaralda. Entonces, ¿Cuál fue la falta disciplinaria que cometió el Sargento Díaz para que le causara su retiro?

Pues bien, según el General Zapateiro, el Sargento Díaz como superior encargado debió dar el ejemplo a sus unidades para que no cometieran el abuso, según el alto mando, al Sargento le hizo falta impartirles más disciplina, como quien dice “cambiar la mentalidad violadora de los soldados a punta de sentadillas y madrugadas”. La lógica del General Zapateiro está muy acorde a la idiosincrasia colombiana, que acostumbra a asegurar que todo el mundo tiene la culpa de las violaciones sexuales menos los violadores, empezando por la víctima, siguiendo por la persona que denuncia, después el momento, luego el lugar, etc, etc, etc.

Juzguen ustedes, lo cierto es que la decisión del General Zapateiro de retirar de su cargo al Sargento Díaz, es una decisión política y de escarmiento. Es política porque más que una sanción en respuesta a una falta disciplinaria inexistente, producto de la imaginación del General y de la rígida doctrina militar; es un mensaje dirigido a la sociedad colombiana, un mensaje populista de justicia, que busca desesperadamente lavar el nombre de la institución, pues quiere dar a entender que se trata de manzanas podridas y que los errores que cometen las unidades militares deben ser también asumidos por sus mandos, hasta ahí no suena tan mal, pero es desacertada, pues la violación perpetrada por los siete soldados no fue a causa de cumplir una orden del Sargento (hasta donde sabemos), a diferencia de las miles de ejecuciones extrajudiciales a jóvenes civiles realizadas por soldados rasos siguiendo las ordenes de superiores jerárquicos, para luego hacerlos pasar por guerrilleros.

General Zapateiro, seguimos esperando las destituciones, los retiros y las sanciones para los superiores que dieron la orden de asesinar jóvenes inocentes, seguimos esperando que respondan los superiores jerárquicos que guardan silencio ante el asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes, seguimos esperando la renuncia del Presidente, de ministros, de generales, pues según su lógica ellos tienen la responsabilidad moral de dar ejemplo e impartir disciplina para que esto no ocurra.

Por otro lado, el retiro del Sargento Díaz es una decisión que busca dar un escarmiento al interior de las Fuerzas Militares, para que todos los mandos y subordinados del Ejército aprendan que en la institución está prohibido denunciar todo tipo de abuso contra la vida, la integridad y los derechos humanos. Es una clara advertencia a quienes pretendan defender los principios constitucionales, pues esto les puede costar su trabajo.

El mensaje del General Zapateiro es claro, el ejército está por encima de la vida y de la ley, para él las acciones del ejército no pueden ser cuestionas, aunque no sean correctas, y quien se atreva a cuestionarlas debe atenerse a las consecuencias.

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