Las elecciones territoriales: notas para una lectura desde la izquierda

Es verdad que el uribismo agrupado en el Centro Democrático perdió muchas de las alcaldías y gobernaciones que disputó en las pasadas elecciones, algunas emblemáticas para esa fuerza política como las de Antioquia y  Medellín, otras claves por su peso político como la de Bogotá y esta es claramente una razón para ver las cosas con moderado optimismo, por eso de ahí a estar echando voladores eufóricos, como si de verdad que no ganara el Centro Democrático[1] significara necesariamente un cambio genuino en la gestión de las localidades o el avance de posiciones que van a hacer mejor la vida de la gente, hay un trecho pavimentado de ingenuidad que quienes estamos por cambiar las cosas no nos podemos permitir transitar.

La pregunta obvia tras comprobar la derrota relativa del uribismo[2] es ¿quién gano entonces? En la mayoría de gobernaciones lo hicieron coaliciones pero no coaliciones de fuerzas del cambio, si no coaliciones de los partidos tradicionales y corruptos que representan el continuismo de los enfoques con los que se vienen mal gobernando desde siempre las localidades.

Para hacernos una idea, los tres partidos más repetidos en las mencionadas coaliciones son Cambio Radical que participa en 14 de ellas, el Partido Liberal en 14, y el Partido de La U en 14, le sigue en este listado el Partido Conservador que participa en 9. Solo en las gobernaciones del Huila y Santa Marta se abren paso posiciones alternativas, en el primer caso en coalición y en el segundo caso como movimiento solitario.

En el caso de las alcaldías de las ciudades capitales aunque hay avances como en Villavicencio, Santa Marta y Buenaventura[3], el panorama general es desalentador porque los mismos de siempre mantuvieron posiciones fundamentales en este nivel de la administración ya fuera en solitario o en coalición, el Partido Liberal, Cambio Radical y el Partido Conservador poco sospechosos de ser fuerzas alternativas jugarán en la mayoría de las capitales del país un papel muy importante.

Los grupos significativos de ciudadanos o candidaturas por firmas que tan de moda estuvieron antes y que algunos Como Vargas Lleras utilizaron para esconder la militancia en partidos impresentables, solo lograron triunfos en tres alcaldías: Medellín, Bucaramanga y Cartagena.

Justamente estas alcaldías en las que triunfaron los llamados independientes se convierten en la mejor evidencia de una condición a la que hay que prestarle toda la atención: por un lado existe un nivel de cansancio y desgaste en la gente respecto a la política tradicional, pero por otro las posiciones más resueltamente alternativas no son capaces aun de capitalizar el descontento, esto hace que las fuerzas de cambio terminen cargando maletas o jugando el rol de segundones en campañas o administraciones ambiguas que con una mano critican aspectos del modelo para darnos contentillo y con la otra dan continuidad a las políticas de los de siempre.

El problema no es que a veces sean necesarias las alianzas, el tema es que siempre son los sectores más timoratos los que tienen la iniciativa y ponen las condiciones y  que tras muchos años de estar en ese juego de alianzas incomodas para avanzar quienes queremos cambiar las cosas nos hemos desdibujado antes que fortalecernos.

La Alianza Verde merece mención aparte, porque esta es una fuerza política que se auto referencia como alternativa pero que en realidad es una formación vacilante que oscila entre la defensa de unas mínimas garantías del Estado Social de Derecho o servir de muleta a los partidos tradicionales, en la mayoría de ocasiones, hay que decir, se impone lo segundo, veamos algunos ejemplos: los verdes ganaron alcaldías como la de Manizales aliándose con la maquinaria rancia de la Familia Lizcano, o como la de Quibdó al lado del Partido Conservador y el Partido Liberal, gobernaciones como la de Antioquia de la mano de Cambio Radical, La U y los liberales.

En mi opinión esta fuerza política que representa una social democracia neoliberal matizada por algunas convicciones y figuras estrictamente alternativas sufrirá un largo proceso de descomposición hasta convertirse del todo en una formación política que sirva para refrescarle la cara al modelo, papel que, hay que decir, ya juega en muchos lugares.

