Crónica de un pogo para gente mayor

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Es frecuente que los pogos se recuerden con cariño, unos más que otros, eso depende del ambiente y de la banda.

El pogo es un tipo de baile grupal, en el que diferentes personas se encuentran para dar puños, girar, saltar, gritar y sudar mientras son interpretados ritmos musicales con fuerte presencia de batería, guitarra, bajo y  letras, a veces de tipo gutural, que invitan a la reflexión. Cabe destacar que no se trata de un ejercicio violento sino más bien catártico, pues está marcado por valores y prácticas como la solidaridad y el apoyo mutuo en medio del desahogo de energía. Por ejemplo, ante la caída de una o uno de los sujetos que es partícipe del particular baile, varias gentes desconocidas le ayudan a que se reincorpore; o también es común que salgan a volar zapatos, u otros objetos personales, y que acto seguido el grupo se preocupe porque aparezcan las o los respectivos dueños.

Es frecuente que los pogos se recuerden con cariño, unos más que otros, eso depende del ambiente y de la banda. No contaré cuáles, ni cuántos han sido —debo agregar que en mi caso no han sido suficientes—, por el contrario, me concentraré en uno específico, el pogo en el que participé el pasado 4 de diciembre de 2022 en Rock al Parque, con la canción ‘Antipatriota’, de la reconocida banda bogotana: 1280 Almas.

El pogo es un tipo de baile grupal, en el que diferentes personas se encuentran para dar puños, girar, saltar, gritar y sudar mientras son interpretados ritmos musicales con fuerte presencia de batería, guitarra, bajo y  letras, a veces de tipo gutural, que invitan a la reflexión.

Crecí pogueando con las Almas, también aprendí a ser espectadora de un pogo —eso tiene su ciencia—, y siempre, hasta el pasado Rock al Parque, se caracterizaron por los puños y patadas. Ese día el pogo fue conformado, ya no por gente menor de 27 años, sino por señores y señoras como yo, que ya pasamos los 33. 

Con algo de nervios nos empezamos a encontrar en un pequeño círculo que poco a poco fue creciendo. Nos vimos, nos reconocimos y, con esa complicidad resultado de una vida de pogos —y ahora achaques—, convertimos el pogo en un ejercicio seguro para nuestras rodillas, cinturas y espaldas. De hecho, era tan seguro que mi hermana comentó que parecía más una ronda infantil que un clásico ‘Mosh Pit ’. Es evidente, no podría decir algo distinto de un grupo de personas que, básicamente, estaban saltando en círculo mientras cantaban.

Durante esta canción salimos por momentos del pogo para tomar aire, descansar y seguir viviendo con alegría juvenil —en cuerpos aseñorados—, la emoción de decirnos antipatriotas, así un jovencito desubicado tuviera una bandera de Colombia con el logo de las 1280. Otras personas mayores, un poco más arriesgadas, se quedaban en el centro del pogo, cabe decir que no se trataba del típico círculo propio de las fiestas bogotanas, cuando se llega la hora loca de mayor alicoramiento, en el que unos aplauden mientras alguien intenta bailar al ritmo del ‘¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!’.

De hecho, era tan seguro que mi hermana comentó que parecía más una ronda infantil que un clásico ‘Mosh Pit ’.

Cuando se terminó la canción, me acerqué fatigada y feliz al parche, mi mamá —por quien conocí a las 1280 Almas— me dijo que habían tratado de hacerme un video ‘pogueando’ y con sorpresa escuché comentarios similares alrededor, familiares y amistades habían tratado de inmortalizar ese pogo seguro, alcanzado mediante la Alegría que solo se consigue escuchando a esta increíble banda.

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