El peligro de la simplificación del debate político: el caso del centro, la Colombia Humana y el uribismo

0
745

La simplificación del debate político es peligrosa para un país con una cultura política que es heredera de un bipartidismo al que se adscribían los militantes y simpatizantes por herencia y por estereotipación del contrario, antes que por convencimiento o argumentación. Un bipartidismo que sentó las bases de la reducción del debate político a unas coordenadas dicotómicas que pierden de vista la complejidad y los diversos matices que se pueden identificar en el movimiento de lo político.

 Esta simplificación, además de ser evidente en la derecha y la extrema derecha que han gobernado históricamente el país, y que se ha hecho manifiesta en la satanización de la oposición, haciendo de esta una enemiga y un sinónimo de insurgencia, de riesgo, desestabilización o destrucción, es también visible en los sectores con un importante número de adherentes, que pretenden ser, sino alternativos, por lo menos iniciativas distintas a estos segmentos tradicionales y parroquiales de la vida nacional. Unos actores políticos que han venido adquiriendo la capacidad real de disputar electoralmente el gobierno. Me refiero, por lo menos en este contexto, al centro político y a lo que se ha conocido como “progresismo” agrupado en el movimiento Colombia Humana.

La simplificación no viene sola, la debilidad argumentativa y analítica se conjuga a un tono agresivo que concibe el debate de ideas como un ataque en el que el fin no es la exposición de la postura política sino el ataque vacío que se torna personal.

 

 El caso del “centro”

 En cuanto al centro la simplificación es sintomática en el recurso retórico de Claudia López de “los dos trumpismos”, y en Fajardo, de Compromiso Ciudadano, en amplios sectores del partido Alianza Verde, o en “centristas” como el youtuber Daniel Samper hijo, con el uso de los términos populismo y polarización.

Con los “dos trumpismos”, la alcaldesa de Bogotá se refiere a lo que ella considera como los dos riesgos para el orden institucional, esto es, la Colombia Humana encabezada por Gustavo Petro y, por otra parte, Uribe y el uribismo. Asume que estas dos tendencias se agrupan en una sola expresión política porque supuestamente comparten rasgos comunes: su autoritarismo, su demagogia, su impugnación del orden institucional y la convocatoria de un sujeto pueblo. En síntesis, se agrupan en la etiqueta «populismo».

En cuanto al centro la simplificación es sintomática en el recurso retórico de Claudia López de “los dos trumpismos”, y en Fajardo, de Compromiso Ciudadano, en amplios sectores del partido Alianza Verde, o en “centristas” como el youtuber Daniel Samper hijo, con el uso de los términos populismo y polarización.

 La simplificación es evidente para una lectura y una escucha que sea atenta. A grandes rasgos, se puede identificar como cada tendencia promueve proyectos de país distintos: 

 La propuesta de Gustavo Petro es un proyecto de país defensor de la salida negociada al conflicto armado y de la solidaridad social;

  • Busca la dinamización de la economía a partir del fortalecimiento de la micro, pequeña y mediana empresa, de la producción nacional, del acceso a la tierra para el campesinado sin tierra, y desde la garantía de subsistencia con un aprovechamiento del recaudo nacional, por medio de salarios equilibrados con la canasta familiar, la pensión estatal, la salud gratuita o con mayor financiación estatal y un mayor acceso a la educación pública, que posibilite la existencia de una demanda sólida para la ampliación de la oferta nacional;
  • promueve además el inicio del tránsito de energías fósiles hacia energías limpias, en un marco de acelerado cambio climático.
  • La convocatoria al sujeto pueblo la hace bajo la consideración de la fuerza de la movilización social para la ampliación de derechos, de lo público y lo nacional o para la defensa de estos.

 La propuesta de Uribe y el uribismo es un proyecto de país instigador del militarismo, del rechazo a la salida negociada al conflicto armado y de un emprendedurismo individualista, que en las actuales condiciones para la creación de empresa, no es viable en Colombia para quienes parten de ceros.

  • Considera que el destino del recaudo nacional debe dirigirse al gasto militar y policial y al subsidio de grandes empresas y bancos para que supuestamente generen empleo, pese a que estas dirigen sus ganancias a paraísos fiscales para no pagar impuestos en el país, y generan empleo pauperizado para la ciudadanía.
  • Defiende la gran propiedad rural, específicamente de la ganadería extensiva e improductiva, y la privatización de lo público.
  • En ese sentido, al creer que los recursos de los impuestos deben tener como destino el gasto militar y la exención fiscal de las grandes empresas, la ciudadanía debe hacer del espíritu empresarial el medio para la consecución de los recursos que garanticen sus condiciones de existencia.
  • Cabe destacar que este espíritu empresarial no acarrea facilidades para la creación de empresas, como sí sucede con las grandes empresas y la banca.
  • Es negacionista del cambio climático y promotor del extractivismo y de las energías fósiles.
  • La convocatoria a sus adherentes, que no son concebidos como un sujeto pueblo, dado que este implica un nivel de colectividad y cooperación nacional que se opone a su concepción de una sociedad de individuos competitivos cuyo único lazo es la moral religiosa y el odio hacia las posiciones de cambio social, es para avalar su agenda política: el rechazo a la restitución de tierras a campesinos víctimas del conflicto armado, la oposición al Acuerdo de Paz o las iniciativas antiderechos. 

