Dar razones es un ejercicio vital, es un ejercicio que siempre está atravesado por emociones. Por eso, en las discusiones no basta haberse informado bien sobre economía, gobernanza, promoción de derechos… También hay que evitar que todo sea emocional en el despliegue argumental, además, de que el plano emocional en el que nos ubiquemos no favorezca las formas no argumentales del intercambio de razones. Insistir en esta dimensión emocional implica evitar creer que nuestras razones son absolutas e invencibles, que es absurdo no entenderlas o que quien las rechaza es incapaz de realizar un pensamiento sólido.
Esta forma de reducción del otro por vía del insulto es una práctica que favorece al discurso de quienes siguen a De la Espriella, sobre todo sus más convencidos seguidores. Es deseable evitar caer en oposiciones como guerrillero/paraco, comunista/fascista, corrupto/narcotraficante, fracaso de la paz/promotor de la guerra, ayudar a las guerrillas/ayudar a delincuentes. Estas oposiciones tienden a ratificar el juego polarizante que favorece los discursos del odio que tanto se alejan de la propuesta de Cepeda, juego en el que este último no puede desplegar todos los matices que enriquecen su punto de vista.
Para entender los posibles planos emocionales en los que nos conviene movernos en una discusión con posibles votantes por De la Espriella, habrá que entender que no todos son del mismo tipo. Veamos una clasificación viable de estos posibles votantes:
- El/la convencido/a sin remedio: aquí está el seducido por la estética de la machósfera en que se apoya la campaña de De la Espriella o el uribista decepcionado o el que ya no ve una opción viable con la salida de Paloma.
- El/la temeroso/a: considera que el comunismo, el castrochavismo o la venezonalización de Colombia son un motivo para no votar por Cepeda.
- El/la indeciso/a: no sabe por quién votar.
- El/la paranoico/a: no sabe bien por qué cree que Cepeda es peligroso.
- El/la resignado/a: no quiere a De la Espriella, pero igual votará por él.
- El/la decepcionado/a: no es antipetrista, pero siente que el gobierno desaprovechó una oportunidad histórica para construir acuerdos y producir transformaciones más profundas.
- El/la aspiracional: cree que el éxito depende principalmente del mérito personal y mira con sospecha las políticas que interpreta como asistencialistas.
- El/la partidario/a del orden: cree que la inseguridad, las protestas y la pérdida de autoridad son los principales problemas del país y busca respuestas rápidas y contundentes frente a ellos.
- El/la nostálgico/a del privilegio: percibe como una amenaza que grupos históricamente excluidos —comunidades negras, indígenas, campesinas, mujeres o sectores populares— tengan hoy una mayor presencia en el Estado, aunque rara vez expresa esa incomodidad en esos términos.
El/la convencido/a sin remedio
- No pierda el tiempo con el/la convencido/a sin remedio. Si igual lo va a hacer mantenga la calma, el conflicto es el combustible de este tipo de personajes, e indique que todo lo que una persona así respeta, no lo cumple De la Espriella. Podría decirle que a él le falta virilidad:
- No tiene los valores que promueve: ya que hay videos en que afirma que es ateo, está a favor del aborto y el matrimonio gay, está a favor del proceso de paz, no cree en la patria desprecia tanto a los colombianos (“país de cafres desagradecidos”) como a su comida (“comida carcelaria”).
- No es firme en su palabra: hay videos en los que afirma todo lo contrario de lo que dice en los videos del punto anterior. Dice cualquier cosa así se contradiga.
- No es un tipo decente: maltrata y es vulgar con las mujeres en público (las dos periodistas)
- No es un buen empresario: hay noticias que muestran que el estado financiero de sus empresas es lamentable, que casi todos los casos en los que se involucra los pierde (son para hacer matoneo jurídico a los que no tienen cómo defenderse).
- Es demasiado emocional: no se controla, rápidamente lo sacan de quicio y lo hacen hablar de más.
- No es un buen católico o cristiano: ama la violencia, no trata como iguales a los demás, ha tratado con desprecio a algunas mujeres.
A el/la temeroso/a muéstrele que:
- Petro no fue un gobierno comunista: todo lo contrario, promovió y desarrolló el capitalismo en Colombia con un enfoque productivista que se puede ver en el pago de buena parte de la deuda nacional en el exterior y unas evidentes mejoras en la rentabilidad de las empresas nacionales e internacionales que operan en el país. No hubo expropiaciones, se dio tierra a los campesinos, privilegió el bienestar nacional y no solo el de un sector de la población. A pesar de las muchas objeciones que se puedan plantear a este gobierno, en el peor de los casos, tuvo promedio respecto de los anteriores.
