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La trampa de la libertad

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Cuando nos ahoga la impotencia, escribimos. Cuando la realidad avasalla sin tregua, escribimos. Cuando la inclemencia del sinsentido, desborda cada espectro existencial, escribimos. Así damos inicio a este nuevo año, donde las bombas de la mal llamada libertad, arremeten contra la soberanía de los países. Con esta apertura, su humilde servidor, luego de una temporada de descanso, se dispone a iniciar con sus textos, esperando que algún ser humano desocupado sobre la tierra, se acerque a ellos y los disfrute. Con el concepto de libertad, referido con antelación quisiera iniciar la escritura en este 2026. ¿Es la idea de libertad una trampa del capitalismo? ¿Estamos frente a un bien de cambio en donde el “libertado” acarrea los costes de tal adjetivo? El convulso principio de año, con la incursión del grotesco dirigente gringo a territorio venezolano, expone una vez más, la crisis dialéctica de nuestra contemporaneidad. A saber, la palabra libertad y su simbología, deliberadamente son hurtadas por tiranos para legitimar intenciones expansionistas. La estrategia de la manumisión para la manipulación, no es más que una transacción material con fines económicos. Y lo que es peor, dicha eventualidad dialéctica del materialismo más puro, reafirma posturas innobles de personajes estúpidos que aplauden el colonialismo gringo como una forma legítima de liberación. Es como si hubiésemos perdido la aureola, aquella representación de la más tierna inocencia, tal y como referencia Byun Chul-Han a Baudelaire en su obra La Crisis de la Narración, quien dice: “Hace un momento, cuando atravesaba a toda prisa el bulevar, saltando sobre el barro a través de ese caos en movimiento donde la muerte llega al galope desde todas partes a la vez, al hacer un gesto brusco se me resbaló la aureola de la cabeza y cayó al barro del asfalto” (Han 73).

A este concepto de libertad que desea imponerse a fuerza de estallidos e invasión, podríamos esbozar dos posturas contrarias, fácilmente visibles e interpretables en tal situación, a saber:

Libertad como tutelazgo fatídico ejercido por grandes potencias:

La figura del “cipayo”, es y ha sido un eje estructural nefasto en nuestras latitudes. No hace mucho vimos como la excelsa Nobel de paz, María Corina Machado, sin ninguna vergüenza y en una ceremonia más cercana a aquella sumisión que todo territorio conquistado debe asumir frente a su tirano, entrega el reconocimiento recibido en Estocolmo, como muestra de un servilismo miserable al presidente gringo Donald Trump. El despotismo fascista que presenciamos actualmente, es la legitimación clara de las intenciones neoliberales de expansión y explotación de recursos naturales. Ya el grotesco rey naranja lanzó afirmaciones claras, indicando que el petróleo venezolano es ahora un recurso gringo. Lo reclama como pataleta infantil de niño en supermercado y bajo la coyuntura de la oleada de archivos Epstein desclasificados, en donde su rostro y nombre figuran por doquier.  Aquí la farsa de la libertad, trasluce la mentalidad fatídica de una gran parte de ciudadanos, no solo venezolanos, sino latinoamericanos. Para no ir muy lejos, en nuestro país también tuvimos conatos claros de traición a la Patria por algunos de nuestros nobles congresistas. A saber, los analfabetos de J.P. Hernández, Lina Garrido y obvio, la Dr. Mafe Cabal. Como estableciera Erich Fromm en su obra El Miedo a la Libertad, “en la lucha por la libertad, durante la época moderna, toda la atención se dirigió a combatir las viejas formas de autoridad y de limitación, era natural que se pensara que cuanto más se eliminaran estos lazos tradicionales, tanto más se ganaría en libertad (…) Si bien el hombre se ha liberado de los antiguos enemigos de la libertad, han surgido otros de distinta naturaleza” (Fromm 122).

En este caso Fromm nos da a entender que la representación simbólica de libertad, es una abstracción de las luchas primigenias contra tiranías y estructuras castrantes. Lo que viene a asimilarse hoy como recurso de lenguaje ultraconservador y fascista. A saber, toda idea de libertad vale la pena, siempre y cuando aquellos que la van a saborear, sin darse cuenta, terminan siendo integrados a una pequeña parcela neoliberal. Libre mercado, libre prensa, libre opinión, libertario, son por citar algunos de los conceptos lanzados por la derecha y que no representan otra cosa más que un convidado de piedra.   

Libertad en el desarrollo autónomo de naciones, tildado de izquierdismo y tiranía:

Ahora bien, ¿Qué sucede cuando una nación soberana decide establecer sus principios de libertad, alejada de las grandes potencias, en busca de su autonomía cultural y económica? Cuando dicha eventualidad surge en naciones pobres y dependientes, el lenguaje de poder se acomoda de manera conveniente. Acuñan dicho fenómeno a las izquierdas recalcitrantes, donde si bien, algunos casos dictatoriales se han hecho presentes, no hay duda que la desigualdad económica y el abuso neoliberal han impulsado aquellas situaciones. Como enunciaba Fromm, los enemigos de la libertad, surgen de diferente naturaleza. Si bien el infortunio de las causas revolucionarias es cambiar un tirano por otro, en algunos casos, no cabe duda que la indignación popular pesa en dichos propósitos. En este orden de ideas, la representación lingüística de tiranía es desvirtuada, por cuanto es el pueblo quien debe decidir los hilos de su destino y estructuración. Citando nuevamente a Fromm: “Nos sentimos orgullosos de no estar sujetos a ninguna autoridad externa, de ser libres de expresar nuestros pensamientos y emociones, y damos por supuesto que esta libertad garantiza –casi de manera automática- nuestra individualidad. El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios” (Fromm 248).

La balanza de la mal llamada libertad, se inclina a la derecha. La validez de su lucha solo es reconocida, en aquellos escenarios donde las grandes potencias deben incursionar a legislarla ¿No debería ser tarea de su pueblo? ¿No deben los organismos internacionales interferir cuando la violación de derechos humanos sea sistemática, independiente el espectro ideológico que la cause? En un sistema mundial ideal, quizá todo funcionaría bajo dichos parámetros. En un régimen que no estuviera arrodillado a los designios colonizadores y extraccionistas de los imperios moralmente decadentes. Este juego macabro sádico/masoquista, ha trazado las relaciones mundiales. Concluyendo con Fromm, “el sometimiento de los otros, el ejercicio de una forma tan ilimitada y absoluta de poder que reduce a los sometidos al papel de meros instrumentos, “maleable arcilla en las manos del alfarero” (…) explotarles, robarles, sacarles las entrañas” (Fromm 158).

