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De la rabia al límite: cuando el fascismo se vuelve opinión

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Escribo desde la rabia. No una rabia ligera ni pasajera, sino esa que se acumula en el cuerpo cuando se leen, una y otra vez, comentarios desubicados, anacrónicos, violentamente ignorantes, celebrando invasiones, justificando amenazas imperiales y llamando “dictadura” a todo aquello que no encaja en el molde cómodo del poder hegemónico. Rabia al escuchar voces que, con una facilidad insultante, piden intervención extranjera sobre pueblos que históricamente han sido oprimidos, como si la historia de América Latina no estuviera escrita con sangre suficiente.

Pero esta rabia no puede quedarse ahí. Hoy más que nunca, urge pasar de la rabia impotente a la rabia digna. A esa que organiza, que piensa, que se moviliza.

El ascenso del fascismo en el mundo no es una exageración retórica. Es un hecho histórico en curso. No se presenta ya con símbolos del pasado, sino con discursos renovados que hablan de “libertad”, “orden”, “democracia” y “seguridad”, mientras legitiman la violencia, la exclusión y la intervención. América Latina vuelve a ser un territorio en disputa, y Venezuela, una vez más, el blanco directo del intervencionismo estadounidense. Las amenazas abiertas, los cercos económicos y la narrativa internacional no solo buscan debilitar un gobierno, sino disciplinar a toda la región. Y Colombia aparece, peligrosamente, en esa proyección.

Lo más inquietante no es solo la amenaza externa, sino el aplauso interno. Sectores que se autodenominan “democráticos” celebran la posibilidad de una intervención, simplemente porque no se sienten representados por gobiernos alternativos o progresistas. Aquí se revela una profunda incomprensión —o negación— del sentido mismo de la democracia. La democracia no es un espejo de gustos personales ni un sistema que garantiza comodidad ideológica; es, ante todo, la decisión colectiva de las mayorías, incluso cuando esa decisión incomoda a las élites.

El caso colombiano es elocuente. Gustavo Petro fue elegido democráticamente, mediante elecciones libres y verificadas. Sin embargo, desde el primer día, su gobierno ha sido sistemáticamente deslegitimado por medios de comunicación, sectores empresariales y actores políticos que jamás aceptaron el resultado popular. Para ellos, la democracia solo es válida cuando ganan. Cuando pierden, hablan de caos, amenaza, autoritarismo o “castrochavismo”. Esa lógica no es democrática; es profundamente autoritaria.

En el plano internacional, la hegemonía cultural de los grandes medios cumple un rol central. Se ha difundido, casi de forma celebratoria, la idea de que Venezuela está “saliendo de una dictadura”, como si se tratara de un hecho consumado o deseable. Con frecuencia se ignora que los procesos políticos en Venezuela cuentan con apoyos y legitimidades construidas desde el interior de su propia sociedad, las cuales no pueden entenderse únicamente desde miradas externas o simplificadas. La democracia concibe dinámicas profundas, no exige unanimidad ni ausencia de conflicto; exige respeto por la voluntad popular.

Resulta doloroso observar cómo incluso sectores de la diáspora venezolana celebran estas narrativas sin detenerse a pensar que el desacuerdo individual no invalida un proceso colectivo. La migración, convertida en argumento moral, ha sido utilizada para ocultar responsabilidades estructurales: sanciones, bloqueos, asfixia económica. Al mismo tiempo, otros países festejan la “normalización” de Venezuela no por solidaridad, sino porque no quieren ver migrantes en sus calles. Se acomodan a la idea de que “todo está bien” mientras rechazan a quienes fueron expulsados por un sistema global profundamente injusto.

En Colombia, el papel de los medios de comunicación es particularmente alarmante. Lejos de actuar como una barrera preventiva frente a las amenazas de Donald Trump, han optado por amplificarlas. No hay un esfuerzo serio por defender la soberanía regional ni por generar un debate responsable. Hay, en cambio, un posicionamiento claro: acusar, desgastar y deslegitimar al gobierno de Petro. No es objetividad; es militancia mediática al servicio del poder.

Este clima no es inocente. El fascismo no irrumpe de golpe; se normaliza cuando se acepta que la intervención es una opción válida, que el voto popular es prescindible y que la soberanía puede suspenderse “por el bien mayor”. Por eso, hablar de fascismo hoy implica hablar de conciencia social. Condenar una invasión antes de que ocurra no es exageración; es responsabilidad histórica. Las invasiones no empiezan con bombas, sino con discursos que las hacen aceptables.

La pregunta sigue siendo incómoda pero necesaria: ¿qué modelo de democracia propone Estados Unidos cuando amenaza, sanciona y decide quién puede gobernar? ¿Una democracia real o una democracia tutelada, condicionada y funcional a sus intereses?

Frente a este escenario, no basta la indignación dispersa. Es momento de transformar la rabia en dignidad. Ante la amenaza, coherencia; ante la advertencia, unidad; ante el golpe, movilización. Defender la democracia hoy no es un gesto abstracto: es una toma de posición clara frente al fascismo que avanza disfrazado de salvación. América Latina ya sabe lo que cuesta el silencio. Esta vez, nombrar el peligro a tiempo es también una forma de lucha.

¿Para cuándo la movilización antiimperialista?

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Donald Trump está peligrosamente interesado en Colombia. Que se despache contra el presidente Gustavo Petro, no significa que tiene un problema personal con él, sino que aparecemos en el mapa de sus intereses económicos y cómo no, somos un país megadiverso: mientras Venezuela tiene Petróleo, aquí hay carbón, oro, niquel, esmeraldas, plomo, hierro, también petróleo, una parte de la codiciada amazonía, y un largo etcétera.

Sin sorpresa veo que la derecha y muchas personas que viven en una realidad alterna, desean un operativo militar gringo en contra del Palacio de Nariño y el arresto del presidente Gustavo Petro imaginando que viven en un capítulo de una serie gringa regular del tipo «Jack Ryan».

Como soy una fiel creyente de la soberanía de los pueblos y no quiero que nadie nos invada, pero tengo nulo poder de convocatoria, le lanzo esta pregunta a los partidos y organizaciones del Pacto Histórico y a otros sectores que si movilizan mucha gente: ¿cómo fua?, ¿cómo fue?, ¿cómo es que son vueltas? ¿qué están esperando para convocar una movilización que rechace las amenazas?

Y está movilización, si llega a pasar, tiene que ser grande, amplía, basta, potente. No podemos caer las 10 pelagatas de siempre, para eso toca juntar al ganado, escribirle a la gente con la que hace años no hablamos. Nuestra tarea es lograr masividad.

