Jorge Enrique Robledo y la gasimba

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Un día cualquiera de 1973, mi abuela y mi tío llegaron tarde a la reunión de la Anapo en la Súper 7, entraron a la casa justo cuando doña Castorila Pico cerraba su intervención con una frase que marcaría la historia de las izquierdas del país: “El Moir nunca quiere la unidad”. 

“El Moir nunca quiere la unidad”: doña Castorila Pico

A mi generación le tocó la era de Jorge Enrique Robledo, por eso no me voy a detener en la vida y obra de Pacho Mosquera, tampoco me interesa hablar de cómo, años después, el MOIR casi acaba al Polo Democrático; y, aunque resulte tentador, tampoco me referiré al odio intestino que siente el exsenador y referente de DIGNIDAD por el presidente Gustavo Francisco Petro. 

Un discurso que, como ya lo decía doña Castorila Pico, se distancia de las ideas realmente progresistas.

Siendo sincera, yo no quería hablar más de Robledo, con las elecciones y sus salidas en falso era más que suficiente. Pensé que ya era justo dejarlo tranquilo y que siguiera con sus cosas, buscando el registro civil de Petro o algún documento perdido de Francia Márquez, pero no, Jorge Enrique no me dejó dejarlo en paz.

Hace unos días empezó con unos trinos a los que ha venido llamando “pedagogía tributaria”, y entre los temas que aborda, están los impuestos saludables, la cosa es que no hay tal pedagogía, sino sólo su discurso de siempre frente esta medida de salud pública. Un discurso que, como ya lo decía doña Castorila Pico, se distancia de las ideas realmente progresistas. Esa “pedagogía” no la construyó desde su experiencia como congresista, o pensando en el bien de las personas pobres de las que habla en sus hilos de Twitter, sino que viene de una lectura rarita que hace el Moir de Mao Tse Tung.

Esa “pedagogía” no lo construyó desde su experiencia como congresista, sino que viene de una lectura rarita que hace el Moir de Mao Tse Tung.

En la década de los 30, Mao hizo una lectura del contexto en China y pensó que era necesario aliarse con la burguesía nacional representada en el Kuomintang, para hacer un frente común contra el imperialismo japonés. En el Moir leyeron eso, lo estudiaron y les encantó. Entonces —dijeron— tenemos que hacer una alianza con la burguesía nacional  colombiana para hacer un frente común contra el imperialismo gringo.

Eso de entrada se lee bien, una se emociona, como me imagino que se emocionaron en el Moir cuando leyeron a Mao, pero una cosa es la China de los años treinta y otra cosa diferente es Colombia.

terminó buscando adelantar una alianza unilateral con lo que ellos concebían como la burguesía nacional, pero resulta que esa burguesía no tenía una conciencia de lo nacional

Al Moir eso poco le importó, siguió haciendo sus análisis y terminó buscando adelantar una alianza unilateral con lo que ellos concebían como la burguesía nacional, pero resulta que esa burguesía no tenía una conciencia de lo nacional, es decir, a los grandes propietarios  antes que la industrialización del país, les interesaba llenarse de plata, ser funcionales a la destrucción del mercado interno, a la burocracia, y tener en buenos términos al imperialismo estadounidense, así que, a la larga, a la burguesía “nacional” —cafetera y cañera y de lógicas terratenientes— no le interesaba aliarse con esa izquierda que hacía lecturas raras de Mao y criticaba a sus amistades gringas.

No todo es malo en el Moir, tienen una disciplina y una determinación increíbles, tanto así que desde los tiempos de doña Castorila, e incluso, pese a los cambios sustantivos que tuvo la burguesía analizada por Pacho Mosquera con respecto a la actual burguesía medio traqueta y neoliberal —a la que le importa un carajo eso de la soberanía nacional—, siguen insistiendo en defenderla. 

Defienden a ese segmento de clase porque creen que en la actualidad es la viva representación de la “burguesía nacional” de la que hablaba Mao.

Y al sector de la burguesía al que más defienden en la actualidad es al cañero, el de la industria azucarera. Entonces, que quede claro: defienden a ese segmento de clase porque creen que en la actualidad es la viva representación de la “burguesía nacional” de la que hablaba Mao. 

recomiendo la opinión de personas expertas que se han dedicado a estudiar el impacto en la salud de las personas y en la economía nacional, sin copiar de los temores de la burguesía “nacional”.

En 2016 llegaron a la agenda pública los impuestos saludables de la mano de Educar Consumidores y la economista Martha Yaneth Sandoval, hablaban del impuesto al tabaco, a la comida chatarra (productos comestibles ultraprocesados) y a las bebidas azucaradas. Para hacer sencilla la historia, con esa propuesta saltó ese segmento de la burguesía “nacional”, las derechas y el Moir. Curiosamente sus argumentos eran básicamente los mismos, los de defensa de una industria que le hace el feo a cualquier cosa relacionada con impuestos, y son los mismos que está trinando Jorge Enrique Robledo tras el anuncio de la ministra de salud designada, Carolina Corcho, de poner en marcha esas medidas de salud pública desde el nuevo gobierno.

No voy a desmentir la opinión de Robledo, para eso recomiendo la opinión de personas expertas que se han dedicado a estudiar el impacto que tienen la comida chatarra y las bebidas azucaradas en la salud de las personas y en la economía nacional, sin copiar de los temores de la burguesía “nacional” —que no tiene conciencia de lo nacional, ni de la salud pública— o de la lectura descontextualizada del Moir. Por ejemplo, están los Cuadernos para reflexionar N° 9: Impuestos saludables y salud pública, en la página web de Educar Consumidores, o un banco importante de documentos en el portal de la Organización Mundial de la Salud.

Por el momento y al mejor estilo mamert, cierro con algunas consignas. Por favor ponerse de pie, tomar aire y agitar:

¡Arriba los impuestos saludables!

¡Abajo las enfermedades crónicas no transmisibles!

¡Arriba el acceso a una canasta básica saludable!

¡Arriba el acceso a agua potable!

¡Abajo la gasimba!

1 Comentario

  1. Guiados por su devoción a Mao, mis compañeros mamertos tampoco leyeron que el Kuomitang casi aniquila al partido comunista, y que en algo se equivocaría el gran líder, dados los enormes fracasos socioeconómicos de los años 50. Y agregaría: si en algo se distinguían, y Robledo sigue sí, es que no admitían ni una sola crítica. Cuadriculados, como dicen hoy en día.
    Bien chévere el artículo.

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