Referencias

Fromm, Erich (2012). El Miedo a la Libertad. Editorial Paidós, Bogotá

Han, Byung-Chul (2023). La Crisis de la Narración. Editorial Herder, Barcelona

De qué hablamos cuando hablamos de socialismo, comunismo, colectivismo, anarquismo y anarquía

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Por: Editorial Residua

Si usted, al igual que nosotrxs, se ha visto en aprietos para definir estas palabras —o para entender de qué le están hablando cuando las utilizan—, no se sienta mal: no está solx. Es más, le contamos que no solo usted y nosotrxs andamos perdidxs con este asunto, sino que el embrollo viene así desde hace ya varias décadas. Por ello, por allá a inicios del siglo XX, Augustine Hamon (1862-1945), un importante teórico francés, dedicó la obra Socialismo y anarquismo: estudios sociológicos, definiciones (1907) a esclarecer estas palabras que, por el exceso de uso, resultaban ya en ese momento significando muchas cosas y, a la vez, nada. 

Para lograr su objetivo de conseguir una definición “clara, precisa y satisfactoria” de estas palabras, Hamon se remite directamente a los intentos de definición o a las alusiones de un sinfín de autorxs de todas las vertientes ideológicas (anarquistas, marxistas, socialdemócratas, pero también personajes de vertientes reaccionarias y conservadoras, sin olvidar otras fuentes, como diccionarios o enciclopedias), y relaciona qué puntos en común y qué puntos en contra tienen estos intentos de definiciones.

Por ejemplo, una de las múltiples definiciones que analiza Hamon dice que “el socialismo es el colectivismo, es decir, la apropiación, administración, por medio del Estado, de todos los medios de producción” (P. Lerouy-Beaulieu).

Esto es erróneo, según Hamon, porque, en primer lugar, el colectivismo es una variedad del socialismo, no su equivalente exacto (como veremos más adelante). En segundo lugar, esta definición crea la ilusión de que las ideas socialistas perciben al Estado como una herramienta revolucionaria necesaria, lo cual excluye una variedad amplísima de teorías que no coinciden en este punto, como el anarquismo.

 Porque sí, aunque no sea tan común escucharlo actualmente, muchos anarquismos se definen a sí mismos como “socialistas”. Sin ir más lejos, Bakunin, en los Congresos de la Internacional, se declaró como tal: de allí su famosa frase “la libertad sin el socialismo es el privilegio y la injusticia; el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad”. 

Entonces, ¿Qué es el socialismo?

Como vemos, algunas corrientes consideran que el socialismo necesita del Estado para realizarse, mientras que otras, que también se afirman socialistas, buscan su disolución. Hamon explica esta contradicción argumentando que el “socialismo”, en su sentido estricto, apunta a un horizonte económico, mientras que estas posturas aluden más a una orientación político-moral.

Por ello, conciliando todas las posturas que encuentra en su investigación, propone esta definición:

SOCIALISMO: sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— los medios de producción están socializados”.

Observamos, entonces, que se alude a una postura o a un horizonte económico relacionado específicamente con la socialización de los medios de producción (tierra, máquinas, fábricas, y el largo etcétera de cosas semejantes que se le ocurran), no a una determinada forma de conseguir dicha socialización. Es decir, ni a la toma del Estado ni a su disolución, pues todxs lxs socialistas buscamos lo mismo, pero diferimos en cómo conseguirlo.

Por esta misma línea, Hamon propone una definición del comunismo y del colectivismo, que entiende como vertientes también económicas dentro de las ideas socialistas. Así, apunta:

COMUNISMO: variedad del socialismo. Sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— los medios de producción y los objetos de consumo, es decir, todas las cosas apropiables por el ser humano, son posesión común”.

Como vemos, aunque se suelan utilizar como equivalentes, “comunista” no significa únicamente “marxista”, pues apela a una orientación económica que el marxismo comparte con otros idearios socialistas, como con el anarcocomunismo.

Por otro lado, Hamon sintetiza las ideas colectivistas en la siguiente definición:

COLECTIVISMO: variedad del socialismo. Sistema de sociedad en el cual —doctrina social según la cual— únicamente los medios de producción se poseen colectivamente”.

Así, “la diferencia entre comunistas y colectivistas se sintetiza en la forma de distribución de los productos” (p. 68). Pues en el comunismo se reparte “a cada quien según sus necesidades”, mientras que en el colectivismo la repartición se hace “a cada quien según sus obras”. Es decir, en este último sistema, los objetos de consumo son propiedad individual.

¿Y el anarquismo y la anarquía?

Como podemos inferir por las definiciones anteriores, primero, una buena parte de los anarquismos pueden denominarse socialistas; y, segundo, su variación con las otras teorías socialistas radica principalmente en la orientación política-moral de lxs anarquistas, pues estxs buscan organizarse, y que la sociedad se organice, horizontalmente (lo que implica, entre otras muchas cosas, la desaparición del Estado y de las diversas relaciones de poder). Esta particularidad la sintetiza Hamon en las definiciones:

ANARQUISMO: sistema, doctrina o teoría —o conjunto de sistemas, de doctrinas o de teorías— relativas a las sociedades en estado de anarquía”.

ANARQUÍA: estado de sociedad sin gobierno, sin poder, sin autoridad constituida”. 

Naturalmente, Hamon, a pesar de su exhaustivo estudio, no posee la verdad absoluta sobre estos conceptos y mucho menos sus conclusiones son irrebatibles, aunque sí nos pueden dar algunas bases sobre las cuales construir nuestras propias definiciones y buscar nuestras afinidades con alguna tendencia socialista. Por ello, y para construir comunitariamente, te invitamos a compartir en los comentarios las dudas, diferencias o inquietudes que tengas frente a lo que aquí te contamos.

SALUD Y ANARKIA

Bibliografía

Hamon, A. (1907). Socialismo y anarquismo: estudios sociológicos, definiciones. F. Sempere y Comp. Editores.