- Petro no atentó contra la institucionalidad: no solo supo respetar las instituciones, sino que a diferencia de De la Espriella no promete perjudicar al 40 % de los empleados del Estado con la reducción del mismo, sino que promete desmantelar la seguridad jurídica con vigilancia internacional como retirar al país de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Un/a indeciso/a
Aquí no hay confrontación. No es muy difícil mostrar que:
- De la Espriella es un peligro: dice cualquier cosa para justificar sus actos y pasar por encima de lo institucional; habla como si lo que quiere hacer dependiera de su voluntad, son palabras vacías o de alguien que cree que es un rey.
- No respeta la institucionalidad: desconocer abiertamente la relevancia de los derechos humanos es atentar contra la estabilidad más básica de la vida ciudadana. Pone en riesgo a los jóvenes que empiezan a tener una vida independiente y se tatúan o fuman un porro en alguna esquina por diversión (como Bukele); lo que resulta alarmante para cualquier padre de familia que tenga hijos adolescentes.
- Atentará contra la estabilidad laboral: su claro favoritismo por la empresa privada debilitará las condiciones laborales ya precarizadas que hoy tenemos.
- Debilitará la educación pública y la calidad de la educación universitaria: reduce el problema de la educación a la pura vida laboral, impidiendo en desarrollo de pensamiento científico de alto nivel o limitando los contenidos universitarios por sus temores infundados contra el “fantasma del comunismo”; esto último por el malestar que tiene con la libertad de pensamiento.
- No se preocupa por el bienestar de la mayoría: busca seguridad para quienes corren riesgos en la calle, pero esa no es la mayoría de la población. Descuidar a esa mayoría solo hará más peligroso el país y más seguras unas zonas hipervigiladas.
Por su parte el paranoico debería tener claro que:
- Cepeda nunca estuvo en la guerrilla: las fotos con los líderes de las FARC son de un proceso de paz.
- Cepeda siempre ha hecho política: es heredero de una familia castigada por la violencia política y desde muy temprano ha participado políticamente en la vida nacional, su última etapa ha sido senador de la República (más de 10 años).
- Cepeda no tiene ningún proceso judicial: sabemos que si tuviera cola ya lo habrían empapelado, pero no han podido.
- A Cepeda le interesa el desarrollo social como base de la seguridad: no la seguridad primero que el desarrollo, cuando esto ocurre no se piensa en mejorar las condiciones de todos, sino solo las de algunos.
- Cepeda continuará con lo bueno del gobierno y se distanciará de lo malo.
- Cepeda sí es capaz de dialogar: no tiene un discurso del resultado a cualquier precio, sino el de un negociador que sabe que una década de fracasos en el proceso de paz es preferible que setenta años de fracasos de una política de guerra.
- Cepeda no quería ser presidente, pero las condiciones lo pusieron allí: a De la Espriella nunca le interesó la política y mucho menos la presidencia, ahora no se sabe por qué está ahí (vanidad, intereses económicos, fantasías solucionistas…)
- Cepeda sí cree en el país: no solo vive aquí porque quiere, sino que ha apostado hasta su vida por seguir aquí. De la Espriella desprecia la comida, las costumbres y los habitantes del país, ahora dice otra cosa porque pasó de ser una ficha del uribismo en estas elecciones a un posible presidente.
El/la resignado
Quizá votará en blanco, pero será mejor mostrarle los riesgos de De la Espriella.
- Pregúntele qué es exactamente lo que le impide considerar otras opciones. Muchas veces no es entusiasmo por De la Espriella, sino cansancio, frustración o decepción.
- Recuérdele que votar no es un premio ni un castigo. También es una decisión sobre quién tendrá poder durante los próximos cuatro años.
- Pregúntele si realmente está dispuesto a apoyar propuestas que le generan dudas solo porque no le gusta el gobierno actual.
- Muéstrele que la frustración con un gobierno no obliga a respaldar cualquier alternativa que se presente como oposición.
- Invítelo a pensar cuáles propuestas de De la Espriella le generan preocupación y si esas preocupaciones son menores que las que tiene frente a Cepeda.
- Recuérdele que algunas decisiones presidenciales tienen consecuencias difíciles de revertir: la relación con las cortes, los organismos internacionales, la educación pública, los derechos laborales o la implementación de los acuerdos de paz.
- Explique que la resignación es comprensible, pero que las elecciones son precisamente el momento para evaluar opciones y no para renunciar a hacerlo.
- Pregúntele si votaría por De la Espriella porque cree que es el mejor candidato o simplemente porque cree que no hay otra salida. La diferencia entre ambas respuestas suele ser importante.
El/la decepcionado/a no es antipetrista radical.