 El único rasgo común parece ser la presencia de un líder fuerte, pero con actitudes políticas contrarias: en el caso de Gustavo Petro, de un líder que defiende el debate racional, con la argumentación basada en postulados científicos, históricos y filosóficos; y en el caso de Álvaro Uribe, defensor de un debate sostenido en las noticias falsas y el ataque personal, semejante al método discursivo de Donald Trump. 

 La simplificación resulta siendo un recurso político útil para legitimar la posición política del centro de cara al escenario electoral. Simplificación que sectores desprevenidos de la ciudadanía conciben como cierta y riesgosa para la continuidad de la institucionalidad. La idea de polarización, que también es usada por el uribismo, es utilizada para descartar los debates que ponen en evidencia los intereses económicos que están detrás de las ideas políticas, y para, en el caso del uribismo, rechazar toda crítica como un ataque que afecta la vida nacional, y en el caso del centro político, como un mecanismo para reforzar la idea del populismo, en la que se sostiene que existen dos extremos radicales y peligrosos en los que la única salida sería la votación centrista. Al respecto, la columnista Sara Tufano ha puesto en evidencia cómo la noción de polarización no es útil para entender la actualidad política nacional, ya que lo que se está viviendo es una radicalización de las posiciones de extrema derecha, que hacen cada vez más explícito su racismo, xenofobia, machismo y antipluralismo.

La simplificación resulta siendo un recurso político útil para legitimar la posición política del centro de cara al escenario electoral.

 El caso de la Colombia Humana

 La simplificación política en la Colombia Humana se puede percibir específicamente en un sector, no en la totalidad del movimiento: el que está alineado al excandidato a la alcaldía Hollman Morris. Un sector que se ha tornado agresivo en redes sociales, del que el senador Gustavo Bolívar parece cercano, y al que el líder del movimiento ha hecho algunos llamados de atención, aunque no con la suficiente insistencia y vehemencia que le solicitan sectores juveniles e intelectuales de la misma agrupación.

Luego de un intento de coalición de Gustavo Petro con Claudia López, que se vio frustrado por la negativa de López de continuar el proceso iniciado en la Bogotá Humana para la construcción de un metro subterráneo; con el tiempo corriendo y diversos precandidatos presionando, de forma antidemocrática se eligió a Morris como candidato a la alcaldía, una definición que tuvo múltiples detractores al manifestar un veto moral en clave feminista por los escándalos que reposaban sobre este, y por la definición que había pasado por encima de las bases del movimiento.

 Un grupo de mujeres que rechazaba la candidatura de Morris se alineó con Ángela María Robledo para firmar un acuerdo programático con Claudia López. Desde ese momento, el sector que respaldó a Morris empezó a asociar a la figura política de Ángela María Robledo el conjunto de las ideas y del movimiento feminista, tachando a este de ser una expresión del centro político inscrito a la alcaldía de Claudia López.

 Con el tiempo, esta simplificación fue tomando mayor fuerza y mayores adherentes que encubrieron sus posturas machistas y antifeministas para caricaturizar al feminismo en su conjunto. Luego se ramificó en dos tendencias:

Una abiertamente antifeminista y otra que reivindica un feminismo desprovisto de teoría feminista, que tacha la teorización feminista como un intelectualismo alejado de las causas populares. Esto ha llevado a que algunas mujeres activistas o simpatizantes de la Colombia Humana que pertenecen a este sector, lancen opiniones que no tienen en cuenta los elementos más básicos del feminismo como lo son la crítica a los estereotipos y los roles de género, el cuestionamiento a la antigua noción de igualdad de género que pierde de vista los efectos del patriarcado sobre la construcción de la masculinidad, o la categoría misma de patriarcado como estructura cultural de una larga trama histórica en la que se socializan hombres y mujeres de formas específicas. 

Estos sectores agresivos de la Colombia Humana han llegado a ideas de corte conspirativo según las cuales, el feminismo que defiende la teoría feminista sería un instrumento del centro político funcional a la extrema derecha, que, además, busca acabar con la Colombia Humana.

 La simplificación ha llegado a un punto tal que, quienes la enarbolan han emprendido un ataque a las mujeres feministas y a sectores que reivindican el feminismo, que incluso han planteado críticas abiertas a la alcaldía de Claudia López y han manifestado una simpatía pública por el programa de la Colombia Humana. Estos sectores agresivos de la Colombia Humana han llegado a ideas de corte conspirativo según las cuales, el feminismo que defiende la teoría feminista sería un instrumento del centro político funcional a la extrema derecha, que, además, busca acabar con la Colombia Humana. 

 Esta simplificación está llevando a que las actitudes agresivas de quienes la promulgan sean agudizadas contra toda persona o sector que llame la atención sobre la formación en el feminismo e impugne el machismo presente en esa organización, y las hagan objeto del mismo ataque emprendido contras sus adversarios políticos. Una simplificación en la que de nuevo se dejan de lado los matices en política, para reproducir la cultura política que produjo el bipartidismo y que ha sido funcional a la pervivencia de la violencia estructural que sostiene el orden de desigualdad y antidemocracia en el país.

 La configuración de fuerzas políticas distintas a las que tradicionalmente han gobernado Colombia, sea que se acerquen en mayor o menor medida de la hegemonía que ha construido la derecha y la extrema derecha, tendría que acarrear la cualificación del debate político para la construcción de ciudadanías capaces de comprender la dinámica política más allá de las visiones torpes, dicotómicas y maniqueas funcionales a la antidemocracia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here