Ustedes pongan fecha, lugar y hora que allá les caigo, porque lo que es con Colombia es conmigo.

Posdata: ¡hola, hola! si alguna vez salimos o algo y sabes cuál es mi identidad verdadera… pues nos vemos en la marcha. Te puedes dar por notificado 😉

Nos tiramos unos factos sobre el ataque a Venezuela

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Después de leer comentarios en publicaciones relacionadas con el ataque de Estados Unidos a Venezuela, creemos que vale la pena aclarar algunas cosas:

  • La caída de Maduro”: no se puede hablar de la caída, ni captura del presidente Nicolás Maduro, sino de su secuestro por parte de una nación extranjera. Sería caída si, desde el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las mayorías venezolanas hubiesen tumbado al gobierno. 
  • “Maduro va a pagar por la crisis”: nop. El presidente Nicolás Maduro fue secuestrado por el gobierno de Estados Unidos en el marco de un proceso sistemático de desestabilización política, económica y simbólica que tiene un objetivo claro:  apropiarse del petróleo venezolano. Recordemos cuando en días pasados Trump dijo “nos quitaron nuestros derechos sobre el petróleo” venezolano.
  • “Lo importante es que cayó el régimen”: no cayó el régimen, lo que si cae es la soberanía. Venezuela corre el peligro de caer en las dinámicas de ‘transición estadounidense’, como sucedió con Irak, para no ir muy lejos. Es decir: inestabilidad, caída de la economía, ingobernabilidad, guerra civil. 
  • Cayó el Cartel de los soles”: EEUU construyó la idea de cartel a partir de las prácticas de narcotráfico que existen en Venezuela, prácticas que, hoy en día, existen en casi todos los países en los que hay tráfico de drogas. Siguiendo esa lógica ¿Cuál sería el cartel de Tru*mp?
  • “El pueblo venezolano será libre”: jajajaja redifícil. Jugando a la futurología y siguiendo los pasos de Estados Unidos en Venezuela desde el año pasado, se puede decir que Maduro será reemplazado por un gobierno de ultraderecha servil a los intereses imperialistas, y que la presencia militar de EEUU dará cuenta de la casi inexistente soberanía que quedará para el país vecino. 
  • “Estados Unidos actuó en legítima defensa”: Uribe (2026). ¿Legítima defensa de qué? ¿De Maduro cantando y bailando “Peace, not war”? De nuevo: EEUU no se defiende, ataca porque está sediento del petróleo venezolano en un contexto de fortalecimiento del multipolarismo, con las economías de los BRICS creciendo y amenazando la hegemonía económica imperialista. 

Hay tres viejos términos que son muy útiles para señalar a quienes celebran cuando se pisotea la soberanía y el derecho a la autodeterminación de los pueblos:cipayos, lacayos y vendepatrias. Cipayos, lacayos y vendepatrias son los que se alegran por la agresión imperialista contra Venezuela, así de simple. 

Salario mínimo, migajeo y love bombing

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El número del chance será el 0237, ese es el número ganador porque 23,7% fue el aumento del salario mínimo en Colombia para el 2026, un aumento histórico que debería ser motivo de fiesta colectiva, es más, debería ser objeto de celebración nacional, una que incluya hasta la camiseta de la selección.

Pero una noticia que debería devenir en carnaval, es asumida como un problema no solo por los medios corporativos que hacen eco de la molestia de las elites del país, sino también por sectores de la clase media (que es más baja que alta) y me imagino que eso responde a uno de nuestros traumas políticos colectivos, uno al que denomino como el trauma de la migaja, porque el migajeo no es solo en las relaciones.

El presidente eterno legitimó el despojo de derechos laborales presentándolos como un enemigo común, como si la dignidad laboral y, en ese entonces las Farc, fueran los demonios que había que erradicar. Con un movimiento sindical prácticamente exterminado y un reducto burocratizado, con un país que se dejó amedrentar y asumió la explotación y el sacrificio como el deber ser, el resultado no es una cicatriz, sino una chamba que por poco sigue siendo una herida abierta, una herida que hoy se manifiesta con la molestia migajera porque a la clase trabajadora se le reconoce su trabajo.

Nos acostumbramos a que si se trata de igualar condiciones vitales debe ser por lo bajo, que los aumentos, los subsidios y los apoyos deben ser para quienes tienen más y que las sobras se las dejen a las clases medias y los sectores empobrecidos. Eso es migajeo. Nos conformamos con recibir poco, no ponemos límites, no nos valoramos lo suficiente como para exigir un trato digno. Nos acostumbramos a gobiernos breadcrumber (los que lanzan las migajas).

Las elites y los medios dicen estar preocupados por las clases medias, y las y los trabajadores independientes, todas las reflexiones son como love bombing, un amor explosivo que solo aparece cuando conviene. Que se va a subir el costo de la administración, de los servicios generales y de las personas cuidadoras, pero no se preocupan por pensar por qué la clase media está en crisis por causa del neoliberalismo, por qué la sensación de movilidad social es falsa, o por qué los adultos jóvenes están precarizados y sobreviven con varios contratos a la vez.

Si la preocupación fuera real, la discusión sería sobre la precariedad de los contratos por prestación de servicios en el Estado y la empresa privada, sobre la oenegización de lo público, sobre los contratos de menos de ocho meses al año, o sobre cómo el distrito hace maniobras para empobrecer a sus funcionarios (después hablamos de los horarios de Biblored y qué tienen que ver con no pagar horas extra, recargos nocturnos ni dominicales).

Ya está más que comprobado que la fórmula de más plata para que los ricos fortalezcan sus empresas y generen empleo, no funciona. Esa plata se va a paraísos fiscales y excesos, pero no hay más trabajo y si peores condiciones laborales. 

En lugar de eso, superemos el trauma del migajeo y arriesguémonos a celebrar un aumento digno del salario mínimo, a fortalecer el bolsillo de la clase trabajadora, a celebrar que el veci tiene algo más de lk y ya no le toca vivir al debe, y que nuestra meta para el 2026 sea más plata para el mínimo, menos contratos precarios, ningún regalo para los grandes empresarios y seguir robusteciendo la micro, pequeña y mediana empresa.

¡Por un año nuevo con menos migajas y más dignidad!

Colfuturo: lloran, lloran l*s gomel*s

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Con el anuncio del gobierno del cambio sobre no destinar más plata a la ONG Colfuturo, aparecieron los discursitos planos sobre la educación, testimonios dignos de un libro de Og Mandino, del tipo “Los becarios más grandes del mundo”, y por supuesto, no me puedo quedar callada.