Westcol: el rostro en el mástil de la barca

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Por: Héctor Miguel López Castrillón

No han sido pocos los artefactos y los medios culturales empleados por la humanidad para expresar su estrecha relación con la locura. “Loco” llaman al ex arquero colombiano René Higuita y al antiguo alcalde de Bogotá, Antanas Mockus. La izquierda, por ejemplo, ve en María Fernanda Cabal una demente capaz de lanzar cualquier disparate, mientras que la derecha piensa que el gobierno nacional está en manos de un sátrapa desatinado: el ministro tiktokero que aparece en reels con peluches de Hello Kitty.

Los colombianos flotamos en alta mar en una estructura de madera semejante a la que representó El Bosco en su retablo de 1504: La nave de los locos. Allí, un conjunto de figuras humanizadas se desplaza en una barca sin destino aparente, representando, cada una de ellas, las anomalías morales que trasnochaban a Foucault: la monja, el fraile, el ladrón, el bufón. ¡Herejes, pecadores, lujuriosos, ambiciosos y rateros! En la parte superior de la escena se observa el mástil de la balsa, acompañado de un rostro ilegible cuya identidad está por resolverse. Algunos dicen que es un demonio, otros, una lechuza; el hecho es que sus ojos observan la degradación moral de los navegantes, que interactúan entre sí en movimiento browniano.

Cuando abro mi cuenta de TikTok recuerdo aquella pintura de El Bosco, pero, en vez de un demonio en el mástil, veo el rostro sonriente de Westcol, el streamer y creador de contenido más importante del país. Este veinteañero paisa, poseedor de una fortuna exorbitante, emergió en un momento de cambio cultural y crisis sociopolítica que le permitió consolidar un tono, un imaginario y una legitimidad entre los millones de jóvenes y adolescentes que se sienten conectados con él. A pesar de las cancelaciones provenientes de diferentes sectores, Westcol logra sostenerse y esquivar el maremágnum de críticas que le hacen. Su figura es una grieta abierta que canaliza ideas y lenguajes coherentes con la reacción conservadora que tiene en apuros al establishment izquierdista.

La desconexión generacional en Colombia se agudizó con las redes sociales. Mientras los treintones y cuarentones se siguen riendo de las sátiras de Santiago Moure y Martín de Francisco, dos arquetipos anticuados de crítica sociopolítica que ni siquiera producen cringe entre los menores, Westcol y los navegantes de esta barca —Chanty, Mr. Stiven, Cris V, por mencionar algunos— dieron rienda suelta a su locura: el hundimiento definitivo de la vigilancia moral. De manera efectiva, oxidaron el paradigma de lo “políticamente correcto” a través de opiniones homofóbicas, xenófobas, sexistas, racistas y clasistas. Inclusive, circulan en redes teorías creadas por Westcol como la denominada Teoría de Milica, la cual dice que, después de una relación sexual sin condón, la mujer comienza a hablar y expresarse igual que el hombre que eyaculó dentro de ella.[1] Lo paradójico de este ejemplo es que la propia influencer argentina regresó a Buenos Aires (después de una corta estadía en Medellín) hablando más paisa que Rigoberto Urán, lo que provocó burlas y cuestionamientos entre sus connacionales.[2] 

Me impresiona la efectividad de los mensajes y opiniones de Westcol, reproducidas en perfiles y plataformas donde le habla directamente a niños, jóvenes y adolescentes. Su imagen de empresario hetero, estampa fehaciente del ser masculino, honesto en su parecer y seguro de sí, capaz de confrontar y salirle al ruedo a quien sea, le funciona hace mucho tiempo para ofrecerle recomendaciones a su enorme comunidad, sobre métodos para conseguir dinero, establecer relaciones sentimentales y entender las señales comunicativas de las mujeres: “El que demuestra mucho el amor pierde, pa”, “Mujer que tolere infidelidades sí sirve pa’ esposa”, “Man que coma travesti es gay”.

Su habilidad para crear enemistades reales y ficticias le permite configurar escenarios de lucha constante por defender aquello que ha edificado a pulso. Sus haters no solamente provienen de la fama, como Feid, Gina Calderón o el irreverente cantante de trap Pirlo, sino también de colectivos feministas, políticos y civiles que le han exigido, en diversas oportunidades, retractarse públicamente por sus comentarios (sin éxito alguno). Su autopercepción como caballero cruzado en contra de la vigilancia moral y el correctivismo de quienes, según él, desean verlo arruinado, es la gasolina que alimenta su enorme maquinaria cultural.

Hemos tardado mucho en dirigir nuestra mirada hacia este tipo de personalidades que marcan el rumbo cultural del país y establecen pautas de comportamiento en la actualidad. Observen a sus sobrinos adolescentes porque seguramente alguno de ellos encaje en el arquetipo Westcol: gorra tipo USA, camiseta oversize sin estampados, jean ancho, tenis deportivos, reloj grande, cadenita en el cuello, corte de cabello moderado y barba pulida. Probablemente, también encuentren que les gustan más los energizantes que el café —especialmente si estos tienen el rostro de Blessd en el envase—, ver los partidos de micro en barrio Antioquia y jugar FIFA con amigos, mientras emplean la palabra “gay” para señalar cualquier infortunio.

El izquierdismo y los sectores alternativos se quedaron anclados en un mundo que existía hace quince años, incluidas las ciencias políticas, humanas y sociales, que con dificultades ofrecen elementos para comprender estos fenómenos. Darles la espalda a los navegantes de esta balsa al garete, les permitió coger ventaja y tener una influencia cultural enorme en las generaciones que vienen.

Me parece importante, por ejemplo, ver el resumen de la última transmisión de Westcol con su exnovia, la polémica influencer Aida Victoria Merlano. Quizás nos sirva para entender que lo novedoso ahora no es la responsabilidad afectiva, los besos de tres, la deconstrucción, las orientaciones de género, la ética del cuidado, el poliamor, ni nada de esos asuntos que los tíos Millennials presumen como logros, sino todo lo contrario: regresar a los valores que cimentaron el ordenamiento social, al parecer menoscabados por la ideología woke, pero haciendo uso de nuevas herramientas de vigilancia como la ubicación de WhatsApp o los aplicativos que permiten ingresar al teléfono de la pareja en tiempo real.

Ignorar esta realidad sin flexibilizar algunos principios ideológicos nos seguirá alejando de su comprensión, especialmente si se trabaja con niños y adolescentes. Mientras el ángulo de acercamiento para hacerle frente a esta arremetida conservadora sea la vigilancia moral y el correctivismo, la balsa seguirá al mando de Kiko, la Rata, el Blandito, la Cabra, Cris Bareta, La Liendra, Kris R, Mr. Estiven y Milica.

