Ser positivista

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Hace unos días le escuché a alguien decir que era positivista, me sorprendí porque pensé que eso era algo que se decía en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Supongo que era una forma normal de empezar una conversación: “Hola, me llamo tal y soy positivista”.

El caso es que una persona me dijo que era positivista y que, además, eso le había cambiado la vida. La verdad, con mucha pereza, me imaginé que me preguntaría si las ciencias sociales eran ciencias, y tal vez, en medio del debate, nombraría a Popper

El caso es que una persona me dijo que era positivista y que, además, eso le había cambiado la vida. La verdad, con mucha pereza, me imaginé que me preguntaría si las ciencias sociales eran ciencias, y tal vez, en medio del debate, nombraría a Popper y me exigiría defender las “ciencias” sociales, dado que soy licenciada en ciencias sociales. Pero no fue así. Habría preferido hablar de Comte, o Durkheim y del método científico, pero su exposición -porque en realidad no hubo charla- dio un giro brusco a los ‘manifesting’; a la conspiración del universo; al ‘mindfulness’ y un montón de palabras en inglés que me recordaron que tengo que meterle la ficha a Duolingo.

“cada mañana me levanto lleno de positivismo y eso me ayuda a ser una mejor persona”, “los límites están en tu mente, se positivista”

Ahora estoy más pendiente de estas personas, y justo en esta fecha es que hay un increíble derroche de “positivismo”, por ejemplo, escriben frases motivacionales para acompañar fotos familiares, en un ascensor, frente al espejo, y concluyen con cosas como “el positivismo cambió mi vida”, “cada mañana me levanto lleno de positivismo y eso me ayuda a ser una mejor persona”, “los límites están en tu mente, se positivista”, y cosas por el estilo.

Si a las personas que no somos positivistas, en el sentido estricto del término, nos molesta el uso descuidado de esta palabra que representa una escuela de pensamiento, no me imagino la clase de corrientazo que sentirán quienes simpatizan con ella.

el sistema capitalista ha individualizado estos padecimientos para hacer que pensemos que la culpa de no estar bien es de cada quien, no de la injusticia, ni de la desigualdad.

Entonces, para dejar las cosas completamente claras, ser una persona «positiva” se refiere a entender el mundo fuera de contexto, sin detenerse a pensar en los problemas estructurales que nos llevan a estar sin plata, con depresión o ansiedad, ni preocuparse por la manera en la que el sistema capitalista ha individualizado estos padecimientos para hacer que pensemos que la culpa de no estar bien es de cada quien, no de la injusticia, ni de la desigualdad.

Positivista hace alusión al positivismo, que, así, escuetamente, se trata de una escuela de pensamiento creada a mediados del siglo XIX por el filósofo Augusto Comte, que plantea que el conocimiento se puede determinar con datos verificables y desde el método científico, pues con eso basta y sobra para entender cualquier fenómeno, sea social o natural. Sus principales exponentes eran Saint Simon, Stuart Mill, Mario Bunge y no me acuerdo de más.

Dicho esto, queda abierta la invitación para que reflexionemos no solo sobre el uso de la palabra ‘positivismo’, sino sobre los riesgos para la salud mental que representa el ser una persona demasiado ‘positiva’, ya que terminamos liberando de carga a este sistema que nos distrae para que pasemos por alto sus mecanismos de opresión, explotación y dominación.

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