Solamente la organización vence al tiempo

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Reflexiones sobre los planteamientos del presidente Petro entorno al congreso Nacional del Pacto Histórico

En el marco de un mensaje de condolencias con ocasión de la muerte de la exsenadora Piedad Córdoba, el presidente Gustavo Petro planteó que es el momento de hacer una «autorreflexión del Pacto Histórico», que desemboque en la convocatoria de un «congreso progresista» y también se plantee construir un solo partido, con el que pueda apalancarse una nueva victoria electoral en 2026. La iniciativa, a mi juicio, es pertinente y urgente, pero amerita algunas reflexiones que, quizás, nos ayuden a entender los límites y posibilidades a los que nos enfrentamos.

Lo que existe hoy, en lugar de eso, es un sancocho de siglas, caciques y micropoderes en el que, quienes tienen personería jurídica mangonean al resto.

Son muchas las voces que llevan meses, incluso años, planteando la necesidad de construir un espacio político (algunos hablan de partido único, otros no) que cuente con reglas claras, instancias de decisión formales, formas de participación efectivas para la ciudadanía y las organizaciones que simpatizan/militan en las ideas del presidente Petro y del programa de gobierno «Colombia potencia mundial de la vida». Lo que existe hoy, en lugar de eso, es un sancocho de siglas, caciques y micropoderes en el que, quienes tienen personería jurídica mangonean al resto.

La propuesta del «congreso progresista» lamentablemente llega tarde, entre otras cosas, porque Petro es un descreído de las estructuras políticas de partido, como se puede deducir de su adhesión a las tesis de Antonio Negri sobre las muchedumbres, las multitudes, las «ciudadanías multicolores» como las tradujo Petro al contexto colombiano. En mi opinión, estas son nociones que, integradas a un discurso impugnatorio-destituyente, pueden ser muy útiles y resultar poéticas, pero que a la hora de gobernar y articular un bloque histórico de larga duración se quedan cortas.

pueden ser muy útiles y resultar poéticas, pero que a la hora de gobernar y articular un bloque histórico de larga duración se quedan cortas.

En Brasil no gobiernan las «muchedumbres autoconvocadas», sino un partido que lleva 40 años articulando la acción social de los movimientos de base con la acción política institucional; mismo planteamiento rige para MORENA en México que, aunque más reciente en su conformación, parte de una trayectoria organizativa que se remonta a la década del 80. Podrían seguirse poniendo ejemplos como los del Frente Amplio en Uruguay y el Movimiento al Socialismo en Bolivia que logró sobreponerse a un golpe de estado y volver al poder.

En octubre de 2023, tras las elecciones regionales, Petro presentó un balance equivocado y triunfalista de los resultados. Este resultado dejó ver el nivel de descoordinación y la concepción grupista que impera entre las organizaciones políticas y partidos que respaldaron su candidatura triunfante en 2022. La consolidación de un contrapoder regional de derechas que ahora pide federalismo, descentralización y autonomía para sabotear al gobierno, se debe en parte a no haber visto a tiempo que el liderazgo presidencial no basta para consolidar una posición de fuerza en las regiones; que se requieren militantes, estructuras con implantación territorial, liderazgos con trayectoria y con programas claros sobre el rumbo que deben tomar los municipios y departamentos en el marco de un gobierno de cambio, más allá de la repetición de slogans generales, o de decir somos los candidatos o candidatas de Petro.

La idea de un congreso de políticos profesionales y funcionarios elegidos es justamente lo opuesto a lo que se necesita. Del mismo modo, es importante esclarecer qué es exactamente a lo que se llama Frente Amplio a la luz de la coyuntura actual

Preocupa que la corrección de rumbo que propone el presidente sea convocando un congreso entre quienes resultaron elegidos en octubre pasado, y en caso de concretarse dejaría por fuera toda la potencia social de base y militante que ha apoyado y apoya al gobierno y que es la que debería darse cita para tomar decisiones sobre el rumbo del proyecto político común. La idea de un congreso de políticos profesionales y funcionarios elegidos es justamente lo opuesto a lo que se necesita. Del mismo modo, es importante esclarecer qué es exactamente a lo que se llama Frente Amplio a la luz de la coyuntura actual, qué fuerzas lo componen, cuál es la plataforma común que lo cohesiona y cuáles serían los mecanismos de relacionamiento entre el partido naciente y el conjunto de esas fuerzas políticas.

Por otro lado, es importante no morder el anzuelo de quienes, pensando con el deseo, quieren que las elecciones del 2026 sean mañana. Faltan más de dos años de gobierno; empezar a lanzar nombres de posibles «sucesores», candidaturas o precandidaturas en un momento como este distrae al gobierno y la opinión de lo realmente importante: seguir trabajando para transformar tanto como sea posible la vida de la ciudadanía. Sin esto, pensar en aspiraciones futuras serias y con perspectivas de éxito es una quimera.

La izquierda dentro del Pacto tiene que ser capaz de defender al gobierno y ser crítica al mismo tiempo; marcar matices y proponer salidas de izquierdas a las encrucijadas que se nos presentan en el ejercicio del gobierno.

En muchos artículos anteriores y en diferentes espacios he sostenido que el Pacto Histórico es un espacio político que, además de los Roy, los Saade, los Flores, los Escaf, necesita una izquierda que defienda al gobierno y aporte su experiencia de lucha a la consolidación del proyecto de cambio. Pero que, al mismo tiempo, no caiga en la trampa del fustigamiento político y mediático que nos obliga a atrincherarnos y diluirnos en una defensa cerril del gobierno al lado de cierto petrismo irreflexivo que considera toda crítica al presidente como una traición. La izquierda dentro del Pacto tiene que ser capaz de defender al gobierno y ser crítica al mismo tiempo; marcar matices y proponer salidas de izquierdas a las encrucijadas que se nos presentan en el ejercicio del gobierno.

Ahora que está tan de moda hablar de Argentina y de su difícil realidad, valdría la pena recordar las declaraciones de Juan Domingo Perón en una entrevista que le concedió a Pino Solanas: «solo la organización puede vencer al tiempo» y «los hombres pasan y la organización es lo que queda”. No perdamos de vista estas verdades.

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