Nota: mientras cientos de analistas políticos reflexionaban sobre la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Blessd y Wetscol publicaron un video en YouTube dando su opinión. En tan solo 18 horas alcanzaron 30.318 visualizaciones[3].

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Héctor Miguel López Castrillón. Candidato a Doctor en Estudios Políticos (Universidad Externado de Colombia), Maestro en Estudios Históricos (Universidad Autónoma de Querétaro) e Historiador (Universidad de Caldas). Profesor e investigador universitario en las áreas de estudios policiales, historia cultural, intelectual y de las derechas. 


[1]Canal West Contenido, La Teoría de Westcol, YouTube Short, 08 de septiembre de 2025,   https://www.youtube.com/shorts/8JDby8MGpq.

[2]MDA Noticias, La reacción de Milica ante gestos de Coscu por su acento colombiano, YouTube Short, 15 de noviembre de 2025, https://youtube.com/shorts/fiiXDxBd5j0?si=Tz3d3HwtEmumEeSM.

[3]Canal WestCol, Westcol y Blessd dicen que a Nicolás Maduro lo vendieron, 5 de enero de 2026, https://youtu.be/w6oEAD7v1bA?si=Xjf2Z3v52negN3i3

“Este es nuestro hemisferio”: el imperio de USA y la batalla afectiva

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Intentar escribir sobre esto está pesado. Sea lo que sea que digas te clasificarán en uno de los dos polos en los que dicotómicamente se ha planteado el debate durante estos días: estás haciendo “venezuelasplaining” porque no vives en ese país y deberías callarte, o estás defendiendo a Maduro si criticas la invasión imperial de Trump porque el país vecino hace tiempo que no era soberano. Pero bueno, aquí estamos lanzándonos al vacío de la opinión pública donde cada vez es más difícil tener conversaciones que no terminen en un “petrista perra hp”. El bajísimo nos proteja. (Por si las dudas, soy más bien una gata).

En estas pocas líneas quisiera centrarme en un elemento clave para el análisis político. Lo ha sido desde siempre, pero hoy que tenemos acceso a tantísima información lo vemos con mayor contundencia: los afectos son el corazón de la forma en la que se va configurando el poder político. Son muchas las tesas que han conceptualizado los afectos, pero aquí voy solo a mencionar a la filósofa colombiana Laura Quintana, quien va a articular esta categoría con otra que ella nombra como lógica inmunitaria en su texto “Rabia: afectos, violencia, inmunidad” publicado en 2021.

La lógica inmunitaria es aquella que “asume el espacio social como un organismo, cuya integridad se ve amenazada por “algo extraño” que lo contagia y contamina, al alterar y poner en riesgo su “identidad”, “salud”, “seguridad”. Se trata de una comprensión militarizada del sistema inmunológico, proyectada al espacio social, desde la cual aquel se comprende como un sistema de defensa y eliminación de cualquier extraño que ataque la integridad del cuerpo (individual o social)” (p. 18).  A las actitudes estigmatizantes que aparecen en la vida cotidiana, Quintana las nombra como afectos inmunitarios, que da cuenta del otro fijado como riesgo.

“Estudiar es pa´ los pirobos que estudian”, afirmaba una filósofa dosmilera en el famoso tratado videográfico titulado “Las ñeras de la loma”, así que intentaré dar cuenta de lo citado con ejemplos de lo que nos está pasando con este gringo color pollo del Ara. Los afectos inmunitarios que quedan como resultado de esta lógica, hacen que todo ser distinto a mí lo vea y lea como una amenaza, ya sea para mi forma “correcta” de ver el mundo, para mi familia, para mi país o para la sociedad que tenemos. El otro ser que es tan distinto me resulta como un bicho raro, y por eso preferiría que lo exterminaran, para no tenerme que topar con él. (Espero que a Quintana no le de un ataque por mi forma de explicarlo. TQM).

¿Pero qué tiene que ver todo esto con la USA? Resulta que la forma en la que se consolidan los imperios no tiene que ver únicamente con acciones de colonialismo, donde a través de acciones militares y violentas invaden un territorio para anexarlo a su ordenamiento político-administrativo. También, como ya mucha pipol decolonial lo ha detallado, se requiere de un proceso de transformación de nuestras mentes, deseos, opiniones, emociones y proyectos de vida, para que además de que nos invadan la tierrita, demos las gracias por ello y le digamos a quien opina distinto que es un bobo hp y que queda mejor con una bolsa en la cabeza. Para eso son fundamentales los afectos.

El 7 de enero la DW en español publicó un video en Instagram de los bailes de Maduro y Trump que tenía el siguiente pie de foto: “Trump se burla de los bailes de Maduro y dice que lo intentaba «imitar».
El presidente de EE.UU., Donald Trump, se burló de los bailes de Nicolás Maduro y afirmó que intentaba imitarlo, al tiempo que lo calificó de hombre violento y lo acusó de haber matado y torturado personas. Según The New York Times, esas apariciones públicas habrían irritado a asesores de Trump y contribuido a la decisión de autorizar la operación que llevó a su captura”.

Hágame esa pues. Esas tú no las tienes. En un canal internacional logra tener protagonismo mediático que dos figuras presidenciales bailen peor que un papá Noel del Dollar City, y se le da relevancia a que la irritación provocada por tal desastre sea uno de los motivos que llevaron al imperio gringo a invadir Venezuela y capturar a Maduro. ¿Khe está pasanda? Pues que esto parece banal y gracioso, pero en el fondo, activa nuestros afectos y nuestra lógica inmunitaria.  Hace que veamos a Maduro como un imbécil que habla de la multiplicación de los penes y no de los panes, que habla pésimo inglés y baila ridículamente, y a un Trump que además de poderoso es gracioso porque baila en sus alocuciones mientras sostiene el micrófono con una mano, mientras con la otra firma invasiones militares y oculta los archivos que prueban su pedofilia. Y todos los días nos avientan capsulitas similares.

