De la Calle, afortunadamente no espero nada bueno de usted

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Si usted es una de esas personas que ama con locura enceguecedora a Humberto de la Calle, le recomiendo que no lea este artículo, seguro se va a amargar y, no nos digamos mentiras, la vida ya es muy dura como para ponerse mal por un político de poco pelo como él.

Es querido por la derecha, el centro y la izquierda, nadie lo ataca, en cambio siempre lo defienden

Humberto de la Calle es básicamente la monedita de oro de la política colombiana. Es querido por la derecha, el centro y la izquierda, nadie lo ataca, en cambio siempre lo defienden. Parece una sirena que tiene encantado a todo el país, solo que esta semana desafinó un poquito y por eso lo han criticado por no votar por la inclusión de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad en el Plan Nacional de Desarrollo.

Creo que en la política siempre es importante la sospecha, pues los años y las organizaciones en las que he participado o coqueteado, me han enseñado con golpes —en sentido figurado— que no hay que confiar plenamente en nada, y mucho menos en esas personas que le caen bien a todo el mundo.

De la Calle desde hace más de 30 años ha participado en todos los gobiernos, ha sido gavirista, samperista, pastranista, uribista, santista y hasta se rebuscó la manera de felicitar a Iván Duque

De la Calle desde hace más de 30 años ha participado en todos los gobiernos, ha sido gavirista, samperista, pastranista, uribista, santista y hasta se rebuscó la manera de felicitar a Iván Duque. Pasó de aplaudir la Seguridad Democrática de Uribe y liderar el equipo que le permitió la reelección, a ser un reconocido negociador de la paz con las FARC. A primera vista parece una veleta, un tipo que puede saltar de un lado a otro tranquilamente, sin embargo, no existen diferencias estructurales entre los gobiernos pasados y los partidos tradicionales de derechas, eso Humberto lo sabe ya que es experto en no quedar mal con nadie y en defender a ultranza el statu quo, ese mismo en el que cree con firmeza y que lo ha alimentado por bastante tiempo.

Cuando hablan de un político decente piensan en él, en este mercenario de la política que busca que las cosas no cambien, no en vano le puso límites a la negociación de paz —para no tocar el modelo que fue el detonante del estallido social, o las causas estructurales que desencadenaron el conflicto armado—, mientras era adorado por jóvenes desubicados que posteaban en sus redes la foto de Alfonso Cano y acto seguido le declaraban su amor a Humberto.

Él y sus seguidores —que se decían liberales pero no eran otra cosa que conservadores vergonzantes solo que un poquito más moderados

Hay que decirlo, es una persona sin imaginación política, a quien no le cabe en la cabeza un país diferente, tan es así que para su campaña a la presidencia en 2018 tuvo que copiar descaradamente a JF Kennedy. Él y sus seguidores —que se decían liberales pero no eran otra cosa que conservadores vergonzantes solo que un poquito más moderados— repetían hasta el cansancio el jingle “un buen hombre con principios y experiencia”. Bueno, de pronto algún alma desubicada terminó defendiendo eso solo por la euforia de la paz.

Y así llegamos hasta este momento en el que Humberto volvió a sonar en la opinión pública. El actual gobierno incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo este artículo que hacía referencia a las recomendaciones de la Comisión de la Verdad:

“Las entidades del orden nacional sobre las cuales recaigan recomendaciones del informe final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad las acogerán de forma progresiva según su viabilidad, competencias y capacidades. El Departamento Administrativo para la Presidencia de la República definirá los lineamientos, roles y responsabilidades de las entidades competentes. El Departamento Nacional de Planeación brindará apoyo técnico para la definición de los lineamientos y adecuará el Sistema Integrado de Información para el Posconflicto - SIIPO-, como herramienta para el seguimiento de recomendaciones”.

Es perfectamente entendible que ciertos partidos voten en contra de esta propuesta, que personas como María Fernanda Cabal, Polo Polo y Paloma Valencia se opongan es normal, pero que el hombre que negoció la paz también lo haga… bueno, también tiene todo el sentido. Hace unos días leía una entrevista del padre Javier Giraldo, director del Cinep, en Colombia +20, en la que, entre otras cosas, señalaba lo siguiente: 

“La raíz más profunda del conflicto armado en Colombia era el problema de la tierra. Me tocó ver como las FARC presentaron más de 100 propuestas de reforma agraria muy interesantes, se hacía mucho énfasis en las zonas de reserva campesina, que son tierras sustraídas al problema del mercado, parecidas a los resguardos indígenas donde la tierra no es mercancía, además destinadas a la producción de alimentos, que es una falla que tiene el país de tiempo atrás, se acabó la agricultura, la tierra se la han dado a las multinacionales extractivas y ahora importamos millones de toneladas de alimentos. Esa solución que propusieron las FARC no se acogió, durante siete meses discutieron eso y el Gobierno siempre decía no y no a todas las propuestas.
Finalmente, las FARC mismas renunciaron a insistir y mandaron todo al congelador, esa discusión no se retomó y se acogieron a la propuesta del Gobierno: crear un fondo de tierras con tres millones de hectáreas para repartir en 12 años, que tampoco se creó y no se cumplió”.

Hagámonos una pregunta de perogrullo: ¿Por quién pasaba la autorización para rechazar esas más de 100 propuestas y por quién pasó la aprobación de la creación del fondo de tierras?

Claramente para de la Calle, la sensatez es sinónimo de estabilidad, o mejor, de dejar las cosas tal y como están.

En la entrevista que le hizo Cambio a Humberto de la Calle, a propósito de su voto contra las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, él dice: “El gran problema es la inoportunidad. En un momento de polarización es agravar la discusión nacional, agriarla más. Cuando lo que necesitamos es sensatez”. Me pregunto: ¿La inoportunidad de que un gobierno se haya comprometido públicamente con el país a acatar las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y que diga que a través del Plan Nacional de Desarrollo serán implementadas gradualmente?; ¿Cuál polarización? Porque solamente veo a una derecha que cada día se radicaliza más, un centro que está en la derecha y una izquierda que se institucionaliza. Claramente para de la Calle, la sensatez es sinónimo de estabilidad, o mejor, de dejar las cosas tal y como están.

Afortunadamente nunca espero nada bueno de Humberto de la Calle, tengo claro que es un representante de la política tradicional, del status quo, que siempre está donde debe estar para defenderlo, en el Partido Liberal, en Verde Oxígeno, en el gobierno de turno que garantice un país sin cambios, sensato, diría él.

No me queda de otra que declararme como una mujer profundamente indecente

Advierto que esta reflexión sale en parte de las tripas —así que, por favor, no le pidan objetividad a este artículo de opinión— , así como de una muy cansona revisión de algunas de las entrevistas que ha dado Humberto. Confieso que esperaba estar equivocada en mis apreciaciones, pero después de leerlo a la luz de la recomendaciones básicas y SENSATAS de la Comisión de la Verdad, me doy cuenta que si él representa la política decente, no me queda de otra que declararme como una mujer profundamente indecente, que sí cree en los cambios estructurales para lograr la paz total de la que hablamos por allá en 2015. Cierro recomendando “Canción La Paz (Composición colectiva)”. 

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