Independencia parte 2: el proyecto llamado Colombia

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La independencia: relación pasado – presente. El proyecto llamado Colombia. 1811 – 1829

Bolívar: compendio de Nuestra América.

En 1811, cuando la fresca noche hacía el tránsito del 4 al 5 de julio, la historia de América transitaba también hacia una nueva etapa, un nuevo amanecer: una voz vibrante y nerviosa llamaba la atención de quienes se apostaban en las tribunas de la casa de la Sociedad Patriótica en Caracas; ante ese timbre agudo y desconocido, quienes se habían ubicado a las afueras de la casa para fumar y estirar los músculos se miraron entre sí extrañados y a empujones ingresaron para presenciar el discurso del joven de 27 años que irrumpía en la tranquilidad y normalidad de aquellas reuniones, rasgando el velo de la pasividad para pasar a una acción frenética en función de la libertad.

Aquel 5 de julio se firmaba el Acta de Independencia de Venezuela, iniciándose su primera república. La llama de la inconformidad se extendía por el continente, en el mismo año de 1811, el 11 de noviembre, por primera vez una provincia de Nueva Granada declaraba su independencia absoluta, era Cartagena. No tardaría esta ciudad en recibir a aquel joven caraqueño en un momento de suma aflicción para él (1812). De esa congoja resurgiría dotado de nuevos bríos y, sobre todo, armado de nuevas ideas producto de sus profundas reflexiones que lo fortalecían en los momentos más difíciles de su vida, resurgiría muchas veces este Hombre de Dificultades.

Bolívar fue su apellido, hecho casual porque como él pudo ser cualquier otro hombre y apellido de origen vasco y adinerado, sin embargo, fue en él donde confluyeron las condiciones necesarias para conducir el proceso independentista en esta parte del mundo. Todo el sufrimiento, resistencia y heroicidad de nuestra tierra y nuestra gente se condensaba en un momento de la historia, en un individuo: América resumida en un hombre, por eso hablar de él es hablar de América, señalar su hazaña es señalar la hazaña de nuestro continente, la traición contra él fue la traición a nuestra gente.

El Libertador fue un instrumento en el cual la historia depositó la síntesis de las cualidades que se requerían para llevar a cabo aquella gesta. Destacar las cualidades de Bolívar –también sus defectos- es señalar las características de un producto, de una elaboración que la historia moldeó para librarse de un tumor que obstaculizaba su marcha, porque era el imperio español y el régimen monárquico un obstáculo para nuestro avance, de la misma manera que ahora lo es el capitalismo para el mundo.

Empieza la creación original

Contrariando la vieja fórmula de ejércitos regulares, para la formación de su Ejercito Libertador Bolívar contó con todos los componentes sociales que tenían presencia en nuestro territorio, siguiendo el ejemplo de las fuerzas comuneras de antaño, aprendiendo de la amarga experiencia vivida contra José Tomás Boves y en cumplimiento de la palabra empeñada al presidente Pétion de Haití.

Su forma de hacer la guerra y la política rompía esquemas, no se atenía a manuales, siempre tuvo en cuenta el contexto y el momento, por eso esa forma era en sí misma revolucionaria: donde se creía que atacaría, se replegaba; donde se esperaba su retirada, volvía caras para arreciar el embate de su caballería; en caudalosos ríos, con cuerpos de lanceros a nado daba batalla a la marina adversaria y le arrebataba embarcaciones; en vez de resguardarse y apertrecharse durante el invierno en los llanos, emprendió marchas para cruzar la mole andina; en vez de hacerse fuerte en el terreno ganado, con decretos y proclamas aseguraba esos territorios para continuar la guerra.

Arrebatados por su energía cósmica, así le declamamos:

Al rayo de la libertad

Para escribir sobre él,

su gloria hay que percibir,

del honor sentir el latir,

con Colombeia en la piel

a la libertad serle fiel;

vivió con su Loca pasión,

entregando su corazón

a las ideas más bellas,

fulgurando con centellas,

o cual volcán en erupción.

 

Entre titanes él vivió,

renunció a su riqueza

para ganar la grandeza

que en la guerra rubricó

cuando al tirano venció;

imponente energía

que al sur esparcía

con sus banderas invictas,

ejerciendo las vindictas

que su gente exigía…

Colombia como categoría del desarrollo social y político

En su concepción, Colombia es el corazón de América, condición entendible por nuestra ubicación geográfica, atravesado nuestro suelo por anchurosos ríos, dotado de bosques y riquezas sin par que, además, tenía la facultad de unir el mundo a través del canal interoceánico del istmo de Panamá.