La lógica inmunitaria, a la cual contribuye la prensa, las redes sociales, los discursos de los partidos y sus figuras más visibles, los pronunciamientos institucionales, entre otras arquitecturas del poder, nos arrinconan para que tomemos una u otra postura. Y ojo, postura hay que tomar, porque nada más cómodo que decir que yo de estas vueltas no opino porque no están pasando en el patio de mi casa (sí claro ajá cómo no), pero los afectos que se imponen te dicen que estás del lado de la gente de bien o del lado de la izquierda mamerta que “todo lo arruina”, y no hay ningún matiz posible. Soy de tu mismo pensar, o soy una estúpida de sobaco peludo que me vería mejor con un tiro en la sien (debo asumir que sí tengo el sobaco peludo). Y mientras nos aniquilamos en redes sociales, la invasión imperial sigue su curso y nos quedamos en el rincón llorando en el celular mientras las calles y campos son reventadas a bombazos o militarizadas por los ojiazules con mejillas color mortadela.

¿Cómo construir otros afectos posibles en medio de esta batalla inmunitaria? ¿a quiénes leo o escucho todos los días para analizar lo que está pasando? ¿cuáles son las voces protagónicas en medio de estos momentos tan dolorosos? Creo que nos toca detenernos un toque, desconectar el celular por momentos, escucharnos entre vecinas de unos u otros países con quienes tenemos en común más de lo que nos hacen creer con sus bailes de mierda. Al final quienes asumen las consecuencias más crudas de todo lo que acontece no son únicamente quienes ocupan los palacios presidenciales, y obvio que esta batalla afectiva se está profundizando en estos tiempos electorales en Colombia.

Mientras nos deseamos la muerte y creemos que quien está del otro lado del debate tiene la misma masa cerebral de la barbie, perdemos la posibilidad de disputarnos los afectos que hoy hacen que votemos por quien va a permitir que nos destruyan y arrasen con todas las formas de vida que nos acompañan. Creemos que la disputa es únicamente racional, y la cosa es evidentemente bastante emocional. A mucha gente no le importan tanto los datos, porque le emociona más que un candidato saque una motosierra en un estadio, cante ópera en navidad o lleve gratis a un comediante de Sábados Felices a amenizar su campaña. 

El 1 de mayo de 1981 Margaret Thatcher dijo en una entrevista: “La economía es el medio; el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. Esta frase muestra que el objetivo de configurar nuestros afectos ha estado presente en el plan de estos personajes desde hace rato, haciéndonos “inmunes” a todo aquello que no comulgue con su estatus quo.

Entonces, ¿A quién le pertenecen tus afectos? ¿son también de aquellos que hoy se nombran como dueños de este hemisferio? ¿todavía creen que hablar de emociones y afectos es una banalidad?

Venezuela: una cabeza de caballo ensangrentada en la habitación

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A propósito de la intervención militar gringa

Como en el béisbol, las implicaciones de la intervención militar del gobierno de Trump en Venezuela pican y se extienden. Ni todo comenzó en la madrugada del 3 de enero de este año, ni se agotará en ese episodio. La retención de Nicolás Maduro y Cilia Flores se inscribe en una secuencia más amplia de acontecimientos y maniobras orientadas a un propósito fundamental: reposicionar a Estados Unidos como amo y señor del hemisferio, en general, y de América Latina y el Caribe, en particular. Conviene no perder de vista que este afán por recuperar el terreno perdido responde a la necesidad estratégica de Washington de contener y desactivar el peso creciente de imperialismos emergentes, como China y Rusia, cuya presencia económica, política y militar se ha venido ampliando progresivamente en la región durante las últimas décadas.

Desde la posesión de Trump en enero de 2025, el gobierno de Estados Unidos ha venido fabricando una atmósfera destinada a anunciar el retorno de su versión más imperialista y abiertamente intervencionista. La guerra arancelaria; las órdenes ejecutivas para declarar organizaciones criminales venezolanas como terroristas y enemigas del Estado norteamericano; la reactivación de la narrativa del Cartel de los Soles; la autorización a la CIA para realizar operaciones en territorio venezolano; el despliegue de portaaviones y tropas en el Caribe; y la piratería de Estado aplicada a cargueros petroleros venezolanos fueron pavimentando el camino hacia la intervención. Una intervención que, además de descabezar al régimen —dejándolo deliberadamente vivo para renegociar ciertas condiciones e intereses desde una posición de mayor fuerza—, se constituye en un auténtico aviso a navegantes: docilidad y sometimiento absoluto a los designios imperiales de Trump, o catástrofe.

Paralelo al uso del gran garrote retórico, arancelario y militar, el gobierno de Trump ha venido combinando múltiples formas de injerencismo que, por ser menos espectaculares, suelen pasar por debajo del radar, pero que igualmente tributan a la estrategia general de recomposición del proyecto imperialista en la región. Los chantajes asociados a rescates financieros en Argentina, orientados a favorecer a los candidatos del espacio político de su socio Javier Milei en la reciente elección parlamentaria; el indulto del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos, para incidir en el resultado electoral de su país; las amenazas recurrentes contra el gobierno de Gustavo Petro; el reciente acuerdo militar con Paraguay; y la recomposición pragmática de relaciones con Lula da Silva tras el descalabro del bolsonarismo, son apenas algunos ejemplos de la diversidad de fórmulas con las que el trumpismo mueve ficha para fortalecer su hegemonía en América Latina.

El temor de Estados Unidos y de buena parte de Occidente ante la posible consolidación de un orden mundial multipolar, capaz de redefinir fuerzas, roles y pesos en el campo de la economía y la política globales, encuentra por ahora en América Latina límites concretos que confirman que lo que impera en el escenario internacional es el desorden propio de los períodos de transición. Dicho sin rodeos: los imperialismos chino y ruso se encuentran en ascenso, Estados Unidos en descenso; sin embargo, por el momento, las potencias emergentes que han comenzado a desembarcar en América Latina y el Caribe no están dispuestas a plantarse en la defensa abierta de sus socios cuando estos entran en colisión directa con Washington.

Esta coyuntura podría desembocar en acuerdos momentáneos de repartición de esferas de influencia entre los tres grandes actores —Estados Unidos, China y Rusia— mientras se decantan las correlaciones de fuerza a escala global. En ese interregno, resulta imprescindible pensar los límites objetivos que esta condición impone a los proyectos progresistas de la región y a algunas izquierdas, muchas de los cuales han cifrado sus expectativas de amparo geopolítico y proyección estratégica en la relación con los llamados imperialismos emergentes, subestimando tanto su pragmatismo como el carácter imperialista de sus proyectos.

