El padre Camilo Torres: algunas de sus ideas

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Camilo Torres Restrepo (03/02/1929 – 15/02/1966) se hizo sacerdote en Colombia, se formó como sociólogo en Bélgica, y luego de recorrer el país para estudiar los efectos de la «época de la violencia» en las regiones, identificó de primera mano la concentración de la  tierra en unos pocos propietarios, la miseria del campesinado sin tierra y las grandes desigualdades existentes en los municipios y las ciudades. Como capellán y luego como profesor de sociología en la Universidad Nacional, se acercó a la marginalidad y pobreza de los barrios populares en Bogotá.

Durante el Frente Nacional (1958 y 1974) sostuvo que la alternancia de la clase política que ocupaba las direcciones de los partidos liberal y conservador, restringía la participación a otros sectores políticos y sociales, por lo que promovió la construcción de un Frente Unido del pueblo para que disputara el poder del Frente Nacional de la oligarquía. Esta posición, y su postura a favor de la expropiación de los bienes de la iglesia, le acarrearon la reducción al estado laico a mediados de 1965.

A fines del mismo año, acosado por las amenazas y la persecución política debido al miedo que su liderazgo social y político despertaba en las élites, y también, buscando eludir el destino de Jorge Eliecer Gaitán en un ambiente de época que hacía de la insurgencia armada un camino razonable por las luchas de liberación nacional y colonial que se vivían en el tercer mundo, tomó la decisión de unirse a las filas del recién fundado Ejército de Liberación Nacional. Siendo guerrillero, murió pocos meses después, un 15 de febrero de 1966.

El acoso político a Camilo en el marco de la democracia restringida del Frente nacional y su decisión de ingresar a una agrupación guerrillera, privaron a la iglesia colombiana de un sacerdote que habría procurado su renovación; a la academia, de sus estudios en sociología urbana y de todos los posibles campos que habría explorado dada su inquietud científica; y a la política, de un dirigente honesto, audaz y valiente que habría enarbolado los intereses y necesidades de las clases populares. 

Al leer sus discursos y sus mensajes cargados de una sencillez que encerraba el análisis y estudio riguroso de la realidad nacional colombiana, resulta evidente su popularidad en un país católico y empobrecido. 

“Muchas veces en la gran prensa se me ha dicho que no estoy planteando nada nuevo y cree que eso es un ataque serio contra mí. Esto es en realidad una de las mayores ponderaciones, tal vez la mejor manera de alabarme. Porque es cierto: no estoy planteando nada nuevo. (…) Tal vez la novedad consista en que lo diga en público y me juegue la sotana para sostenerlo, eso sí puede ser nuevo; pero lo que digo no tiene nada de nuevo, entonces ¿qué es lo que pasará? Que al decirme que no estoy diciendo nada nuevo, y si lo viejo que estoy repitiendo ha suscitado tanto entusiasmo, eso es una acusación contra la clase dirigente. Si lo que digo es viejo, si el decir que el poder está concentrado en pocas manos y que los que tienen el poder no lo están utilizando para las mayorías, si eso es viejo, entonces son tanto más culpables los que conocen el problema y no son capaces de solucionarlo”.

Algunas de sus ideas

El amor eficaz 

Camilo se sentía insatisfecho con el alcance real de lo que podía hacer la iglesia para garantizar necesidades básicas o para conseguir un cambio de estructuras ante la desigualdad y antidemocracia que sostenía el Frente Nacional. En ese sentido, consideraba que el amor al prójimo como una simple enunciación de quienes promulgaban la fé cristiana resultaba limitado de no ser eficaz en términos de una traducción política que asumiera la construcción de una fuerza social organizada para impugnar la concentración del poder en una minoría en detrimento de las mayorías. En su perspectiva, el amor eficaz es el amor al prójimo que va más allá de la caridad individual, y que tiene por propósito garantizar las condiciones de vida digna de las mayorías sociales, “tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías” escribía en el mensaje a los cristianos.