Soy hija de la educación pública, estudié desde tercero de primaria en el mismo colegio distrital, luego pregrado y uno de mis posgrados en la universidad pública. No creo que eso me de autoridad para hablar, pero me gusta decirlo, es como la marca de la bestia, o mejor, de la ñera. Eso de querer parecer neutral para validar una opinión no es lo mío, la pose de neutralidad se la dejo a los sectores bienpensantes.

En medio de la preocupación porque el gobierno hace lo que tiene que hacer, o sea, velar porque los recursos públicos se usen para el bien común, y no para mantener a la empresa privada (y eso que a los “empresarios” no les gusta nada regalado), los bienpensantes, como es costumbre, salen a poner el grito en el cielo con una buena dosis de clasismo y maromas argumentativas. Uno de los comentarios más graves fue el de la fundadora de Colfuturo, Isabel Londoño Polo:

“Lo que las personas de estrato 1-2 necesitan en este pais no son becas de posgrado pa empezar: es educacion pre-escolar y basica/media de calidad y acceso a programas técnicos, tecnológicos y universitarios en U. publicas gratis o en privadas con buena financiacion”.

Después de leer semejante barbaridad, ¿cómo no me voy a escandalizar?, lo mismo le pasó al presidente que le respondió:

Esto que escribe Isabel Londoño se llama clasismo. Claro que hay estudiantes de educación superior estratos 1, 2 y 3; son la mayoría. Y claro que se ellos, quienes salen de sus estudios superiores de pregrado deben tener la opción al doctorado y maestría, no de acuerdo a su situación económica, sino a sus méritos”.

Todo esto alborotó la marca de la bestia, o de la ñera. Aunque parezca sorprendente, a los sectores precarizados de la sociedad no les regalan nada y todo lo consiguen por mérito, el capital social es hiperlocalizado y funciona para que los vecis fien la pola o para tener cuenta en la tienda del barrio, pero no para conseguir subsidios porque carecemos del apellido de una senadora y un prestante ganadero.

Al respecto, me representa la postura de Helberth Choachí, rector de la Universidad Pedagógica Nacional, quien insiste en hablar sobre toda la educación como bien común, una postura que se aleja de Isabel Londoño e incluso a la del presidente Gustavo Francisco, porque implica que acceder a cualquier nivel educativo no debe responder a las necesidades del mercado, ni al mérito de cada quien, sino que se trata de una responsabilidad colectiva, de un ejercicio verdaderamente democrático. 

Y es que toda la discusión sobre el acceso a educación debe tener un enfoque interseccional (no me importa la falacia ad hominem, pero ya que Isabel Londoño se dice feminista, sería chévere que le echara un ojito a esa categoría así sea por pura cultura general), porque acceder a la educación no se trata de la posibilidad de estar sentados en un pupitre estudiando inglés, como basicamente dijo en un trino (o un x, como se diga). La clase es reimportante, porque es difícil concentrarse con el presente participio si se está pensando en cómo conseguir lo del arriendo, o con la incertidumbre de saber si habrá almuerzo o no en la casa, o hacer una maestría sufriendo con contratos por prestación de servicios que duran tres o cuatro meses y que tienen horarios de mierd4. Todo eso hace que querer entregar los mejores trabajos no sea necesariamente una prioridad. Claro que hay personas increíbles que lo logran, pero la excepción no debería ser la regla.

Me presenté a muchas becas para hacer la maestría en Colombia o en el exterior, no me acuerdo cuándo desistí, de lo que sí estoy segura es que competí con muchísimas personas y en condiciones desiguales porque soy de un colegio distrital y de una universidad pública históricamente maltratada (a diferencia de la siempre cotizada Universidad Nacional), porque no tuve fiadores, porque entre mis 17 y 21, con todo, la autoexplotación no fue lo suficiente para estudiar y trabajar.

Sería muy lindo que esta discusión abra el debate sobre la democratización del acceso a la educación, pero también sobre la garantía de permanencia, que no es otra cosa que renta básica universal, o sobre la posibilidad de acceder a estudios posgraduales no desde la precariedad y el estrés, sino desde el disfrute y la tranquilidad, como lo fue para las y los gomelos que se beneficiaron con los recursos del Estado a través de la ONG Colfuturo.

Y que no se nos olvide, desde el Estado: ¡Educación primero para el hijo del obrero, educación después para el hijo del burgués!

Posdata 1: siempre ñera, nunca in-ñera.

Posdata 2: que los cartones no nos quiten la calle, no nos dejemos tramar por esa sensación de movilidad social que da un pregrado o un posgrado.

¿Por qué es crucial defender la democracia? una respuesta a El Colombiano

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Estaba agotada de freestalear indicadores y de enfrentarme a esas tablas de Excel que aparecen por montones cada fin de año. Que la tasa de generación, el porcentaje, el documento terminado, que cómo se va a medir el 2026. El caso es que decidí descansar con una lectura corta y muy ligera pero que tuviera relación con lo que pasa en el país, así terminé leyendo un artículo de opinión de El Colombiano.

¿Por qué es crucial defender la democracia? Se pregunta Luz María Sierra, directora de dicho medio. Era justo lo que necesitaba, una reflexión muy chistosa sobre la visión que tiene de la democracia. Me reí, me escandalice, me sorprendí, fue una montaña rusa de emociones en dos minutos. Después de leerlo me sentí vigorosa, con ganas de salir rápido de ese Excel y responder semejante barbaridad.

El artículo es más un cuestionario de 16 preguntas que se acerca a una tarea colegial respondida de afán en TransMilenio, o bueno, en el Metro. Sin reflexión, sin estudiar, es puro pálpito, son como 900 palabras de confirmación del viejo dilema liberal dictadura vs democracia. Tan vacío y flojo que deja de lado la variable oligarquía, y no le permite ir un poquitico más allá y plantearse qué tan democrático es un régimen oligárquico como el de Colombia. Lo de la autora es una reflexión típica de esos sectores tan correctos y biempensantes.

Democracia a secas es todo y nada, para los liberales (no en términos partidistas) es garantía de elecciones, aunque ni siquiera, es el poder insertar un papelito en una urna cada tanto, es la acción de votar y de legitimar su privilegio sin tener que problematizar nada. También es que exista libertad de expresión, pero para expresar lo que los sectores biempensantes o lo que las familias bien quieran decir. Una libertad de expresión tibia o extrema (pero a la derecha, claro), con un evidente sello de clase.