En un país como Estados Unidos, la política exterior tiene impactos muy marcados en la política interna. Muchas de las incertidumbres acerca de lo que está por venir pueden comprenderse mejor si se tiene en cuenta esta clave. Las guerras, las operaciones militares y los golpes espectaculares hacia afuera no solo buscan disciplinar a terceros, sino reordenar equilibrios y consensos al interior del propio campo político estadounidense.

La imagen de Nicolás Maduro esposado, con los ojos vendados, conducido por agentes de la DEA, y las fotografías que con el paso de las horas se han ido conociendo, cumplen una función central en ese cometido. No se trata solo del secuestro de un adversario, sino de la construcción de un triunfo político y mediático que refuerza la figura de un Donald Trump envanecido y confiado.

En primer lugar, la operación le permite congraciarse con el ala neoconservadora del movimiento MAGA, cuyos actores más influyentes son las redes de exiliados cubanos y venezolanos en Miami, con Marco Rubio como figura emblemática. En segundo término, refuerza la retórica supremacista blanca y antinmigrante bajo un supuesto tan cínico como eficaz: derrocado el dictador, los venezolanos ya no tendrían excusa para permanecer en territorio estadounidense y podrían “volver a su país a hacerlo grande otra vez”. Finalmente, la fuerza militar le permite exhibir su poderío y constituirse a sí mismo como un líder nacional y global fuerte lo que sin duda resultara útil de cara a las elecciones de medio término previstas para noviembre de este año, en un contexto de desgaste relativo de la imagen de Trump a causa de las filtraciones permanentes que lo vinculan al caso de pedofilia de Jeffrey Epstein.

Volviendo a Venezuela, las cañoneras gringas cumplieron su papel. La oposición de María Corina Machado y Edmundo González ha sido desplazada por ahora, pese a su vergonzoso servilismo, y en su lugar se ha posicionado el gobierno de Trump como contraparte directa del chavismo en una transición que no parece implicar un cambio de régimen inmediato. En ese marco, la administración Trump se ha fijado como primer objetivo bloquear el acceso de sus rivales geopolíticos a los recursos petroleros venezolanos y, de paso, entregar a sus propios monopolios una mayor participación en el negocio petrolero.

Las repercusiones regionales de este acontecimiento son indiscutibles, sobre todo si se considera la proximidad de procesos electorales en Colombia y Brasil, en los que Estados Unidos será un jugador más importante que de costumbre. En ese sentido, puede afirmarse que la acción militar contra el presidente de Venezuela y su esposa se convierte en una verdadera cabeza de caballo ensangrentada que, a la usanza del padrino Trump, es colocada en la cama de todos los pueblos de América Latina.

Desde las guerras imperialistas que propiciaron la desintegración de Yugoslavia, pasando por el genocidio en Gaza y las intervenciones criminales en Irak, Somalia, Libia y Afganistán, hemos asistido a la muerte del llamado derecho internacional y del orden mundial basado en reglas nacido en la posguerra. Seguir invocando esas consignas o a las instituciones multilaterales como alternativa en medio de un período de transición frágil, marcado por guerras híbridas regionales, parece no ser una alternativa politica eficaz para enarbolar en este periodo. Resulta fundamental que las izquierdas y los sectores alternativos comiencen a pensar horizontes políticos que vayan más allá de asumir como límite el capitalismo redistributivo que propone el progresismo, así como la ilusión de unos “imperialismos buenos” encarnados por China y Rusia, que actúan como sus supuestos aliados. La hora de los pueblos se juega en un horizonte más radical, que se posicione contra todos los sistemas de opresión y dominación. No hay que olvidar que la única vez que el imperialismo mundial estuvo dispuesto a respetar mínimas normas fue cuando media humanidad sostenía en las manos el revolver cargado del socialismo frente al capitalismo imperialista.

Balance de la movilización por la soberanía en Colombia

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Comparto algunos comentarios sobre la intervención del presidente Gustavo Petro, a propósito, de la posible agresión imperial de Estados Unidos a Colombia.

1.

En Colombia la soberanía se respeta: en una convocatoria de movilización social que fue prácticamente de un día para otro, hubo participación masiva.

2.

El presidente Petro habló con Trump minutos antes de su intervención en la Plaza de Bolívar, y anunció que a raíz de esa conversación tuvo que cambiar su discurso.

3.

Gustavo Francisco no tiene la capacidad de contar un chisme, pues tardó casi una hora para decir que abordó tres puntos durante la llamada con Trump. La verdad es que en un momento me disocié y no supe si mencionó el tercero.

4.

Quienes sufrimos de ansiedad recibimos con alegría el spoiler de Trump:

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Durante estos días de tensión identifiqué dos cosas absolutamente innecesarias:

  • En el cierre de la lectura del Comunicado del Gobierno por la soberanía y la democracia, leído por la directora del Dapre, Angie Rodríguez, afirmó lo siguiente: “presidente, lo amamos”, eso se le dice personalmente a él o se le grita en una marcha, pero no en una alocución tan seria.
  • El discurso del presidente no debió ser tan largo. Cuando se pone a freestalear dice cosas inapropiadas y hace chistes muy malos. Escuchándolo quería estar feliz y orgullosa, pero lamentablemente eso no pasó.

Me alegra no tener que irme a la resistencia antiimperialista y por si las moscas me quedan varias tareas: hacer ejercicio, aprender chino mandarín, estudiar en serio inglés y cosas prácticas como hacer fuego con piedras, clave morse y correr con peso en la espalda y los brazos.

Posdata 1: directora Angie, una recomendación cariñosa, para próximas oportunidades, lea muchas veces los discursos antes de la grabación para evitar tantas equivocaciones en vivo y en directo.

Posdata 2: ¿Cómo será el proceso de reactivación de la visa del presidente Gustavo Petro?, ¿Será que solo se la devuelven a él o al resto del gabinete también?, ¿les tocará ir hasta la embajada para hacer la vuelta?

Posdata 3: ya sé cuál será la primera frase que aprenderé en chino mandarín, “Zhàndòu, shībài, zài zhàndòu, zài shībài, zài zhàndòu, rúcǐ fǎnfù zhídào shènglì: Zhè jiùshì rénmín de luójí, tāmen yě yǒngyuǎn bù huì fǎnduì tā”.

