La rudeza de la red: el narcisismo y la percepción de un presente eterno

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En su canción “Almacén de datos”, del 2022, Sara Hebe y Ana Tijoux cuestionan el vínculo entre redes sociales, producción musical y negocio. Una letra potente con un vídeo saturado de imágenes que logra generar el hastío que en un punto produce el consumo reiterado de las redes sociales. 

Dice un fragmento de la canción:

Estamos así, todo el día unboxing / Ahora soy una marca y mi música es marketing / Quiero vender hasta donde nadie compra / Al final esto no es arte, mami, it's branding / Palabras clave: rápido, fácil / Nuevo lanzamiento exclusivo / Si no estoy con los números, no llego / A ser mi propia jefa, mi propio CEO /  (...) Que si te gusto o no te gusto, si tú odias lo que uso / La cultura del segundo (puro humo).

Al anularse la posibilidad de alternativa se da también una sentencia sobre el tiempo: lo que existe es lo que es y no podrá existir nada distinto. Así, con la cultura del segundo, el presente se hace eterno.

Y lo mismo se puede aplicar a múltiples esferas de la vida en el tiempo actual del capitalismo. La tendencia es la misma: un tiempo corto para atrapar una atención que se pierde rápidamente. Un tiempo corto pero que parece infinito, como un presente eterno, que autores como François Hartog han llamado “presentismo”. De algún modo Mark Fisher también lo señalaba cuando retomaba la sentencia de Margaret Thatcher para explicar los propósitos de la ideología neoliberal: no hay alternativa. Al anularse la posibilidad de alternativa se da también una sentencia sobre el tiempo: lo que existe es lo que es y no podrá existir nada distinto. Así, con la cultura del segundo, el presente se hace eterno.

Las fotos que se publican en el día a día, en las que los cambios van siendo sutiles, apenas notables, ya que son cientos o miles en un margen estrecho de tiempo.

En el terreno de las redes sociales, hay una lógica dominante que busca cumplir con este propósito ideológico por medio de distintos mecanismos, sean intencionales o no. Los gifs son un ejemplo, una imagen que se repite una, y otra, y otra vez; otro sería la necesidad de registro permanente de la vida cotidiana. Las fotos que se publican en el día a día, en las que los cambios van siendo sutiles, apenas notables, ya que son cientos o miles en un margen estrecho de tiempo. De nuevo, van siendo imágenes que parecen retratos constantes del mismo presente que se impone al pasado y parece ir anulando el futuro. Retratos que además, para ser exitosos, buscan cumplir con los criterios aceptados de belleza y ocio sustentados en el poder adquisitivo y la capacidad de pago.

Este narcisismo a ultranza termina incluso condicionando la reacción que el otro pueda tener.

Esta imagen, como se dice con frecuencia, refuerza la idea de narciso, aquel joven que, según cuenta el mito, enamorado de su reflejo murió ahogado tras lanzarse al agua para alcanzarlo. La exaltación del narcisismo resulta siendo otro mecanismo que termina por tener distintos efectos ideológicos adversos, siendo uno de ellos la exaltación del individuo, y con este de la mentalidad individualista, y otro el énfasis sobre la imagen como espejo ideal, en la medida en que no se busca presentar ideas sino cuerpos modelados, cuerpos como productos y marcas que se miran a sí mismos a través de la pantalla. Al respecto, cabe aclarar que la búsqueda de reconocimiento en el otro es una práctica social en la construcción del yo y de su autoestima. La psicología social y la sociología lo han explicado extensamente, por lo que no se debe confundir esta necesidad social para la construcción de una emocionalidad saludable con el narcisismo a ultranza del capitalismo actual.

Un caso paradigmático sería el del influencer que “reacciona”, esto es, que mientras presenta algo, sea una fotografía, un vídeo, o una canción, edita el contenido de modo tal que su propia imagen no desaparece en ningún momento. Por el contrario, sigue en pantalla mientras gesticula su reacción. Este narcisismo a ultranza termina incluso condicionando la reacción que el otro pueda tener.

El margen de interpretación que da el cine, la música o la lectura va quedando anulado ante el influencer, que dicta cuál es la reacción adecuada. Y es este formato que sale triunfante en la lógica dominante de las redes. Y si a la larga se trata de un contenido vacío, mayor será su éxito. Como dice la canción:

“Inteligencia artificial, tráfico de información/ Romper el algoritmo y que se escuche esta canción / Pegar en la big data un streaming bien top / Mira mi contenido está vacío, así es mejor”. 

El individuo narcisista en pantalla, que se asume como producto, se impone a las voces colectivas y anónimas. Es el individuo narcisista que busca la fama y el espectáculo a como de lugar. Decía Debord que el espectáculo «Es el sol que no se pone nunca sobre el imperio de la pasividad moderna». Y así narcisismo, presente eterno y espectacularización quedan conectados en el mismo ejercicio ideológico.

De este modo, se utilizaba el mismo canal, la escritura impresa, y además se resistía a lo dominante, con el uso de lenguajes distintos a los de uso frecuente. Este es solo un ejemplo.

Para poder señalar lo anterior —o cualquier cuestión crítica al sistema— y que eso tenga algún alcance, en estos tiempos es necesario valerse de las redes sociales. Esta es una contradicción evidente, el punto está en si se va a hacer uso de las redes reproduciendo al pie de la letra las lógicas del presentismo y del narcisismo a ultranza, o si, por el contrario, se va a buscar resistir en algún grado.

En Europa, cuando el uso de la imprenta recién se posicionaba, los primeros textos en divulgarse fueron la biblia y escritos que defendían el orden existente, pero luego la resistencia se abrió paso y empezaron a aparecer textos críticos que no solo se distanciaban de la ideología dominante, sino que, además, tomaban distancia del lenguaje culto o de la redacción exclusivamente en latín, utilizando, por el contrario, lenguas nacionales y expresiones locales. De este modo, se utilizaba el mismo canal, la escritura impresa, y además se resistía a lo dominante, con el uso de lenguajes distintos a los de uso frecuente. Este es solo un ejemplo.

El problema de esta solución es claro: puede conllevar al completo aislamiento de las ideas críticas.

En la actualidad surge la pregunta sobre cómo resistir utilizando los canales de comunicación actuales, porque ¿Basta con construir contenidos críticos referidos a las situaciones políticas del día a día pero que no se distancian de las lógicas dominantes de las redes sociales? Desde una postura pragmática la respuesta a este interrogante es afirmativa, ya que, se puede sostener, que lo importante es el contenido crítico más no la forma de presentación de ese contenido. Pero ¿Se trataría entonces de abstraerse de todas las tendencias actuales de las redes con tal de resistir a esas lógicas dominantes? Por ejemplo, absteniéndose del uso de memes, gifs o ciertas expresiones. El problema de esta solución es claro: puede conllevar al completo aislamiento de las ideas críticas.

Más allá de que exista una respuesta definitiva queda la pregunta abierta ¿Cómo resistir al sistema, cuya reproducción en el campo ideológico tiene múltiples formas que pasan tanto por los contenidos como por las formas de presentación de esos contenidos? ¿Cómo ser antisistema estando dentro del sistema?

Sin que sea una respuesta, el estribillo de la canción no deja de ser interesante: 

“Es joda, que no pasamos de modaPorque nunca fuimo' una moda”.

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