Hace poco quedé enganchada con un texto de Estanislao Zuleta que se llama “Democracia y participación” que se encuentra en el libro Colombia: violencia, democracia y derechos humanos. Es que estoy convencida que para entrar a opinar de cualquier cosa una tiene que instruirse, una costumbre que deberían adquirir algunos y algunas opinadores. Estanislao dice: 

“El derecho fundamental es el derecho a diferir, a ser diferente. Cuando uno no tiene más que el derecho a ser igual, todavía eso no es un derecho. Pero además de derecho —decía Carlos Marx— es necesaria la posibilidad. La democracia va en tres direcciones: la una es la posibilidad, la otra es la igualdad y la otra es la racionalidad. La igualdad debe ser una búsqueda económica y cultural. Es casi una burla para una población decir que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, sino lo son ante la vida.

¿Qué dice la ley? Anatole France dijo en el siglo pasado:  “Queda prohibido a ricos y pobres dormir bajo los puentes”. Desde luego, solo les queda prohibido a los pobres, porque los ricos no van a dormir bajo los puentes. Si no hay igualdad ante la ley se convierte en burla”.

Tener unos acuerdos básicos positivizados en una Constitución, que exista separación de poderes y ficción de libertad no es sinónimo de democracia. Que una oligarquía se valga de su posición de poder para tomar decisiones sobre las vidas y bienes comunes de un país, tampoco es democracia.

Para Luz María, la falta de democracia se traduce, por ejemplo, en no poder elegir EPS. A propósito, hace poco me cambié de EPS, de una mala a otra mala para probar si era menos mala que la anterior. Para mí, eso no es poder elegir cómo quiero ser tratada cuando esté enferma, la elección sobre el acceso a la salud no debería estar mediada por principios comerciales. Dice ella que sin democracia hay apagones digitales, pero se le olvidaron los que se dieron en Siloé en pleno estallido social hace unos años, y también se le pasan cosas como el problemita de la brecha digital y de conectividad, e incluso la brecha en el servicio de luz eléctrica, o las travesuras de Abudinen.

No es solo un pensamiento de la directora de El Colombiano, sino que se trata de una idea generalizada de democracia en occidente y de quienes la aceptan pasivamente , en la que se cree que hay libertad y derechos pero sin importar la ya mencionada posibilidad, en los que la elección no va más allá de decidir cómo queremos que nos maten, o como profundiza Jorge González: 

¡Libertad!, para vivir en la miseria

¡Libertad!, para morir en la cárcel por deudas

¡Libertad!, para torturar al esclavo

¡Libertad!, para proteger al millonario

¡Libertad!, para globalizar el hambre

¡Libertad!, para dejar hecho mierda el planeta

¡Libertad!, defensores del derecho a estafarte

Dicho esto, a continuación voy a enlistar algunas de sus frases célebres en las que indica cómo para ella se proyecta Colombia si no se recupera la democracia que le gusta, que supongo, es la de la oligarquía, de los delfines, de los mismos de siempre. Sin embargo, es raro, porque todas las frases aluden a nuestra historia. Confieso que estuve a punto de hacer un cuadro comparativo en Excel comentando cada uno de los apartados, pero me acordé que este artículo era para descansar de los informes laborales de cierre de año, entonces preferí resistirme a la tentación:

  • “Cuando no hay democracia se suele vivir maluco”: es cierto, pero en su democracia también se vive muy muy regulimbis.
  • “La vida diaria, en algunos países que perdieron la democracia, se convierte en un desafío de cómo conseguir comida, gasolina, pañales y medicinas, día tras día”: o sea el día a día de grandes franjas de la población, incluso, desde antes de la Constitución de 1821.
  • “No existe prensa independiente: solo se difunden mensajes propagandísticos”, lo dijo desde el medio que poco o nada informa.
  • “ La gente no abandona los países democráticos; huye de los autoritarios”, pero no se refiere al éxodo de los militantes de la Unión Patriótica que quedaron, o de la fuga de cerebros, o la búsqueda de oportunidades laborales y en general de la condición de millones de migrantes.
  • “La alternancia en democracia permite renovar ideas, corregir errores y mantener viva la representación ciudadana”: lo chistoso es que en Colombia no conocemos tal alternancia, cambió un poco con el actual gobierno, pero en general lo que cambian son los nombres de los partidos, los apellidos, pero siempre siguiendo la tendencia de la clase política: su fiel compromiso a que nada cambie. 
  • “En la dictadura argentina (…) Se instaló el “terror de Estado”, donde cualquier ciudadano podía ser arrestado o asesinado por sospechas políticas. La democracia, en cambio, se rige por leyes, procesos judiciales y garantías para todos los ciudadanos”: ¿eres tu Seguridad democrática de Uribe? ¿Estatuto de Seguridad de Turbay?
  • “Cuando no hay controles, el poder se dedica a saquear”: ¿en serio querrá hablar de la corrupción de Cambio Radical, el Centro Democrático, el Partido Liberal, el Partido de La U, el Partido Conservador, el Pin, Mira?

Que Luz sacara esta columna no es ingenuo, si de verdad estuviera preocupada hablaría de la amenaza que representa Abelardo de la Espriella o habría planteado un recorrido por las constituciones para señalar que todas fueron pensadas por y para hombres blancos de la oligarquía y cómo estas han contribuido a la profundización de los problemas estructurales del país. En cambio, con 16 preguntas insiste en Cuba y Venezuela, mientras atraviesa una publicación que dice que Iván Cepeda va liderando las encuestas.

Tiene sentido que los medios corporativos tengan miedo, porque ahora el país está entrando en un periodo de democratización, en el que con mil retos y dificultades se están configurando posibilidades reales, para todas y todos. Una democratización en la que la participación no se reduzca a votar por los mismos de siempre. 

Volviendo al buen Estanislao, “Lo que nosotros llamamos una apertura democrática es una búsqueda de una nueva comunidad, de un pueblo que exija, que piense, que reclame, que produzca”, y eso, señoras y señores de la oligarquía, es lo que está pasando, es el resultado de desgaste, de la movilización social, de años y años de pérdida de derechos, de criminalización de la protesta y de la pobreza.

Es que la democracia no se hace de arriba hacia abajo, la democracia no es un pacto de caballeros blancos o de familias biempensantes, no es un favor de la oligarquía, no, la democracia es la búsqueda por la socialización del poder, es disputa. La democracia es y será una conquista popular.

Posdata 1: debí dejarme llevar por mis impulsos y escribir este texto en el trabajo.

Posdata 2: el infierno tiene un lugar para las personas que se inventaron que la creatividad y la vida laboral se miden en metas, indicadores y cuadros desconfigurados de Excel.

Posdata 3: es mejor no dedicar ratos de ocio a El Colombiano.

Posdata 4: ¿cómo le dirían a Estanislao de cariño? ¿Estanis? ¿Estan? ¿Tanis? ¿Lao? ¿Laito?