“Luchar, fracasar, luchar de nuevo, fracasar de nuevo, volver a luchar, y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo, que tampoco marchará jamás en contra de ella”: presidente Mao

De la rabia al límite: cuando el fascismo se vuelve opinión

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Escribo desde la rabia. No una rabia ligera ni pasajera, sino esa que se acumula en el cuerpo cuando se leen, una y otra vez, comentarios desubicados, anacrónicos, violentamente ignorantes, celebrando invasiones, justificando amenazas imperiales y llamando “dictadura” a todo aquello que no encaja en el molde cómodo del poder hegemónico. Rabia al escuchar voces que, con una facilidad insultante, piden intervención extranjera sobre pueblos que históricamente han sido oprimidos, como si la historia de América Latina no estuviera escrita con sangre suficiente.

Pero esta rabia no puede quedarse ahí. Hoy más que nunca, urge pasar de la rabia impotente a la rabia digna. A esa que organiza, que piensa, que se moviliza.

El ascenso del fascismo en el mundo no es una exageración retórica. Es un hecho histórico en curso. No se presenta ya con símbolos del pasado, sino con discursos renovados que hablan de “libertad”, “orden”, “democracia” y “seguridad”, mientras legitiman la violencia, la exclusión y la intervención. América Latina vuelve a ser un territorio en disputa, y Venezuela, una vez más, el blanco directo del intervencionismo estadounidense. Las amenazas abiertas, los cercos económicos y la narrativa internacional no solo buscan debilitar un gobierno, sino disciplinar a toda la región. Y Colombia aparece, peligrosamente, en esa proyección.

Lo más inquietante no es solo la amenaza externa, sino el aplauso interno. Sectores que se autodenominan “democráticos” celebran la posibilidad de una intervención, simplemente porque no se sienten representados por gobiernos alternativos o progresistas. Aquí se revela una profunda incomprensión —o negación— del sentido mismo de la democracia. La democracia no es un espejo de gustos personales ni un sistema que garantiza comodidad ideológica; es, ante todo, la decisión colectiva de las mayorías, incluso cuando esa decisión incomoda a las élites.

El caso colombiano es elocuente. Gustavo Petro fue elegido democráticamente, mediante elecciones libres y verificadas. Sin embargo, desde el primer día, su gobierno ha sido sistemáticamente deslegitimado por medios de comunicación, sectores empresariales y actores políticos que jamás aceptaron el resultado popular. Para ellos, la democracia solo es válida cuando ganan. Cuando pierden, hablan de caos, amenaza, autoritarismo o “castrochavismo”. Esa lógica no es democrática; es profundamente autoritaria.

En el plano internacional, la hegemonía cultural de los grandes medios cumple un rol central. Se ha difundido, casi de forma celebratoria, la idea de que Venezuela está “saliendo de una dictadura”, como si se tratara de un hecho consumado o deseable. Con frecuencia se ignora que los procesos políticos en Venezuela cuentan con apoyos y legitimidades construidas desde el interior de su propia sociedad, las cuales no pueden entenderse únicamente desde miradas externas o simplificadas. La democracia concibe dinámicas profundas, no exige unanimidad ni ausencia de conflicto; exige respeto por la voluntad popular.

Resulta doloroso observar cómo incluso sectores de la diáspora venezolana celebran estas narrativas sin detenerse a pensar que el desacuerdo individual no invalida un proceso colectivo. La migración, convertida en argumento moral, ha sido utilizada para ocultar responsabilidades estructurales: sanciones, bloqueos, asfixia económica. Al mismo tiempo, otros países festejan la “normalización” de Venezuela no por solidaridad, sino porque no quieren ver migrantes en sus calles. Se acomodan a la idea de que “todo está bien” mientras rechazan a quienes fueron expulsados por un sistema global profundamente injusto.

En Colombia, el papel de los medios de comunicación es particularmente alarmante. Lejos de actuar como una barrera preventiva frente a las amenazas de Donald Trump, han optado por amplificarlas. No hay un esfuerzo serio por defender la soberanía regional ni por generar un debate responsable. Hay, en cambio, un posicionamiento claro: acusar, desgastar y deslegitimar al gobierno de Petro. No es objetividad; es militancia mediática al servicio del poder.

Este clima no es inocente. El fascismo no irrumpe de golpe; se normaliza cuando se acepta que la intervención es una opción válida, que el voto popular es prescindible y que la soberanía puede suspenderse “por el bien mayor”. Por eso, hablar de fascismo hoy implica hablar de conciencia social. Condenar una invasión antes de que ocurra no es exageración; es responsabilidad histórica. Las invasiones no empiezan con bombas, sino con discursos que las hacen aceptables.

La pregunta sigue siendo incómoda pero necesaria: ¿qué modelo de democracia propone Estados Unidos cuando amenaza, sanciona y decide quién puede gobernar? ¿Una democracia real o una democracia tutelada, condicionada y funcional a sus intereses?

Frente a este escenario, no basta la indignación dispersa. Es momento de transformar la rabia en dignidad. Ante la amenaza, coherencia; ante la advertencia, unidad; ante el golpe, movilización. Defender la democracia hoy no es un gesto abstracto: es una toma de posición clara frente al fascismo que avanza disfrazado de salvación. América Latina ya sabe lo que cuesta el silencio. Esta vez, nombrar el peligro a tiempo es también una forma de lucha.

¿Para cuándo la movilización antiimperialista?

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Donald Trump está peligrosamente interesado en Colombia. Que se despache contra el presidente Gustavo Petro, no significa que tiene un problema personal con él, sino que aparecemos en el mapa de sus intereses económicos y cómo no, somos un país megadiverso: mientras Venezuela tiene Petróleo, aquí hay carbón, oro, niquel, esmeraldas, plomo, hierro, también petróleo, una parte de la codiciada amazonía, y un largo etcétera.

Sin sorpresa veo que la derecha y muchas personas que viven en una realidad alterna, desean un operativo militar gringo en contra del Palacio de Nariño y el arresto del presidente Gustavo Petro imaginando que viven en un capítulo de una serie gringa regular del tipo «Jack Ryan».

Como soy una fiel creyente de la soberanía de los pueblos y no quiero que nadie nos invada, pero tengo nulo poder de convocatoria, le lanzo esta pregunta a los partidos y organizaciones del Pacto Histórico y a otros sectores que si movilizan mucha gente: ¿cómo fua?, ¿cómo fue?, ¿cómo es que son vueltas? ¿qué están esperando para convocar una movilización que rechace las amenazas?