Pero, lo más importante, en esta concepción Colombia es una categoría del desarrollo social y político de la humanidad, un peldaño más elevado del devenir histórico. Cabe repetir, esta concepción de Colombia fue expresada y planteada por Bolívar, porque alguna voz debía expresarla, alguna mano debía plasmarla, pero era Nuestra América expresándose y proyectando un porvenir y, a través de ella, la humanidad entera.

Esta idea de Colombia era la materialización de las virtudes humanas, la pretensión de llevar las banderas de la libertad hasta el último rincón donde se impusieran las insignias de la tiranía y la esclavitud. Era, nótese este hecho relevante, un bálsamo para la humanidad atormentada por el flagelo de la injusticia e inequidad, la posibilidad de un contrapeso al dominio occidental y blanco. Era el suceso de crear un polo de poder mundial en contraposición a la unipolaridad pretendida por la Europa arrogante, mucho antes que los soviéticos, chinos o cualquier otro lo concibiera.

Esta idea de Colombia consiste en darle fuerza al débil, voz al excluido, dignificar al vilipendiado; reconocer la pluralidad y llevar a cabo acciones para hacerla respetar; combatir la injustica de modo efectivo y no con apariencias, precisamente, es romper con las apariencias, la falsedad, la hipocresía y la palabrería hueca, para ser sinceros y francos, mostrando nuestro rostro mestizo, negro e indígena con orgullo, confiados en lo importante que podemos aportarle al mundo; es confianza en nosotras y nosotros mismos, autoestima y dignidad.

Todo esto partiendo de la idea de redescubrir nuestra valía como raza o como crisol de razas que es América, sin fetichismos ni egolatrías presuntuosas. Reconocernos para crear originalmente, recoger lo más avanzado del conocimiento humano para fusionarlo con nuestro ser autóctono y crear lo nuevo, lo propio, lo que se acoja a nuestras necesidades y requerimientos. Nadie lo expresó mejor que el Apóstol de Cuba, José Martí: “injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras republicas”.

Es emprender nuestro propio camino con la valentía que siempre exige el hecho de soltar la mano del tutor, del lazarillo, para echarse a andar por los propios medios. No era un paso al vacío, pues emprenderíamos nuestra ruta afianzando nuestras raíces, aprovechando además la gesta reciente de haber derrotado a un imperio en franca lid, de tú a tú, sin la ayuda de las potencias extranjeras que más bien voltearon sus espaldas a nuestros llamados de ayuda.

En esto estriba la verdadera importancia del ideario bolivariano, no es en los lugares y citas comunes muy cacareadas donde encontramos la esencia de su pensamiento. Esta esencia está en la originalidad, “inventamos o erramos” dijo el Robinson; quien copia, quien sigue el libreto de la egolatría y la desunión, quien idolatra los manuales y la estúpida conducta de la lucha intestina por micropoderes, ese no es bolivariano por más que recite una que otra frase del Libertador y se auto rotule como tal.

Se fortalece el proyecto

Colombia se materializaba y su pabellón tricolor espantaba a los tiranos, la concepción bolivariana del mundo se abría paso, nuestros libertadores avanzaban victoriosos reivindicando nuestro propio ser: no nos detenían esas líneas imaginarias llamadas fronteras, lo mismo nos era Venezuela que el Perú, tan intrépidos cabalgamos a las afueras de Quito como en Pisba; la hamaca servía igual en Jamaica que en Margarita: nuestra patria era América.

Liberábamos los Andes, éramos proclamados y llamados por esas montoneras que ya se alzaban en el Río de la Plata, virábamos nuestra mirada fulgurante hacia el Caribe, Cuba y Puerto Rico demandaban la presencia de los libertadores del mundo, íbamos en socorro de nuestros hermanos y hermanas, también la Florida nos llamaba, los miserables en Europa nos veían con interés y emoción, en sus suburbios colgaban las imágenes de nuestros próceres, tomaba forma aquello que pareció un delirio en Casacoima y Pativilca, a la cabeza iba ese pequeñín, delgaducho y moreno con mirada de rayo.

Colombia se hacía posible…

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