A la lista del Pacto Histórico al Congreso le faltó pueblo

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Habría sido interesante ver en la lista de Congreso al Pacto Histórico, en los primeros lugares, a liderazgos indígenas, afro, de víctimas como las madres de Soacha, juveniles populares, de trabajadores, o liderazgos emergentes construidos al calor del Estallido Social contra el No Futuro.

Es una lástima que el excesivo centralismo, las lógicas de visibilidad de la clase media y la cultura política tradicional en la que tienen puesto asegurado las personas cercanas a las figuras más visibles, así estas personas no sean las más cualificadas y no cuenten con ninguna conexión con las bases sociales, haya primado y se haya impuesto sobre aquellos liderazgos de sello popular y periférico.

Si bien es claro que para que una lista cerrada logre llegar al Congreso debe tener a la cabeza una persona que atraiga votos, eso no supone automáticamente que todas las personas que le sigan deban ser las amistades de las mismas personas con visibilidad.

En la práctica se cumplió una de las alertas que habían en torno a la listas cerradas al congreso: que algunas de las dinámicas de la política tradicional se iban a imponer sobre una política realmente democrática, descentralizada, y en últimas, de corte alternativo.

La lista cerrada se había propuesto para garantizar, de un lado la consolidación de un bloque en el Congreso con una sólida unidad programática a la hora de alcanzar las reformas sociales necesarias para democratizar a Colombia en los planos económico, social, y cultural; y del otro, para permitir la llegada de liderazgos territoriales que no contaran con maquinarias y recursos. Por el momento parece que se garantizaría lo primero y no lo segundo.

Mientras tanto, la política hecha desde Bogotá, oportunista, clase mediera y elitista, sigue siendo la protagonista, más allá de si es progresista o de izquierda, de centro o de derecha.

El ingreso de sectores subalternos a la participación política, con autonomía de las prácticas de la política tradicional clase mediera y elitista, sigue siendo urgente para garantizar la democratización y descentralización de las dinámicas políticas nacionales.

1 Comentario

  1. De acuerdo, pero podría pensarse mejor que, una cosa es la estrategia de desbancar de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) a la mafia fascista, y otra es el objetivo, que como Ud. muy bien lo dice, no puede supeditarse al asunto electoral y burocrático. Y el objetivo es la construcción de una nueva sociedad, una nueva economía, una nueva política, derrumbar el estado liberal. Esto es mejor hacerlo por medio de una transición, tal como la han iniciado algunos movimientos: el Zapatismo y el confederalismo Kurdo.

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