El intelectual argentino Miguel Mazzeo sostiene que el amor eficaz “es la fe activa. Es el ‘ideal encarnado’. La plegaria unida a la siembra. El amor ineficaz sería la fe pasiva, eclesial; sería el amor sin contenido, sin prácticas concretas. Un amor condenado a convertirse en desamor para alimentar la mojigatería, la hipocresía, el moralismo y el doble discurso (…) ”. Para la consecución del amor eficaz era necesario un nuevo gobierno que garantizara la justicia social y democratizara el poder que concentraba la minoría social, la oligarquía colombiana.

Este objetivo sería realizable si se construía un instrumento político que agrupara a la clase popular y a los partidos, organizaciones y movimientos que también quisieran un nuevo gobierno. Un frente plural, sin caudillismos, en el que la representatividad de Camilo sería temporal mientras los sectores populares se apropiaban del instrumento político y de su plataforma, esto es, mientras tenían una conciencia común de sus objetivos como clase, que fuera más allá de aquella indignación coyuntural que no se traduce en una vocación de poder antioligárquico.

La clase popular

En el momento en el que Camilo recorrió los barrios populares de Bogotá y las regiones colombianas azotadas por la violencia y la desigualdad, sintió que el uso del término proletariado, frecuente en el discurso marxista, podría resultar simplista frente a la diversidad de los sectores populares colombianos y de la fuerza movilizadora del estudiantado, el campesinado y los habitantes de las barriadas periféricas, en un país con una escasa industrialización, por lo que, en diálogo con la doctrina social de la iglesia, consideró que las tareas de cambio social estaban asignadas al conjunto de la población que cabría en la idea de un pueblo empobrecido. 

El pueblo no entendido como la totalidad de la nación sino como un segmento de la sociedad distinto de la clase dominante o de la oligarquía agrupada en el Frente Nacional. Es en ese marco que empieza a hacer uso de la expresión «clase popular».

Al respeto diría: “Con la palabra clase popular yo quiero dar a entender a los pobres de Colombia. Naturalmente que desde el punto de vista estrictamente sociológico yo comprendo que es una expresión bastante vaga, pero es la expresión que el pueblo entiende. Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto, tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirnos únicamente a los obreros, sino también a los campesinos, he utilizado esa expresión de clase popular”.

Se entiende entonces porqué no dirigía su discurso sólo a los sectores sindicalizados y obreros sino al conjunto de sectores que a su juicio componían la clase popular.

La unidad

El padre Camilo, en su calidad de dirigente popular, buscaba conformar una fuerza social y política denominada Frente Unido del Pueblo, que como ya se ha dicho, tenía el propósito de resistir y disputar el poder del Frente Nacional de la oligarquía agrupada en las direcciones políticas del Partido Liberal y Conservador. En el camino, se encontró una y otra vez con la división de las expresiones políticas de la clase popular que pretendían un cambio social y de las fuerzas que se oponían al Frente Nacional. La unidad de la clase popular y sus organizaciones, se traducía en un elemento fundamental de la táctica política en la aspiración de un cambio fundamental que garantizara el amor eficaz. 

Cuando estaba conformando el Frente Unido y discutiendo su plataforma en 1965, dijo en una reunión con sindicalistas de distintas organizaciones políticas:

“¿Para qué nos ponemos a pelear nosotros los católicos con los comunistas, con quienes podemos decir que tenemos más antagonismos, sobre si el alma es mortal o es inmortal, en lugar de ponernos de acuerdo en que el hambre si es mortal? (…) Esta plataforma no debe estar unida a un nombre (…) sino a principios, y respecto a mi cargo particular es importante que cada día vayamos despersonalizando (…) es necesario que surjan líderes, nuevos líderes, entregados, capacitados, listos para la lucha (…). Nuestra primera tarea, que quede bien claro, es crear la unidad popular en torno a objetivos comunes”.

