¡Viva la grosería! Gonorreas

¡Hijueputa! Es lo que se dice después de pegarse en el dedo chiquito del pie, ¡Mierda! cuando se pisa el adoquinado encharcado y la ropa queda lavada con esa agua sucia, ¡Gonorrea hijueputa! es el grito que escucha el conductor de un carro después de pasar a toda velocidad por un charco. Desde la tierna infancia escuchamos groserías. Colombia es un país grosero, esa es la verdad.

Cuéntennos cuál es su grosería favorita. La nuestra es:

G O N O R R E A.

Publicada por REVISTA HEKATOMBE en Miércoles, 17 de marzo de 2021

 

Señala Margarita Espinosa Meneses en su texto Algo sobre la historia de las palabrotas que de acuerdo con Austin, al hablar no solo se dice, sino que también se hace, por ejemplo, se dan instrucciones, órdenes y se insulta. Además, Espinosa asegura que “las groserías representan una válvula de escape para la tensión por la que pasamos, al insultar descargamos a tal grado nuestro enojo, nuestra impotencia, nuestro dolor, que se podría decir que el insulto puede cumplir también una función catártica en el ser humano”.

Decir groserías es tan poderoso que incluso su uso contribuye a aumentar la tolerancia al dolor, según el psicólogo Richard Stephen autor del libro «Oveja negra: los beneficios ocultos de ser malo», las groserías aumentan el ritmo cardiaco y funcionan como analgésico.

Sin embargo, las groserías también son usadas para demostrar camaradería con expresiones como “sapo perro”, al saludar a las amigas “¡Hola perras!”, al contar una anécdota “¡maaaaaricaaaaaaa!” o al calificar el clima “está haciendo un frío el setentaálvarouribevélez”.

Las groserías todavía son un tabú. A muchas personas las educaron para no decir groserías porque está mal visto y supuestamente el uso de estas, denota que se es de una clase inferior (en la jerga colombiana, de estrato bajo). Esta situación se agrava en el caso de las mujeres que dicen groserías. 

Las mujeres son educadas para ser complacientes, decentes, hablar poco y no compartir en público, no es gratuito que en algún momento de la vida fuéramos víctimas del “calladita te ves más bonita” y de la mirada o el comentario que juzga por decir “¡¿Qué tal esta gonorrea?!”, o cualquier otra grosería para expresar rabia o molestia.

Hace unos años en Chile, un periódico publicó una editorial llamada “Alcantarillas con piernas”, allí el autor contaba que iba en un bus y que se subieron un par de mujeres guapas, cuando empezaron a hablar con groserías, según él, su encanto se perdió, las vio feas pues eran como alcantarillas con piernas. Hizo un llamado a que las mujeres no fueran groseras y mucho menos en público, por supuesto, no habló de los hombres groseros porque con ellos no hay problema.

Sumada a esta práctica machista de silenciar y censurar, es importante también hablar de las groserías mismas y de cómo las mujeres pese a que nos juzgan por ser groseras, somos el objeto mismo de muchas groserías que hacen referencia a una sexualidad libre que es disfrutada – hijueputa, malparido, perra, zorra, golfa, bastardo, zunga -. Claro que muchas de estas “ofensas” han sido resignificadas, incluso desde los 80s cuando las Vulpes lanzaron el himno “Me gusta ser una zorra”.

Las groserías usadas por mujeres son mal vistas, pero usadas por feministas para reclamar derechos de las mujeres son absolutamente escandalosas, por ejemplo, el 6 de marzo la Revista Hekatombe publicó una verdad, una realidad y fue atacada por hombres que además de sentirse ofendidos, vociferaban que esa no era forma de hablar y además respondieron con comentarios más hirientes que la palabra “gonorrea”, dejando claro, que el uso de las groserías debe seguir restringido al espacio de lo masculino y no debe tocar la masculinidad —frágil— de quienes se creen con el derecho exclusivo a usarlas.

Este es un mensaje para las gonorreas que culpan a las mujeres por ser violadas, acosadas, asesinadas o maltratadas.

Publicada por REVISTA HEKATOMBE en Sábado, 6 de marzo de 2021

 

Las groserías son fundamentales para la vida, para la salud mental, para la tranquilidad espiritual, son poesía que sale de las tripas y todo el mundo tiene derecho a decirlas. Dicho esto ¡Qué vivan las groserías! y ¡Arriba las mujeres groseras! y si a alguien le molesta, pues que vaya y coma mucha mierda, gonorrea y pacato de porquería.

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