Rodrigo Lara Bonilla: 38 primaveras

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Por: María Alejandra Lara*

Ayer, 30 de abril, hace 38 años fue asesinado el entonces ministro de justicia, Rodrigo Lara Bonilla. A pesar de que la prensa y las novelas de televisión se han encargado de reproducir el relato de su muerte como consecuencia de su lucha contra el narcotráfico, y de que ésta en si misma fue una tarea loable, el legado político de Lara Bonilla va más allá de esto. Que su nombre sea traído a la contienda electoral, en medio de un momento histórico y coyuntural, da cuenta de la necesidad de hacer un ejercicio de memoria sobre su experiencia política y lo que esta significó para el país.

se adhirió al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) seducido por las ideas de reforma social y las críticas a la alternancia bipartidista impuesta por el Frente Nacional.

Lara Bonilla empezó su carrera política con tan solo 17 años cuando desde su ciudad natal, Neiva, se adhirió al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) seducido por las ideas de reforma social y las críticas a la alternancia bipartidista impuesta por el Frente Nacional. A partir de este momento emprendió su carrera política y no dejó de avanzar en ella. De sus primeros cargos públicos como alcalde de Neiva o concejal de Neiva y otros municipios del Huila, se destaca su fehaciente lucha contra la pobreza y la desigualdad, así como contra la corrupción y el reparto clientelar de los puestos de administración pública. Esto lo demuestran sus intervenciones en las sesiones del Concejo de Neiva:

“Es una crítica que yo le quiero hacer a la clase política del departamento del Huila, a esa clase política que ha manejado la administración pública como bien propio y que ha conducido al municipio, al departamento y a la Nación a la quiebra moral y a la quiebra económica en que hoy se encuentra, (…)” Acta número 01, sesión del honorable Concejo de Neiva, 3 de enero de 1975.

Lara Bonilla fue, sin duda alguna, un liberal democrático que no desperdició oportunidad para manifestarse en favor de la separación de poderes, la reforma a la justicia, la descentralización territorial, la paz y las reformas sociales.

Lara Bonilla fue, sin duda alguna, un liberal democrático que no desperdició oportunidad para manifestarse en favor de la separación de poderes, la reforma a la justicia, la descentralización territorial, la paz y las reformas sociales. Tampoco para declararse opositor de medidas como el Estado de Sitio o el Estatuto de Seguridad de Turbay por considerar que profundizaban la exagerada concentración de poder en el Ejecutivo. Críticas que también expresaba en el seno del Partido Liberal, acusándolo de estar alejado del progresismo, de no tener propuesta ante los problemas sociales y de encontrarse cooptado por la corrupción. En conjunto, se manifestaba en contra de las prácticas clientelistas heredadas del Frente Nacional, como se puede ver en la siguiente intervención con respecto a la amnistía de grupos guerrilleros propuesta Turbay:

“Una amnistía que surge como la que estamos discutiendo, de la noche a la mañana, como si la única terapia fuera esa y como si no se necesitara entrar a atacar a fondo los problemas graves que vive nuestra sociedad, no va a producir los efectos que se están esperando. Y menos cuando esa amnistía no llega de un gobierno que haya entrado a proponerle al país una nueva sociedad o corregir los vicios y los errores que tanto gravitan en nuestra sociedad, sino de un gobierno que ha aplicado durante tres años, con drasticidad jamás vista, un estatuto de seguridad. Un gobierno que ha sido enjuiciado por organismos internacionales que consideran que violó los derechos humanos, de la noche a la mañana ese mismo gobierno, que en los tres primeros años recurre a lo más drástico que puede encontrar aún por fuera del sistema de derecho, viene a proponer una amnistía que no es tan general como se esperaba y que no crea la credibilidad indispensable para que se pueda esperar que esto produzca los frutos de pacificación que yo creo que nos mueven a muchos para hablar en esta oportunidad.” (Pp. 661)

Este acumulado lo llevó en 1980 a conformar con otros jóvenes políticos con los que compartía posturas y preocupaciones, el Nuevo Liberalismo. Esta nueva colectividad se propuso cinco metas fundamentales en las que Lara se vio recogido: lograr una verdadera independencia nacional; recuperar los valores culturales nacionales y regionales; consolidar una democracia orgánica (política, social, y económica); otorgar al Estado el papel de velar por los Derechos Humanos; y finalmente, hacer una estrategia para el crecimiento económico y la igualdad social.

se propuso cinco metas fundamentales en las que Lara se vio recogido: lograr una verdadera independencia nacional; recuperar los valores culturales nacionales y regionales; consolidar una democracia orgánica (política, social, y económica); otorgar al Estado el papel de velar por los Derechos Humanos; y finalmente, hacer una estrategia para el crecimiento económico y la igualdad social.

