Javier Milei y Carlos Fernando Galan: dos caras de una misma moneda

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En términos de Gramsci, estamos viviendo una crisis hegemónica en la democracia liberal que está marcada por un cambio de época, en el que lo antiguo aún no se agota y lo nuevo se resiste a emerger. Esta transición se refleja políticamente en un sentido de caos que permea todos los niveles de nuestra vida, tanto individual como colectiva.

En momentos así, aquellos que ofrecen alternativas al orden establecido, que ha perdido su sentido de certeza, encuentran oportunidades para alcanzar posiciones clave de decisión y representación. Es por ello que líderes políticos como Galán, Milei o Petro han ascendido a las posiciones que hoy ocupan.

Esto implica ser personas formadas, o rodeadas de personas formadas en universidades de élite, que han dedicado su conocimiento al servicio del capital más que a los sectores populares.

Milei y Galán comparten un elemento fundamental: ambos se definen como técnicos en el sentido mediático y corporativo del término. Esto implica ser personas formadas, o rodeadas de personas formadas en universidades de élite, que han dedicado su conocimiento al servicio del capital más que a los sectores populares. A pesar de ello, en sus actuaciones públicas, dan a entender que están al servicio de la ciudadanía sin distinciones.

Ambos perciben su opuesto como sinónimo de desorden e ineficacia, y argumentan que estas alternativas generan pobreza, de esta manera promueven propuestas. Sin embargo, representan dos caras de la misma moneda: una a favor de las ganancias en detrimento de los derechos humanos, con Galán siendo la cara amable y Milei la versión cínica y directa que rechaza las formalidades de las élites tradicionales. Ambos mantienen la fachada de estar del lado de los humildes, promoviendo la idea de que la mejor opción para estos es quitarles el control de sus vidas.

Ambos mantienen la fachada de estar del lado de los humildes, promoviendo la idea de que la mejor opción para estos es quitarles el control de sus vidas.

Ambos se presentan en la democracia liberal, convertida en un mercado por el capitalismo, como opciones «fuera del sistema», a pesar de ser producto del mismo. Se vieron forzados a incluir en sus gabinetes a personajes de administraciones anteriores, responsables de profundizar las crisis que los llevaron al poder, lo que demuestra que no son realmente opciones que busquen transformar las realidades de los que sufren y se van a limitar a maquillarlas.

Por ejemplo, Milei propuso en Argentina la dolarización de la economía como solución a la hiperinflación, culpando a los Kirchner por el problema. Sin embargo, un análisis juicioso señalaría primero a Mauricio Macri y su préstamo de 50 mil millones de dólares del FMI, facilitado por Donald Trump. Hoy, la mitad del gabinete de Milei está compuesta por exfuncionarios de Macri.

Por su parte, Galán lidera una bancada gubernamental integrada por concejales provenientes de partidos tradicionales como Cambio Radical, el Conservador y el Liberal. A propósito, es notable que el Nuevo Liberalismo junto con su socio «En Marcha», no se destacan en el concejo como representantes de una nueva ola de servidores públicos provenientes de sectores populares y dedicados a la transformación radical de la ciudad. Por otro lado, el Partido Verde, otro aliado en el gobierno capitalino, ha abandonado en gran medida la agenda de izquierda y alternativa que le permitió ganar popularidad hace cuatro años con, tal de arrodillarse al clientelismo. La única excepción en este panorama es el concejal Julián Triana.

Al examinar las secretarías bajo la gestión de Galán, se observa que muchos de sus integrantes provienen de los gobiernos de Santos, Duque y del grupo de funcionarios clave de Enrique Peñalosa.

Al examinar las secretarías bajo la gestión de Galán, se observa que muchos de sus integrantes provienen de los gobiernos de Santos, Duque y del grupo de funcionarios clave de Enrique Peñalosa. Estos funcionarios son responsables del modelo de movilidad centrado en Transmilenio en Bogotá. La gerente de Transmilenio, el director del IDU (actualmente bajo investigación) y la secretaria de movilidad, entre otros, fueron parte del equipo de Peñalosa. Incluso la secretaria de educación se desempeñó como fórmula vicepresidencial de Peñalosa y fue viceministra de educación durante la administración de Álvaro Uribe Vélez.

Además, es relevante mencionar que muchos de ellos han sido consultores y/o investigadores para entidades como Fedesarrollo, el Banco Mundial o el BID. Casi todas las secretarías, con una sola excepción, están lideradas por personas formadas en la Universidad de los Andes y/o en universidades de Estados Unidos o Europa. Esto no sería problemático si, al revisar sus trayectorias, no se evidenciara una tendencia a favorecer el embellecimiento superficial, en lugar de la transformación estructural de la realidad. Estos técnicos cuentan con el respaldo del establecimiento mediático.

si tenemos la oportunidad de escoger por alternativas que se comprometan en avanzar en la conquista de más derechos que tengan en el centro la participación ciudadana activa como instrumento de empoderamiento.

En última instancia, debemos ser conscientes en nuestras decisiones políticas, especialmente en una democracia en crisis, de si lo que se nos ofrece son simplemente las distintas caras, ya sea la amable o la radical, de una misma moneda orientada hacia el modelo antiderechos y el pro-ganancias, o si tenemos la oportunidad de escoger por alternativas que se comprometan en avanzar en la conquista de más derechos que tengan en el centro la participación ciudadana activa como instrumento de empoderamiento. Esto debería servirnos como una guía para las próximas elecciones.

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