Si bien se identificaba con los sectores de izquierda, sostenía una posición crítica al seguidismo que tenían con los campos internacionales del socialismo de ese entonces; con la sobre teorización que perdía de vista la política concreta; y con el traslado mecánico de estrategias extranjeras que en su perspectiva no correspondían con la realidad nacional. 

En una entrevista citada por Hildegard Lüning, señalaba lo siguiente:

 “Se usan eslóganes y clichés. Se emplea una jerga revolucionaria especializada. Se dan soluciones prefabricadas en el exterior a problemas colombianos. Se hacen manifestaciones públicas de solidaridad con pueblos oprimidos en el extranjero y se olvida la situación de los oprimidos nacionales. El sentimentalismo también se traduce en caudillismo personalista y en frustración. Mientras la clase dirigente minoritaria pero todo poderosa se une para defender sus intereses, los dirigentes de izquierda se atacan entre sí, producen desconcierto en la clase popular y representan en forma más fiel los criterios tradicionales, sentimentales, especulativos, y de colonialismo ideológico”.

Finalmente, se podría decir que los motivos y la plataforma del Frente Unido, sintetizaban la visión política del padre Camilo Torres, en lo que respecta a la necesidad histórica de construir una organización amplia y democrática en un contexto de concentración del poder, y en los puntos programáticos más urgentes para poner en marcha un proceso de cambio en Colombia:

A todos los colombianos, a los sectores populares, a las organizaciones de acción comunal, a los sindicatos, cooperativas, mutualidades, ligas campesinas, comunidades indígenas y organizaciones obreras, a todos los inconformes, a todos los no alineados en los partidos políticos tradicionales, presentamos la siguiente plataforma para unificar en objetivos concretos a la clase popular colombiana.

  1. Las decisiones necesarias para que la política colombiana se oriente en beneficio de las mayorías y no de las minorías, deberán partir de los que tengan el poder.
  2. Los que poseen actualmente el poder real constituyen una minoría de carácter económico que produce todas las decisiones fundamentales de la política nacional.
  3. Esta minoría nunca producirá decisiones que afecten sus propios intereses ni los intereses extranjeros a los cuales está ligada.
  4. Las decisiones requeridas para un desarrollo socio-económico del país en función de las mayorías y por la vía de la independencia nacional afectan necesariamente los intereses de la minoría económica.
  5. Estas circunstancias hacen indispensable un cambio de la estructura del poder político para que las mayorías produzcan las decisiones.
  6. Actualmente las mayorías rechazan los partidos políticos y rechazan el sistema vigente, pero no tienen un aparato político apto para tomar el poder.
  7. El aparato político que tiene que organizarse ahora debe ser pluralista, buscar al máximo el apoyo de los nuevos partidos, de los inconformes con los partidos tradicionales, de los no organizados políticamente y, en general, el apoyo de las masas.
  8. El nuevo aparato político debe tener una planeación técnica y debe constituirse alrededor de los principios de acción más que alrededor de un líder, para que se evite el peligro de las camarillas, la demagogia y el personalismo. 

La plataforma del Frente Unido incluía puntos como la reforma agraria para el reparto de la tierra entre la población campesina que la trabajaba, en contravía de la acumulación de la propiedad ociosa de los grandes hacendados, el fomento de la industria nacional y de la empresa cooperativa y comunitaria; el acceso equivalente de derechos para toda la población; el impuesto progresivo a las grandes rentas; la acción comunal como mecanismo de planeación democrática desde la base; la sustitución de importaciones y la ampliación y diversificación de exportaciones; la integración latinoamericana en términos políticos y económicos; una reforma urbana que antecede lo que hoy se conoce como derecho a la ciudad; la reducción del gasto militar y la prestación de un servicio cívico; entre otras medidas que impulsaban la configuración de un Estado laico, democrático, justo y productivo.

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