Y está movilización, si llega a pasar, tiene que ser grande, amplía, basta, potente. No podemos caer las 10 pelagatas de siempre, para eso toca juntar al ganado, escribirle a la gente con la que hace años no hablamos. Nuestra tarea es lograr masividad.

Ustedes pongan fecha, lugar y hora que allá les caigo, porque lo que es con Colombia es conmigo.

Posdata: ¡hola, hola! si alguna vez salimos o algo y sabes cuál es mi identidad verdadera… pues nos vemos en la marcha. Te puedes dar por notificado 😉

Nos tiramos unos factos sobre el ataque a Venezuela

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Después de leer comentarios en publicaciones relacionadas con el ataque de Estados Unidos a Venezuela, creemos que vale la pena aclarar algunas cosas:

  • La caída de Maduro”: no se puede hablar de la caída, ni captura del presidente Nicolás Maduro, sino de su secuestro por parte de una nación extranjera. Sería caída si, desde el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las mayorías venezolanas hubiesen tumbado al gobierno. 
  • “Maduro va a pagar por la crisis”: nop. El presidente Nicolás Maduro fue secuestrado por el gobierno de Estados Unidos en el marco de un proceso sistemático de desestabilización política, económica y simbólica que tiene un objetivo claro:  apropiarse del petróleo venezolano. Recordemos cuando en días pasados Trump dijo “nos quitaron nuestros derechos sobre el petróleo” venezolano.
  • “Lo importante es que cayó el régimen”: no cayó el régimen, lo que si cae es la soberanía. Venezuela corre el peligro de caer en las dinámicas de ‘transición estadounidense’, como sucedió con Irak, para no ir muy lejos. Es decir: inestabilidad, caída de la economía, ingobernabilidad, guerra civil. 
  • Cayó el Cartel de los soles”: EEUU construyó la idea de cartel a partir de las prácticas de narcotráfico que existen en Venezuela, prácticas que, hoy en día, existen en casi todos los países en los que hay tráfico de drogas. Siguiendo esa lógica ¿Cuál sería el cartel de Tru*mp?
  • “El pueblo venezolano será libre”: jajajaja redifícil. Jugando a la futurología y siguiendo los pasos de Estados Unidos en Venezuela desde el año pasado, se puede decir que Maduro será reemplazado por un gobierno de ultraderecha servil a los intereses imperialistas, y que la presencia militar de EEUU dará cuenta de la casi inexistente soberanía que quedará para el país vecino. 
  • “Estados Unidos actuó en legítima defensa”: Uribe (2026). ¿Legítima defensa de qué? ¿De Maduro cantando y bailando “Peace, not war”? De nuevo: EEUU no se defiende, ataca porque está sediento del petróleo venezolano en un contexto de fortalecimiento del multipolarismo, con las economías de los BRICS creciendo y amenazando la hegemonía económica imperialista. 

Hay tres viejos términos que son muy útiles para señalar a quienes celebran cuando se pisotea la soberanía y el derecho a la autodeterminación de los pueblos:cipayos, lacayos y vendepatrias. Cipayos, lacayos y vendepatrias son los que se alegran por la agresión imperialista contra Venezuela, así de simple. 

Salario mínimo, migajeo y love bombing

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El número del chance será el 0237, ese es el número ganador porque 23,7% fue el aumento del salario mínimo en Colombia para el 2026, un aumento histórico que debería ser motivo de fiesta colectiva, es más, debería ser objeto de celebración nacional, una que incluya hasta la camiseta de la selección.

Pero una noticia que debería devenir en carnaval, es asumida como un problema no solo por los medios corporativos que hacen eco de la molestia de las elites del país, sino también por sectores de la clase media (que es más baja que alta) y me imagino que eso responde a uno de nuestros traumas políticos colectivos, uno al que denomino como el trauma de la migaja, porque el migajeo no es solo en las relaciones.

El presidente eterno legitimó el despojo de derechos laborales presentándolos como un enemigo común, como si la dignidad laboral y, en ese entonces las Farc, fueran los demonios que había que erradicar. Con un movimiento sindical prácticamente exterminado y un reducto burocratizado, con un país que se dejó amedrentar y asumió la explotación y el sacrificio como el deber ser, el resultado no es una cicatriz, sino una chamba que por poco sigue siendo una herida abierta, una herida que hoy se manifiesta con la molestia migajera porque a la clase trabajadora se le reconoce su trabajo.

Nos acostumbramos a que si se trata de igualar condiciones vitales debe ser por lo bajo, que los aumentos, los subsidios y los apoyos deben ser para quienes tienen más y que las sobras se las dejen a las clases medias y los sectores empobrecidos. Eso es migajeo. Nos conformamos con recibir poco, no ponemos límites, no nos valoramos lo suficiente como para exigir un trato digno. Nos acostumbramos a gobiernos breadcrumber (los que lanzan las migajas).

Las elites y los medios dicen estar preocupados por las clases medias, y las y los trabajadores independientes, todas las reflexiones son como love bombing, un amor explosivo que solo aparece cuando conviene. Que se va a subir el costo de la administración, de los servicios generales y de las personas cuidadoras, pero no se preocupan por pensar por qué la clase media está en crisis por causa del neoliberalismo, por qué la sensación de movilidad social es falsa, o por qué los adultos jóvenes están precarizados y sobreviven con varios contratos a la vez.

Si la preocupación fuera real, la discusión sería sobre la precariedad de los contratos por prestación de servicios en el Estado y la empresa privada, sobre la oenegización de lo público, sobre los contratos de menos de ocho meses al año, o sobre cómo el distrito hace maniobras para empobrecer a sus funcionarios (después hablamos de los horarios de Biblored y qué tienen que ver con no pagar horas extra, recargos nocturnos ni dominicales).

Ya está más que comprobado que la fórmula de más plata para que los ricos fortalezcan sus empresas y generen empleo, no funciona. Esa plata se va a paraísos fiscales y excesos, pero no hay más trabajo y si peores condiciones laborales. 

En lugar de eso, superemos el trauma del migajeo y arriesguémonos a celebrar un aumento digno del salario mínimo, a fortalecer el bolsillo de la clase trabajadora, a celebrar que el veci tiene algo más de lk y ya no le toca vivir al debe, y que nuestra meta para el 2026 sea más plata para el mínimo, menos contratos precarios, ningún regalo para los grandes empresarios y seguir robusteciendo la micro, pequeña y mediana empresa.

¡Por un año nuevo con menos migajas y más dignidad!