- Incluso pudo votar por Petro, apoyar el Acuerdo de Paz o identificarse con algunas banderas progresistas. Sin embargo, siente frustración porque, esperaba más acuerdos políticos, percibe improvisación en algunos nombramientos y decisiones, considera que el gobierno desperdició capital político, cree que hubo exceso de confrontación, piensa que algunas reformas pudieron construirse mejor, siente que la promesa del Acuerdo Nacional nunca se concretó:
- Es verdad que el Acuerdo Nacional nunca llegó tan lejos como muchas personas esperaban. Pero también es cierto que desde el primer día hubo sectores que decidieron bloquear cualquier iniciativa del gobierno, incluso antes de conocerla.
- Si le molestaron algunos nombramientos o cambios constantes de ministros, recuerde que Cepeda no es Petro. Durante años ha sido reconocido precisamente por sentar en una mesa a personas que no piensan igual.
- Si siente que hubo demasiado conflicto, pregúntele si cree que alguien que ha dedicado décadas a negociar procesos de paz va a gobernar de forma más confrontativa que un candidato que promete gobernar a punta de autoridad.
- Si le preocupa la institucionalidad, recuerde que Cepeda ha acudido durante años a tribunales, investigaciones y debates públicos sin proponer cerrar cortes, desconocer organismos internacionales o gobernar por encima de las reglas.
- Pregúntele qué le decepcionó exactamente. Muchas veces la respuesta no es “Petro”, sino inflación, inseguridad o problemas locales que también existían antes.
El/la aspiracional
- Asocia el progreso principalmente con el esfuerzo individual, desconfía de las políticas sociales y suele interpretar la desigualdad como resultado de decisiones personales más que de condiciones estructurales.
- Pregúntele quién le enseñó que estudiar era importante. Probablemente una escuela pública, una universidad pública o un profesor financiado por el Estado.
- Cuando alguien consigue una beca, un crédito educativo o atención médica, eso no es que le regalen algo: es una oportunidad para competir mejor.
- Si cree que todo depende del esfuerzo individual, pregúntele por qué dos personas igualmente trabajadoras tienen posibilidades tan distintas dependiendo del barrio donde nacieron.
- Ningún empresario exitoso trabaja sin carreteras, internet, puertos, jueces o universidades. Todo eso también lo paga el Estado.
- Los países que suelen admirar quienes defienden el mérito —Alemania, Canadá, Noruega— tienen sistemas públicos mucho más fuertes que Colombia.
- Cepeda no propone acabar la empresa privada. Lo que propone es que el progreso no dependa únicamente del lugar donde nació una persona.
El partidario del orden
- Considera que la inseguridad, las protestas sociales y la pérdida de autoridad son los principales problemas del país y busca respuestas rápidas y contundentes frente a ellos.
- Es cierto que durante el estallido social hubo vandalismo. Negarlo no ayuda.
- Pero millones de personas no salieron a marchar porque quisieran destruir estaciones de TransMilenio. Salieron porque estaban cansadas de la desigualdad, la falta de oportunidades y la violencia.
- Si todo hubiera sido vandalismo, ¿por qué hubo movilizaciones en cientos de municipios al mismo tiempo?
- Pregúntele si cree que un joven que protesta por falta de oportunidades debe recibir el mismo trato que una banda criminal.
- La seguridad es importante, pero Colombia lleva décadas probando soluciones basadas casi exclusivamente en la fuerza. ¿Ya resolvimos el problema?
- Un presidente debe controlar la violencia, pero también entender por qué aparece.
El/la nostálgico/a del privilegio
- Percibe como una amenaza que grupos históricamente excluidos —comunidades negras, indígenas, campesinas, mujeres o sectores populares— tengan hoy una mayor presencia en el Estado, aunque rara vez expresa esa incomodidad en esos términos.
- Pregúntele por qué la presencia de una vicepresidenta negra, una ministra indígena o un líder campesino genera más controversia que la de políticos tradicionales cuestionados por corrupción o clientelismo.
- Muéstrele que durante décadas el Estado colombiano estuvo controlado principalmente por élites políticas, económicas y regionales, sin que eso garantizara mejores resultados para la mayoría de la población.
- Explíquele que la participación de comunidades negras e indígenas no es un privilegio nuevo, sino una ampliación de la democracia hacia sectores históricamente excluidos.
- Pregúntele si considera que una persona indígena, afrodescendiente o campesina debe demostrar más méritos que una persona proveniente de las élites para ocupar el mismo cargo.
- Señale que muchas críticas aparentemente técnicas esconden incomodidades relacionadas con el origen social, el color de piel, el acento o las formas culturales de quienes hoy ocupan espacios de poder.
- Recuerde que la diversidad en el Estado no elimina los criterios de competencia, sino que amplía quiénes pueden participar de ellos.
- Muéstrele que Colombia no comenzó a tener problemas cuando llegaron sectores populares al gobierno; muchos de los problemas actuales fueron producidos precisamente durante décadas de gobiernos tradicionales.