Posdata 5: este artículo pudo ser una playlist.

Ciega, sordomuda – Shakira
Muevan las industrias – Los Prisioneros
El baile de los que sobran – Los Prisioneros
Ultraderecha – Los Prisioneros
El Niágara en bicicleta – Juan Luis Guerra y 4.40
Tienes que decidir – Liliana Felipe
Know your rights – Tha Clash
Se me olvidó otra vez – Juan Gabriel
La democracia – Ángel Parra
Querido amigo – Chico Buarque

Que el fin de año no te adormezca

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“La Realidad es aquello que,
incluso aunque dejes de creer en ello,
sigue existiendo y no desaparece”
Philip K. Dick

Algunas consideraciones para esta temporada. Recordemos que el fin de año de la ultraderecha no es tan folklórico y festivo como el nuestro. Simplemente aprovechan el entumecimiento del pueblo para tener listos sus envites para el 2026. Máxime, cuando se nos avecinan elecciones. La nefasta élite no usa interiores amarillos, no come doce uvas y mucho menos sale con maleta en mano a caminar las manzanas del barrio. Esos agüeros te los dejan a ti, para que con tu trabajo paupérrimo puedas llegar a fin de mes y con suerte ahorrar lo suficiente para ir a la costa a que te estafen con un pescado de quinientos mil pesos. Jamás los verás citar huevonadas como capítulo uno de este nuevo año, despidamos lo viejo para que llegue lo nuevo o cerrando ciclos para atraer la abundancia. Ellos ya poseen los recursos que a ti te hacen falta. Y lo peor, desean a toda costa que la situación continúe de ese modo. El cierre de año simboliza lo máximo a lo que el rancio empresariado puede llegar. Un pago navideño extra, que si no fuera por movimientos sociales de izquierda jamás llegaría, unos días libres, si estás de suerte, y ojalá sean pocos, para que no pongan en vacancia tu puesto de trabajo y una fiesta desabrida donde puedes ventilar tus miserias con compañeros de los cuales desconfías.

Esas variaciones emocionales difícilmente llegan a este selecto grupo que manipulan el espíritu del pueblo. Recordemos las palabras de Charles Dickens en su famoso Cuento de Navidad: “¡Ésta es la justicia que cabe esperar en este mundo! Con nada actúa de forma más cruel que contra la pobreza y, sin embargo, ¡Nada condena con mayor severidad que cualquier intento por hacerse ricos!”. ¡Nada más absurdo que quieras cambiar tu realidad dejando en manos de estos mequetrefes los hilos del país y del pueblo! Los infaustos partidos políticos siguen en la busca de sus cabezas de lista y posibles candidatos presidenciales. Del Centro Democrático, por citar un ejemplo, sacaron a Uribe Londoño como un perro, luego de comprobar su inutilidad en la futura contienda. La bajeza de aprovechar el fallecimiento de su hijo, no fue suficiente para deslumbrar al uribismo. Como declara el viejo adagio: “Así paga el diablo a quien bien le sirve”.

No es mi intención servir como enemigo de la diversión. Simplemente, el interés fundamental es recalcar en el pathos de la indignación. ¡No olvidemos nuestra conciencia política y social! Lo bello de las tradiciones es la cercanía con los rituales, más no la ceguera de la euforia colectiva que nos hace perder la memoria. Como enunciara Byun Chul-Han, “La humanidad está aquejada de una ceguera mortal. Solo es capaz de advertir órdenes inferiores. Ante las órdenes superiores está ciega (…) Por eso la historia de la humanidad es una “lucha eterna contra lo divino”, que “necesariamente es destruido por lo humano” (Han 12). Ante la élite, somos los inferiores, los marginales. Ellos, a su entender, revestidos con lo divino, están dispuestos a bajar de su pedestal por pequeños momentos. Los verás alimentándose de comida callejera, regresando al país cada cuatro años, viajando en transporte público y escuchando tus necesidades como aquel santo de iglesia, que te recibe cual convidado de piedra. No resta más que desear lo mejor a aquellos que regalan minutos vitales en leer estos textos y que el capitalismo, aquella forma económica en que desfogamos nuestra agresividad, no impere en estas fechas. Se les quiere.

Referencias

Han, Byung-chul (2022). Capitalismo Y Pulsión de Muerte. Editorial Herder, Barcelona

Antifa

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uno de sus mensajes, Donald Trump dentro de su ignorancia declara al supuesto grupo Antifa, como grupo terrorista; todo con el ánimo de crear un enemigo interno, algo muy común a los fascismos. En nuestras latitudes el fascismo criollo existe, es algo innegable, pero tiene particularidades que le son muy propias. Señalemos seis de ellas.

1) La nostalgia por un pasado glorioso. El fascismo es básicamente una fuerza conservadora (neoconservadora), que reposa en los pilares sociales heredados del feudalismo colonial, centrado en fuerzas tradicionales como la religión, la raza (blanca), la familia patriarcal, el ejército, la élite hereditaria de capitales de origen feudal y que, sumada a otra supuesta élite empresarial, se han convertido en parasitarias del estado. Cuando esta fuerza ha tenido que dar concesiones dadas las dinámicas y cambios sociales, y retoma nuevamente el poder, perfila como destino y futuro de la nación, el pasado. Para ellos, “todo tiempo pasado fue mejor”, y reinstalarlo, es su imperativo.

2) La concentración autoritaria del poder. Con el gobierno Petro, se ha hecho visible el enorme poder que los gobiernos anteriores concentraban en el poder ejecutivo sobre los demás poderes y estamentos. Poderes y estamentos que, de algún modo, aún le son fieles. Los juicios a favor de los hermanos Uribe, la lentitud en la justicia para abordar casos de corrupción de anteriores gobernantes, clanes políticos y candidato; el bloqueo en el congreso de las reformas políticas y sociales que desea impulsar el nuevo gobierno, y la cooptación de todos los órganos de control (fiscalía, procuraduría, contraloría, defensoría del pueblo) y de los medios de comunicación, entre otros, todo eso atestigua como el poder hegemónico tradicional tenía prácticamente secuestrado al estado, y hoy por hoy, incluso, todavía funcionan como oposición, creando un estado paralelo; es un estado profundo dentro del Estado. Sobra decir que este estado está al servicio, no del pueblo que eligió a Petro para hacer cambios, sino de las élites que siempre han gobernado y no desean reforma alguna.