El surgimiento y consolidación del Nuevo Liberalismo se da en medio del proceso nacional de injerencia de capitales del narcotráfico en la política y el Estado. Las diferencias del Nuevo Liberalismo con sectores políticos relacionados con la mafia, inició en 1982, cuando Pablo Escobar intentó dar su apoyo a la campaña presidencial de Luis Carlos Galán. Iván Marulanda, dirigente del Nuevo Liberalismo en Antioquia, advirtió de la dudosa fortuna de Escobar a Galán, quien en una manifestación en Medellín rechazó públicamente su apoyo. Más adelante, en abril de 1983, Lara en declaraciones públicas le exige a Alberto Santofimio explicarle al país de donde proviene el dinero de sus campañas, y aseguró que dentro de su movimiento había personas que venían del narcotráfico.

El nombramiento de Lara Bonilla como ministro de justicia trae consigo una radicalización de esta lucha. Luego del intento de entrampamiento realizado por Escobar, el ministro emprende un ataque directo contra el narcotráfico. De agosto del 83 a abril del 84 se aumentaron los decomisos, se denunciaron 200 pistas clandestinas, se entregó a los directorios políticos los nombres de narcotraficantes que se habían inscrito como candidatos para las elecciones regionales y se allanó el laboratorio de Tranquinlandia en los llanos del Yarí. Este último fue uno de los golpes más fuertes dados al Cartel de Medellín y envió un fuerte mensaje al narcotráfico en general.

Lara Bonilla identificó una compleja red de nexos entre el narcotráfico y la política, como lo demostraba su creciente persecución por los dueños de aviones y pistas puestas al servicio del tráfico de drogas.

Es por esta contundencia con la que el ministro Lara Bonilla emprendió la lucha contra el Narcotráfico que en la memoria colectiva se le considera la causa de su asesinato. Sin embargo, no se habla de los últimos descubrimientos en sus investigaciones. Lara Bonilla identificó una compleja red de nexos entre el narcotráfico y la política, como lo demostraba su creciente persecución por los dueños de aviones y pistas puestas al servicio del tráfico de drogas. Lara no sintió miedo al denunciar a Pablo Escobar, ni al promover la extradición de Carlos Lehder, pero si temió por su vida cuando se dio cuenta que los dueños de los aviones tenían más poder que estos.

“Rodrigo sabía que lo iban a matar”, decía la periodista Patricia Lara en un artículo de El Tiempo en el que recordaba sus últimas conversaciones con el ministro. Le había confesado que estaba cansado de tener escoltas y que no se pudiera confiar en nadie y que familias ilustres habían intentado crear grupos para actuar bajo las siglas del MAS. También le había comentado que se iba a Checoslovaquia porque su vida corría mucho peligro, y que estando allá escribiría dos libros: uno anecdótico y otro sobre una propuesta política. Afirmó que el segundo serviría de plataforma a un movimiento político amplio, progresista, compuesto por todos los inconformes que desearan llevar a Colombia por los verdaderos caminos de la democracia, la justicia y la paz.

El rememorar su legado político es un ejercicio que nos corresponde a todas y todos como colombianos, pues fue una de las primeras víctimas del régimen político criminal que fusionó el Estado y el narcotráfico, y que se mantiene hasta nuestros días

Como se puede ver en este rápido recuento, Lara Bonilla tenía un claro pensamiento político liberal y democrático que no se limitaba a la lucha contra el narcotráfico. El rememorar su legado político es un ejercicio que nos corresponde a todas y todos como colombianos, pues fue una de las primeras víctimas del régimen político criminal que fusionó el Estado y el narcotráfico, y que se mantiene hasta nuestros días. Régimen que ha promovido la creación de clanes políticos que reproducen prácticas clientelistas, corruptas y criminales, y que pretenden mantenerse en el poder a toda costa. Evitar que quienes se benefician de este régimen político sigan impunes es una tarea prioritaria. En primer lugar, para evitar que la muerte de líderes como Lara Bonilla sean en vano, y en segundo, para tener la esperanza de un futuro con justicia, paz y democracia.

Fuentes

El pensamiento jurídico y político de Rodrigo Lara Bonilla. Extracto de la Investigación Documental. Universidad Externado de Colombia. Bogotá. 1998.

Minjusticia entrega lista de mafiosos. El tiempo. 7 de marzo de 1984. P. 414.

El golpe a Tranquilandia. Dinero. Agosto 2013.

VIDEO: Cuando Pablo Escobar mandó a rectificar a Lara Bonilla, ministro que asesinó. 19 de julio de 2018.

Lara, Patricia. Lo que me contó Rodrigo Lara. EL tiempo. Domingo 6 de mayo de 1984.

* María Alejandra Lara. Historiadora y candidata a magíster en Cooperación para el Desarrollo. Luchadora por una educación como derecho y por la construcción de una Paz Total. Opita en la capital.

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