Es el patriarcado, amigues, no tres magistradas: por la despenalización del aborto en Colombia

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Varias personas, en su mayoría hombres ¡Cómo no!, a través de grupos de WhatsApp y redes digitales, han visibilizado con cierto desdén que sean tres de las cuatro magistradas mujeres de la Corte Constitucional quienes se opongan a la despenalización del aborto. A partir de ese hecho han cuestionado, por ejemplo, las justas disputas sobre paridad de género en altos cargos del Estado.

los hombres, como siempre, creen que pueden juzgar a las mujeres por sus decisiones solamente por el hecho de ser mujeres

Lo que está detrás en esas opiniones es la misoginia que prolifera en nuestra sociedad y el machismo naturalizado: los hombres, como siempre, creen que pueden juzgar a las mujeres por sus decisiones solamente por el hecho de ser mujeres y, en el contexto concreto de la discusión sobre la despenalización del aborto en instancias de la Corte, parecen sugerir que si fueran más los hombres magistrados hoy el aborto en Colombia ya no sería un delito… ¡Oh, serían ellos, salvadores de nuestros derechos, porque ni para eso servimos las mujeres! Pero ello no es así en absoluto.

¡Oh, serían ellos, salvadores de nuestros derechos, porque ni para eso servimos las mujeres!

Claro que es lamentable que tres de las cuatro mujeres magistradas de la Corte se opongan a la despenalización del aborto, pero eso no significa que las lapidemos y que, una vez más, sus decisiones se reduzcan al hecho de ser mujeres. Por sus posturas tampoco debemos ceder ni un centímetro en seguir exigiendo que haya PARIDAD EN TODOS los cargos y niveles del Estado, pues esta disputa sobrepasa incluso discusiones tan trascendentales como garantizar a nivel constitucional que no seremos perseguidas penalmente por ejercer nuestro derecho fundamental a la interrupción voluntaria de un embarazo, porque las maternidades tienen que, y deben ser deseadas, no obligadas.

no basta con que haya mujeres en estos cargos, sino que dichas mujeres deben compartir ideas comunes a los feminismos

Por supuesto que al lado de la paridad debe estar la reivindicación de derechos como el de la autonomía de las mujeres, la libertad de decisión sobre nuestros cuerpos y la igualdad formal y material como ciudadanas. Entonces no basta con que haya mujeres en estos cargos, sino que dichas mujeres deben compartir ideas comunes a los feminismos, a las disputas por lograr equidad de género, a la transformación social. Por eso, por el momento lo que podemos ver en las tres magistradas que se oponen a la despenalización del aborto es una distancia ideológica, política, incluso de clase, y si las críticas por su decisión se amplían alrededor de eso y no al hecho de ser mujeres, demos el debate partiendo de allí.

ciertamente ellas no están en la Corte por ser mujeres, sino porque, además, hacen parte del entramado político del país

Porque la oposición de estas magistradas a la despenalización del aborto no es sustancialmente distinta a la que hace el magistrado hombre que también se opone, pues ciertamente ellas no están en la Corte por ser mujeres, sino porque, además, hacen parte del entramado político que en este país ha significado la forma de elección de estos cargos a manos de los partidos tradicionales que tienen mayorías en el Congreso, y que cuando de votar se trata tienen en una mano la biblia y en otra la Constitución –si acaso.

los hombres magistrados quedan blindados, aun teniendo opiniones distintas y opuestas.

Por eso también, la falacia de la imparcialidad en la justicia se evidencia precisamente en discusiones como estas, tan importantes, pero tan espinosas y con costos políticos y éticos que no todas las personas se quieren cargar. Por ejemplo, si invertimos la “crítica” que han hecho sobre las magistradas que se oponen a la despenalización del aborto y reflexionamos sobre los tres magistrados que están a favor, podemos ver la diferencia en la forma de interpretar y juzgar a cada quién: ahora a los hombres, en este caso a los magistrados, les es menos costoso, e incluso favorable, ser “progresistas” en este tipo de debates porque, por un lado, para sectores que estamos a favor de la despenalización, quedan como aliados de nuestras apuestas, y para sectores retardatarios que están abiertamente en contra de los derechos de las mujeres, les resulta casi natural juzgar a la única magistrada que está a favor de la despenalización, y enarbolar como verdaderas “defensoras de la vida” a las tres magistradas que están en contra; mientras eso, los hombres magistrados quedan blindados, aun teniendo opiniones distintas y opuestas.

Así que a las magistradas y magistrados de la Corte debemos gritarles una y otra vez ¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!, como lo gritan hace mucho las mujeres del continente y del mundo.

Sobre esto, si bien se afirma –y con toda razón– que las discusiones sobre el cuerpo de las mujeres, en particular sobre el aborto, deben ser dadas por quienes tenemos la posibilidad de gestar: “Mi cuerpo, mi decisión”, lo cierto es que en instancias como la Corte Constitucional, que son definitivas para tomar decisiones sobre este asunto, la participación de los hombres es también determinante, ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad patriarcal en la que los cargos de poder y decisión han sido copados por ellos, y en este momento de la historia esos escenarios todavía son mixtos. Allí, este tipo de discusiones deben superar el binarismo del sexo y apuntar a tomar decisiones que respeten los derechos de quienes hemos sido cultural y políticamente subordinadas y marginadas, las mujeres.

Pero resulta que hasta en este debate las que terminan llevando la carga más pesada son las mujeres

Así que a las magistradas y magistrados de la Corte debemos gritarles una y otra vez ¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!, como lo gritan hace mucho las mujeres del continente y del mundo.

Pero resulta que hasta en este debate las que terminan llevando la carga más pesada son las mujeres, porque la opinión pública se centra en exponer y cuestionar a las cuatro magistradas, tanto porque sí como porque no. Claro, la historia nos dará la razón a quienes estamos a favor de la despenalización del aborto en Colombia, lo que significa que las tres magistradas se ubican del lado contrario. De la misma manera que el magistrado que se opone, ellas están hoy en el mismo lugar incorrecto de la historia en el que han estado los que han legislado para mantener el aborto como delito.

Porque recordemos que las leyes históricamente han sido hechas por hombres

Porque recordemos que las leyes históricamente han sido hechas por hombres, y el aborto como delito –uno de los más antiguos existente en las legislaciones– es producto de un sistema maniobrado por ellos que penaliza a las mujeres, nuestros cuerpos y nuestras decisiones. Pensemos que, quizás, no estaríamos en este debate si el patriarcado no fuera el sistema dominante. Porque es el patriarcado, amigues, no tres magistradas, aun cuando ellas hoy sean fiel reflejo y sustento de ese sistema opresor… 

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