3) La deslegitimación de las elecciones y del ejercicio democrático. Si lo hizo Donald Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, se tenía que hacer también en Colombia, por medio de noticias falsas y desinformaciones (fake news). Con el eco de los medios es una estrategia poderosa para crear inestabilidad y deslegitimidad, lo que se conoce como un golpe blando, y ayuda a preparar el terreno para un golpe de estado definitivo. Cada nada se menciona que la elección del presidente Petro es ilegítima dado que, sin pruebas concluyentes, denuncian la superación de topes en los aportes económicos de su campaña, y la intromisión de dineros de dudosa procedencia, lo que ha incitado a la apertura de bulos legales suficientes para crear ruidos mediáticos.

4) Entre la monarquía y el cipayismo. Trump sueña con ser monarca y Milei se cree el rey de la selva. A falta de un exacerbado nacionalismo, para el fascismo criollo es buena la idea de vender las bondades del servilismo. Entrega, traición y servilismo, son términos para designar a ese tipo de personas que, tal como en la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, y reconociéndose como ser inferior, entrega la patria, sus riquezas y los suyos, al servicio de un poder extranjero. Característica heredada desde la conquista española, y que los mexicanos reconocieron en el malinchismo, término que se integra a la figura de la chingada. Nos dice Paz, a propósito del malinchismo y esa doble idea de romper y abrir: “Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados”. La dialéctica de “lo cerrado” y “lo abierto” se cumple así con precisión casi feroz. Por su oscuro apetito por chingarse al que sea y lo que sea (incluyendo menores), Donald Trump, por ejemplo, castiga de manera infame a la nación o persona que no se deje. Ahora se entiende el triste papel de personas como Javier Milei, Vicky Dávila, María Corina Machado, Fico Gutiérrez y el desfile triste de todos los cipayos de diversas naciones que visitaron hace poco la Casa Blanca.

5) Conformación de un grupo de seguridad selectiva. Llámese Camisas Pardas, las SS, la Gestapo, el F2, el DAS, las Convivir, las brigadas de seguridad de Fico en Medellín, o el AIDS en EEUU todos estos organismos de seguridad han sido conformados, a veces creados, con fines específicos de hacer vigilancia, espiar, obtener información, encarcelar, planear y hacer muertes extrajudiciales. Para la legitimidad de su existencia y de sus funciones, se valen de una estrategia de crear un problema y plantear una solución, y para ello usan todos los medios disponibles, incluyendo los medios de comunicación que continuamente promulgan la narrativa sobre la existencia de un enemigo interno que genera un problema y la necesidad de resolverlo. Por citar un ejemplo: enemigo interno (inmigrantes)-problema (s) (inseguridad, apropiación de fuentes de empleo)-solución (creación del AIDS)-accionar (identificar, perseguir, encarcelar, deportar).

6) Usar los medios y el arte para una batalla cultural. El neo fascismo actual no sólo ataca los medios cuando le son adversos, sino que los utiliza con fines de propaganda. En esa alianza entre élite económica y política los medios son un elemento crucial que posibilita crear desinformación a los opositores, aparte que sirve a fines propagandísticos. En Colombia, la clase empresarial son los dueños de los medios, lo que facilita ese acceso directo a la propaganda ideológica, aparte que sirve como una fuerza de oposición y de manipulación. Otro tanto puede decirse del arte y la crítica. Nada de eso de que “el arte es ruptura de la tradición, tradición de la ruptura”, como dijera Octavio Paz. El arte, sugieren los nostálgicos fascistas, debe seguir los parámetros de los cánones clásicos, y punto. Por eso, lo ideal es volver a aquel momento cuando el arte era grande. Antes de contemplar una banana pegada a un muro con cinta, dicen, hemos de volver a Leonardo, Rafael, Rembrandt, Mozart, Cervantes y Shakespeare, y censurar a García Márquez, Botero, Diego Rivera y Débora Arango, que no hacían arte de verdad sino propaganda comunista. Espero, apreciado lector, que con la semblanza de estos seis puntos le sean suficientes para declararse, como yo, en ser Antifa. Tenga en cuenta que, si así lo hace, en palabras de Trump, puede ser considerado miembro de un grupo terrorista.

Referencias

Paz, Octavio. El laberinto de la Soledad. Fondo de Cultura Económica. México. 1989.

Paz, Octavio. Los hijos del limo. Biblioteca de bolsillo. México. 1991.

Yo también quise analizar Lux de Rosalía, y qué

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Ví el video de Rosalía de Berghain. Como era una colaboración con Bjork, Yves Tumor y la Orquesta Sinfónica de Londres, me imaginé que sería una buena producción y así fue. Rosalía saca a relucir su formación musical, Bjork es Bjork y la Orquesta Sinfónica de Londres es perfecta. El video dirigido por Nicolás Mendez, transita entre comercial de perfume, el estilo de Vincent Moon y el del director de moda Yorgos Lanthimos. No hay discusión, estéticamente es una delicia.

La cosa es que llevo a cuestas la maldición de las humanidades, la cultura pop  y la necesidad de relacionar y cuestionar. En serio que trato de ver las cosas tranquilamente, de desconectarme y caer ante los placeres de la vida, pero como dice Marc Anthony, yo trato-trato pero no lo consigo, y aquí estoy, escribiendo este texto.

Compartiré algunas puntadas sueltas sobre Lux:

1.

La Motomami sabe cómo ser un buen producto de consumo, de eso no cabe la menor duda porque ella siempre responde a la demanda de la industria. Cuando se hablaba de la mujer que desea, ella sacó las respectivas canciones; cuando se decía que la tusa no era el fin del mundo, salió Despechá… y así. Ahora, que la tendencia es el minimalismo y el old money, ella se viste de blanco. Su portada en Lux no es la de una reggaetonera sino la de alguien performando en monja/santa, reproduciendo esos estilos que tanto le gustan a las derechas y al conservadurismo.

2.

Lux es sobre una mujer que busca alcanzar a dios, que ahora se dice celibe voluntaria —recordemos que Rosalía se destiñó una parte del cabello para emular una aureola—; que está en el hogar bien guardadita, fantaseando con venados y mapaches; que interactúa con el corazón, pero no con cualquier corazón, sino con el de la iglesia católica; que juega con la sacralidad pero no la resignifica como lo hizo Madonna en su momento con Like a Prayer, por el contrario, se deja envolver por su visión tradicional y la busca desesperadamente.

3.

Según la entrevista que le hicieron a Rosalía en México para el lanzamiento del álbum, su inspiración fue la “mística femenina”, pero no cualquier mística femenina, fue la de las santas que encontraron la redención acercándose a dios. A esto se suma que la respuesta al amor romántico en el álbum no es una problematización, todo lo contrario, siguiendo la lógica de convento, la idea consiste en acercarse al Señor en plan matrimonio, de ahí su performance de monja en la portada. Casarse con un hombre no terrenal, sino divino, para encontrarse a ella misma, haciéndolo de la forma más conservadora y barroca posible. Todo esto acompañado por una estrategia de marketing brillante, con todos los medios hablando de un poema sinfónico que se sale de la moda musical, lo que contribuye a que además sea presentado como lo más revolucionario del momento.

