Independencia parte 3: funerales de Colombia 1830 –

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El plan funesto.

Desde Europa los monarcas y desde EE.UU los muy “demócratas” esclavistas veían con celos aquel espectáculo de la Colombia de Bolívar abriéndose paso en el concierto mundial, esos poderes basados en la explotación, la avaricia y el mito de la supremacía blanca miraban con pánico la luz que el mestizaje colombiano daba al mundo.

Internamente se mantenía latente la contradicción fundamental entre la vertiente de pensamiento proclive a conservar las estructuras de la inequidad y la que propugnaba, ahora con Bolívar a la cabeza, por superar esas estructuras de injusticia y construir una sociedad y estado incluyente. Dicha contradicción subyacía bajo el ímpetu de la marcha del Ejercito Libertador, aplazada transitoriamente por el interés oportunista de desplazar a un enemigo mayor (imperio español) para después ocuparse del “enemigo” menor (Bolívar).

Los enemigos agazapados de Colombia, externos e internos, supieron entender que en el campo de batalla no nos ganarían porque nos investíamos de la superioridad moral, entendieron que la táctica debía ser otra, empezó a urdirse el plan.

Nunca antes se habían movido tantas cuerdas para llevar a cabo un ardid, se puso en marcha la treta que debía acabar con Colombia. Hubo de todo, no se escatimó esfuerzo: intrigas para dividir y socavar la unidad del Ejercito Libertador y su oficialidad, prebendas, burocracia, promesas de empréstitos, campañas de desprestigio, papeluchos llevados a categoría de “prensa liberal”, mentiras, te inglés, chocolate bogotano, reuniones, asesinatos selectivos, participaron desde diplomáticos extranjeros hasta comerciantes, incluyendo, por supuesto, a los abogados de San Bartolomé.

Esta forma de lucha mediocre y fútil no era el campo de batalla para Bolívar, Colombia se había formado en las extensas llanuras del Orinoco y el Magdalena, en las sinuosas faldas de los Andes, en disputas abiertas de ejércitos valerosos, la cobarde intriga no estaba en su repertorio. Una pequeñez aquí, celos allá, calumnias en el norte, conspiraciones en el sur, noches septembrinas, etc., fueron afectando las fuerzas físicas y morales del Libertador.

Aciago 1830

Se presentó el terrible año de 1830, este selló la suerte de Colombia: Sucre caía vilmente asesinado y Bolívar moría traicionado en Santa Marta. Colombia se desmoronaba y los poderes mundiales frotaban sus manos esperando la repartija. El Ejercito Libertador fue licenciado, los oficiales fieles a Bolívar fueron desterrados, encarcelados y asesinados, desde ahí esas prácticas se convirtieron en el estilo de la casta dirigente.

De inmediato cundió la desorientación: ¡a buscar nuevos amos! Quedamos incorporados a la órbita de sucesivas potencias extranjeras y en definitiva a ese norte revuelto y brutal que nos desprecia, perdiéndose la posibilidad de ser una nación respetable en el escenario mundial. Nos inscribieron en consensos de los que no decidimos participar, cuyos beneficios son para unos pocos, a costa de nuestra soberanía e identidad una vez más sacrificada.

La ruptura traumática que significó la invasión europea no se pudo curar, se perdía ahora la posibilidad de profundizar el proceso de autodescubrimiento y reivindicación de nuestro propio ser que significaba el proyecto bolivariano. El equilibrio entre lo viejo y lo nuevo que exigía el planeta y la humanidad se vio truncado, lo cual generaría un grave trauma en la salud del mundo que hoy día aun padecemos.

Con la traición a Colombia no perdimos solo los americanos, perdió la humanidad en su conjunto, desafortunadamente muchos de los que prepararon la muerte de Colombia no fueron consientes siquiera del daño que causaban, porque la inmediatez de su visión y la pequeñez de sus espíritus no se los permitió ver: Colombia era la posibilidad de trazar un camino alternativo al que hoy consume al ser humano y a la Tierra, fue una posibilidad desperdiciada de librarnos de ese modo de producir y de concebir la vida tan nefasto y criminal.

Escaramuza artesana

Más adelante, en los años cincuenta de ese siglo XIX, el general José María Melo junto a los artesanos se rebelaba contra el librecambio, su posición proclive al proteccionismo económico derivaba de su simpatía con la causa bolivariana. Los adversarios de Melo -muchos de los cuales adversaron con Bolívar- conjuraron rápidamente ese levantamiento derrotando la revolución de los artesanos, la cual representó la efímera posibilidad de configurar una incipiente burguesía nacional preocupada por la producción nacional.

En cambio, se impuso la elite que deriva su poder de la propiedad de la tierra (conservación de la estructura económica colonial), es decir, un sistema feudal. Entonces, es posible señalar que la disputa entre burguesía y señores feudales se vivió en Colombia recién entrada la segunda mitad del siglo XIX, con la particularidad que en este país salió victoriosa la clase feudal.

Con esto se terminaba de definir nuestro destino en el concurso de las naciones del mundo, se nos condenaba a ser simples abastecedores de materias primas, relegados de la posibilidad de emprender un camino de industrialización, nuestro destino sería definitivamente el subdesarrollo.

El capital transnacional reemplazo al imperio español, el financista extranjero (también transnacionalizado) reemplazó al blanco peninsular, del resto todo continuó igual: los “blancos” criollos quedaron con ciertos privilegios, pero serviles al poder extranjero; indios, negros y mestizos quedamos sobreviviendo sin vida digna.

Vigencia de Colombia

Fue el Libertador un adelantado a su época, quiso evitarnos la horrible noche que vivimos desde los funerales de Colombia, sin embargo, al no ser posible la consolidación de su proyecto en ese momento, ahora debe retomarse desde su esencia misma para reconectar con nuestras raíces y, siendo orgullosos de ellas, contribuir a la reconfiguración del escenario mundial.

El mestizaje producido por la invasión deviene ahora en la alternativa para la humanidad, los tiranos de hoy siguen temiéndole a que despierte y emerja la cosmovisión originaria de América, porque esta no concuerda con los antivalores pregonados por el occidente mercantilizado, usurero e insensible. Precisamente, nuestra concepción del mundo es sumamente sensible respecto al ser humano y a la naturaleza.

El proyecto de Colombia está vigente y es más necesario que nunca, su brillo se opacó pero su fuego no se extingue, es más bien llama perenne en la disputa contra los poderes mundiales que se mantienen vigentes y más inhumanos que nunca.

Colombia es la esperanza del universo, no cabe duda. Por eso, al pie de su sepultura, acongojado y esperanzado expresé:

Mi lamento ardoroso

«Colombia reposa aquí»,

así dice en su tumba,

y en mi alma retumba

la grandeza que conocí,

cuando en ella percibí

virtudes de la libertad,

más sufrió la deslealtad

de pérfidos corazones,

prestos a bajas pasiones,

esperpentos de maldad.

 

Epitafio doloroso

en la tumba que es altar,

de donde ha de emanar

libre el menesteroso,

para hacerse virtuoso

destrozando las cadenas

y aliviando las penas

de la América nuestra,

que muy orgullosa muestra

las heridas de sus venas…

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