Otros partidos como ASI, MAIS, AICO se comportan en algunas regiones como alternativos y en otras como aliados de partidos defensores del régimen, todo esto contribuye a una confusión general en la cual  el campo de lo alternativo no está claramente demarcado de los partidos tradicionales, no ha sido posible establecer un “ellos” y un “nosotros” desde donde construir identidades, referentes o programas de cambio que confronten el estado de cosas que tanto indigna a la mayoría social, esto al final termina generando que delante de la ciudadanía todos pasemos a ser la misma cosa y lo que es más grave que se abra paso en el imaginario colectivo una idea según la cual ser alternativo es igual a no molestar, a no incomodar y a quedar bien con todo el mundo, la dictadura de la corrección política que desactiva la esencia misma de la confrontación de ideas sobre la que se funda la democracia liberal.

Retos para las fuerzas alternativas

Un par de cuestiones adicionales cabe mencionar: primero, las fuerzas alternativas concurrieron a estas elecciones particularmente atomizadas en una indigerible sopa de siglas que dividió votos a mas no poder y segundo estas siguen sin poder hacer que su participación permanente en la lucha social y popular de corte reivindicativo-gremial o sectorial se traduzca en fuerza electoral, esto se debe, es cierto, a la influencia de algunas posiciones infantiles que creen que Colombia es la Rusia de 1917 o la Cuba del 1959 y que defienden la tesis que votar le quema las manos al revolucionario auténtico, pero su causa más profunda es el divorcio persistente entre la calle y las urnas.

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Alguna vez una profesora me dijo en medio de una charla: “yo en las elecciones del sindicato voto por los más radicales porque sé que me defienden bien, pero las elecciones al Congreso son otra cosa” infelizmente muy poco hemos hecho para resolver esa tensión.

Ganar las elecciones no es tomar el poder ni hacer la revolución, en esto nadie puede engañarse, pero en política las condiciones para intervenir son las que son y dada la complejidad de las nuestras me atrevo a afirmar que si queremos que las transformaciones profundas y radicales tengan más y mejores opciones para vencer en proyección hay que atreverse hoy a disputar y ganar elecciones, esto implica de entrada tomárselas en serio, dejar de improvisar, asumir una conducta que deje al lado el binarismo de: poder popular o elecciones, que se atreva a pensar estratégicamente el papel de la confrontación electoral en una sociedad como la nuestra y que se ponga en la tarea de ir buscando formas y contenidos nuestros y nuevos para ir a las elecciones sin parecernos en NADA a los partidos tradicionales a los que debemos adversar en cada gesto y argumento.

Seguir regalando espacios de confrontación claves para cambiar las relaciones de fuerzas —que nos son desfavorables— en la opinión pública nos mantiene relegados en las márgenes desde donde podremos seguirnos dándonos palmaditas en la espalda con las dos o tres victorias que obtenemos cada 20 años, pero no avanzar.

Va siendo hora que entre los rebeldes nos rebelemos contra varias de nuestras tradiciones y dogmas legados, y nos pongamos a reinventar de una buena vez este lugar llamado izquierda. Estoy convencido que una parte de esa tarea pasa necesariamente por construir una nueva perspectiva sobre el combate electoral que asuste y cree contradicciones entre los de arriba y de esperanzas a los de abajo, la tarea hoy es renovarse para vencer o seguir en las mismas para morir.

Notas al pie de página

[1]  Un partido que desde sus inicios ha demostrado tener baja capacidad de implantación territorial, pero sigue siendo decisivo en términos de su influencia nacional y de su ideología transversal para las derechas.

[2] Derrota que en mi opinión hay que sopesar porque el centro democrático controla 2 de las 6 gobernaciones en las que ganaron partidos en solitario (Vaupés y Casanare) participa en 5 de las 26 coaliciones que ganaron en el resto del territorio nacional y obtiene importantes votaciones a las asambleas departamentales y concejos municipales en algunos casos como fuerza más votada por ejemplo en los concejos de Medellín y Puerto Carreño y en las asambleas de Antioquia y San Andrés.

[3] que no es capital pero es una ciudad importante en la que ganó una coalición encabezada por uno de los dirigentes del pasado paro cívico que se enfrentó a todas las maquinarias juntas-

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