4.

En la serie del Cuento de la criada, basada en la novela de Margareth Atwood, hay una especie de flashbacks, en los que muestran cómo avanzan el fascismo y el fundamentalismo religioso sentando las bases de lo que luego sería Gilead (la “república” teocrática y opresiva que invade y se apodera de casi todo Estados Unidos). Muestran cómo las mujeres son juzgadas por usar ropa deportiva mientras van perdiendo derechos, y se enaltece a quienes juegan con el clean look y la estética vintage de las amas de casa de los 50s —tradwife—. Además, por medio de Serena Joy, la antagonista más despiadada, y su secta, poco a poco se empieza a generalizar “un deber ser” para las mujeres; mientras se va popularizando la idea de que, gran parte de la culpa de la caída de la natalidad era de ellas por planificar, ser libres y trabajar. Así que la solución definitiva debía ser el totalitarismo. Machos creando rituales, estéticas, frases, y las formas de despojar a las mujeres de sí mismas, de sus nombres, del deseo, de lo que habían sido y dándoles un rol de cuidado y procreación. Mujeres funcionales a ese sistema que renunciaban a estudiar y reducían su existencia al cuidado porque era lo que dios demandaba.

5.

Pero ¿qué tiene que ver Rosalía con el Cuento de la criada y el avance de las derechas (para no decir fascismos)? 

6.

El arte es político, un producto de consumo es político. Lo que se dice, como se dice o deja de decirse también. Rosalía no es ajena a esto, hace unos meses fue increpada por el diseñador Dominnico por no hablar de Palestina y su respuesta, o mejor, la respuesta de un equipo de marketing fue lo suficientemente vaga para no incomodar.

Me acordé de Leonardo Di Caprio, el actor y ambientalista que no dijo nada sobre el ecocidio en Palestina porque va a construir un hotel de lujo en territorio ocupado por Israel. Ese podría ser otro artículo, “Despojo y socialité: hablemos de Kim Kardashian y Leonardo Di Caprio”.

7.

El fascismo nunca se fue, después de la derrota militar en la segunda guerra mundial y de todas las reflexiones que se generaron para entender qué pasó; se escondió como una criatura herida, sedienta de venganza que durante décadas estuvo repasando sus errores para aprender de ellos y salir de nuevo para ganar.

8.

El fascismo no son solamente hombres que miran al sol con una camisa nueva o estados corporativistas, tampoco se reduce a figuras como Giorgia Meloni —primera ministra italiana—, ni al señor de tercera edad que insulta a migrantes y quiere que nos invadan los gringos; también es gente como Leni Riefenstahl, bailarina, actriz y una de las más brillantes directoras de cine del siglo XX. No digo que Rosalía sea fascista, pero sí que las condiciones de cada época van perfilando determinados mensajes y modos que van legitimando, precisamente, la implantación de fascismos, y que las industrias culturales y las formas de régimen van coincidiendo.

9.

Mark Fisher señala que en el capitalismo: “la lenta cancelación del futuro ha sido acompañada por una deflación de las expectativas” (2018), y lo que queda es la hauntología, la nostalgia de un pasado como pastiche, como presencia reciclada de lo que fue. Para este caso se ve en las tradwife o las santas como Rosalía. La cantautora echa mano de Simone Weil y de su experiencia mística, y paradójicamente la vacía de contenido político, legitimando su yoismo, mientras busca lo que Enrique Iglesias llamaría “experiencia religiosa”. 

10.

Los productos de consumo logran captar la corta atención de las audiencias y sintonizarlas en función de un deseo. Tal como lo señala Suramericanrocker, “Un tiempo corto pero que parece infinito, como un presente eterno, que autores como François Hartog han llamado “presentismo”. De algún modo Mark Fisher también lo señalaba cuando retomaba la sentencia de Margaret Thatcher para explicar los propósitos de la ideología neoliberal: no hay alternativa. Al anularse la posibilidad de alternativa se da también una sentencia sobre el tiempo: lo que existe es lo que es y no podrá existir nada distinto. Así, con la cultura del segundo, el presente se hace eterno” (2023).

11.

Lo que existe son las tradewife que reproducen una nostalgia de servilismo y sometimiento; una Rosalía muy católica que canta en 13 idiomas para decirle a sus seguidoras que es más fácil apuntar a ser santa que a construir relaciones sanas; o Vogue que marca como tendencia de moda sentir vergüenza por estar de novia, en lugar de hablar sobre la búsqueda de relaciones sanas, la exploración de la soledad, la anarquía relacional, o el poliamor. No se debería tratar de estar in, o estar out. Nos encontramos con unas tendencias en redes sociales que, de forma solapada, nos van indicando qué usar y cómo comportarnos. Se trata de lo mismo de siempre, pero diferente, presentado como resistencia, como si el conservadurismo exaltado por el consumismo se tratase de algo revolucionario. 

12.

Decía en otra reflexión que el capitalismo es como el vinipel porque no solamente envuelve, sino que además, impregna, clona y en algunos casos, incluso, pareciera que el vinipel no está, pero sí. El capitalismo, cual vinipel, se apoderó del feminismo y el empoderamiento femenino para vender y seguir diciéndonos cómo debemos ser sin llegar a incomodar, además domesticando la rebeldía: eres una mujer empoderada, rebelde y fuerte, pero hasta donde yo diga y como diga; pero con un nuevo ingrediente: ya no desde la exaltación consumista del deseo y la sexualidad y la superación individualista del techo de cristal, sino desde el conservadurismo, porque ahora la actitud monja es la moda, o la actitud madre reprimida de los años 50s. 

13.

Así que sin miedo, toca decir que en la cultura se expresan los síntomas de una época. Recordemos que el fascismo avanza, crece y contagia. El fascismo no se perrea, no libera, no ayuda a sanar.

14.

Nunca me fiaré de motomamis, bichotas ni lobas ni de esos productos de consumo que nos venden como feminismo, porque siempre estarán sujetos a los vaivenes de la mercancía, y por ende, a los vaivenes del poder. 

15.

«Nolite Te Bastardes Carborundorum» escribió en un armario la antecesora de June Osborne en la casa de los Waterford: “No dejes que los bastardos te aplasten”.

Referencias

Fisher, Mark (2018). Los fantasmas de mi vida. Caja Negra.

