¿Qué pensará Rodrigo Lara en este momento? ¿Será que se vio estos cuatro años en el Ministerio del Interior? ¿Será que la esposa todavía tiene el emprendimiento de venta de ropa para niños? ¿Estará pensando en vender el Lara-móvil? ¿No le dará miedo que el papá le jale las patas? ¿Será que todavía piensa que le queda algo de capital electoral y planeará lanzarse a algo?, ¿Qué irá a hacer con el quepis judío? Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Rodrigo es un tipo raro. Es inteligente y soberbio pero, su ambición lo vuelve torpe. Cree que por derecho divino debe ser presidente. Me imagino que desde chiquito le metieron esa idea en la cabeza, así como le pasó al Galán alcalde y al difunto Vargas Lleras. Delfines destinados al fracaso que pasarán por la historia de Colombia con más penas que glorias. O de pronto ese sea el karma que deja Cambio Radical. Tres delfines, tres fracasos.
Bueno, el caso es que la salida de Rodrigo del Ministerio no sorprende, como todo en la patria milagro. No es un pura sangre de derecha ni de centro ni de nada. Es un tipo medio liberal que coquetea intensamente con la derecha y que, una supone, cree en las instituciones porque ha trabajado en casi todas. Su propósito en la campaña presidencial fue atraer votantes liberales, de esa estirpe que también coquetea fuertemente con la derecha. Nada más que eso. Y los tiempos del presidente no son misteriosos.
Además de este acercamiento estratégico, Lara tuvo la función de matizar y contener un poquito al centro e, increíblemente, a algunos despistados de la izquierda, porque podía parecer una suerte de muro de contención del fascismo. Además, no hay que olvidar que, después se alió con el candidato que fue apoyado por uno de los vinculados con el asesinato de su padre.
Lo cierto es que al pobre Lara todo le salió chueco desde el principio y entró con pérdidas al gobierno. Estas semanas debió tener pegado “pegado “Todo tiene su final”, de Héctor Lavoe y Willie Colón. Lara nunca dejó de ser una veleta, un impostor en la patria milagro.
Ahora lo que nos espera es más gonorre4. El segundo cargo más importante del gobierno será ocupado por un fascista consagrado, pura sangre, uno de los reales. El Ministerio del Interior tiene una de las agendas más movidas, porque de él depende buena parte de las definiciones sobre derechos humanos y derecho internacional humanitario; es el que se relaciona directamente con alcaldes y gobernadores; garantiza (o no) la participación de “los otros” (asuntos étnicos, comunidades religiosas, población LGBTIQ+, acción comunal, ROM); garantiza(ba) la libertad de cultos; tiene juego en acciones de seguridad y convivencia ciudadana; acompaña los procesos de consulta previa (también con “los otros”); así como la relación entre el Gobierno y el Congreso siendo la ficha ejecutiva que impulsa la agenda legislativa.
Es importante tener más o menos claro el panorama de lo que hace el Ministerio del Interior, porque esto nos sirve para dimensionar lo que implica que Alejandro Ordóñez ocupe esta cartera. Esto es, entre otras cosas, la articulación juiciosa entre el Gobierno y la derecha en el Congreso para sacar adelante todas las reformas constitucionales necesarias para desmontar buena parte de la arquitectura del Estado social de derecho.
Es curioso porque el centro (derecha solapada que cree en las instituciones), en parte, votó contra Iván Cepeda para evitar una constituyente y “proteger” la Constitución. Y lo que lograron es una modificación arbitraria y absolutamente violenta de la carta magna. Votaron dizque por la defensa de las instituciones y, una vez más, se evidencia que estos ricos y nuevos ricos camanduleros que llegaron al poder son el paradigma de la antiinstitucionalidad. Ordóñez, el quema libros, no dudará en pisotear la Constitución del 91 mientras canta a viva voz el “cara al sol con la camisa negra” desde su despacho en Casa Giralda.
No nos confundamos: la salida de Rodri no fue por su embarrada en el trámite de la aprobación del presupuesto en el Congreso (¿Quién sería el artífice de esa magnífica trampa? Parece algo digno de Roy; ese man sí que se conocía la Ley V al derecho y al revés. Si fue una casualidad, parece que la genkidama surtió efecto).