Suramericanrocker (2023). La rudeza de la red: el narcisismo y la percepción de un presente eterno. Revista Hekatombe.

La milla extra

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“La vida era una piedra que lentamente
se iba gastando y afilando”
Raymond Carver

Wilson García devoró los textos de autoayuda seleccionados por su jefe, esa misma noche. Descubrió su mensaje implícito sin ninguna dificultad. Su condición de maestro en Literatura, ayudó con el asunto. Determinó claramente que la competitividad, la proactividad, la sinergia, la mentalidad positiva y demás, forman parte del individuo triunfador. Por encima de cualquier pretensión académica. Tal y como vociferaba su nuevo jefe: —El discurso académico, señor García, genera individuos temerosos al éxito. Si piensa usted por un momento ¿Qué desea el hombre? ¡Triunfar! Ser el ejemplo claro del éxito… A decir verdad, señor García, hizo bien en abandonar su profesión de mierda—. Al terminar dicha sentencia, el señor Abelardo, arregló su corbata de seda y se aplicó perfume. Movió su mano en un ademán despectivo, indicándole a Wilson que dejara el recinto, a lo que este obedeció de manera sumisa.

A la mañana siguiente, Wilson acelera el paso. Camina por el pasillo que lo lleva al ascensor y al abrirse la puerta, se dirige de forma presurosa al espejo ubicado en la parte posterior. Se mira de palmo a palmo con un gesto ambiguo de supuesta seguridad. Aunque, más que nada, en su interior reverberaba conmiseración y asco de sí. ¿Cuánto debía soportarse para llevar algo de pan a la boca? Repitió el mantra empresarial: soy un ganador, soy un ganador, ¡SOY UN GANADORRR! Con tono ascendente y gesto aguerrido. En la marcha, recordó su antiguo trabajo como docente. Las clases y el designio curricular: —Usted debe ser un sujeto didáctico señor García, debe ser más de la praxis y no del discurso, recuerde que más allá del pago, esta labor es una vocación—. Al tener presentes dichas palabras, supo que su futuro eran los negocios multinivel y las ganancias residuales. Influencia en los demás y trabajarán para ti. Tal y como lo planteaba el señor Abelardo, su nuevo jefe y amo. Escuchaba noticias en la radio. Desfalcos gubernamentales, polarización ideológica, protestas… bla, bla, bla. No iba a permitir que energías negativas invadieran su ser. Había hecho lo suficiente para atraer el éxito, empezando con la donación de sus libros de corte literario y teórico al reciclaje de la iglesia. Ahora era un nuevo individuo, producto de conferencias para asegurar el triunfo, batidos a base de multivitaminas y atuendos de corbata que daban presencia a un hombre de mundo.

Al entrar a la oficina, la charla motivacional del Dr. Abelardo no se hizo esperar. Más que otra cosa, profirió palabras sentenciosas que invitaban a cumplir un mínimo de producción y labores. ¡La milla extra señores! ¡la milla extra! Atrás quedaron posturas académicas que no sirvieron de mucho para ganar el sustento. La academia fracasó en el país, pensaba Wilson. Sus extensas jornadas de lectura le parecían cosa de hippies, peor aún, mierdas de izquierdosos comunistas. Su vida ahora, estaba ligada a comunidades de bien, con valores morales y no a pensamientos marginales de vagancia y conformismo, como aseguraba su nuevo amo.

Su ejercicio laboral transcurría en la pesca de nuevos clientes. Lidiaba con la persecución constante de su supervisor, incluso de sus propios colegas. Ofrecía productos a diestra y siniestra. Los jugos de la eterna juventud, el café con beneficios orgánicos, oportunidades únicas de pertenecer a una compañía donde podrás ser tu propio jefe, en síntesis, todo el paquete del emprendedor posmoderno.

— ¡Señor García! —, chillaba su jefe. — He recibido ciertos comentarios respecto a su rendimiento por parte del supervisor. Recuerde que el éxito se asegura con mentalidad positiva y buenos resultados. Debe seducir a sus clientes, mostrándoles un discurso encantador. Me sorprende que usted, siendo docente, no tenga presente estas cuestiones clave. Pero descuide que yo entiendo, la inteligencia emocional para influenciar en los demás es algo que no lo enseñan en las universidades —.

Las palabras del Dr. Abelardo cayeron como patada en las pelotas. Sumado a esto, la propuesta del departamento de calidad tomó forma. Agregar nuevos formatos que harían las delicias de los ya diezmados descansos de Wilson. Este imprevisto lo desestabilizó. Entendió que debía dar más de sí a la compañía. De ser necesario, debía limpiar la bota que le pateaba la cara. Porque “para ser un verdadero triunfador, debes recibir muchos golpes que fortalecerán tu espíritu”. Lo repitió mentalmente y recordó varios lemas de sus nuevos gurús de la autoayuda.

 “Sanitarios atascados y sociedad atascada”. Sin buscarlo, venían a su cabeza algunas líneas de su escritor favorito en la universidad. “Agonía siempre agonía, recuerda esto cuando pises una cucaracha o tomes una hoja de afeitar antes de salir a soportar el sol”. Otra de las representaciones del hombre posmoderno que recordaba con nostalgia. Algo totalmente alejado al pusilánime en el cual se había convertido ahora. Pero al que, con fervientes deseos de reconocimiento, amaba y odiaba con la mayor de sus pujanzas. Como Dorian Gray negándose a reconocer su propio reflejo.

Esta dualidad lo aturdía. Sentirse damnificado del discurso académico y ahora un paria en el mundo neoliberal. Algo que convertía su existencia en una piltrafa. En el fondo de su ser seguía albergando la idea de revolución. Un concepto tan trillado, que el mismo Wilson lo asociaba a una estrategia de control económico y social. Un auto—sabotaje que se nos había impuesto para digerir de forma tranquila el gran mojón de mierda que, muy diligentemente, nos preparan a diario.

Terminado el frugal almuerzo, es citado a la oficina del supervisor. Luego de una breve charla descifró que no lo veían apto para aquel trabajo. Debía reinventarse. ¿Cuántas veces había que hacerlo? Levantó su mirada para encontrarse con la frase del día en la oficina: “Cuando quieres algo, el universo conspira para ayudarte a conseguirlo” Paulo Coelho. Giró la mirada a la oficina del Dr. Abelardo, atisbando que el supervisor salía con un rostro, mezcla de satisfacción y arrogancia. Sin quererlo, retumbó en su cabeza la imagen de la “garrapata” del escritor Severo Sarduy. Sintió alegría y asco al unísono, mientras por el altavoz retumbaba: —»El señor Wilson García dirigirse a recursos humanos lo antes posible por favor”.